Izquierda y la crisis. ¿A dónde ir? [RUSIA]

Vladimir PlotnikovRusia se encuentra ante un colapso social-económico. La economía basada en la materia prima ya no puede existir: el capital en huida, los ingresos de la gente descendiendo bruscamente, la inflación galopante, se produce un derrumbamiento “en alfombra” de las empresas. El naufragio es inevitable, se trata simplemente del tiempo.

Vladímir Plotnikov*

El colapso económico inevitablemente significa el desmontaje del régimen político. Nada nuevo: el capitalismo se desarrolla a través de una serie de crisis, y ahora se resquiebra por los cuatro costados. Si echamos un ojo al siglo XX, podemos ver que la crisis siempre significaba conmociones revolucionarias. Pero a diferencia del siglo XX, nuestra época tiene su carácter singular: si a lo largo del siglo pasado el influyente movimiento laboral y de izquierda siempre planteaba su propia alternativa social para hacer cara a las presentaciones de la crisis, hoy día nos vemos en una situación cuando la clase obrera prácticamente está privada de estructuras capaces influir efectivamente sobre la sociedad en general. Incluso los sindicatos y los partidos de izquierda en el Occidente están en lucha defensiva. Y la más lamentable situación es en la zona post-soviética.

Pero esto tiene solución. Parece, nos enfrentamos a un proceso global en el cual desempeña un papel importante el carácter particular local. Por ejemplo, en Estados Unidos y en Europa el movimiento “Occupy” sin lograr unos resultados significantes desarrollaba sus actividades bajo las consignas sociales e influyó de manera positiva sobre la situación política de los países del Occidente. Como resultado podemos ver que en la campaña preelectoral del año 2016 en los Estados Unidos Bernie Sanders sale con un programa social-demócrata más de izquierda. Como un ejemplo positivo de la “revolución de colores” podemos recordar la “revolución de cazuelas” en Islandia en el 2008 cuando se realizó una serie de modificaciones progresistas. Y si en Livia y Siria las protestas llevaron a una guerra terrible, en Túnez la situación, a cambio, se estabilizó. En Egipto podemos ver una derrota total de las fuerzas ultraderechistas.

Volvemos a Rusia. Es evidente que aquí el desmontaje del régimen tendrá lugar cuando el existente curso político-económico no satisface una parte de la clase gobernante, sobre todo la burguesía grande. La crisis creciente empujará el capital grande a revisar el curso político y “limpieza” de la élite gobernante. Eso puede desarrollarse en forma de un “golpe palaciego”, cuando la población será simplemente notificada sobre el cambio del poder por televisión. O en forma de una “explosión social”, cuando la gente sale a las calles, comienzan peleas con las fuerzas militares, y una parte de la clase gobernante llega a entender que ya no se puede seguir encarpetando la situación.

En cualquier caso se puede determinar los rasgos de un guion puramente neoliberal, “apical”: liberalización parcial del régimen en forma de entrada de una parte de las fuerzas opositoras actuales en la Duma, legalización de una parte de ultraderecha pro-Maydan, como Demushkin, conservando la tendencia de empobrecimiento de la población que ya es pobre. Es evidente que la receta económica liberal nunca podrá llevar al crecimiento del bienestar de la mayoría de la población, y de contrario: la crisis política y la fundamentación de las tendencias neoliberales llevarán a la ulterior “africanización” de la economía rusa y aumento de desigualdad social.

Es decir, la crisis política y llegada al poder de los neoliberales opositores significará una catástrofe social. El aumento de la desigualdad llevará al crecimiento de la delincuencia y xenofobia. La ultraderecha saliendo del conflicto continuo con los “órganos de fuerza” y, puede ser, ocupando un lugar determinado en el poder, ganará unos puntos en la población. Además, como podemos ver en el ejemplo de Ucrania, los oligarcas y las bandas criminales organizadas en una situación complicada son capaces apostar por la ultraderecha utilizándola como infantería en enfrentamientos políticos, apropiamientos ilegales y etc. Todo esto puede provocar una nueva vuelta en la fascitización del país.

Y hablamos sobre unos hechos prácticamente inevitables. El desmontaje del régimen ya se encuentra en el orden del día. Y la conservación del régimen putinista, incluso si se da el caso, lo que es muy dudable, llevará a mayor decaimiento económico y mayor reacción. La situación, como quien dice, se ha quedado en tablas.

¿Qué puede hacer la izquierda? A decir verdad, tenemos dos opciones: no hacer nada, quedarse en casa y de ahí flagelar lo que ocurre como un nuevo repartimiento del poder por los capitalistas, o intentar hacer algo y conducir la situación en un curso progresista.

Sería absurdo pensar que en la situación actual se puede contar con una revolución socialista inmediata. Es imposible. Pero se puede llevar a la izquierda el vector, de la misma manera que la ultraderecha ucraniana favoreció al “pisoteo” de la atmósfera liberal del Maydán e influyó a la estructura del poder en la Ucrania “post-maydanista”.

La izquierda debe llegar a ser la bandera radical de la revolución demócrata, y mejor, ser su vanguardia. La retórica e interpretación de la situación por la izquierda han de ser los principales durante estos acontecimientos, y sobre todo la izquierda ha de ocupar todos los posibles puestos en el poder para girar el régimen a la izquierda.

Para realizar este guion tenemos que cumplir muchas condiciones. Una de las principales está en la unión de todas las fuerzas izquierdas, progresistas y demócratas sobre un programa mínimo, creación de un consenso progresista como contrapeso al consenso derecha-liberal existente. Este programa podemos reducir a tres puntos: 1) abrogación de la monarquía presidencial y formación de una república parlamentaria; 2)nacionalización del sistema bancario y de la industria de materia prima bajo el control de las organizaciones sindicales y públicas con el fin de aumento del paquete de protección laboral; 3) prohibición de la ultraderecha.

Es necesario demostrar a la amplia sociedad de protesta que sólo una república parlamentaria es capaz de satisfacer la demanda de honradez política y rotación del poder. Además es necesario capitulear la “actualización de la democracia” desde la punta de vista de la izquierda que consta en la ampliación de las competencias de los sindicatos, formación de autogobierno en los centros docentes superiores, de los consejos de la comunidad, posibilidad de retirada de los cargos electorales en cualquier momento y etc. Se necesita una descripción detallada de este sistema político que pueda ser realizado de hoy a mañana.

La nacionalización de los bancos y del sector petrolero significará la expropiación de la propiedad oligarca. Es el punto central del programa mínimo, ya que sin mejorar el nivel de la vida la ampliación de las libertades civiles será un tiro de fogueo y provocará el desencanto de las masas con la lucha política. Tras una revolución democrática se necesitará financiamiento de los programas sociales y hacer realidad la reindustrialización del país con el fin de crear nuevos puestos de trabajo y construcción de una economía diversificada capaz de funcionar. Los programas sociales han de ser lo máximo posible potentes, mejor, se necesita establecer un ingreso incondicional básico para todos los ciudadanos.

En este programa no hay nada “revolucionario” o “anticapitalista”: los países de la Europa del Norte siguen el mismo camino, muchos países de la América Latina tras librarse de los régimenes fascistas hicieron un paso en la misma dirección. Estas medidas harán realidad el célebre “socialismo sueco”, en el cual el ciudadano mediano ruso desde el principio de los 80 del siglo pasado. Pero tal realización requiere no simplemente un “estado de derecho” abstracto, sino unas medidas prosocialistas forzadas.

La principal tarea política de izquierda en este proceso es quedarse con una parte de la sociedad liberal atrayéndola por este programa. Teniendo en cuenta la crisis en la ultraderecha y una creciente demanda de la justicia social en la población, es real. No obstante, es necesario reconocer que la izquierda organizada todavía es muy débil y poco numerosa para aislarse de otros flancos del movimiento de protesta y sostener la lucha por los objetivos proclamados en propio nombre.

Y por fin, restricción de la ultraderecha. Hay que entender que los nacionalistas de todo tipo son nuestros enemigos mortales. La sociedad rusa está enferma de xenofobia, y esta enfermedad dura ya centenarios. Sólo cortando decidida- y rudamente el nudo gordiano del fascismo se podrá, por fin, empezar a construir la cultura de solidaridad y y creatividad. Para esto se necesita denacionalización. Es decir, Rusia necesita una nacionalización económica y denacionalización política. Claro está que la ultraderecha existe mientras existe el capitalismo, pero no puede tener acceso al campo público, no pueden influir en los institutos públicos. Los nacionalistas han de ser marginalizados del mismo modo como en los países del Báltico y Ucrania fueron marginalizados los estalinistas. Sin esto cualquier logro político o social del movimiento de protesta siempre corre un alto riesgo.

Para resumir podemos decir que la realización del programa mínimo necesitará una coalición de izquierdas o incluso un partido de reformas sociales que planteará la necesidad de estas transformaciones como su bandera. Y a partir de aquí empieza lo más interesante: se requiere crear una organización marxista con una ideología

marxista orientada a la creación del socialismo. Puede ser que esta organización surja como un flanco en el partido de transformaciones sociales o no.

Nuestra tarea hoy día consta en transformar la revolución de derecha en la de izquierda. Aunque no sea al 100%. Si no lo hacemos, fracasamos. Es decir que no se trata de “hacer la revolución por los liberales” o “traer a los liberales al poder”. Se trata de la única manera que permitirá no traerlos al poder. Y es ganar a la derecha, me refiero a la derecha económica, a todos quien aboga por el mercado absoluto, en su propio campo. Y cualquier “distanciamiento” de las protestas significa una asistencia involuntaria a los fascistas y neoliberales. Y, claro está, tal programa mínimo no está en desacuerdo con el programa máximo de la izquierda radical, la revolución social y creación de una sociedad sin clases.

Será difícil explicar a la gente la necesidad de expropiación de los oligarcas. Los liberales han trabajado mucho todos estos años para crear en la mente de las masas una imagen quimera del “mercado normal”, cuya creación impide sólo la corrupción y la “mentalidad soviética”. Necesitamos un programa detallado de construcción de un estado social apoyado en la economía socializada. Este será nuestro actual “¡pan!”, y la república parlamentaria y ampliación de la democracia – nuestro “¡libertad!”. De otra manera, el país seguirá empobreciendo y pasando al fascismo.

12.02.2016 San Petersburgo, Russia

Vladímir Plotnikov, el activista del Movimiento Ruso Socialista (РСД)

 Traducido por Adelaida Arias (SMOT Belarus)

 

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