A 75 años del asesinato de Trotsky ¿Qué es ser trotskista en el siglo XXI?

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CASTELLANO

Pedro Fuentes

Estamos en el 75 aniversario de su muerte producida por el ataque de Mercader, un agente del KGB bajo órdenes directas de Stalin. Mucho tiempo y muchas cosas pasaron en el mundo desde entonces hasta ahora.  Entre la más importante es que su acérrimo enemigo contra el que tuvo que luchar, Stalin y su aparato burocrático que él creó y que se prolongó mucho más años después de su muerte también cayó; murió con las revoluciones democráticas que tiraron el Muro de Berlín y todos los regímenes burocráticos herederos.

El papel de León Trotsky, la fundación de la IV internacional   y del movimiento trotskista merecen mucho más que una nota. Pero no podemos dejar pasar la fecha porque ella también coincide con un hecho bastante notable. Se habla y se conoce mucho más de Trotsky en esta última década que en muchas anteriores. Se comenta y se simpatiza con su figura. Hace unos días la TV Brasil hizo un excelente documental sobre su vida, y un libro del cubano Leonardo Padura que toca la tragedia de su vida en paralelo a la de su asesino, “el hombre que amaba a los perros” se convirtió en uno de los más comentados en los últimos tiempos. Los jóvenes quieren conocer a Trotsky y se comprende mejor su lucha incansable y en condiciones totalmente desiguales que llevó adelante contra Stalin.

Es indiscutible que Trotsky fue un héroe de la revolución rusa; junto a Lenin su otro gran protagonista. Preso muy joven y luego deportado a Siberia huyo de allí en trineo dejando su primera compañera y dos hijas. En 1905 fue presidente y el principal orador del Soviet de Petrogrado. En 1917 presidió el Comité Militar Revolucionario que dirigió la operación de la toma del poder. Luego, en la guerra civil se convirtió en el jefe  del Ejército Rojo que tuvo que enfrentar a 21 ejércitos que invadieron Rusia y al ejército blanco. Tuvo la audacia de convocar a generales y militares del viejo ejército zarista para hacer parte del ejército revolucionario.  El tren blindado desde donde comandaba las tropas se convirtió en una leyenda viva. Cuentan los historiadores que Trotsky antes de decidir las operaciones militares en determinado frente se reunía con las células del Partido Bolchevique de esas ciudades.

En el 23 con Lenin ya gravemente enfermo y terminada la guerra civil Trotsky pidió ir a Alemania para colaborar con el Partido Comunista en la dirección de esa revolución. Era sabido que ese partido nuevo no había pasado por la forja de Lenin ni tenía una dirección y cuadros inexpertos, aun más inexperta con la muerte de Rosa Luxemburgo y Karl  Liebknecht. En los años de plena efervescencia de la revolución –desde el 19 al 23-, el partido alemán perdió tres grandes oportunidades de tomar el poder lo que hubiera cambiado la historia mundial. Pero el triunvirato que dirigía, Stalin con Kamenev y Zinoviev no aceptaron; el peligro de perder el aparato que iba construyendo en el caso de Stalin y los  celos de prestigio en Kamenev y Zinoviev seguramente motivaban al triunvirato. Pensar que Trotsky –que se había sumado al Partido Bolchevique recién en Abril del 17- podría volver a Rusia como el nuevo héroe de la revolución Alemana estaban detrás de esta negativa de todos ellos.

No podemos en unas pocas líneas detenernos en su historia de apasionado militante, brillante orador y escritor. Hay historiadores como Deutcher que lo ha hecho muy bien  que es e importante leer para conocer a Trotsky,  como a sus obras más importantes.

Hizo aportes imprescindibles de incorporar a la política revolucionaria y mantener vivo el programa revolucionario luego de la muerte de Lenin y la degeneración de la III Internacional.

* “La Revolución Traicionada” donde Trotsky explica la degeneración del estado obrero soviético y  hace el pronóstico alternativo que fue corroborado por la realidad posterior: o una nueva revolución, esta vez política para derrocar el aparato burocrático del estado o la dinámica hacia la restauración capitalista muy probablemente conducida por esa misma burocracia. El concepto de revolución política que nació de Trotsky es una herramienta imprescindible para entender muchas de las revoluciones que acontecieron en el siglo XX y XXI y van a continuar sucediendo, es decir revoluciones que cambian el régimen político y no el estado y el sistema, o sea el modo de producción.

* “La lucha contra el fascismo en Alemania”,  obra maestra para comprender el carácter inestable u oscilante de la pequeña burguesía, su desesperación como base del fascismo; la misma definición del fascismo, como la política del frente único para derrotarlo. Alemania  fue junto con Rusia, el palco fundamental de la polémica con Stalin y una vez más, como ya había sucedido en Rusia [1]/ le faltó a Trotsky contar con una gran corriente, un partido u organización de militantes revolucionarios para poder impulsar esta línea y derrotar el nefasto ultraizquierdismo del tercer período de Stalin. Después de Alemania Trotsky comprendió que la III estaba totalmente degenerada e comenzó los pasos para la fundación de una nueva Internacional.

* “El Programa de Transición” que fue la base para construir la IV Internacional (y su antecesor el Programa de urgencia para Europa), pieza fundamental -siempre que no sea sacado del contexto del momento histórico en que fue escrito-, antes de la segunda guerra mundial.[2]/  No se trata de repetir sus caracterizaciones,  sus pronósticos y consignas como hacen muchos grupos trotskistas sino, como decía Moreno tomar su esencia: su estructura y su método transitorio de ligazón entre las consignas mínimas a las consignas de transición y a las máximas es decir de ruptura con el régimen y el sistema.

* La teoría de la revolución permanente a la cual el programa de transición está vinculado como método de llevar adelante la movilización permanente de las masas. Tiene dos formulaciones, la de 1905 y del 27, esta última en forma más acabada plantea la utopía de la doctrina estaliniana del “socialismo en un solo país”. Es un aporte decisivo para comprender la combinación de tareas democráticas con las socialistas en los países de desarrollo burgués retrasado. Esta teoría fue trasformada en un programa por Trotsky y el trotskismo  y en ese sentido tiene puntos débiles, se demostró ser muy normativo,  y por eso sus formulaciones, si son usadas esquemáticamente, no permiten comprender la realidad de las revoluciones de posguerra y la dinámica de muchos fenómenos nuevos que ahora ocurren. Como decía Moreno en su texto citado, la primera condición de un trotskista es ser crítico incluso hacia el mismo Trotsky [3]/ ya que la realidad siempre es más rica que la teoría. Sin embargo, en su esencia más profunda, el carácter internacional de la revolución (punto en el que no difería con Lenin, ni con Rosa Luxemburgo) pero que fue Trotsky quien tuvo que formularlo en su lucha contra la nefasta teoría estaliniana del “socialismo en un solo país”, la realidad, trágicamente por la negativa, la corroboró con el derrumbe del llamado “socialismo real”.  En el texto ya citado Moreno dice que “el trotskismo es el único consecuente que a la realidad económica mundial, cuando un grupo de multinacionales dominan el mundo, a este fenómeno socio económico es necesario responder con una política internacional”. Y por eso la necesidad de retomar contra las ideas nacionalistas la concepción internacionalista, ya que el socialismo será mundial o no será.

* La ley del desarrollo desigual y combinado que deberíamos también incorporar como un aporte fundamental a la dialéctica marxista. Trotsky elaboró esta ley a partir del análisis de Rusia y ella fue la base de la teoría de la revolución permanente. La interpretación dominante hasta entonces era que los países retrasados deberían seguir el camino de los más adelantados y entonces pasar por una revolución burguesa para cumplir una etapa de desarrollo burgués, para luego plantearse una revolución socialista. Trotsky dedujo que en la etapa del imperialismo no era así, ya que el capitalismo ha convertido al mundo entero en un solo organismo, por lo que los países atrasados se ven obligados a saltar etapas y que por lo tanto había una combinación. En el caso de Rusia la formación económica social feudal del campo se combinaba con el desarrollo de la gran industria capitalista.  “El privilegio de los países históricamente rezagados –que lo es realmente- está en poder asimilar las cosas o, mejor dicho, en obligarse a asimilarlas antes del plazo previsto, saltando por alto toda una serie de etapas intermedias”[4]/.

Los trotskistas George Novack y Nahuel Moreno tienen el mérito de haber desarrollado esta ley de Trotsky en sus escritos sobre Lógica Marxista. Para ambos, la ley de Trotsky es la ley más general que explica no solo el desarrollo histórico sino también el origen de lo nuevo. Moreno en su ensayo “Lógica Marxista y Ciencias  Modernas” esboza que es la ley más importante para comprender todos los fenómenos nuevos.

Es imposible comprender ninguno de los procesos del desenvolvimiento del capitalismo en esta nueva fase si no es a partir de la ley del desarrollo desigual y combinado, como tampoco ningún fenómeno político que ocurra en el sistema mundo y su fase imperialista de la mundialización neoliberal, donde dominan las desigualdades y sus diferentes combinaciones [5]/.

Preguntas difíciles, pero que nos debemos responder

Llegado a este punto surgen algunas sanas preguntas sobre toda en la juventud y en la izquierda que se separa del reformismo. ¿Porque si el trotskismo es la corriente revolucionaria continuación del leninismo ha tenido poca incidencia en las revoluciones ocurridas después de la rusa? Y porque si tiene una teoría y programa esencialmente correcto ¿existen tantas divisiones en el movimiento trotskista? La verdad es que ambas son difíciles de responder.

Leninismo y trotskismo

Una primera cuestión para intentar opinar sobre ellas es darle un contexto general, un marco, a la afirmación de que el trotskismo es la continuidad del leninismo. Esto es algo indispensable que muchos trotskistas o simpatizantes de la causa no toman en cuenta. Es verdad que Trotsky es el continuador de Lenin, y puede ser también que en algunas de las tantas polémicas que tuvo con Lenin hubiera tenido razón en algunas. Pero como bien lo explica Roberto Robaina en su folleto “Notas a la teoría de Lenin sobre la revolución de 1905”, en el capítulo “trotskismo y leninismo” [6] /  hay un concepto importante que es parte de la elaboración que nuestra corriente MES viene haciendo desde los finales del 90. Trotsky es el continuador  en un contexto mundial diferente, marcado por el triunfo de la contrarrevolución en Rusia. (Ver también “El internacionalismo y la construcción de una organización internacional” [7]/  En ese sentido el trotskismo fue un movimiento más defensivo y por lo tanto más parcial,menos universal que el leninismo.

Luckas en su libro escrito cuando joven dice  que “Lenin es el formulador de la teoría general de la revolución” [8]/ y lo veía en la dimensión teórica, programática y concreta de la misma. Es decir que gracias a esa comprensión fue capaz de llevar la teoría a lo concreto y a la acción y también por eso construir el partido bolchevique.  Trotsky también lo terminó viendo así, y de ahí su leal entrada al partido bolchevique como apunta también Roberto en el texto citado. Moreno consideraba también que Lenin y todas las elaboraciones de la III Internacional eran más universales y creo que lo mismo se podría decir de Ben Said leyendo sus trabajos sobre Lenin.

Nahuel Moreno siempre comentaba en sus cursos que el pensamiento de Lenin era de una totalización más abierta y por lo tanto también más concreta. Cuando se discutía en sus cursos la revolución permanente Moreno decía que la formula algebraica de Lenin “dictadura democrática de obreros y campesinos” resultó históricamente más real que la de Trotsky que subordinaba (para todo momento y lugar) el campesinado a la dirección obrera. Y que Trotsky tenía una tendencia a generalizaciones teóricas y formulaciones de  leyes que terminaban siendo más esquemáticas, como se demostró la revolución China.

En el texto citado, Roberto anota que parte de los militantes trotskistas, al considerar a Trotsky como el continuador de Lenin, “dan por entendido de que la formación revolucionaria se hace esencialmente estudiando y siguiendo lo que escribió Trotsky,olvidándose de Lenin y sus obras”.

Trotsky cumplió un rol histórico como continuador de Lenin. No habría hoy revolucionarios internacionalistas sin Trotsky quien defendió y sostuvo el legado del programa revolucionario (no hubo otro que lo hiciera independiente de sus aportes, no lo fue Gramsci por ejemplo),  y tiene el gran mérito de construir una organización, la IV internacional para defenderlo, una bandera sin manchas. Pero lo hizo en una situación defensiva.

El auge del estalinismo arrinconó al trotskismo a una tarea esencialmente de defensa del programa

Trotsky, apostaba a que la situación revolucionaria que se abriría con la segunda guerra mundial iba a permitir que la IV Internacional se transformase en una organización de masas como lo fue la tercera después de la primera guerra mundial. (Ver El internacionalismo y la construcción de una organización internacional). Pero la realidad no fue así. El estalinismo que fue quién llevó adelante la derrota del fascismo salió de este período con mucho prestigio sobre los trabajadores en todo el mundo, y las revoluciones que ocurrieron en la posguerra terminaron siendo controladas en la política de coexistencia pacífica surgida de los acuerdos de Yalta y Postdam de división del mundo en zonas de influencia entre Stalin, Churchill y Roosevelt.

Los revolucionarios que seguían a Trotsky ya habían sido debilitados con la persecución encarnizada que hizo el estalinismo antes de la guerra. Stalin asesinó el 90% del viejo Comité Central Bolchevique y sus muertes alcanzaron decenas de miles, diez millones murieron en Rusia bajo la dictadura estalinista. La muerte no llegó solo a Trotsky sino que antes había también diezmado a su familia[9].  En la lucha contra el fascismo el trotskismo perdió también una gran cantidad de militantes entre ellos, al brillante Abraham León dirigente en Varsovia[10]/. En Vietnam donde el trotskismo era fuerte su dirigente Ta Thu Thâu fue asesinado por el Partido Comunista de Vietnam bajo la influencia de Stalin. Lo mismo sucedió en China. 

La IV, como lo recordaba Mandel en la nota enviada al MAS cuando la muerte de Moreno  decía que, “ él (Moreno) era un revolucionario que había defendido el programa en momentos difíciles” y eso es extensivo al mismo Mandel y a toda esa generación del 40 como a otras que siguieron y se formaron en ese medio.

De ahí que ante el auge estalinista, tanto la IV como las organizaciones y partidos trotskistas que continuaron reivindicándola y siendo parte de ella, fueron esencialmente de propaganda y defensivos. Esto significó también que en los últimos años de su vida Trotsky contó solo con puñados de seguidores en los diferentes países salvo posiblemente en los EEUU con el SWP.

Muchos de sus escritos de este período en lo que hace a sus opiniones para fortalecer sus grupos están influenciados por esta realidad. En relación a la revolución española por ejemplo, Trotsky escribió textos brillantes sobre la importancia de las reivindicaciones democráticas, pero se equivocó al descalificar el que era su principal seguidor y principal dirigente André Nin y desatar críticas fuera de contexto cuando este fundo el POUM con Maurin. Hay también otros debates exageradamente fraccionales en todo este período sobre todo cuando tuvo que remar contra la corriente e intervenir ante las disputas internas como las del trotskismo francés[11]/.

Hay dos temas que merecen un estudio especial y que en este texto solo podremos enunciar y que hacen al defecto que ya citamos de Roberto Robaina sobre la cuestión de solo tomar en cuenta las obras de Trotsky e incluso sacarlas de su contexto. Uno de ellos es sus escritos sobre Francia[12], donde Trotsky más desarrolla el análisis de la política posterior al tercer período de Stalin de los Frentes Populares. En estos escritos Trotsky es brillante en su análisis del bonapartismo y el proto fascismo, de las milicias armadas de la derecha y de la política de la autodefensa obrera para combatirlas. Trotsky, opuesto correctamente al Frente Popular, es decir del gobierno de los partidos obreros con sectores de la burguesía, incluso llegó a plantear en algún momento hacer los comités de acción del frente popular por la base. Sin embargo, en sus análisis de todo este período se deslizaba en combatir el Frente Popular con la misma política de los soviets que se llevó adelante en Rusia.

En relación a Cataluña también es discutible la crítica a Nin cuando el POUM entró al gobierno (y luego salió) ya que no tomaba en cuenta en el caso de España la guerra civil que dividía el país. Creemos modestamente que en relación a Nin cometió un grave error de tipo sectario a partir de un análisis esquemático de la realidad española y catalana.

Algo que muchos trotskistas latinoamericanos también cometieron al confundir los gobiernos antiimperialistas radicales con el Frente Popular que existió en los países adelantados. Así caracterizaron incorrectamente al gobierno de Allende en Chile, olvidando entonces que este gobierno era mucho más un frente único antiimperialista con rasgos kerenkystas,  y lo mismo sucedió en la década del 2000 con los gobiernos bolivarianos.

Propaganda y política

Los seguidores de Trotsky que continuaron la estoica tarea de construir la IV internacional vivieron una situación similar. En los años difíciles a los que se refiere Mandel, tuvo que enfrentarse a una serie de presiones que terminaron dividiendo a la IV Internacional.

Ante la enorme presión del reformismo y el estalinismo de las décadas posteriores a Trotsky, el trotskismo se hizo esencialmente  en la defensa del programa;  fue inexperto y cedió a presiones a la hora de hacer política. Es sabido que la política no se hace con el programa. El programa parte de las necesidades que tienen planteadas las masas en determinado etapa o período y las ordena en relación a las necesidades históricas, es decir a la lucha por el socialismo en ese período.

Mientras que la política tiene que responder a las necesidades presentes partiendo de la correlación concreta de fuerzas que hay entre las clases sociales en ese momento. Es decir, se hace en base a un análisis de los elementos presentes, lo que lleva a una caracterización concreta y dinámica, para a partir de ella hacer la política que movilice a las masas por sus reivindicaciones. Intentando que en ese proceso cambien las condiciones y haya un avance en su conciencia para que hagan la experiencia con el gobierno y su régimen político.

Hacer política con el programa es lo que lleva al propagandismo, una tendencia que heredamos los trotskistas. De ahí también que cuando muchos grupos trotskistas hacen política se basan en la búsqueda de la diferenciación programática con el centrismo o el reformismo, y no en la disputa de la mejor política para movilizar a los trabajadores.

Partido, fracción o secta. La concepción de partido en Lenin

Una de las bases para que tantas divisiones ocurrieran están bien explicadas en un artículo de John Ross, un trotskista inglés en su trabajo Partido, Fracción o Secta[13]/, en el cual reivindica el criterio de partido de Lenin frente a los “partidos fracciones”.

Contra la idea bastante generalizada en el trotskismo de que Lenin desde 1903 dividió la socialdemocracia rusa en dos partidos (bolcheviques y mencheviques), Ross demuestra que Lenin era una fracción de la socialdemocracia con la cual se reunificó orgánicamente en 1906, y se conservó como parte del partido socialdemócrata que existió con sus diferentes alas, Trotsky inclusive era una de ellas, hasta 1914 cuando comienza el nuevo auge revolucionario. O sea que el leninismo existió como parte de la socialdemocracia y posteriormente a partir del 14 como partido bolchevique. Para el leninismo el partido  se sustentaba sobre la base del programa general y en sus normas organizativas, estas eran y deben ser los criterios de partido  y no la política.[14] Lógicamente este programa cambió en el período revolucionario y sobre la base de esa nueva situación se produjo la ruptura con los mencheviques.

Este criterio de partido es el que permite que en su interior haya diferencias políticas y que estas se discutan democráticamente en su interior incluso en forma pública.  Así ocurrió en el partido bolchevique. Contra la idea del hegemonismo o totalitarismo que las corrientes luxemburguistas o espontaneistas atribuyen al leninismo, el partido bolchevique fue un partido de disputa permanente de posiciones políticas, de tendencias y  corrientes de opinión. Recordemos las diferencias públicas entre Stalin y la mayoría del CC del partido con Lenin en marzo del 17 sobre apoyar o no el gobierno menchevique, y posteriormente con Zinoviev y Kamenev sobre la toma del poder. El bolchevismo fue un ejemplo de democracia con tendencias y corrientes de opinión públicas. Fue el comunismo de guerra que obligó a un régimen más estricto y a suprimir las tendencias y fracciones.

Estos criterios del partido -programa general y normas de organización- sumado a la inserción en los trabajadores, fueron convertidos en su contrario por Stalin, dicho de manera directa en un aparato burocrático que terminó siendo contrarrevolucionario. Pero también esos criterios leninistas fueron deformados por corrientes revolucionarias y por el movimiento trotskista. La etapa defensiva, de propaganda, de cierto aislamiento de las masas hizo que primaran los hábitos de fracción al de partido.

Una fracción o tendencia se organiza alrededor de una lucha política determinada y por tanto requiere y tiene una alta homogeneidad política.  Pero esa homogeneidad política es difícil de conservar, porque en la política es dinámica, cambia y siempre existen diferencias, matices, choques de opiniones. De ahí que ese criterio de partido fracción con el cual se construyeron numerosos grupos trotskistas lleve a las divisiones por cualquier diferencia política que rompen la unanimidad establecida. En definitiva ocurre porque se han perdido los verdaderos criterios de partido: sus normas de organización y su programa.

Al mismo tiempo, para que esa unidad política se sostenga es necesario que el mismo régimen interno sea de una disciplina estricta, necesario para acatar esa política. Por eso el partido fracción deja de ser un organismo vivo en el que la política se nutre de la sana discusión entre los militantes en organismos, en un sano y directo contacto entre la base y la dirección. Hablamos de organismos de base íntimamente vinculados e insertados en una base social que sea receptiva a las necesidades de ella, y de organismos de dirección en estrecho contacto con sus militantes y sus organismos para hacer una interacción que permita procurar la mejor política y la unidad de acción para aplicarla. A la inversa, los partidos fracciones terminan teniendo direcciones con rasgos aparatistas. De la fracción a la secta hay un paso; esa política se transforma en un dogma que se repite y repite. Y los sanos lazos políticos de la militancia partidaria son reemplazados por lazos creados alrededor de la fe en la política trasformada en dogma.

Esta ha sido un problema que arrastra el trotskismo y explica también muchas veces divisiones. Creemos que en la corriente morenista que nosotros reivindicamos  no hemos sido ajenos a ellos, y de ahí la importancia de reconocerlos para no repetirlos[15].

Que es ser trotskista en el siglo XXI (tema inconcluso)

Responder esta pregunta nos lleva, en primer lugar a afirmar la misma respuesta que dio Moreno en 1986 la cual es compartida por otros revolucionarios de su generación como Ernest Mandel.

  • “en primer lugar ser trotskista significa ser crítico inclusive al propio trotskismo”. “Ser trotskista hoy no significa estar de acuerdo con todo lo que fue escrito o dijo Trotsky, sino hacerle las criticas para superarlos” ( …)”. “El marxismo pretende ser científico y la ciencia enseña que no hay verdades absolutas”.

 

  • comprender que estamos ante un nuevo período histórico que nos ha abierto nuevas tareas y nuevos desafíos….

La caracterización de este nuevo período es un tema abierto, lleno de incertidumbres. El siglo XXI  nos trajo un nuevo período histórico muy complejo, es tal vez el período donde sea más difícil para los leninistas trotskistas explicarlo así tengamos buenas herramientas para ello; la radiografía esencial del capitalismo que nos dejó Marx, la teoría revolucionaria de Lenin, Trotsky, y los nuevos marxistas que han surgido, en particular las elaboraciones que han aportado muchos trotskistas formados en la década del 60.

Más que en ningún otro período la nueva realidad responde a la ley del desarrollo desigual y combinado. Vivimos un período de decadencia del sistema y de  la mayor crisis del capitalismo; decimos la mayor porque es en la que se reúnen más  elementos sistémicos, donde se presentan diferentes crisis (económica, ambiental, política, social) en medio de una nueva fase del imperialismo que podemos llamar de la “mundialización neoliberal”,  en la cual se ha producido la mayor concentración del capital en manos de grandes corporaciones, donde también se ha producido el más alto grado de financierización del mismo y la mayor y más aguda desigualdad.

 

  • Ser internacionalistas hoy es defender la bandera sin manchas de la IV Internacional y al mismo tiempo luchar por una nueva internacional en donde, como decía su creador, los trotskistas seamos minoría. Esto significa una nueva organización internacional en la que se puedan organizar todos los internacionalistas que necesitan unirse para enfrentar al imperialismo y las grandes corporaciones dueñas del capital y los gobiernos.

La gran contradicción de este momento histórico es que vivimos una gran desigualdad (más que desigualdad es una contradicción) entre esa crisis global del capitalismo y la ausencia de un modelo alternativo de sociedad, una ausencia ideológica  de un nuevo paradigma provocado por el fracaso del “socialismo real”.

Al mismo tiempo, esta nueva fase de la mundialización neoliberal ha terminado con la desigualdad norte/sur (no en el sentido de países imperialistas y países dependientes que se ha profundizado), sino en el terreno social; la pobreza ha dejado de ser propiedad de los países atrasados para expandirse en todo el mundo, basta ver el nivel de pobreza en los EEUU. Ser internacionalista hoy es confiar también en la clase obrera y los sectores explotados de los países más adelantados como destacamentos insustituibles para derrotar al capitalismo y terminar con la explotación a nivel mundial.

  • estar en primera fila en las movilizaciones de los trabajadores y todos los sectores explotados y oprimidos, especialmente de la juventud sin dejar de confiar en los trabajadores como el sujeto social principal de la revolución.

Los trabajadores y los pueblos no han dejado de luchar. En este nuevo período han ocurrido las revoluciones árabes que luego involucionaron, y los grandes levantamientos populares  y juveniles de los indignados, grandes movilizaciones democrática populares  que se siguen extendiendo reclamando democracia real, enfrentando la corrupción, luchando por mas derechos enfrentando al capitalismo. Así sea sin un programa anticapitalista acabado las masas están lejos de ser derrotadas. Es solo repasar lo que ocurre en estos días (Guatemala, Honduras, India, Indonesia…) No somos de la opinión de que hay una ofensiva a escala mundial de la derecha.

Es un período donde al sujeto social revolucionario de la clase obrera se han sumado numerosos nuevos sectores de la clase media despojada de los derechos democráticos y a la vez relativamente empobrecida por la minoría que domina la economía mundial. Donde también se movilizan por sus derechos y logran conquistas sectores oprimidos en primer lugar las mujeres en su lucha por la liberación y la igualdad de derechos, los negros que son los sectores más explotados en numerosos países y la comunidad LGBT.

Tenemos que reconocer que la mundialización del capital ha permitido al capitalismo mundializar la producción de las multinacionales  haciendo cadena de producción en diferentes países, creando un ejército mundial de reserva, y de esa manera fragmentando también a nuestra clase que no puede responder con una organización a nivel mundial. La precarización del trabajo es también un hecho. Esta situación ha llevado a marxistas a posiciones postmodernistas que niegan las clases y los sujetos sociales. Sin embargo, la clase obrera crece en número, y seguirá jugando el papel estratégico principal para la derrota del capital.

  • Ser parte de los nuevos procesos políticos y construirlos lealmente sin ocultar por eso nuestras ideas y nuestro programa, mas construyéndolos esencialmente en base a una política de ruptura con el capitalismo

En este período ocurrió el fin del llamado “socialismo real” que significó también el fin del estalinismo como aparato mundial del cual ya hablamos sobre el papel de freno que cumplía. Fueron revoluciones democráticas que terminaron con las dictaduras burocráticas pero que no abrieron el camino hacia un socialismo con democracia sino a la restauración del capitalismo.  Pero la crisis del estalinismo no solo desestabilió el sistema de dominación mundial de posguerra sino que también liberó al movimiento obrero y al pueblo de esa loza burocrática que en nombre del socialismo lo ataba, quedando más libre para emprender. Esta liberación es la que explica los nuevos fenómenos más espontáneos y las movilizaciones que han ocurrido en este nuevo período.

De la crisis capitalista que no para y de las nuevas movilizaciones y en particular de los indignados se han nutrido también nuevos procesos políticos que de manera todavía intermediaria asumen posiciones confrontadas con la globalización neoliberal. Syriza en Grecia, Podemos en España, las plataformas de unidad con movimientos sociales en Madrid y Cataluña, el PSOL en Brasil, a la que también hay que sumar la revitalización de izquierdas en el laborismo inglés o el fenómeno de Bernie Sanders, candidato independiente socialista en las primarias del Partido Demócrata son parte de este proceso a izquierda de los aparatos tradicionales y en el caso de Brasil del mismo PT y la CUT.

Adelantándose a estos nuevos procesos políticos en los países del Norte, tuvimos en nuestro continente el surgimiento del bolivarianismo. Precisamente ellos fueron una experiencia y una prueba que tuvimos que hacer los trotskistas latinoamericanos. Contra el propagandismo que cerró la puerta a este proceso de nacionalismo radical progresivo, lo que los terminó aislando de los de los mismos y de las masas, fuimos de los que intervenimos en los mismos con la línea del frente único antiimperialista. Ser parte de estos procesos que han entrado en un período de agotamiento (por su proceso de aburguesamiento y burocratización) es lo que nos permite ahora disputar las masas pudiendo levantar sus banderas progresivas y construir nuevas alternativas.  Algo similar a lo que ahora pasa con Syriza y la Plataforma de Izquierda en Grecia.

  • Ser leninistas- trotskistas, que significa tener el leninismo como la base metodológica más consistente y probada para la formación de los cuadros revolucionarios

 La crisis ideológica que viven las masas ha sido campo fecundo para el desarrollo en la vanguardia y en especial en la juventud de ideas posmodernistas, como la teorización equivocada del horizontalismo y el neo anarquismo. El movimiento trotskista es el que mejor resistió y resiste a estas presiones aunque, como ya lo decíamos en este texto,  teniendo sectores que lo hacen con respuestas propagandistas o sectarias. Lenin sostenía que las formas de organización cambian de acudo al período de la lucha de clases, pero no por eso dejaba de sostener principios centrales sobre los cuales ya hablamos en este texto. Esos pilares son los que nos tienen que dar la confianza y firmeza leninista para saber adaptar la organización del partido a los determinados momentos de la lucha de clases.

Un aspecto importante de la lucha de Lenin y Trotsky fue el combate al terrorismo individual al que consideraban una forma negativa y distorsionada de la lucha de clases que favorecía en definitiva la represión y por otro lado sustituía el papel de los trabajadores y sus aliados. Ambos no lo hacían desde una posición pacifista ya que ambos defendían la necesidad de la lucha armada como método de lucha para enfrentar al estado burgués. Es importante retomar esta tradición ya que son nuevamente un elemento de la realidad. En Brasil apareció de manera incipiente a través de las acciones de black block, pero en el mundo árabe e islámico son una realidad que no solo actúa en esos países en organizaciones reaccionarias y retrógradas como el Estado Islámico y Al Queda sino que extienden sus brazos hacia Europa donde una juventud de origen islámica se suma a estas organizaciones. La formación en el leninismo-trotskismo es lo que nos permite combatir políticamente a estos sectores y alejar a los sectores de vanguardia de esta concepción sumamente equivocada.

  • Formular un programa de transición que incorpore las nuevas tareas y en particular las tareas democráticas tomando en cuenta la nueva relación que existe entre la democracia y el anticapitalismo en este período y la cuestión ecológica.

Esta nueva fase de la mundialización neoliberal, que en definitiva ha puesto las contradicciones y la crisis del capitalismo al rojo vivo, ha colocado también una importante cantidad de nuevas reivindicaciones y nuevas tareas que dicho sea de paso siempre han estado presentes pero que ahora son contradicciones muchos más notables.

La crisis del capitalismo, de su dominio y de sus regímenes ha degenerado las conquistas de libertades democráticas de las propias revoluciones burguesas. La democracia burguesa y de sus instituciones, que fue una de las principales formas del dominio del capitalismo ha degenerado, ha convertido a los partidos políticos del régimen en agentes del gran capital dominante, de las grandes corporaciones y los bancos. En los partidos políticos del régimen ha surgido una casta política que actúa como clase burguesa suigeneris unida orgánicamente a esa neo oligarquía mundial participando de sus beneficios lo que ha dado paso a un periodo donde la corrupción permanente se ha trasformado en una forma de “gerenciar” el estado. Al mismo tiempo, las libertades y reivindicaciones democráticas son cada vez más atacadas. Sobre la base del combate al terror los EEUU han instalado un método de espionaje y control de cualquier ciudadano y gobierno.

Una primera y tal vez más importante cuestión es la que el movimiento de los indignados ha denominado como “democracia real”,  que contiene una crítica frontal a los actuales regímenes políticos de la “democracia” burguesa para el 1%. El tema de sostener una reforma política radical de participación popular y de nuevas asambleas constituyentes soberanas que reorganicen el país sobre otras bases igualitarias se ha trasformado en una consigna relevante que surge como una necesidad en la medid de que aparecen las fuertes crisis políticas vinculadas también a la corrupción.

La consigna de democracia real o democracia para todas va tomando un carácter más transicional. La democracia burguesa se ha vaciado. Dejó de ser la bandera con la que la burguesía dominó por mucho tiempo al movimiento de masas para comenzar a volverse contra ella con un nuevo contenido en este nuevo período histórico.

La cuestión ecológica esta también como una tarea presente, de carácter anticapitalista ya que el capitalismo no puede resolver. Frente al extractivismo como práctica de las grandes multinacionales del imperialismo hay una resistencia campesina y popular  en todo el altiplano y los Andes Latinoamericanos. El mundo va tomando consciencia de los peligros que representa para la humanidad el ataque a la naturaleza y  el calentamiento global.

El titulo de este capítulo dice que el tema está inconcluso y es así. Es una tarea que necesita de muchas cabezas, muchas organizaciones y muchas manos para ser formulada. Es un desafío más que tenemos planteados los revolucionarios.

[1] Kamanev y Zinoviev recién en el 27 se sumaron a la oposición de izquierda

[2] El programa de Transición dice por ejemplo que “las fuerzas productivas han dejado de crecer” y hay sectores Trotskistas como el lambertismo que en la década del 80/90  seguían repitiéndolo, y mismo posteriormente a pesar de la revolución tecnológica y la mundialización. Hay también quienes toman un concepto general correcto de la crisis de dirección revolucionaria  con el cual Trotsky se refería al dominio del estalinismo del movimiento de masas en esa época, para explicar desde entonces todos los fenómenos políticos sucedidos.

[3] Que es ser Trotskista hoy. Nahuel Moreno Ser Trotskista hoy.  http://issuu.com/bernardocorrea/docs/ser_trotskista_hoje?e=7822951/13538084#search

[4] Trotsky “Historia de la Revolución Rusa”

[5] Muchos grandes teóricos del marxismo especialmente los intelectuales universitarios desconocen y por lo tanto no utilizan esta ley que es un aporte esencial a la teoría marxista.

[6] http://esquerdasocialista.com.br/caderno-mes-teoria-da-revolucao/

[7] http://corrientemovimiento.org/sin-categoria/el-internacionalismo-y-la-construccion-de-una-organizacion-internacional/

[8] Lenin por George Luckas 1926….

[9] Su hijo León Sedov que era el organizador de La IV en Francia fue envenenado por la KGB. Otro hijo ingeniero que no hacía política fue asesinado en Rusia. Las dos hijas de su primer matrimonio murieron, Nina en 1928 de tuberculosis porque se le negó asistencia médica y su hermana se suicidó en Alemania.

[10] No está de más recordar que cuando se produjo la insurrección del gueto de Varsovia ya el ejército rojo estaba avanzando en Polonia. Pero Stalin detuvo este avance hasta que las tropas nazistas acabaran con el levantamiento.

[11] Mollinier que fue apoyado por Trotsky contra Rosmer terminó en los 60 militando en la Argentina donde lo conocimos como un aventurero en sus planes económicos y un fracciona lista.

[12] Ou va la Françe, Donde va Francia

[13] Este artículo fue un aporte importante para las formulaciones que se comenzaron hacer en el MES en su período inicial. http://corrientemovimiento.org/boletin/partido-ou-fracaoseita/

[14] No está de más recordar que el programa de fundación de la socialdemocracia rusa eran dos hojas.

[15] La ruptura del MAS, que fuera el partido trotskista más grande en La década del 80-90 no escapa a un balance que queremos hacer en otro texto.

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Aos 75 anos do assassinato de Trotsky

PORTUGUÊS

Estamos no 75º aniversário da sua morte produzida pelo ataque de Mercader, um agente da KGB, sob ordens diretas de Stalin. Muito tempo e muitas coisas ocorreram no mundo desde então. Entre as mais importantes está que seu acirrado inimigo contra quem teve que lutar, Stalin, e o aparato burocrático que ele criou e que se prolongaram muitos anos depois de sua morte, também caíram; morreu com as revoluções democráticas que derrubaram o Muro de Berlin e todos os regimes burocráticos herdeiros.

O papel de León Trotsky, a fundação da IV Internacional e do movimento trotskista merecem muito mais que uma nota. Mas não podemos deixar passar esta data porque ela também coincide com um fato notável. Se fala e se conhece muito mais de Trostsky nesta última década do que em muitas anteriores. Se comenta e se simpatiza com sua figura. Há alguns dias a TV Brasil fez um excelente documentário sobre sua vida, e um livro do cubano Leonardo Padura que toca a tragédia de sua vida em paralelo à de seu assassino, “o homem que amava os cachorros” se converteu em um dos mais comentados nos últimos tempos. Agora que o mundo é movimentado por muitas lutas democráticas, se compreende melhor sua luta incansável e em condições totalmente desiguais que levou adiante contra Stalin e seu aparelho. Os jovens querem conhecer Trotsky e nós, mais velhos, temos que tentar ajudar para que se entenda o que é ser trotskista hoje.

É indiscutível que Trotsky foi um herói da revolução russa, junto com Lênin, seu outro grande protagonista. Preso muito jovem e logo deportado para a Sibéria, fugiu de lá de trenó, deixando sua primeira companheira e duas filhas. Em 1905 foi presidente e o principal orador do Soviet de Petrogrado. Em 1917 presidiu o Comitê Militar Revolucionário que dirigiu a operação da tomada do poder. Logo, durante a guerra civil, se converteu no chefe do Exército Vermelho que teve que enfrentar 21 exércitos que invadiram a Rússia e ao exército branco. Teve a audácia de convocar generais do exército czarista para fazer parte do exército revolucionário. O trem blindado de onde comandava as tropas se converteu em uma lenda viva. Contam os historiadores que Trotsky antes de decidir as operações militares em determinada frente se reunia com as células do Partido Bolchevique dessas cidades.

Em 1923, com Lênin já gravemente doente e terminada a guerra civil, Trotsky pediu para ir à Alemanha para colaborar com o Partido Comunista na direção da revolução. Era sabido que este partido novo não havia passado pela forja de Lênin, nem tinha uma direção e quadros experientes, ainda mais inexperientes com a morte de Rosa Luxemburgo e Karl Liebknecht. Nos anos de plena efervescência da revolução – de 1919 a 1923 – o partido alemão perdeu três grandes oportunidades de tomar o poder, o que teria mudado a história mundial. Mas o triunvirato que dirigia, Stalin com Kamenev e Zinoviev, não aceitou; o perigo de perder o aparato que ia construindo, no caso de Stalin, e os ciúmes de prestígio de Kamenev e Zinoviev, seguramente motivavam o triunvirato. Pensar que Trotsky – que tinha se somado ao Partido Bolchevique ainda em 17 de abril – poderia voltar à Rússia como o novo herói da revolução alemã, era o que estava por trás da negativa de todos eles.

Não podemos, em poucas linhas, deter-nos em sua história de militante apaixonado, brilhante orador e escritor. Existem historiadores como Isaac Deutscher que o fizeram muito bem, que é importante ler para conhecer Trotsky, bem como suas obras mais importantes. Fez aportes imprescindíveis para incorporar à política revolucionária e manter vivo o programa revolucionário logo depois da morte de Lênin e da degeneração da III Internacional.

“A Revolução Traída”, onde Trotsky explica a degeneração do estado operário soviético e faz o prognóstico alternativo que foi corroborado pela realidade posterior: ou uma nova revolução, desta vez política para derrotar o aparato burocrático do estado, ou a dinâmica até a restauração capitalista, muito provavelmente conduzida por esta própria burocracia. O conceito de revolução política que nasceu de Trotsky é uma ferramenta imprescindível para entender muitas das revoluções que aconteceram no século XX e XXI, e vão continuar acontecendo, ou seja, revoluções que mudam o regime político e não o estado e o sistema, ou seja, o modo de produção.

“A luta contra o fascismo na Alemanha”, obra mestra para compreender o caráter instável ou oscilante da pequena burguesia, seu desespero como base do fascismo; a própria definição do fascismo, como a política da frente única para derrotá-lo. A Alemanha foi, junto com a Rússia, o palco fundamental da polemica com Stalin e, uma vez mais, como havia acontecido na Rússia, faltou a Trotsky contar com uma grande corrente, um partido ou organização de militantes revolucionários para poder impulsionar esta linha e derrotar o nefasto ultra esquerdismo do terceiro período de Stalin. Depois da Alemanha, Trotsky compreendeu que a III estava totalmente degenerada e começou os passos para a fundação de uma nova Internacional.

“ O Programa de Transição” que foi a base para construir a IV Internacional (e seu antecessor, o Programa de urgência para a Europa), peça fundamental – sempre que não for retirado do contexto e do momento histórico em que foi escrito – antes da segunda guerra mundial. / Não se trata de repetir suas caracterizações, seus prognósticos e consignas como fazem muitos grupos trotskistas, mas, como dizia Moreno, pegar sua essência: sua estrutura e seu método transitório de ligação entre as orientações de transição e as máximas, ou seja, a ruptura com o regime e o sistema.

A teoria da revolução permanente à qual o programa de transição está vinculado como método para levar adiante a mobilização permanente das massas. Tem duas formulações, a de 1905 e a de 1927, esta última de forma mais acabada coloca a utopia da doutrina stalinista do “socialismo em um só país”. É uma contribuição decisiva para compreender a combinação de tarefas democráticas com as socialistas nos países de desenvolvimento burguês atrasado. Esta teoria foi transformada em um programa por Trotsky e o trotskismo e nesse sentido tem pontos fracos, demonstrou ser muito normativo e por isso suas formulações, se forem usadas esquematicamente, não permitem compreender a realidade das revoluções do pós-guerra e a dinâmica de muitos fenômenos novos que ocorrem agora. Como dizia Moreno em seu texto citado, a primeira condição de um trotskista é ser crítico inclusive ao próprio Trotsky, já que a realidades sempre é mais rica que a teoria. Sem dúvida, em sua essência mais profunda, o caráter internacional da revolução (ponto em que não diferia de Lenin, nem da Rosa Luxemburgo), foi Trotsky que teve que formular em sua luta contra a nefasta teoria stalinista do “socialismo de um só país”, na realidade, tragicamente pela negativa, corroborado pelo colapso do chamado “socialismo real”. No texto já citado, Moreno diz que “o trotskismo é o único conseqüente com a realidade mundial quando um grupo de multinacionais dominam o mundo, a este fenômeno sócio econômico é necessário responder com uma política internacional”. E por isso a necessidade de retomar, contra as ideias nacionalistas, a concepção internacionalista, já que o socialismo será mundial ou não será.

A lei do desenvolvimento desigual e combinado que deveríamos também incorporar como uma contribuição fundamental da dialética marxista. Trotsky elaborou esta lei a partir da análise da Rússia, e ela foi a base da teoria da revolução permanente. A interpretação dominante até então era que os países atrasados deveriam seguir o caminho dos mais adiantados, e então passar por uma revolução burguesa para cumprir uma etapa de desenvolvimento burguês, para então se buscar uma revolução socialista. Trotsky deduziu que na etapa do imperialismo não era assim, já que o capitalismo converteu o mundo inteiro em um só organismo, pelo que os países atrasados se veem obrigados a pular etapas, e que portanto havia uma combinação. No caso da Rússia a formação econômica social feudal do campo se combina com o desenvolvimento da grande indústria capitalista. “O privilégio dos países historicamente defasados – que realmente o são – está em poder assimilar as coisas, ou melhor dizendo, em obrigar-se a assimilar antes do prazo previsto, saltando por cima de toda uma série de etapas intermediárias”.

Os trotskistas George Novack e Nahuel Moreno tem o mérito de ter desenvolvido esta lei de Trotsky em seus escritos sobre Lógica Marxista. Para ambos, a lei de Trotsky é a lei mais geral que explica não apenas o desenvolvimento histórico mas também a origem do novo. Moreno em seu ensaio “Lógica Marxista e Ciências Modernas” esboça que é a lei mais importante para compreender todos os fenômenos novos e a relação entre a genesis (o seja o movimento) e estrutura.

É impossível compreender nenhum dos processos do desenvolvimento do capitalismo nesta nova fase se não for a partir da lei do desenvolvimento desigual e combinado, como tão pouco nenhum fenômeno político que ocorra no sistema-mundo e sua fase imperialista da mundialização neoliberal, onde dominam as desigualdades e suas diferentes combinações.

Perguntas difíceis, mas que devemos responder

Chegado a este ponto, surgem algumas perguntas, sobretudo na juventude e na esquerda que se separa do reformismo. Por que, se o trotskismo é a corrente revolucionária em continuação ao leninismo, tem tido pouca incidência nas revoluções ocorridas depois da russa? E por que, se tem uma teoria e programa essencialmente corretos, existem tantas divisões no movimento trotskista? A verdade é que ambas são difíceis de responder.

E muito necessária esta resposta para aprender de nossos erros, porque se tem algo que temos que destacar no mundo é que, diferente de outras épocas das quais a seguir falaremos, nós trotskistas estamos atuando muito. Estamos presentes na Grécia em Syriza, na Espanha em Podemos e outras formações, nos EUA o trotskismo tem uma vereadora em uma grande cidade como Seattle e setores fazem parte da campanha de Bernie Sanders, na África do Sul, na Turquia, na Bielorrússia e muitos outros países do leste europeu e da Rússia. Aqui em Brasil somos muitos no PSOL, na Argentina é praticamente toda a esquerda, no Perú, na Venezuela para falar de alguns lugares.

Leninismo e trotskismo

Uma primeira questão para tentar opinar sobre tais peguntas é dar-lhe um contexto geral, um parâmetro à afirmação de que o trotskismo é a continuidade do leninismo. Isto é algo indispensável que muitos trotskistas ou simpatizantes da causa levem em conta. É verdade que Trotsky é um continuador de Lenin, e pode ser também que em alguma das tantas polêmicas que teve com Lenin tivesse tido razão em algumas. Mas como bem explica Roberto Robaina em seu folheto “Notas à teoria de Lenin sobre a revolução de 1905”, no capítulo “trotskismo e leninismo” / tem um conceito importante que é parte da elaboração que nossa corrente MES vem fazendo desde os finais dos anos 90. Trotsky é um continuador em um contexto mundial diferente, marcado pelo triunfo da contrarrevolução na Rússia. (Ver também “O Internacionalismo e a construção de uma organização internacional”) / . Neste sentido o trotskismo foi um movimento mais defensivo e, portanto, mais parcial, menos universal que o leninismo.

Lukács em seu livro escrito quando jovem, diz que “Lenin é o formulador da teoria geral da revolução” e o via na dimensão teórica, programática e concreta da mesma. Ou seja, graças a esta compreensão foi capaz de levar a teoria ao concreto e à ação e, também por isso, construir o partido bolchevique. Trotsky também terminou vendo-o assim, e daí sua leal entrada ao partido bolchevique como mostra também Roberto no texto citado. Moreno considerava também que Lenin e todas as elaborações da III Internacional eram mais universais, e creio que o mesmo se poderia dizer de Daniel Bensaïd lendo seus trabalhos sobre Lenin.

Nahuel Moreno sempre comentava em seus cursos que o pensamento de Lenin era de uma totalização mais aberta e portanto também mais concreta. Quando se discutia em seus cursos a revolução permanente, Moreno dizia que a formula algébrica de Lenin “ditadura democrática de trabalhadores do campo” resultou historicamente mais real que a de Trotsky que subordinava (para todo momento e lugar) o campesinato à direção trabalhadora. E que Trotsky tinha uma tendência à generalizações teóricas e formulações de leis que terminavam sendo mais esquemáticas, como foi demonstrado na revolução chinesa.

No texto citado, Roberto afirma que parte dos militantes trotskistas, ao considerar Trotsky como o continuador de Lenin, “dão por entendido que a formulação revolucionária se faz essencialmente estudando e seguindo o que Trotsky escreveu, esquecendo-se de Lenin e suas obras”.

Trotsky cumpriu um papel histórico como continuador de Lenin. Não haveria hoje revolucionários internacionalistas sem Trotsky, que defendeu e susteve o legado do programa revolucionário (não houve outro que o fizesse independente de seus aportes, não o fez Gramsci por exemplo), e tem o grande mérito de construir uma organização, a IV internacional, para defendê-la, uma bandeira sem máculas. Mas o fez em uma situação defensiva.

O auge do stalinismo encurralou o trotskismo numa tarefa essencialmente de defesa do programa

Trotsky, apostava que a situação revolucionária que se abriria com a segunda guerra mundial iria permitir que a IV Internacional se transformasse em uma organização de massas como foi a terceira depois da primeira guerra mundial. (Ver O internacionalismo e a construção de uma organização internacional) Mas a realidade não foi assim. O stalinismo, que foi quem levou adiante a derrota do fascismo, saiu deste período com muito prestigio sobre os trabalhadores em todo mundo, e as revoluções que ocorreram no pós-guerra terminaram sendo controladas na política de coexistência pacífica surgida dos acordos de Yalta e Postdam e da divisão do mundo em zonas de influência entre Stalin, Churchill e Roosevelt.

Os revolucionários que seguiam Trotsky já tinham sido enfraquecidos com a perseguição encarniçada que fez o stalinismo antes da guerra. Stalin assassinou 90% do velho Comité Central Bolchevique e suas mortes alcançaram dezenas de milhares. Dez milhões morreram na Rússia sob a ditadura stalinista. A morte não chegou apenas a Trotsky, mas antes tinha também dizimado a sua família. Na luta contra o fascismo o trotskismo perdeu também uma grande quantidade de militantes, entre eles o brilhante Abraham León, dirigente em Varsóvia. No Vietnam, onde o trotskismo era forte, seu dirigente Ta Thu Thâu foi assassinado pelo Partido Comunista do Vietnam sob a influência de Stalin. O mesmo aconteceu na China.

A IV, como lembrava Mandel na nota enviada ao MAS, quando da morte de Moreno, dizia que “ele (Moreno) tinha defendido o programa em momentos difíceis” e isso é extensivo a esta geração dos anos 40, como a outras que seguiram e se formaram neste meio.

Daí que ante o auge stalinista, tanto a IV como as organizações e partidos trotskistas que continuaram reivindicando-a e sendo parte dela, foram essencialmente de propaganda e defensivas. Isto significou também que nos últimos anos de sua vida Trotsky contou apenas com punhados de seguidores nos diferentes países, salvo possivelmente nos EUA com o SWP.

Muitos de seus escritos deste período, onde coloca suas opiniões para fortalecer seus grupos, estão influenciados por esta realidade. Em relação à revolução espanhola por exemplo, Trotsky escreveu textos brilhantes sobre a importância das reivindicações democráticas, mas se equivocou ao desqualificar aquele que era seu principal seguidor e principal dirigente, Andrés Nin, e fazer críticas fora de contexto quando este fundou o POUM com Maurin. Existem também outros debates exageradamente fracionários em todo este período sobre tudo que teve que remar contra a corrente e intervir ante as disputas internas como as do trotskismo francês.

Existem dois temas que merecem um estudo especial e que neste texto só poderemos enunciar e que se referem ao defeito que já citado por Roberto Robaina sobre a questão de levar em conta apenas as obras de Trotsky e, inclusive, tirá-las de seu contexto. Um deles são seus escritos sobre a França , onde Trotsky mais desenvolve a análise da política posterior ao terceiro período de Stalin das Frentes Populares. Nestes escritos Trotsky é brilhante em sua análise do bonapartismo e o proto fascismo, das milícias armadas da direita e da polícia da autodefesa trabalhadora para combatê-las. Trotsky, corretamente oposto à Frente Popular, ou seja, ao governo dos partidos de esquerda com setores da burguesia, inclusive chegou a sugerir, em algum momento, fazer os comitês de ação popular pela base. Sem dúvida, em suas análises de todo este período, repetia a mesma política dos sovietes que se desenvolveu na Rússia.

Em relação à Catalunha também é discutível a crítica a Nin, quando o POUM entrou no governo (e logo saiu) já que não levava em conta, no caso da Espanha, a guerra civil que dividia o país. Cremos modestamente que perdeu de vista a análise concreta da situação concreta.

Muitos trotskistas latino-americanos também confundiram os governos anti-imperialistas radicais com a Frente Popular que existiu nos países adiantados. Assim, caracterizaram incorretamente o governo de Allende no Chile, esquecendo então que este governo era muito mais uma frente única anti-imperialista com traços kerenkistas, e o mesmo aconteceu com os governos bolivarianos.

Propaganda e política

Os seguidores de Trotsky que continuaram a histórica tarefa de construir a IV Internacional viveram uma situação similar. Nos anos difíceis aos que se refere Mandel, tiveram que enfrentar uma série de pressões que terminaram dividindo a IV Internacional.

Ante à enorme pressão do reformismo e do stalinismo das décadas posteriores a Trotsky, o trotskismo se fez essencialmente na defesa do programa, foi inexperiente e cedeu a pressões na hora de fazer política. É sabido que a política não se faz com o programa. O programa parte das necessidades sugeridas pelas massas em determinada etapa ou período e as organiza em relação às necessidades históricas, ou seja, à luta pelo socialismo neste período. Enquanto a política tem que responder às necessidades presentes, partindo da correlação concreta de forças que há entre as classes sociais neste momento, ou seja, se faz baseada em uma análise dos elementos presentes, que leva a uma caracterização concreta e dinâmica para, a partir desta, fazer a política que mobilize as massas por suas reivindicações, tentando que neste processo mudem as condições e haja um avanço em sua consciência, para que façam a experiência com o governo e seu regime político.

Fazer política com o programa é o que leva ao propagandismo, uma tendência que herdamos dos trotskistas. Daí também que quando muitos grupos trotskistas fazem política, se baseiam na busca da diferenciação programática com o centrismo ou o reformismo, e não na disputa da melhor política para mobilizar os trabalhadores.

Partido, fração ou seita: A concepção de partido de Lenin

Uma das bases para que tantas divisões ocorressem estão bem explicadas em um artigo de John Ross, um trotskista inglês, em seu trabalho: Partido ou Fração/Seita, no qual reivindica o critério de partido de Lenin frente aos “partidos facções”.

Contra a ideia bastante generalizada no trotskismo de que Lenin desde 1903 dividiu a socialdemocracia russa em dois partidos (bolcheviques e mencheviques), Ross demonstra que Lenin era uma facção da social democracia com a qual se reunificou organicamente em 1906, e se conservou como parte do partido socialdemocrata que existiu com suas diferentes alas, Trotsky inclusive era uma delas, até 1914, quando começa o novo auge revolucionário. Ou seja, que o leninismo existiu como parte da socialdemocracia e posteriormente a partir de 1914 como partido bolchevique. Para o leninismo o partido se sustentava sobre a base do programa geral e em suas normas organizativas, estes eram e devem ser os critérios de partido e não a política. Logicamente este programa mudou no período revolucionário e sobre a base dessa nova situação se produziu a ruptura.

Este critério de partido é que permite que hajam diferenças políticas em seu interior, e que estas se discutam democraticamente, inclusive de forma pública. Assim ocorreu no partido bolchevique.

Contra a ideia do hegemonismo ou totalitarismo que as correntes luxemburguistas ou espontaneistas atribuem ao leninismo, o partido bolchevique foi um partido de disputa permanente de posições políticas, de tendências e correntes de opinião. Lembremos as diferenças públicas entre Stalin e a maioria do CC do partido com Lenin em março de 1917 sobre apoiar ou não o governo menchevique, e posteriormente com Zinoviev e Kamenev sobre a tomada do poder. O bolchevismo foi um exemplo de democracia com tendências e correntes de opinião públicas. Foi o comunismo de guerra que obrigou a um regime mais estrito e a suprimir as tendências e facções.

Estes critérios do partido – programa geral e normas de organização – somado à inserção dos trabalhadores, foram transformados em seu contrário por Stalin, dito de maneira direta em um aparelho burocrático que terminou sendo contrarrevolucionário. Mas também foram deformados por correntes revolucionárias e pelo movimento trotskista. A etapa defensiva, de propaganda, de certo isolamento das massas, fez que primassem pelo caráter e os hábitos de facção aos de partido.

Uma facção ou tendência se organiza ao redor de uma luta política determinada e, portanto, requer e tem uma alta homogeneidade política. Mas essa homogeneidade política é difícil de conservar porque a política é dinâmica, muda e sempre existem diferenças, matizes, choques de opiniões. Daí que esse critério de partido facção com o qual se construíram numerosos grupos trotskistas leve às divisões por qualquer diferença política que rompem a unidade estabelecida. Definitivamente ocorre porque se perderam os verdadeiros critérios de partido: suas normas de organização e seu programa.

Ao mesmo tempo, para que essa unidade política se sustente, é necessário que o mesmo regime interno seja de uma disciplina estrita, necessário para acatar essa política. Por isso o partido facção deixa de ser um organismo vivo no qual a política se nutre da discussão sadia dos militantes em organismos, em um contato direto sadio entre a base e a direção. Falamos de organismos de base intimamente vinculados e inseridos em uma base social que seja receptiva às necessidades dela, e de organismos de direção em estreito contato com seus militantes e seus organismos para fazer uma interação que permita procurar a melhor política e a unidade de ação para aplicá-la. Ao contrário, os partidos facções terminam tendo direções com traços aparatistas. Da facção à seita há um passo; essa política se transforma em um dogma que se repete e repete. E os laços políticos sadios da militância partidária são substituídos por laços criados ao redor da fé na política transformada em dogma.

Este tem sido um problema que arrasta o trotskismo e explica também, muitas vezes, as divisões. Cremos que na corrente morenista que nós reivindicamos não temos sido alheios a isto, daí a importância de reconhecê-lo para não repeti-lo.

O que é ser trotskista hoje? (tema inconcluso)

Responder esta pregunta nos leva, em primeiro lugar, a afirmar a mesma resposta que Moreno deu em 1986, a qual é compartilhada por outros revolucionários de sua geração como Ernest Mandel.

“em primeiro lugar, ser trotskista significa ser crítico inclusive ao próprio trotskismo”.

“Ser trotskista hoje não significa estar de acordo com tudo o que foi escrito ou disse Trotsky, senão fazer-lhe as críticas para superá-lo” (…) “O marxismo pretende ser científico e a ciência ensina que não existem verdades absolutas.”

Compreender que estamos ante um novo período histórico que nos tem colocado novas tarefas e novos desafios que só podemos compreender tendo uma visão internacionalista

A caracterização deste novo período é um tema aberto, cheio de incertezas. O século XXI nos trouxe um novo período histórico muito complexo, talvez seja o período mais difícil para ser explicado pelos leninistas trotskistas, embora tenhamos boas ferramentas para fazê-lo: a radiografia essencial do capitalismo que nos deixou Marx, a teoria revolucionária de Lenin, Trotsky e os novos marxistas que tem surgido, em particular as elaborações que tem trazido muitos trotskistas formados na década de 60.

Mais que em nenhum outro período, a nova realidade responde à lei do desenvolvimento desigual e combinado. Vivemos em um período de decadência do sistema e da maior crise do capitalismo; dizemos a maior porque é na qual se reúnem mais elementos sistêmicos, onde se apresentam diferentes crises (económica, ambiental, política, social) em meio a uma nova fase do imperialismo que podemos chamar da “mundialização neoliberal”, na qual se tem produzido a maior concentração de capital em mãos de grandes corporações, onde também se tem produzido o mais alto grau de financeirização do mesmo e a maior e mais aguda desigualdade.

Neste período ocorreu o fim do chamado “socialismo real”, que significou também o fim do stalinismo como aparato mundial, do qual já falamos sobre o papel de freio que cumpria. Foram revoluções democráticas quer terminaram com as ditaduras burocráticas mas que não abriram o caminho até um socialismo com democracia, senão à restauração do capitalismo.

A crise do capitalismo, de seu domínio e de seus regimes tem degenerado as conquistas de liberdades democráticas das próprias revoluções burguesas. A democracia burguesa e suas instituições tem convertido os partidos políticos do regime em agentes do grande capital dominante, das grandes corporações e dos bancos. Nos partidos políticos do regime surgiu uma casta política que atua como classe burguesa sui-generis, unida organicamente a essa neo-oligarquia mundial participando de seus benefícios, o que tem dado lugar a um período onde a corrupção permanente se transformou em uma forma de “gerenciar” o estado.

Ser internacionalista hoje é defender a bandeira sem máculas da IV Internacional e, ao mesmo tempo, lutar por uma nova internacional onde, como dizia seu criador, os trotskistas sejamos minoria. Isto significa uma nova organização internacional na qual se possa organizar todos os internacionalistas que necessitam unir-se para enfrentar o imperialismo e as grandes corporações donas do grande capital.

A grande contradição deste momento histórico é que vivemos uma grande desigualdade (mais que desigualdade, é uma contradição) entre a crise global do capitalismo e a ausência de um modelo alternativo de sociedade, uma ausência ideológica de um novo paradigma provocado pelo fracasso do “socialismo real”.
Ao mesmo tempo, esta nova fase da mundialização neoliberal terminou com a desigualdade norte/sul (não no sentido de países imperialistas e países dependentes que se aprofundou), mas no terreno social; a pobreza deixou de ser propriedade dos países atrasados para expandir-se em todo o mundo, basta ver o nível de pobreza nos EUA. Ser internacionalista hoje é confiar também na classe operária e os setores explorados dos países mais adiantados como destacamentos insubstituíveis para derrotar o capitalismo e terminar com a exploração a nível mundial.

Estar na primeira fila nas mobilizações dos trabalhadores e todos os setores explorados e oprimidos, especialmente da juventude, sem deixar de confiar nos trabalhadores como o sujeito social principal da revolução. 

Os trabalhadores e os povos não deixaram de lutar. Neste novo período ocorreram as revoluções árabes que logo evoluíram, e os grandes levantes populares e juvenis dos indignados, grandes mobilizações democráticas populares que seguem se espalhando, reclamando democracia real, enfrentando a corrupção, lutando por mais direitos, enfrentando o capitalismo. Assim sendo, sem um programa anticapitalista acabado, as massas estão longe de ser derrotadas. É só rever o que ocorre nestes dias (Guatemala, Honduras, Índia, Indonésia…). Não somos de opinião de que haja uma ofensiva da direita em escala mundial.

É um período onde ao sujeito social revolucionário da classe trabalhadora se somam numerosos novos setores da classe média despojada dos direitos democráticos e, por sua vez, relativamente empobrecida pela minoria que domina a economia mundial. Onde também se mobilizam por seus direitos e logram conquistas setores oprimidos, em primeiro lugar as mulheres, em sua luta por liberdade e igualdade de direitos, os negros que são os setores mais explorados em numerosos países e a comunidade LGBT.

Temos que reconhecer que a mundialização do capital tem permitido ao capitalismo mundializar a produção das multinacionais, fazendo cadeia de produção em diferentes países, criando um exército mundial de reserva e, desta maneira, fragmentando também a nossa classe que não pode responder com uma organização a nível mundial. A precarização do trabalho também é um problema. Esta situação tem levado marxistas a posições pós-modernistas que negam as classes e os sujeitos sociais. Sem dúvida, a classe trabalhadora cresce em número, e seguirá representando o papel estratégico principal para a derrota do capital.

Ser parte dos novos processos políticos e construí-los lealmente sem ocultar por isso nossas ideias e nosso programa, mas construindo-os essencialmente baseado em uma política de ruptura com o capitalismo.

Da crise que não para e das mobilizações e, em particular, dos indignados, tem se nutrido também novos processos políticos que de forma intermediária, no entanto, assumem posições confrontadas com a globalização neoliberal. Syriza na Grécia, Podemos na Espanha e as plataformas de unidade com movimentos sociais em Madri e Catalunha, o PSOL no Brasil, à que também se tem que somar a revitalização de esquerda no trabalhismo inglês e o fenómeno de Bernie Sanders, candidato independente socialista nas primarias do Partido Democrático.
Adiantando-se a este processo tivemos o surgimento do bolivarianismo em países latino-americanos. Precisamente estes foram uma experiência e uma prova que tivemos que fazer os trotskistas latino-americanos. Contra o propagandismo que fechou a porta a este processo de nacionalismo radical progressivo, o que terminou isolando-os deles mesmos e das massas, fomos os que intervimos nos mesmos com a linha da frente única anti-imperialista. O processo de esgotamento dos mesmos por seu processo de aburguesamento e burocratização é o que nos permite agora disputar as massas para levantar suas bandeiras progressistas e construir novas alternativas. Algo similar ao que agora ocorre com Syriza e a Plataforma de Esquerda.

Ser trotskista significa ter o leninismo como a base metodológica mais consciente e provada para a formação dos quadros revolucionários.

A crise ideológica que vivem as massas tem sido campo fecundo para o desenvolvimento de ideias pós-modernistas e a teorização equivocada do horizontalismo, o neo-anarquismo em setores de vanguarda e em especial na juventude. O movimento trotskista é o que melhor resistiu e resiste a estas pressões ainda que, como já o dizíamos neste texto, tendo setores que o fazem com respostas propagandistas ou de sectarismo. Lenin sustentava que as formas de organização mudam de acordo ao período da luta de classes, mas nem por isso deixava de sustentar princípios centrais sobre os quais já falamos neste texto. Esses pilares são os que tem que nos dar a confiança para saber, como Lenin, adaptar a organização do partido aos determinados momentos da luta de classes.

Um aspecto importante da luta de Lenin e Trotsky foi o combate ao terrorismo individual, o qual consideravam uma forma negativa e distorcida da luta de classes que favorecia definitivamente à repressão e, por outro lado, substituía o papel dos trabalhadores e seus aliados. Ambos não o faziam de uma posição pacifista, já que ambos defendiam a necessidade da luta armada como método de luta para enfrentar ao estado burguês. É importante retomar esta tradição e suas consequências já que são novamente um elemento da realidade. No Brasil apareceu de maneira incipiente através das ações de black blocks, mas no mundo árabe e islâmico são uma realidade que não apenas atua nesses países em organizações reacionárias e retrógradas como o Estado Islâmico e Al Queda, mas que estendem seus braços até a Europa, onde uma juventude de origem islâmica se soma a estas organizações. A formação no leninismo-trotskismo é o que nos permite combater politicamente estes setores e afastar os setores de vanguarda desta concepção extremamente equivocada.

Formular um programa de transição que incorpore as novas tarefas e em particular as tarefas democráticas, levando em conta a nova relação que existe entre a democracia e o anticapitalismo neste período.

Esta nova fase da mundialização neoliberal, que definitivamente colocou as contradições e a crise do capitalismo a olhos vivos, colocou também uma importante quantidade de novas reivindicações e novas tarefas que sempre tem estado presentes mas que agora são contradições muito mais notáveis.

Uma primeira e talvez mais importante questão seja a que o movimento dos indignados tem denominado como “democracia real”, que contém uma crítica frontal aos atuais regimes políticos da “democracia” burguesa para os 1%. O tema de sustentar uma reforma política radical de participação popular e de novas assembleias constituintes soberanas que reorganizem o país sobre outras bases igualitárias se transformou em uma consigna relevante que surge como uma necessidade na medida que aparecem as fortes crises políticas vinculadas também à corrupção em numerosos países. No sentido de consigna de democracia real ou democracia para todos vai tomando um caráter mais transicional, deixa de ser a bandeira com a qual a burguesia dominou o movimento de massas para começar a voltar-se contra ela neste novo período histórico.

Está também como uma tarefa presente a questão ecológica, de caráter anticapitalista já que o capitalismo não pode resolver. Frente ao extrativismo como prática das grandes multinacionais do imperialismo há uma resistência campesina e popular em todo o altiplano e os Andes latino-americanos. O mundo vai tomando consciência dos perigos que representa para a humanidade o ataque à natureza e o aquecimento global.

O título deste capítulo diz que o tema está inconcluso e é assim que está. É uma tarefa que precisa de muitas cabeças, muitas organizações e muitas mãos para ser formulada. É um desafio a mais que colocamos nós, os revolucionários.

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