Alejandro Bodart y Sergio García (Dirigentes del MST de Argentina)

Finalmente la Cámara de Diputados de Brasil votó por amplia mayoría el impeachment a Dilma Rousseff. Ahora tiene que resolver el Senado, donde muy probablemente también se apruebe y así se inicie el juicio político. Esto trae muchos debates y preocupación en franjas amplias de la población de nuestro país y del continente, por ver a sectores de la derecha política tradicional lograr ciertos avances en la región.

Por un lado, y compartiendo la indignación de muchos, repudiamos la política del impeachment que impulsa la derecha brasilera en el Congreso, comandado por un delincuente de guante blanco, Eduardo Cunha, acusado de enormes hechos de corrupción y lavado de dinero. Su rol dirigente en la sesión del 17 muestra a todas luces la hipocresía de las castas políticas y sus instituciones y cómo utilizan este mecanismo a conveniencia de políticos tradicionales. A la vez, como explicaremos en este texto, tampoco defendemos al gobierno de Dilma y el PT, corresponsable de esta situación, y consideramos que se debió llamar a elecciones generales inmediatamente para que decida el pueblo y no esta cueva de bandidos.

Como bien dijo previo a la votación del Congreso la dirigente brasilera de izquierda Luciana Genro (PSOL, Partido Socialismo y Libertad) Brasil vive una profunda crisis. Por desgracia, va a seguir. Las fuerzas dominantes, tanto del gobierno como de la oposición, se negaron siquiera a convocar al pueblo para dar su posición con el voto directo y popular. Todos aceptaron y alegaron que la instancia de decisión esté en manos del Congreso Nacional. Una institución corrupta decidiendo el futuro del país es la negación de la democracia”. Compartimos esa posición. Semejante crisis política no podía resolverse positivamente dentro de esa institución corrompida. Institución y representantes que se niegan a investigar de verdad todos los casos de corrupción que recorren el Brasil y que afectan a muchos de los dirigentes del PT y también de la derecha. Lógicamente, ellos quieren evitar que se abran las compuertas de una verdadera investigación que los alcance a todos.

Ante tamaña crisis, la convocatoria a elecciones generales para que el pueblo decida era la mejor forma de pelear contra los intereses de las castas políticas afines al poder económico y financiero, y que sea así la voluntad popular la que decida. Hubiera sido, y aún lo es ahora, una propuesta concreta para evitar un ilegítimo gobierno del vicepresidente Temer, que surgirá como presidente de las castas si el Senado también aprueba el impeachment. A la propuesta de elecciones generales la debería complementar, por la crisis del país y la evidencia de un sistema político corrupto, la necesidad de una Asamblea Constituyente para cambiar el régimen y medidas sociales y económicas concretas que den respuestas a los sectores populares que sufren el ajuste actual.

La decadencia y regresión del PT

Así como denunciamos el accionar de la derecha brasilera, queremos también dejar otra reflexión que no puede obviarse: el PT, Lula y otros funcionarios están realmente envueltos en graves hechos de corrupción. Denunciar el uso político que la derecha hace de esos hechos no elimina la cuestión concreta, que muestra la decadencia de un proyecto que en sus inicios fuera positivo y atrayente para millones de obreros y campesinos, pero ya no lo es. Hoy el PT navega hacia un naufragio envuelto en negociados multimillonarios con la corporación Odebrecht, que a cambio depositó millones de reales en la fundación Lula. El PT y toda la casta política actúan en complicidad con esa y otras megaconstructoras como Camargo Correa, Andrade Gutierres y la OAS. Así se visualiza que el PT en el gobierno se fue convirtiendo en socio de las grandes corporaciones y asumiendo los mismos métodos de la vieja política. Negarlo es negar la realidad.

El PT en el gobierno mutó, se hizo gerenciador de las grandes empresas capitalistas y así su luz de motor de cambio se fue apagando hace ya años. Durante los gobiernos del PT, Brasil se transformó en potencia sojera, dieron un salto de calidad los emprendimientos megamineros, el poder financiero -a través del Banco Itaú y otros- ganó como nunca antes, se multiplicó el presupuesto para los empresarios rurales en desmedro de la agricultura familiar e incluso, lejos de cualquier reforma agraria, casi no se atacaron los grandes latifundios.

Tampoco puede olvidarse que la caída de Dilma en el apoyo social no empezó con las denuncias de corrupción, sino desde que decidió aplicar un plan de ajuste contra las mayorías populares. Al calor de la entrada de la crisis internacional en Brasil se eligió un camino económico antipopular que recibió como respuesta, ya en 2013, el ascenso de la juventud conocido como “jornadas de junio”. Esas enormes movilizaciones provocaron un cambio en la situación del país, acompañadas por huelgas que ya venían de antes y fueron aumentando. De ahí en adelante el descontento popular fue avanzando, para luego combinarse con la crisis política y este desenlace.

Los falsos progresismos en la región y un equivocado “campismo”

Algunos sectores políticos, que correctamente denuncian el accionar de la derecha, a la vez ocultan a su conveniencia el verdadero accionar de Lula y del PT y defienden a dicho partido como si representara un progresismo real, lo que no es así. Intentan que millones de trabajadores y jóvenes latinoamericanos solo vean la crisis de Brasil a través de dos supuestos campos en pugna: uno de derecha y otro progresivo. Pero la realidad no entra en esos dos campos, que -entre otras cosas- tienen igual relación de complicidad con las grandes corporaciones, y en lo político ante esta crisis se han negado juntos a buscar una salida democrática para que el pueblo decida. Valga como ejemplo que la derecha quiere que salga Dilma y asuma Michel Temer, el mismo Temer que fue puesto durante seis años como vicepresidente por el PT. Por eso tampoco es verdad que haya un golpe de estado en Brasil: no está planteado un cambio de régimen en sentido de dictadura, y las limitaciones o ataques al pueblo vendrán del gobierno de uno u otro bando. Hay una lucha política de sectores políticos burgueses, y no otra cosa. El argumento del golpe en realidad es funcional a la defensa de un gobierno alejado de los intereses populares y para tapar sus evidentes responsabilidades. Para enfrentar a la derecha no cabe falsear la realidad ni capitular al desastre del PT en el gobierno.

En Brasil hay que estar activamente en contra de los planes de la derecha política y también enfrentar el proyecto de Dilma, Lula y el PT, responsable de la situación de crisis social actual y de una corrupción descarada que es parte estructural del sistema. Lejos de apoyar a uno de esos dos campos políticos hoy enfrentados, la tarea desde la izquierda es fortalecer una oposición a toda la casta política y fortalecer una tercer alternativa, realmente progresiva, antiimperialista y anticapitalista. En esa tarea están nuestros compañeros del MES-PSOL y otros sectores de ese importante partido de izquierda. Nosotros alentamos ese camino, que puede fortalecerse profundizando la disputa contra todo el poder político e impulsando las luchas de trabajadores, jóvenes y campesinos en todo Brasil.

Creemos que mientras enfrentamos tanto en Brasil como en Argentina y otros países a la derecha política que intenta retomar más poder, tenemos que sacar conclusiones correctas frente a los proyectos que convalidan las reglas de juego del sistema, adoptan sus mismos mecanismos y no avanzan en cambios de fondo contra el verdadero poder de la estructura capitalista.

Brasil es un ejemplo más de este problema político porque el gobierno del PT, habiendo tenido la oportunidad años atrás de impulsar junto al ascenso del bolivarianismo un camino alternativo en la región, se apegó al modelo capitalista clásico desde un social-liberalismo y de hecho jugó el rol de freno a impulsar un proyecto independiente en Sudamérica, fue hacia los acuerdos con las grandes potencias y dejó de lado la posibilidad del ALBA, el Banco del Sur, la moneda común y otros proyectos que con apoyo de Brasil podrían haber avanzado. El PT las dejó de lado no por olvido, sino por decisión política consciente. Las y los honestos trabajadores y jóvenes que hoy ven con preocupación lo que pasa en Brasil y en Sudamérica, tienen que conocer estos hechos, que en última instancia explican por qué la derecha política logra espacio para avanzar, a costa de las limitaciones insalvables de gobiernos que de progresistas solo tienen un título ficticio.

Ese mismo problema vivimos en Argentina con el retroceso del kirchnerismo y el triunfo electoral  de Macri. Una serie de problemas sociales no resueltos, la falta de medidas estructurales contra poderes capitalistas y una alta y evidente corrupción de funcionarios del FPV fueron lo que generó el descontento de millones y la posibilidad de la llegada de Macri. Y hoy miles y miles tenemos que enfrentar las consecuencias en la calle, frente al ajuste, los despidos, los tarifazos y la corrupción.

Aunque de origen distinto, Venezuela también vive un proceso en el mismo sentido. La combinación de freno al curso nacionalista radical que tuvo años atrás, con un gobierno actual de Maduro que viró hacia el centro, más una gran corrupción, también abre la posibilidad de que la derecha política logre ciertos avances. El Brasil del PT, la Argentina del FPV y la Venezuela del PSUV tienen proyectos diferentes, pero en el fondo una similar inconsecuencia frente a los grandes poderes capitalistas y una parecida matriz de corrupción, que es intrínseca a la estructura del sistema.

No obstante, no tenemos una visión pesimista. A la par de estas situaciones políticas y del fracaso de proyectos falsamente progresistas, se desarrolla en toda Sudamérica un fuerte proceso de luchas y movilizaciones, que muestran que no está nada dicho. Vendrán en Brasil nuevos procesos, hay grandes luchas en Argentina contra Macri, en Chile también, en Perú donde además casi el 20% optó por la candidata del Frente Amplio mostrando la búsqueda de algo nuevo, en Colombia hay luchas en curso, lo mismo podríamos decir de casi todos los países. Hay fuerza social para enfrentar esta nueva situación. Y una tarea clave de la izquierda es impulsarlas, apoyarlas y coordinarlas para que ganen. En vez de quedar atados a la falsa teoría del campismo, desde la izquierda tenemos que intervenir a fondo en la lucha de clases contra todos los campos que, aun teniendo diferencias entre ellos, comparten la sumisión a las corporaciones y el ataque a los derechos de los sectores populares y la juventud.

Ante una nueva situación, construir nuevos proyectos

Los hechos de Brasil son una muestra más de que en el continente hace falta construir otro camino. Invitamos a toda la militancia popular y de izquierda a reflexionar a fondo sobre estos temas, a no adoptar una visión pesimista, a no ocultar las responsabilidades políticas de proyectos como el PT o el FPV que de cierto discurso progresista en los hechos se transformaron en cómplices del capital concentrado. Hay que animarse a trascender y superar esos proyectos en crisis.

Como decíamos antes, en Brasil se puede avanzar desde las posiciones conquistadas por el PSOL. En Venezuela, se esta organizando el espacio del “chavismo crítico”, que expresa a miles y miles de honestos trabajadores y jóvenes bolivarianos y socialistas, de los cuales nuestros compañeros de Marea Socialista son parte importante. En nuestro país se puede expresar también si logramos poner en pie un nuevo proyecto desde la izquierda, amplio y plural. Un proyecto donde podamos confluir sectores políticos y sociales de distintas tradiciones de izquierda con honestos compañeros y compañeras que provengan de la experiencia kirchnerista, y que hoy ya no creen en la estructura del FPV atada al viejo PJ, que solo traerá nuevas frustraciones.

Desde el MST alentamos este camino. El 1º de Mayo realizaremos un gran acto en el Parque Sarmiento y en todas las provincias del país para impulsar esta propuesta política. Invitamos a quienes la compartan a que nos acompañen ese día, para salir juntos con mucha más fuerza a extenderla y hacerla realidad.

Buenos Aires, 18 de abril de 2016