Una agenda para Europa: la lucha por la solución de la deuda y el euro

Francisco Louçã

En este breve texto reflexiono sobre el contexto internacional y la crisis europea a partir de la experiencia de Portugal bajo la Troika y el cambio político que ha sucedido desde entonces. La primera parte presenta un mapa para 2016, la segunda trata de Europa, de la lucha por la reestructuración de la deuda y la cuestión de la salida del euro.

  1. Un prolongado estancamiento que alimenta crisis sucesivas
  1. La economía mundial está estancada. El sistema internacional está en mutación y crisis. En mutación, porque surgen nuevos centros de rentabilización del capital y por tanto del poder político, en el que es la economía china la más pujante y la brasileña la que experimenta una caída más acentuada. En crisis, porque este mediocre crecimiento mantiene una elevada tasa de desempleo en los países más desarrollados y porque la dificultad de recuperación de la tasa de acumulación precipita medidas de austeridad y de modificación del reparto de la renta entre capital y trabajo, con efectos socialmente regresivos y económicamente recesivos. A consecuencia de un debilitamiento o perturbación de regímenes políticos, como se muestra en la inestabilidad en Francia, en el referendo del Reino Unido, por el impasse gubernamental en España y por la emergencia de populismos xenófobos, por ejemplo en Hungría o Polonia, pero también en Bélgica o en Holanda. Finalmente, el centro del imperio, Washington, es un poder decadente, con una hegemonía en descomposición y en tanto que tal es, si cabe, más peligrosa.

 

  1. EE UU representa un tercio de la economía planetaria. En lo político, son más que eso. En la demografía y la geografía, mucho menos. En la moneda, son todavía casi todo. En la tecnología militar, son todos iguales. Este poder monumental, que dominó el siglo XX y que ahora se degrada lentamente en el siglo XXI, es una de las mayores amenazas a la estabilidad mundial. Por tres razones: su acción exterior acentúa conflictos, su política es peligrosa, y su economía es extractiva y por tanto decadente.

 

  1. La política exterior fue el principal activo para la elección de Obama. Prometía descomprensión (fin de Guantánamo) y multilateralismo (una forma mínima de incluir aliados). Pero ni uno ni otro. En todos esos terrenos de intervención se retiró. En Europa, condicionó a Alemania a un conflicto en el este, en Ucrania, tratando de situar la frontera de la OTAN al borde de Rusia. Mientras tanto, los tres pilares de su relación en Oriente Medio sufrieron perturbaciones graves o riesgos crecientes: en Egipto, con un levantamiento popular y después con un golpe militar, en Israel y Arabia Saudí, ambos arriesgando una carta suicida con la complacencia o el apoyo al Daesh. La política exterior de EE UU fracasó porque en los dos casos permitió el resurgimiento de Rusia como potencia militar y el mismo Irán como fuerza regional.

 

  1. El mayor problema, sin embargo, es que para EE UU, desde su posición privilegiada, la política exterior está determinada por la política interior (en Europa es al contrario). Esta se impone por la deriva a la derecha del sistema político norteamericano, con la emergencia de populismos aislacionistas en los dos grandes partidos, moviéndose así desde un imponente liderazgo imperial hacia un gobierno reacio, con acciones disciplinarias brutales e inconexas que inflaman el mundo. Por otra parte, EE UU ya no dispone del control en tanto que potencia territorial. La derrota de Vietnam parece haber clausurado una época. Ataque y retirada, se ha convertido en la moneda de EE UU, por lo que la política interna se hace volátil en sus acciones exteriores. Se trata de un militarismo dron. La tecnología permite guerras aéreas, con el efecto inmediato de amplificar el conflicto y facilitar las condiciones para la globalización del terror, desde Afganistán a Iraq, Libia o Siria.

 

  1. Debido a que la política interior está cerrada sobre sí misma, ya no puede liderar el mundo: Obama no puede aceptar un tratado sobre el cambio climático por la simple evidencia de que sería rechazado por la Cámara de Representantes o por el Senado, comenzando por su propio partido, y se vería forzado a buscar salidas jurídicas de compromiso débil. Vale decir, si la política exterior está determinada por la interior, también se abdica de proponer una dirección externa, aun cuando se sepa necesaria. El mundo está dominado por un Estado que no puede liderar las decisiones internacionales.

 

  1. La economía extractiva está en la raíz de esta contradicción en la política interna. El privilegio soberano del dólar ha sido relativizado por la existencia de una cesta de monedas de referencia para la creación de reserva para el comercio, si bien ninguna puede aún disputar el papel supremo que EE UU preserva para garantizar la acumulación. Solo el yuan tiene el apoyo de un Estado que puede aspirar a tal papel, pero China no tiene aún un mercado financiero suficientemente potente para absorber los productos de ahorro y dirigir los fondos financieros que son el nervio de la acumulación del capital. Así, todavía lo que EE UU decide condiciona la globalización.

 

  1. EE UU se beneficia y seguirá beneficiándose de la globalización, situándose en una posición privilegiada y cómoda al ser el primer líder hegemónico que importa capital en vez de exportarlo, haciendo de esta anomalía una de sus formas de dominación. Es algo inédito en la historia. Esta ingeniería de poder exige al dólar ser referencia (sin ser la moneda de reserva internacional privilegiada) y requiere un control de las principales fuerzas productivas (sin ser ya EE UU el motor productivo de mercancías ni posiblemente de conocimientos), de los recursos naturales (si bien el polvorín de Oriente Medio amenaza esta garantía), de la capacidad innovadora (cuando se ha abierto espacio para otras potencias con el cambio de patrón energético y de nuevos bienes esenciales, como en la medicina) e inclusive del control del ahorro y la inversión (si bien China tendrá pronto recursos suficientes para superar a EE UU). Es decir, la razón de su fuerza de hoy es la causa de su fragilidad mañana, en tanto que esta ventaja es pasajera.

 

  1. Algunos economistas norteamericanos, alarmados por estas vulnerabilidades, lanzaron hace dos años un debate sobre el “estancamiento secular”, recuperando un término empleado en 1939 por un presidente de la Asociación Americana de Economistas, Alvin Hansen, diez años después del inicio de la crisis de 1929, para describir el estancamiento demográfico, el déficit de demanda y, en consecuencia, una perspectiva de degradación de la inversión con la consiguiente reducción de crecimiento potencial. Siguiendo esta analogía, estaríamos ahora, ya bien iniciado el siglo XXI, en un nuevo estancamiento secular por motivos semejantes a los de la Gran Depresión.

 

  1. Los números parecen confirmar este temor. El FMI revisó a finales del año pasado sus previsiones para 2020, anticipando un PIB para China menor en un 14% al de ahora, así como de Europa y de EE UU también de un 6% menos, en comparación con su previsión anterior. Un estudio previo del National Bureau of Economic Research, un instituto de investigación de Cambridge, en Massachusetts, ya registraba este pesimismo, agravado desde entonces, afirmando que la producción potencial de las principales economías del mundo a causa del crash de las subprime en las recesiones de 2008-2009 sería del orden del 9% o, como resumía la revista The Economist (14 de junio de 2014) sería como si de repente “toda la economía alemana se hubiese evaporado”.

 

  1. Por lo tanto, la economía extractiva, en la que la renta financiera parasita el sistema: una banca en la sombra que absorbe los ahorros, un sistema político que impone la austeridad sobre los trabajadores, bancos centrales que garantizan la socialización de pérdidas a la banca, un capitalismo voraz que mercantiliza los servicios sociales y que, sobre todo, ambiciona privatizar la seguridad social. Ideológicamente, la academia, las instituciones y los líderes norteamericanos dirigen este proceso. Políticamente, es multipolar, destacando la fuerza creciente de Merkel en la Unión Europea. Estratégicamente, nadie sabe de verdad qué será porque las finanzas de la más poderosa de las economías, si tuviese corazón, tendría motivos que la razón no conoce. Sin conocerlos, no sabemos nada. El futuro ya no es lo que era.

 

  1. Europa está presa en este torbellino. Vive un proceso implacable: su líder, Merkel, se aprovecha ahora de las señales de desintegración europea, porque ésta le proporciona las mejores condiciones de atracción de capital, con emisiones de títulos a intereses negativos, en condiciones ventajosas para su hegemonía electoral; en contrapartida, la espiral de deuda en los países periféricos o la austeridad en el resto conducen, por las reglas del euro, a procesos imparables de devaluación interna o, dicho de otro modo, a un aumento de la explotación absoluta y a una transferencia de plusvalía de las economías nacionales para los capitalistas rentistas internacionales. En consecuencia, los regímenes políticos de Grecia, Portugal, España, Italia, Francia pierden su capacidad de cohesión, o sus principales partidos se desgastan o se escinden, con posibles cambios electorales bruscos, favoreciendo en ciertos casos a fuerzas antisistémicas que representan la revuelta de los trabajadores o en otros casos a fuerzas populistas que procuran condicionar a la población con políticas xenófobas.

 

  1. Europa y Portugal en la deuda y el euro

 

  1. El problema portugués, como el de otros países en la UE, es en primer lugar un problema democrático porque es social. Una respuesta inmediata a este problema es una lucha democrática contra el chantaje de la deuda y la austeridad que de ella resulta, con efectos sociales que destruyen Portugal. Ese es el problema de los problemas.

 

  1. Si no se vence a la deuda, Portugal y otros países en la misma situación vivirán un periodo de desintegración social, impulsada por la transferencia de las rentas financieras garantizadas sobre los impuestos presentes y futuros, acentuando así el proyecto liberal de imposición de pérdidas crecientes del trabajo para el capital, y el vaciado del espacio de disputa de la hegemonía y de la deliberación del país. Es decir, o la izquierda dirige la contestación de la Nación y moviliza a las clases populares, o el populismo ocupará su espacio.

 

  1. Fue en respuesta al problema de la deuda como se organizaron los grandes cambios en la movilización social y en la percepción de la opinión pública portuguesa en los últimos años (las manifestaciones del “Que se Lixe a Troika”, o el Manifiesto de los 74 sobre la deuda), y es uno de los elementos para comprender el cambio producido en las elecciones de octubre de 2015, en las que fue el Bloco de Esquerda el partido que tuvo un mayor aumento electoral.

 

  1. Ninguno de esos cambios hubiera sido posible con otra plataforma política que no estuviese centrada en el rechazo al chantaje de la deuda. He de recordar que en el programa del Bloco se incluía no solo una propuesta concreta sobre la deuda sino también una declaración explícita que afirmaba que, si las negociaciones con los acreedores y las instituciones europeas no permitían una solución, la salida del euro sería la alternativa resultante.

 

  1. Para formar una mayoría de izquierda contra la deuda, es decir, un gobierno que rechace la austeridad y doblegue la deuda en nombre de los salarios, los servicios públicos y la inversión, es precisa una alianza. Un gobierno de izquierda contra la Troika surgirá de esta alianza. Para trabajar para ese gobierno, es preciso vencer a la derecha, movilizar a los trabajadores, ganar la hegemonía sobre el centro y presentar al pueblo una solución viable que cambie el panorama político. Para transformar ese mapa, es necesario concentrar fuerza donde los partidos se deben entender y comprometer: el rechazo a la deuda.

 

  1. Como la estrategia de Syriza en Grecia demostró, la lucha por el gobierno de izquierda ha de contar con una bandera, el rechazo a la deuda. Como la experiencia griega reflejó, la derecha y el centro radical usarán el miedo a la salida del euro como argumento político principal porque es ese miedo el que puede hacer bascular las elecciones. Como la experiencia de Syriza mostró, solo avanzará el gobierno si actúa con rigor táctico, con claridad propositiva, con una alianza y concentrándose en el argumento decisivo: la deuda. Como el tercer rescate ha evidenciado, para tener fuerza para negociar es preciso disponer de un plan B concreto y viable. Tal y como se ha ejemplificado en Grecia, solo hay un plan B que respalde la reestructuración de la deuda, y ese es el de la salida del euro.

 

  1. Hay un inmenso trabajo por hacer para acercar posiciones y articular propuestas. La izquierda, en el pasado, apenas ha abordado esta tarea. Debe realizarse a nivel europeo lo más deprisa y más intensamente posible. Solo así puede hacerse para caminar por la ruptura con la deuda y la austeridad. Ese camino es viable y es posible construir esa alianza.

 

  1. La exuberante propuesta de Plan A (federalista, para resolver las dificultades de los estados periféricos aceptando un aumento del poder de Berlín) se ha desvanecido del debate político portugués. Esa propuesta tenía como presupuesto que una mejor solución para Portugal y para Europa consistía en una constitución de un Estado europeo, bajo la forma federal. Es decir, que Portugal debiera ser una provincia de ese Estado, evidentemente liderado por el gobierno alemán. Esa solución no es ni buena ni regular: sería un retroceso histórico del cual Portugal solo se recuperaría con un conflicto de alta intensidad por su independencia. Menos mal.

 

  1. La propuesta federalista sigue siendo una farsa porque ni una duplicación del presupuesto al 2%, por ejemplo, ni la misma gestión de una moneda única exigen necesariamente el gobierno europeo de un Estado europeo. Exige ciertamente reglas comunes y cooperación reforzada, y por tanto una autoridad soberana hegemónica. En este sentido, la propuesta federalista pretende someter a la izquierda a la aceleración del proyecto autoritario de la burguesía europea. La izquierda que se opone al federalismo, porque sea europeísta, ni puede ni debe desistir de la lucha a escala europea. Ni puede esperar que las fuerzas del centralismo federalista se iluminen de sensatez, cuando van en contra de sus intereses sociales. La izquierda no puede ser un federalismo cordial contra un federalismo feroz. Tiene que vencer las formas del federalismo que destruyen la democracia.

 

  1. La experiencia del chantaje y de la violencia de las autoridades europeas para doblegar al gobierno griego prueba que una decisión que afronta un conflicto será siempre política y fruto de una relación de fuerzas, local y europea. Pero la experiencia griega muestra también que todo el discurso sobre la “otra Europa” es frágil y en sí mismo vacío. Apelar a la alteridad cuando las fuerzas dominantes europeas están aplicando austeridad y el enrocamiento de las instituciones europeas para reforzar la economía extractiva y su austeridad, equivale simplemente un ejercicio de distracción. Se trata de una izquierda desorientada durante demasiado tiempo con promesas europeas. Es preciso que abandone el discurso de la “otra Europa” y que se centre en medidas concretas para vencer la institucionalidad realmente existente.

 

  1. Para conseguir una nueva relación de fuerzas europeas es preciso que gobiernos de izquierda sean elegidos en las urnas, siendo fieles a los trabajadores que los mandatan. Para conseguir un gobierno de la izquierda es necesario saber hacia dónde se va y donde se debe concentrar la presión, porque este camino exige clarificar alternativas para cambiar partidos y políticas. Toda la presión debe centrarse en la exigencia a los partidos de que presenten un plan para anular la deuda, por vía de la negociación europea o, si fuera necesario, de la imposición unilateral de la moratoria y de la anulación, lo que puede conducir a una salida del euro. Solo se quedará un gobierno de izquierda que altere radicalmente la relación de fuerzas, y para eso será determinante la movilización popular.

 

  1. El gobierno de izquierda no será constituido por el centro ni por una nueva conformación de fuerzas políticas de centro. El sentido de una política de izquierda se basa en esta convicción: para vencer es preciso querer ganar y saber ganar, es necesario rechazar las rentas financieras que estrangula los salarios, pensiones y servicios públicos. El gobierno de izquierda requiere que la izquierda tenga una política de izquierda. El problema democrático de Portugal es el chantaje del capital financiero y es contra este capital financiero al que debe hacer frente el gobierno de izquierda.

 

  1. No hay austeridad inteligente. Ni media austeridad que valga. Un gobierno nuevo que acepte el chantaje financiero creará más austeridad y más destrucción porque cada día la imposición de las reglas del Pacto Presupuestario será peor: como ya ha quedado claro, su solución para el incendio de la austeridad consiste en soplar las brasas de la lumbre. O, como diría alguien con autoridad y experiencia de negociación con la Troika, cuando estamos en el agujero la Comisión Europea y el BCE exigen que continuemos cavando.

 

  1. La amable hipótesis del alivio de las condiciones del chantaje financiero para reforzar a Merkel, o de una recuperación europea gracias al Plan Draghi o el Plan Juncker, no son más que una ingenuidad. Una conformación política del gobierno alemán, con la alianza de Merkel con el partido socialdemócrata, o SPD, demuestra cómo el sistema de dominación se protege. El presidente del Eurogrupo, que es el ministro de finanzas holandés, es la viva prueba de cómo estos socialdemócratas liberales asumen el papel de caballería prusiana de Merkel. Un nuevo gobierno en Portugal no puede contar con las facilidades de las instituciones europeas, tiene que contar con su pueblo y con sus aliados de las izquierdas populares en Europa.

 

  1. El gobierno de izquierda debe presentar un compromiso categórico de iniciar negociaciones para repudiar la deuda desde el primer día. Si una propuesta de cancelación de la deuda no fuera aceptada por las autoridades europeas, la mejor respuesta sería la imposición unilateral de una moratoria del pago de la deuda, y una negociación con los diversos acreedores de un intercambio de deuda por títulos de un valor inferior y vinculado a crecimientos futuros, y el control de capitales.

 

  1. El gobierno de izquierda precisa tener fuerza suficiente para imponer una revolución fiscal, creando los medios para una reorganización del sistema productivo, incluyendo la reindustrialización para el empleo, la sustitución de importaciones, la reconversión energética y ambiental y una inversión centrada en esta línea. Una vez más, esa política económica ataca al capital financiero.

 

  1. En este contexto, el gobierno de izquierda debe estar preparado para todo el conflicto, incluyendo la presión que fuerce una salida del euro. En Dividadura [La dictadura de la deuda; 2012], con Mariana Mortágua, escribimos que, políticamente, solo sería aceptable la salida del euro para la población “cuando rigurosamente no exista ninguna otra alternativa, cuando se agoten todas las alternativas, cuando la supervivencia lo exija. Solo hay una condición en la que la salida del euro puede volverse necesaria para el pueblo portugués, y esa situación no puede ser descartada: si, debido a un colapso de las instituciones y reglas europeas, la independencia de Portugal se viese cuestionada, no habría otra solución que no fuese la de abandonar la Unión Europea y, en consecuencia, el euro, para recuperar la capacidad de decisión. Y, sin embargo, es necesario que la mayoría de la población se comprometa a esta respuesta, de modo que siga la fuerza de los movimientos populares y la defensa de los intereses del trabajo”. Mantengo este punto de vista.

 

  1. No creo que se facilite la salida del euro. Ni se deben esperar gentilezas que amparen tal salida de Portugal. No debemos aguardar a que el gobierno alemán autorice un préstamo incondicional que promoviese así la política de un gobierno de izquierda que tuviese que salir del euro. Incluso si el gobierno alemán pretendiese imponer esa salida, como Schauble intentó en Grecia, no es probable financiación alguna, sino que más bien se procuraría hacer de tal opción un mal ejemplo. La hipótesis de un acuerdo de caballeros parece políticamente inviable. No cabe la caballerosidad en el liderazgo europeo, sino intereses sociales sumamente autoritarios.

 

  1. Una salida del euro conducida bajo las órdenes de Merkel o de un gobierno de derecha significaría una lucha de clases sin cuartel contra los trabajadores, para transformar y acelerar el proceso de acumulación de capital en beneficio exclusivo de una parte de la oligarquía. Y no daría ninguna garantía de anulación de la deuda; por el contrario, en tal caso, esta opción podría ser una forma de acentuar la transferencia de los ingresos del trabajo hacia el capital a través de una austeridad que acelere un violento ajuste. La izquierda que se confunde con esta hipótesis no merecerá sobrevivir políticamente, porque caería del lado de la austeridad y del salvajismo. Quien defiende la salida del euro sin la anulación de la deuda no conseguirá resolver el problema democrático de Portugal.

 

  1. En el combate contra la deuda, si el gobierno de izquierda fuera forzado a salir del euro tiene que tener de su lado al pueblo, movilizado para rechazar la amenaza de Merkel y del capital financiero, y estar dispuesto a alzarse por la democracia. Los efectos de una salida del euro son profundos y solo puede justificarse por una emergencia nacional, administrada por un gobierno que cree una gran movilización social. Esa cuestión política será siempre fundamental, dada la presión y las dificultades que implicará la gestión de este proceso. Solo el poder democrático del pueblo asegura una fuerza para adoptar las decisiones necesarias en este contexto. Quien ignora esa amenaza y riesgos de alta intensidad no está preparado para luchar por el poder.

 

  1. La salida del euro, cuyas dificultades políticas hemos señalado, es sin embargo la única alternativa cuando no se logra la reestructuración de la deuda en las negociaciones. En este caso, es la única manera de imponer. Por dos razones: primero, porque la salida del euro restaura una moneda nacional, y por lo tanto permite imponer la conversión de todas las deudas públicas en euros a la nueva moneda, sujetas a la legislación nacional, devaluando así esta deuda; en segundo lugar, permite el control del capital y la gestión de una política de devaluación, las dos medidas que favorecen la creación de la inversión y la reactivación de la demanda y el empleo.

 

  1. Entonces, quien quiera preparar una política de izquierda frente a estos riesgos debe presentar una propuesta nada condescendiente, teniendo en cuenta todos los escenarios y mejores alternativas a cada problema, incluyendo la salida del euro para depreciar el nuevo escudo.

 

El estudio sobre la forma de controlar los efectos negativos a corto y medio plazo de una posible salida del euro ha de considerar necesariamente lo siguiente:

 

  1. a) Portugal corre el riesgo que la nueva moneda, el escudo, sea durante algunos meses meramente escritural, arriesgándose a hacer sus transacciones internas en moneda extranjera. Su circulación tenderá a disminuir y depende de un Banco Central Europeo con el que el país puede entrar en conflicto, por lo que será necesario contar a corto plazo con una emisión de billetes provisional.
  2. b) Los depositantes se sentirán amenazados y perjudicados y reaccionarán buscando retirar sus depósitos en euros de los bancos. Se deberán tomar medidas para dar confianza en el sistema bancario, necesariamente bajo control público.
  3. c) El impacto inmediato del aumento de los precios de importación después de la devaluación del escudo solo será compensado en la balanza comercial más tarde por un aumento en las exportaciones, que dependen de la demanda, habiendo de contarse con un plan de contingencia para la energía, el transporte y las medicinas.
  4. d) Los tipos de interés tienden a subir, con efectos en la distribución del ingreso nacional en detrimento de los deudores, mientras que la inflación crecerá, que también tiene efectos redistributivos en detrimento de los salarios y las pensiones, por lo que habrá que tomar medidas fiscales compensatorias para los sectores populares.
  5. e) La redefinición legal del valor de la deuda interna, en defensa de los deudores, y los efectos de esta redefinición en los balances de los bancos, suponiendo su resolución sistémica (que sería ya necesaria con la reestructuración de la deuda pública).
  6. f) El estudio de las formas de redistribución social de los beneficios que la devaluación concedería al sector exportador.
  7. g) La readecuación institucional, incluyendo el funcionamiento del Banco de Portugal y el banco público, CGD, así como la administración del sistema financiero, lo que implica tener lista una nueva ley para la banca nacional y los procesos de intervención apropiados.

 

  1. Este estudio incluiría también las condiciones políticas europeas para la decisión de un gobierno de izquierda:
  2. a) Comprobar que hay una mayoría necesaria para tomar la decisión eventual de la salida del euro, valorando el poder del presidente y la necesidad de una mayoría parlamentaria que a la larga pueda superar su veto.
  3. b) Definir el nuevo modelo de cambio en un contexto de conflicto con las autoridades europeas y de su posible hostilidad a la inclusión de Portugal en el sistema europeo de países fuera del euro.
  4. c) Considerar que el Estado puede reclamar legalmente el poder soberano de redenominar su deuda en moneda local, pero que las empresas endeudadas en el exterior no tienen ese poder legal y, por lo tanto, se verán perjudicados sus balances.
  5. d) Redefinir las relaciones con la Unión Europea, en particular, para permitir políticas que protejan la industrialización, la creación de empleo y la renacionalización de bienes comunes estratégicos claves para la gestión presupuestaria.

 

  1. Hay respuestas, por difíciles que sean, a todas estas amenazas y problemas. Ninguna de estas respuestas es un eslogan. Un lema es inútil y no sustituye la preparación detallada de la alternativa a los problemas económicos y sociales. El lema es una bandera. Es legítimo jugar a la política con una bandera. Si bien una bandera no hace un gobierno. No podemos renunciar a la creación de un gobierno de izquierda para buscar respuestas al problema democrático de Portugal, que es la deuda. Una estrategia ganadora depende de un trabajo minucioso de preparación de las respuestas que de cuenta de las dificultades para llevarlas a cabo.

 

  1. El realismo es una condición de la inteligencia. Todas las respuestas realistas exigen una política económica como la que Portugal necesita: control del crédito, intervención pública del sistema financiero, movilización de recursos fiscales, estrategia para el empleo. No es realista aceptar el chantaje de la deuda ni lo es oponerse a él con soluciones que no hacen pie.

 

  1. Mi conclusión es la siguiente: la agenda que creará una mayoría de izquierdas es la lucha contra la deuda. Un gobierno de izquierdas solo puede ganar si forma una alianza y esta alianza requiere claridad respecto a la cancelación de la deuda. Este gobierno debe estar preparado para rechazar toda la presión del capital financiero y adoptar todas las medidas necesarias en este sentido, incluyendo la salida del euro si esa es la única solución que queda. Esta preparación requiere de trabajo detallado y cuidadoso, juntando a los y las mejores economistas de izquierdas. Este trabajo está por hacer. Y es mejor empezar ahora.

 

  1. El actual gobierno en Portugal, que resulta de una derrota electoral de la derecha, no es un gobierno de izquierda con el compromiso de reestructurar la deuda. Es un gobierno de un partido de centro, el PS, con apoyos condicionados de la izquierda, en el contexto de compromisos para la recuperación de salarios y pensiones, para dar fin al proceso de privatizaciones y para negar la subida de impuestos directos e indirectos sobre el empleo. Estos compromisos permiten el alivio social, una recuperación de la demanda, y por lo tanto de las condiciones de vida de la mayoría de la población, y han recibido el apoyo de amplios sectores populares. En el caso de la decisión de 3 mil millones de inyección en la recuperación de un pequeño banco que iba a ser vendido al Santander (150 millones), los partidos de izquierda se opusieron a la decisión del gobierno y votaron en contra de su ley, con una corrección del Presupuesto 2015. La relación entre los diferentes partidos será así siempre y depende de decisiones concretas, queda por ver que estas decisiones se confronten con la posición de la Comisión, lo cual es importante en la definición de los Presupuestos del Estado para 2016 y años posteriores.

 

Francisco Louça es economista y miembro del Bloco de Esquerda

 

Traducción: Daniel Albarracín

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