30 años sin Moreno, por Alejandro Bodart

Por Alejandro Bodart

El 25 de enero de 2017 se cumplieron 30 años del fallecimiento de Nahuel Moreno, fundador de nuestra corriente y principal dirigente del trotskismo latinoamericano. Le rendimos homenaje por su trayectoria revolucionaria y porque nos dejó un enorme legado teórico y práctico, anclado en la voluntad inquebrantable de construir el partido y la internacional para derrotar al capitalismo, instaurar gobiernos de los trabajadores y avanzar hacia una sociedad socialista.

Grandes cambios

El mundo que vivió Moreno cambió totalmente luego de su muerte. No fueron pequeños cambios, sino grandes transformaciones que configuraron un nuevo tablero internacional con una relación de fuerzas aún más favorable a los trabajadores y los pueblos, aunque con enormes contradicciones. Hubo avances y retrocesos, en una verdadera disputa a brazo partido entre la revolución y la contrarrevolución.

En 1989 cayó el Muro de Berlín y dejó de existir la Unión Soviética, esa cárcel de pueblos dominada por el estalinismo. Se vino abajo el viejo orden mundial pactado en Yalta y Potsdam entre la burocracia rusa y el imperialismo norteamericano tras la II Guerra Mundial. Con la caída del estalinismo, uno de los más nefastos aparatos contrarrevolucionarios mundiales, millones de personas se liberaron de una losa dictatorial. Como contracara de ese avance, y en ausencia de una dirección revolucionaria con peso de masas, el imperialismo lanzó su campaña de que “el socialismo fracasó” -lo que causó confusión entre las masas y la vanguardia- y aprovechó para restaurar el capitalismo en la ex URSS,  el Este europeo y lanzar una verdadera contrarrevolución económica a nivel internacional.

El nuevo siglo trajo consigo revueltas, revoluciones y vientos de cambio en varios países latinoamericanos. Y en el 2008 estalló una crisis sistémica, profunda e histórica en las propias entrañas del “amo del mundo”: los Estados Unidos. La crisis no tardó en trasladarse a los países imperialistas europeos, más tarde a los llamados BRICs y el mundo entero. Fue una verdadera hecatombe para los poderosos del mundo, de tal modo que esta vez muchos identificaron lo sucedido como la “caída del Muro de los capitalistas”. Para salvarse, las grandes corporaciones descargaron nuevamente el peso de la crisis sobre los pueblos. Millones de personas perdieron sus casas y sus empleos, pasaron a ser pobres y a sufrir el hambre y la miseria.

A principios del 2011 comenzó el proceso de la Primavera Árabe. Enormes manifestaciones populares derrotaron dictaduras de varias décadas en Túnez, Egipto, Libia, Yemen y Argelia reclamando libertad y mejores condiciones de vida. Luego la contrarrevolución se fue rearmando y retomó el control en varios de esos países. Siria es un nuevo escenario de las masacres provocadas por la dictadura local de Al Assad y las grandes potencias, mientras que el pueblo de Kurdistán continúa su heroica lucha por la liberación.

Como esos procesos y fenómenos podríamos describir otros. Por ejemplo el ascenso y decadencia de los nuevos gobiernos populistas latinoamericanos, la profunda crisis de Grecia, la ola independentista catalana, el Brexit y la crisis de la Unión Europea, las oleadas de inmigrantes que huyen de las guerras, la sorpresa, los cambios y la movilización que está provocando el triunfo de Trump en Estados Unidos.

Con sus particularidades, todos estos tienen un común denominador: de un lado están el imperialismo con sus gobiernos cómplices, los capitalistas y los burócratas; y del otro lado los pueblos explotados y oprimidos, la clase trabajadora, las mujeres y los jóvenes.

En cada una de esas luchas, manifestaciones, revoluciones, paros generales y alzamientos, de una u otra manera está vivo el legado que nos dejó Moreno. El impulso tanto a la movilización obrera y de masas como a la construcción del partido revolucionario con centralismo democrático como sus dos estrategias fundamentales. Y siempre con el norte de luchar por gobiernos de los trabajadores y el pueblo, hacia un mundo socialista con plenas libertades democráticas.

Aniversarios y actualidad

Además de los 30 años de la muerte de Moreno, el 2017 es un año de importantes aniversarios para los verdaderos progresistas y los revolucionarios de todo el mundo. Se cumplen 150 años de la primera edición de El Capital de Carlos Marx, también 100 años de la Revolución Rusa protagonizada por el Partido Bolchevique de Lenin y Trotsky y 50 años del asesinato del Che Guevara. De todo esto se nutrió Moreno, animándose a sostener una mirada y una práctica crítica, para elaborar sin dogmas ni verdades reveladas, poniendo la realidad cambiante por delante de los esquemas inamovibles. Así como reivindicamos la vigencia del marxismo, de las enseñanzas de la Revolución de Octubre y de la actitud del Che, también lo hacemos con lo esencial del legado de Moreno. De allí tomó la antorcha revolucionaria que como trotskista mantuvo encendida hasta el último día de su vida. Estamos orgullosos de haber tomado la posta que dejó luego de su desaparición física. Este año, también se cumplirán 25 años de la fundación de nuestro querido Movimiento Socialista de los Trabajadores.

Iniciado el siglo XXI hay quienes interesadamente repiten que las ideologías son cosa del pasado y que el socialismo es una utopía. La realidad demuestra a cada paso exactamente lo contrario: el Manifiesto Comunista, El Capital, las Tesis de Abril, las Lecciones de Octubre, La Teoría de la Revolución Permanente y el método del Programa de Transición están más vigentes que nunca. A la luz de la experiencia, lo utópico, al borde del delirio fantástico, es sostener que el capitalismo explotador, con sus guerras, matanzas y hambrunas puede resolver las necesidades de los trabajadores y el pueblo.

Tampoco existe el “capitalismo humanizado” que viene pregonando la Iglesia Católica, ahora con el Papa Francisco a la cabeza. Los gobiernos burgueses y los regímenes institucionales decadentes y corruptos no pueden dar respuesta a las necesidades sociales más básicas ni garantizar las libertades democráticas más elementales. Y las direcciones sindicales traidoras sólo cuidan sus privilegios y la gobernabilidad capitalista.

Vigencia del morenismo

Reivindicamos a un Moreno íntegro, con sus aciertos y errores, incluso reconociendo visiones distintas de acuerdo a las distintas etapas, situaciones y momentos de la lucha de clases nacional y mundial. Más allá de cualquier táctica sindical o política, Moreno siempre mantuvo el norte de la construcción del partido y la internacional. Además de sus cualidades personales, realzamos su férrea decisión de dejar de lado los pequeños círculos de militantes sectarios e “iluminados”, poniendo su vida al servicio de una construcción que se hiciera carne en lo mejor de la vanguardia obrera y del movimiento de masas.

Luego del asesinato de Trotsky se produjo una enorme diáspora del llamado movimiento trotskista internacional, cruzado por distintas visiones pero con una gran debilidad general de dirección, así como por el hecho de no tomar el poder en otro país por fuera de Rusia y por la marginalidad de no estar afianzado entre las grandes mayorías.

En otro contexto y a otro nivel, algo similar nos sucedió a los morenistas luego de la muerte de Nahuel. Las distintas interpretaciones que fueron surgiendo frente a la caída del Muro y los nuevos fenómenos llevaron a crisis y rupturas en el viejo MAS y en la Liga Internacional de los Trabajadores, las organizaciones que lideró Moreno y de las cuales proviene nuestra corriente. Así, mientras algunos sectores cayeron en el escepticismo, el sectarismo y cuestionaron todo el legado morenista, nosotros lo seguimos revindicando en lo esencial.

Ser morenista es tener confianza en la clase trabajadora, creer solo en el poder de la movilización y defender la más irrestricta democracia obrera.

Somos conscientes de que no sabemos todo y que tenemos mucho por aprender. Hemos cometido errores, posiblemente cometeremos otros, aunque trabajamos diariamente para superarnos. Moreno siempre nos recalcó que tenemos un ADN diseñado en la periferia lejana de los grandes batallones de la clase obrera, de mayor nivel político y cultural, en un país ubicado en los confines del planeta y de carácter semicolonial. Lo resumía como un “trotskismo bárbaro”, déficit que se obsesionaba en compensar nutriéndose de las experiencias de lucha más avanzadas en el mundo.

Más allá de las limitaciones y problemas, Moreno nos dejó cimientos firmes. Depende de nosotros interpretarlos, utilizarlos correctamente y enriquecerlos.

Tenemos el desafío de seguir respaldando todas las luchas obreras y populares y de construir al mismo tiempo alternativas políticas de izquierda, unitarias y amplias para enfrentar a los regímenes y gobiernos burgueses, a todos los partidos patronales y sus cómplices. Al servicio de todas esas tareas estamos convencidos de la necesidad de seguir construyendo partidos socialistas revolucionarios consecuentes, y una corriente internacional. Esta es la mejor forma de recordar y homenajear a nuestro compañero y maestro Nahuel Moreno.

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