CASTELLANO

Defender lo que es indefendible, sustentar lo que es insustentable: Elecciones generales como una respuesta a la crisis institucional

Por Rodrigo Nery*
Traducción, Rosa Carbonell Ortiz

diretasja
La democracia es un concepto ampliamente debatido en el transcurso de la historia. Sin embargo, difícilmente colocado en práctica de la forma como la imaginamos. Desde la Grecia antigua, pasando por la historia de las sociedades medievales, modernas y las contemporáneas, difícilmente encontraremos regímenes o gobiernos que realmente fueron democráticos. Es muy difícil encontrar a la democracia siendo, un hecho, junto al empoderamiento del pueblo, con la excepción de algunos procesos revolucionarios.
Entendemos a la democracia como una práctica para ir más allá de la participación en los procesos electorales. Es algo que pasa por una práctica cotidiana, en donde el pueblo se sienta parte integrante de algo, y no apenas como una “obligación”, que hay que hacer de dos en dos años. Es el mismo pueblo que ha de sentir que él tiene el poder de determinar su rumbo, principalmente en los momentos en el cual el mismo está percibiendo que el barco salió del rumbo que él eligió.
Si estamos trayendo este debate para Brasil, es porque percibimos que el sistema democrático brasileño, cuando fue aplicado en algunos momentos de nuestra corta historia, sirvió, entre otras cosas, para mantener el control de una determinada casta social, que controla políticamente y económicamente el escenario nacional desde, el principio de la República en Brasil. Y esta casta tiene una clase social, una raza y un determinado género. Pertenecen a la clase exploradora, a la raza blanca y al género masculino, que durante décadas sirven también como impulsores de las opresiones sobre los más variados sectores de nuestra sociedad. Es en el primer momento de nuestra historia ( en el año 2003), que tuvimos la oportunidad de romper este escenario, un gobierno del Partido de los Trabajadores, elegido por los trabajadores, que prefirió juntarse a esta elite, en nombre de una vacía y frágil gobernabilidad. Más tarde, observamos que tal opción no fue apenas una “necesidad del momento”, como algunos nos quisieron pasar esta imagen. Tal opción fue una elección del PT. Escogió con quien y para quien el iría a gobernar.
Y ahora una parte de ésta élite, tan agraciada por este gobierno, le ha dado las espaldas y está tentando, a través de una maniobra, derrumbarlo. Esto lo digo porque ésta élite fue agraciada por el hecho de que la Globo, uno de los grandes medios de comunicación, por ejemplo, recibió, a lo largo de los diferentes gobiernos petistas, aproximadamente R$ 6 billones de reales. Nunca los bancos lucraron tanto, como durante los gobiernos petistas, así como la FIESP, a través de numerosos incentivos fiscales facilitados por los gobiernos del PT. Esta inestabilidad institucional no es apenas culpa de ésta élite desesperada por el poder, es culpa también del PT y de sus aliados, que gobernaron para mantener a ésta élite con la barriga llena. Y sin embargo esta élite no necesita más al criado” de los últimos 13 años. Ella perdió la vergüenza y quiere servirse directamente en la mesa.
Y esta crisis institucional, generó también una crisis en nuestro frágil sistema democrático. Y todo ello nos recuerda a un concepto que es tratado, principalmente en las salas de los cursos de derecho, como una especie de entidad casi que omnipotente, omnipresente y omnisciente, del que se habla tanto “El estado democrático de derecho”. La idea de un “Estado democrático de derecho”, es una construcción discursiva, que para la gran mayoría de nuestra población, no pasa de ser una frase escrita en algún lugar, o pronunciada de forma lejana, para los oídos de nuestro pueblo. Este “Estado democrático de derecho”, la mayoría de las veces, sirve de forma pura y simple, para el mantenimiento y la ampliación del status quo de la exploración y de las injusticias tan comunes para nuestra sociedad. No es por este modelo del “Estado democrático de derecho”, que una parte considerable de la izquierda se debe de movilizar. Este modelo, como colocó Vladimir Safatle el otro día, está más para un velado “Estado oligárquico de derecho”. Y es por la transformación de éste estado, que favorece a una minoría, que la izquierda debe de procurar unir más fuerzas.
Últimamente la palabra democracia ha sido una de las palabras más utilizadas, sea por la derecha, por el gobierno, o por la izquierda. Sin embargo existe una diferencia grande entre pronunciar, practicar y apoderarse de la democracia. En los tiempos actuales, varios movimientos internacionales y nacionales, cada vez más colocan a la democracia en el centro del debate en los más variados espectros sociales. Desde los levantamientos árabes, pasando por los europeos, y llegando a las manifestaciones brasileñas del 2013, observamos este hecho. Esta democracia reclamada y exigida en las muchas y variadas lenguas y dialectos, va mucho más allá del discurso y de la participación en el tan conocido sistema electoral. Es un grito por el apoderamiento, y es una exigencia de una mayor participación popular, en los más variados espacios democráticos. Ellos surgen de la necesidad de practicar la democracia cotidianamente, para ir más allá de los períodos electorales. Llevándolo para el escenario brasileño, la lucha por la democracia debe de pasar por una mayor participación popular en las instancias y en los poderes del estado, sea participando directamente y constantemente, o fiscalizando permanentemente.
Dicho esto, la situación actual no puede ser apenas abordada por la legalidad, es una cuestión sobre todo política.
El propio instrumento del impeachment es algo extremadamente político. No soy en contra de este impeachment apenas por una cuestión legal, existen también cuestiones políticas y maniobras de sectores de las élites brasileñas, que me llevan a estar en contra de este proceso. Esta diferencia debería estar muy clara para la izquierda. Me hace recordar que durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, fueron vários los pedidos de impeachment, presentados y defendidos por el PT. La gran mayoría de estos pedidos llevaban cuestiones más políticas de que cuestiones legales, y siempre fueron tomados por la izquierda.
Y la alegación de FHC contra los procesos, son las mismas que el PT utiliza ahora. FHC decía que era necesario respetar el proceso electoral que lo eligió, el Estado democrático de derecho. Me acuerdo que FHC utilizó este discurso para deslegitimar una propuesta de sectores del PT en 1999. Propuesta esta que profundizaba el debate sobre nuevas elecciones, y que fue sofocada por los sectores petistas ligados a Lula y a Jose Dirceu.
Analizando el contexto actual, tengo la comprensión de que este gobierno ha perdido completamente la condición de gobernar. Este gobierno cometió uno de los mayores estelionatos electorales que ya presenciamos. Este gobierno no fue elegido para aplicar las políticas que está aplicando. El gobierno tomó el programa del PSDB y lo está aplicando de forma ejemplar. Cortó presupuestos para la educación, quitó derechos laborales, y pretende aplicar una nueva reforma de la jubilación, congelar los salarios, dimitir a los funcionarios públicos, y aprobar una ley antiterrorista, que solamente va a criminalizar a los movimientos sociales todavía más. Dilma, el PT y el PMDB no fueron elegidos para aplicar esta agenda política, pero la está aplicando de cabo a rabo. En estos últimos días, para no ir a la delación que está apuntando que el frente encabezado por el PT/PMDB recibió propina de las constructoras. O sea, es un gobierno indefensable y insustentable.
Tenemos que recordar que el gobierno no es apenas la presidenta Dilma, él está compuesto por varios partidos que estaban en la coalición, inclusive el vicepresidente (Temer), que fue igualmente elegido como lo fue Dilma. Es este gobierno (la coalición elegida) que está envuelto hasta la coronilla en esquemas de corrupción. Y en este momento, el gobierno busca construir una nueva base, apenas y únicamente para impedir el impeachment.
Lula está reuniéndose ahora con los partidos (PP y PR), para canjear cargos en los ministerios por votos contra el impeachment. Estos cargos van a ser adjudicados para partidos que están envueltos en esquemas de corrupción. Las elecciones del 2014 ya favorecieron a la derecha. Para mí, Michel Temer, Renan Calheiros, y Maluf (que hasta ayer estaban en la base del gobierno) junto con Katia Abreu, ellos pertenecen a la derecha tradicional, que juntamente con los restantes de los partidos de la coalición del PT ya salieron vencedores del último pleito. El PT no busca combatir a la corrupción del sistema, y que viene desde los gobiernos anteriores, y que se profundizó en los gobiernos petistas, con el consentimiento del mismo, el PT busca apenas sobrevivir para continuar en el poder, continuando con la misma política que lo llevó para la actual situación, y que lo llevó al país para esta crisis institucional.
Expuesto a este contexto, una cosa parece cierta para mí: independientemente del resultado del impeachment el gobierno continuará en una situación insustentable, sin olvidar la indefendible. Continuando Dilma en la presidencia, o asumiéndola Temer, la situación de la crisis institucional se va a profundizar. De un lado tenemos un proceso de impeachment ilegal, capitaneado por un reo, en el Supremo Tribunal Federal, y que será votado por un Congreso que tiene centenas de parlamentarios en las listas de las propinas de las constructoras.
O sea, el juez político, que va a juzgar a este gobierno, es tan indefendible y tan insustentable en cuanto al gobierno que está siendo juzgado. Por otro lado tenemos un gobierno corrupto, formado por una coalición acusada de recibir recursos de las constructoras y que vienen de las propinas. A parte de todos los otros factores abordados anteriormente. Delante de este escenario que podemos hacer? Las calles se muestran movilizadas para cualquiera que sea el resultado que saldrá de la votación del impeachment. Sea por un nuevo presidente (Temer) colocado por una maniobra ilegal del Congreso; sea por la continuación de la actual presidenta, comandando un gobierno con los mismos moldes que nos llevó para la actual crisis institucional. Las calles van a continuar movilizadas. Y voy a repetir la pregunta: Que es lo que vamos hacer? La izquierda no se puede pautar apenas en la votación del impeachment. Y es precisamente eso que el gobierno y la oposición de la derecha están queriendo, para que juntos puedan aplicar más rápidamente la agenda neoliberal. No nos olvidemos que el comienzo de la privatización, del pre-sal, la ley antiterrorista y el PLP 257/2016 son pautas votadas, o que serán votadas, en harmonía entre el gobierno y la oposición de la derecha. La izquierda debe de buscar salidas para ir más allá del escenario del impeachment, pues nos estamos aproximando de un escenario caótico en el pos-impeachment.
Delante de este cuadro, el tema sobre las elecciones generales viene ganando cada vez más espacio y fuerza dentro de los más variados sectores de la sociedad. Existen caminos previstos en la ley para iniciar el debate sobre la convocación de elecciones generales (sea por un plebiscito o PEC, por ejemplo). El “recall” (referéndum revocatorio) es una pauta antigua de la izquierda, inclusive sectores del PT, como es el caso de Eduardo Suplicy, del PT, llegaron a defenderlo antes de que el partido asumiera el gobierno. Si analizamos acontecimientos actuales, veremos que hasta partes del gobierno y del PT están amenazando con esta posibilidad para salir de la actual crisis institucional. Sectores de los medios de comunicación, allegados o no al gobierno, también están abordando este tema con mayor frecuencia. Y es en este aspecto que tenemos que desmitificar la ilusión de que esos sectores defienden la misma propuesta presentada por una parte de la izquierda.
Para una parte de los medios de comunicación y de sectores políticos (sectores estos que giran alrededor de Marina Silva del partido Rede), las nuevas elecciones serían apenas para la presidencia, como si el actual Congreso tuviese alguna capacidad de mantenerse, después de revelados las relaciones de gran parte de sus integrantes en los esquemas de corrupción. Si olvidan que es este mismo Congreso que está realizando una maniobra ilegal para destituir a la presidenta. Estos mismos sectores, más allá de defender apenas las elecciones presidenciales, todavía defienden la realización de las elecciones con los mismos moldes del actual proceso electoral, que no tiene nada de democrático, pues distribuye recursos y espacios de aparición de formas extremadamente desiguales entre los candidatos. Este proceso electoral está lejos de ser democrático. Existen los sectores que defienden las elecciones tanto presidenciales como para el Congreso, más que quieren continuar con las diferencias de los recursos y apariciones entre los candidatos, establecidas por la actual legislación electoral. Y existe una parte de la izquierda, en la cual me incluyo, y que felizmente viene creciendo cada vez más, que defienden elecciones generales para presidente y para el Congreso, sin financiamiento privado de la campaña electoral por el CNPJ (ya garantizado por el STF), y que garantizan para los candidatos iguales derechos de participación en el pleito. Lo que existe definitivamente es una disputa entre estos modelos de elecciones generales, y lógicamente sectores de la derecha entraran en esta disputa, pues quieren garantizar, en cualquier escenario político posible, el mantenimiento de sus privilegios.
Una cuestión abordada por sectores de la izquierda sobre elecciones generales, comenta al respecto el resultado de las elecciones generales en este contexto. Afirman que en esta coyuntura, la victoria de la derecha más conservadora, ( o sea el PSDB) está dada como cierta. Yo creo que la izquierda debe de perder el miedo de la participación popular. O sólo vamos a luchar por las elecciones, o por los referéndums, o plebiscitos cuando la coyuntura nos fuera favorable (es la lógica de sólo voy a jugar, cuando sabré que voy a ganar?). La democracia no es esto. Que disputemos la población. Que disputemos una población, que actualmente cree que las elecciones generales es la mejor salida. No me acuerdo que en ningún escenario presentado en las encuestas actuales, muestren a los candidatos de la llamada derecha tradicional al PSDB y a Temer, el vicepresidente como francos favoritos.
Todas las encuestas muestran prácticamente un empate técnico entre el PT, REDE y el PSDB. Jair Bolsonaro no aparece ni con el 10% de las intenciones de voto. Por esos datos, no considero que esta derecha tradicional sea amplia favorita para ganar una futura elección. Tenemos que aprovechar el momento de las elecciones generales para dialogar con la población de la necesidad de la construcción de una tercera vía delante de este cuadro expuesto. Mostrar que es posible salir del bipartidismo PT-PSDB. Inclusive, algo que depone contra este miedo de la derecha, es el hecho de que constantemente hemos observado sectores de esta derecha (PSDB y sus satélites) indicar que son altamente contrarios a la realización de elecciones generales ahora. O sea, este sector demuestra aquello que es notorio de esta derecha tradicional: el miedo de una mayor participación popular en los espacios institucionales. El miedo de que el pueblo se empodere de la democracia.
Luchar por la democracia no es apenas luchar por la legalidad. Como dijo, FHC tenía el mismo discurso actual del PT, durante los tiempos del fuera FHC. Luchar por la democracia y también exigir la participación popular en los espacios institucionales, no es apenas en las elecciones, si no en los momentos de crisis institucionales también. Por lo tanto, se tenemos de un lado um impeachment ilegal, capitaneado por un Eduardo Cunha y un Congreso desnudados, y por otro lado un gobierno insustentable (que continuará teniendo a Temer como vice, por ejemplo), caso el impeachment sea impedido; que el pueblo sea llamado para decidir sobre esta crisis institucional.
Cuando un gobierno y un Congreso no representan más los deseos de la población o están envueltos en crisis institucionales profundas, el pueblo debe de ser llamado para decidir los rumbos de la crisis. Como leí en algún lugar que ahora no me acuerdo, “crisis democráticas se resuelven com más democracia” y no con acuerdos palacianos o con maniobras de la élite. Llegó el momento de anotarnos para la construcción y ampliación, sin recelos, de espacios en donde el pueblo pueda hablar por el mismo. Que el pueblo se empodere de democracia y escoja cual es el camino que debe de seguir.
(*) Doctor en Sociologia. Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra www.seauniversidadefossenossa.com.br
Defender lo que es indefendible, sustentar lo que es insustentable: Elecciones generales como una respuesta a la crisis institucional
Por Rodrigo Nery*
Traducción, Rosa Carbonell Ortiz
La democracia es un concepto ampliamente debatido en el transcurso de la historia. Sin embargo, difícilmente colocado en práctica de la forma como la imaginamos. Desde la Grecia antigua, pasando por la historia de las sociedades medievales, modernas y las contemporáneas, difícilmente encontraremos regímenes o gobiernos que realmente fueron democráticos. Es muy difícil encontrar a la democracia siendo, un hecho, junto al empoderamiento del pueblo, con la excepción de algunos procesos revolucionarios.
Entendemos a la democracia como una práctica para ir más allá de la participación en los procesos electorales. Es algo que pasa por una práctica cotidiana, en donde el pueblo se sienta parte integrante de algo, y no apenas como una “obligación”, que hay que hacer de dos en dos años. Es el mismo pueblo que ha de sentir que él tiene el poder de determinar su rumbo, principalmente en los momentos en el cual el mismo está percibiendo que el barco salió del rumbo que él eligió.
Si estamos trayendo este debate para Brasil, es porque percibimos que el sistema democrático brasileño, cuando fue aplicado en algunos momentos de nuestra corta historia, sirvió, entre otras cosas, para mantener el control de una determinada casta social, que controla políticamente y económicamente el escenario nacional desde, el principio de la República en Brasil. Y esta casta tiene una clase social, una raza y un determinado género. Pertenecen a la clase exploradora, a la raza blanca y al género masculino, que durante décadas sirven también como impulsores de las opresiones sobre los más variados sectores de nuestra sociedad. Es en el primer momento de nuestra historia ( en el año 2003), que tuvimos la oportunidad de romper este escenario, un gobierno del Partido de los Trabajadores, elegido por los trabajadores, que prefirió juntarse a esta elite, en nombre de una vacía y frágil gobernabilidad. Más tarde, observamos que tal opción no fue apenas una “necesidad del momento”, como algunos nos quisieron pasar esta imagen. Tal opción fue una elección del PT. Escogió con quien y para quien el iría a gobernar.
Y ahora una parte de ésta élite, tan agraciada por este gobierno, le ha dado las espaldas y está tentando, a través de una maniobra, derrumbarlo. Esto lo digo porque ésta élite fue agraciada por el hecho de que la Globo, uno de los grandes medios de comunicación, por ejemplo, recibió, a lo largo de los diferentes gobiernos petistas, aproximadamente R$ 6 billones de reales. Nunca los bancos lucraron tanto, como durante los gobiernos petistas, así como la FIESP, a través de numerosos incentivos fiscales facilitados por los gobiernos del PT. Esta inestabilidad institucional no es apenas culpa de ésta élite desesperada por el poder, es culpa también del PT y de sus aliados, que gobernaron para mantener a ésta élite con la barriga llena. Y sin embargo esta élite no necesita más al criado” de los últimos 13 años. Ella perdió la vergüenza y quiere servirse directamente en la mesa.
Y esta crisis institucional, generó también una crisis en nuestro frágil sistema democrático. Y todo ello nos recuerda a un concepto que es tratado, principalmente en las salas de los cursos de derecho, como una especie de entidad casi que omnipotente, omnipresente y omnisciente, del que se habla tanto “El estado democrático de derecho”. La idea de un “Estado democrático de derecho”, es una construcción discursiva, que para la gran mayoría de nuestra población, no pasa de ser una frase escrita en algún lugar, o pronunciada de forma lejana, para los oídos de nuestro pueblo. Este “Estado democrático de derecho”, la mayoría de las veces, sirve de forma pura y simple, para el mantenimiento y la ampliación del status quo de la exploración y de las injusticias tan comunes para nuestra sociedad. No es por este modelo del “Estado democrático de derecho”, que una parte considerable de la izquierda se debe de movilizar. Este modelo, como colocó Vladimir Safatle el otro día, está más para un velado “Estado oligárquico de derecho”. Y es por la transformación de éste estado, que favorece a una minoría, que la izquierda debe de procurar unir más fuerzas.
Últimamente la palabra democracia ha sido una de las palabras más utilizadas, sea por la derecha, por el gobierno, o por la izquierda. Sin embargo existe una diferencia grande entre pronunciar, practicar y apoderarse de la democracia. En los tiempos actuales, varios movimientos internacionales y nacionales, cada vez más colocan a la democracia en el centro del debate en los más variados espectros sociales. Desde los levantamientos árabes, pasando por los europeos, y llegando a las manifestaciones brasileñas del 2013, observamos este hecho. Esta democracia reclamada y exigida en las muchas y variadas lenguas y dialectos, va mucho más allá del discurso y de la participación en el tan conocido sistema electoral. Es un grito por el apoderamiento, y es una exigencia de una mayor participación popular, en los más variados espacios democráticos. Ellos surgen de la necesidad de practicar la democracia cotidianamente, para ir más allá de los períodos electorales. Llevándolo para el escenario brasileño, la lucha por la democracia debe de pasar por una mayor participación popular en las instancias y en los poderes del estado, sea participando directamente y constantemente, o fiscalizando permanentemente.
Dicho esto, la situación actual no puede ser apenas abordada por la legalidad, es una cuestión sobre todo política.
El propio instrumento del impeachment es algo extremadamente político. No soy en contra de este impeachment apenas por una cuestión legal, existen también cuestiones políticas y maniobras de sectores de las élites brasileñas, que me llevan a estar en contra de este proceso. Esta diferencia debería estar muy clara para la izquierda. Me hace recordar que durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, fueron vários los pedidos de impeachment, presentados y defendidos por el PT. La gran mayoría de estos pedidos llevaban cuestiones más políticas de que cuestiones legales, y siempre fueron tomados por la izquierda.
Y la alegación de FHC contra los procesos, son las mismas que el PT utiliza ahora. FHC decía que era necesario respetar el proceso electoral que lo eligió, el Estado democrático de derecho. Me acuerdo que FHC utilizó este discurso para deslegitimar una propuesta de sectores del PT en 1999. Propuesta esta que profundizaba el debate sobre nuevas elecciones, y que fue sofocada por los sectores petistas ligados a Lula y a Jose Dirceu.
Analizando el contexto actual, tengo la comprensión de que este gobierno ha perdido completamente la condición de gobernar. Este gobierno cometió uno de los mayores estelionatos electorales que ya presenciamos. Este gobierno no fue elegido para aplicar las políticas que está aplicando. El gobierno tomó el programa del PSDB y lo está aplicando de forma ejemplar. Cortó presupuestos para la educación, quitó derechos laborales, y pretende aplicar una nueva reforma de la jubilación, congelar los salarios, dimitir a los funcionarios públicos, y aprobar una ley antiterrorista, que solamente va a criminalizar a los movimientos sociales todavía más. Dilma, el PT y el PMDB no fueron elegidos para aplicar esta agenda política, pero la está aplicando de cabo a rabo. En estos últimos días, para no ir a la delación que está apuntando que el frente encabezado por el PT/PMDB recibió propina de las constructoras. O sea, es un gobierno indefensable y insustentable.
Tenemos que recordar que el gobierno no es apenas la presidenta Dilma, él está compuesto por varios partidos que estaban en la coalición, inclusive el vicepresidente (Temer), que fue igualmente elegido como lo fue Dilma. Es este gobierno (la coalición elegida) que está envuelto hasta la coronilla en esquemas de corrupción. Y en este momento, el gobierno busca construir una nueva base, apenas y únicamente para impedir el impeachment.
Lula está reuniéndose ahora con los partidos (PP y PR), para canjear cargos en los ministerios por votos contra el impeachment. Estos cargos van a ser adjudicados para partidos que están envueltos en esquemas de corrupción. Las elecciones del 2014 ya favorecieron a la derecha. Para mí, Michel Temer, Renan Calheiros, y Maluf (que hasta ayer estaban en la base del gobierno) junto con Katia Abreu, ellos pertenecen a la derecha tradicional, que juntamente con los restantes de los partidos de la coalición del PT ya salieron vencedores del último pleito. El PT no busca combatir a la corrupción del sistema, y que viene desde los gobiernos anteriores, y que se profundizó en los gobiernos petistas, con el consentimiento del mismo, el PT busca apenas sobrevivir para continuar en el poder, continuando con la misma política que lo llevó para la actual situación, y que lo llevó al país para esta crisis institucional.
Expuesto a este contexto, una cosa parece cierta para mí: independientemente del resultado del impeachment el gobierno continuará en una situación insustentable, sin olvidar la indefendible. Continuando Dilma en la presidencia, o asumiéndola Temer, la situación de la crisis institucional se va a profundizar. De un lado tenemos un proceso de impeachment ilegal, capitaneado por un reo, en el Supremo Tribunal Federal, y que será votado por un Congreso que tiene centenas de parlamentarios en las listas de las propinas de las constructoras.
O sea, el juez político, que va a juzgar a este gobierno, es tan indefendible y tan insustentable en cuanto al gobierno que está siendo juzgado. Por otro lado tenemos un gobierno corrupto, formado por una coalición acusada de recibir recursos de las constructoras y que vienen de las propinas. A parte de todos los otros factores abordados anteriormente. Delante de este escenario que podemos hacer? Las calles se muestran movilizadas para cualquiera que sea el resultado que saldrá de la votación del impeachment. Sea por un nuevo presidente (Temer) colocado por una maniobra ilegal del Congreso; sea por la continuación de la actual presidenta, comandando un gobierno con los mismos moldes que nos llevó para la actual crisis institucional. Las calles van a continuar movilizadas. Y voy a repetir la pregunta: Que es lo que vamos hacer? La izquierda no se puede pautar apenas en la votación del impeachment. Y es precisamente eso que el gobierno y la oposición de la derecha están queriendo, para que juntos puedan aplicar más rápidamente la agenda neoliberal. No nos olvidemos que el comienzo de la privatización, del pre-sal, la ley antiterrorista y el PLP 257/2016 son pautas votadas, o que serán votadas, en harmonía entre el gobierno y la oposición de la derecha. La izquierda debe de buscar salidas para ir más allá del escenario del impeachment, pues nos estamos aproximando de un escenario caótico en el pos-impeachment.
Delante de este cuadro, el tema sobre las elecciones generales viene ganando cada vez más espacio y fuerza dentro de los más variados sectores de la sociedad. Existen caminos previstos en la ley para iniciar el debate sobre la convocación de elecciones generales (sea por un plebiscito o PEC, por ejemplo). El “recall” (referéndum revocatorio) es una pauta antigua de la izquierda, inclusive sectores del PT, como es el caso de Eduardo Suplicy, del PT, llegaron a defenderlo antes de que el partido asumiera el gobierno. Si analizamos acontecimientos actuales, veremos que hasta partes del gobierno y del PT están amenazando con esta posibilidad para salir de la actual crisis institucional. Sectores de los medios de comunicación, allegados o no al gobierno, también están abordando este tema con mayor frecuencia. Y es en este aspecto que tenemos que desmitificar la ilusión de que esos sectores defienden la misma propuesta presentada por una parte de la izquierda.
Para una parte de los medios de comunicación y de sectores políticos (sectores estos que giran alrededor de Marina Silva del partido Rede), las nuevas elecciones serían apenas para la presidencia, como si el actual Congreso tuviese alguna capacidad de mantenerse, después de revelados las relaciones de gran parte de sus integrantes en los esquemas de corrupción. Si olvidan que es este mismo Congreso que está realizando una maniobra ilegal para destituir a la presidenta. Estos mismos sectores, más allá de defender apenas las elecciones presidenciales, todavía defienden la realización de las elecciones con los mismos moldes del actual proceso electoral, que no tiene nada de democrático, pues distribuye recursos y espacios de aparición de formas extremadamente desiguales entre los candidatos. Este proceso electoral está lejos de ser democrático. Existen los sectores que defienden las elecciones tanto presidenciales como para el Congreso, más que quieren continuar con las diferencias de los recursos y apariciones entre los candidatos, establecidas por la actual legislación electoral. Y existe una parte de la izquierda, en la cual me incluyo, y que felizmente viene creciendo cada vez más, que defienden elecciones generales para presidente y para el Congreso, sin financiamiento privado de la campaña electoral por el CNPJ (ya garantizado por el STF), y que garantizan para los candidatos iguales derechos de participación en el pleito. Lo que existe definitivamente es una disputa entre estos modelos de elecciones generales, y lógicamente sectores de la derecha entraran en esta disputa, pues quieren garantizar, en cualquier escenario político posible, el mantenimiento de sus privilegios.
Una cuestión abordada por sectores de la izquierda sobre elecciones generales, comenta al respecto el resultado de las elecciones generales en este contexto. Afirman que en esta coyuntura, la victoria de la derecha más conservadora, ( o sea el PSDB) está dada como cierta. Yo creo que la izquierda debe de perder el miedo de la participación popular. O sólo vamos a luchar por las elecciones, o por los referéndums, o plebiscitos cuando la coyuntura nos fuera favorable (es la lógica de sólo voy a jugar, cuando sabré que voy a ganar?). La democracia no es esto. Que disputemos la población. Que disputemos una población, que actualmente cree que las elecciones generales es la mejor salida. No me acuerdo que en ningún escenario presentado en las encuestas actuales, muestren a los candidatos de la llamada derecha tradicional al PSDB y a Temer, el vicepresidente como francos favoritos.
Todas las encuestas muestran prácticamente un empate técnico entre el PT, REDE y el PSDB. Jair Bolsonaro no aparece ni con el 10% de las intenciones de voto. Por esos datos, no considero que esta derecha tradicional sea amplia favorita para ganar una futura elección. Tenemos que aprovechar el momento de las elecciones generales para dialogar con la población de la necesidad de la construcción de una tercera vía delante de este cuadro expuesto. Mostrar que es posible salir del bipartidismo PT-PSDB. Inclusive, algo que depone contra este miedo de la derecha, es el hecho de que constantemente hemos observado sectores de esta derecha (PSDB y sus satélites) indicar que son altamente contrarios a la realización de elecciones generales ahora. O sea, este sector demuestra aquello que es notorio de esta derecha tradicional: el miedo de una mayor participación popular en los espacios institucionales. El miedo de que el pueblo se empodere de la democracia.
Luchar por la democracia no es apenas luchar por la legalidad. Como dijo, FHC tenía el mismo discurso actual del PT, durante los tiempos del fuera FHC. Luchar por la democracia y también exigir la participación popular en los espacios institucionales, no es apenas en las elecciones, si no en los momentos de crisis institucionales también. Por lo tanto, se tenemos de un lado um impeachment ilegal, capitaneado por un Eduardo Cunha y un Congreso desnudados, y por otro lado un gobierno insustentable (que continuará teniendo a Temer como vice, por ejemplo), caso el impeachment sea impedido; que el pueblo sea llamado para decidir sobre esta crisis institucional.
Cuando un gobierno y un Congreso no representan más los deseos de la población o están envueltos en crisis institucionales profundas, el pueblo debe de ser llamado para decidir los rumbos de la crisis. Como leí en algún lugar que ahora no me acuerdo, “crisis democráticas se resuelven com más democracia” y no con acuerdos palacianos o con maniobras de la élite. Llegó el momento de anotarnos para la construcción y ampliación, sin recelos, de espacios en donde el pueblo pueda hablar por el mismo. Que el pueblo se empodere de democracia y escoja cual es el camino que debe de seguir.
(*) Doctor en Sociologia. Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra www.seauniversidadefossenossa.com.br

Defender o indefensavel, Versão e portugues

A democracia é um conceito amplamente debatido no transcorrer da História. Porém, dificilmente colocado em prática da forma como imaginamos. Desde a Grécia antiga, passando pela história das sociedades medievais, modernas e contemporâneas, dificilmente encontraremos regimes e governos que realmente foram democráticos. É dificílimo encontrarmos a democracia sendo, de fato, empoderada pelo povo, com exceção de alguns processos revolucionários. Entendemos a democracia como sendo uma prática para além da participação nos processos eleitorais. É algo que passa por uma prática cotidiana, onde o povo se sinta parte integrante de algo, e não apenas como uma “obrigação”, que tem que ser feita de dois em dois anos. É o povo sentir que ele tem o poder de determinar seu rumo, principalmente em horas em que ele perceber que o barco saiu do rumo que ele escolheu.

Se trouxermos esse debate para o Brasil, percebemos que o sistema democrático brasileiro, quando foi aplicado em alguns momentos da nossa curtíssima história, serviu para, entre outras coisas, manter no controle uma casta social, que controla política e economicamente o cenário nacional desde, pelo menos, o início do Brasil República. E essa casta tem classe social, etnia e gênero. Pertencem à classe exploradora, à etnia branca e ao gênero masculino, que durante décadas servem também como impulsionadores de opressões sobre os mais variados setores da nossa sociedade. E no primeiro momento da nossa história (2003), que tivemos a oportunidade de quebrar esse cenário, o governo do Partido dos Trabalhadores, eleito pelos trabalhadores, preferiu se juntar a esta elite, em nome de uma vazia e frágil governabilidade. Mais tarde, observamos que tal opção não foi apenas uma “necessidade de momento”, como alguns quiseram passar essa imagem. Tal opção foi uma escolha do PT. Escolheu com quem e para quem ele iria governar. E agora parte dessa elite, tão agraciada por este governo, lhe vira as costas e tenta, através de uma manobra, derrubá-lo. Falo que a elite foi agraciada pelo fato de que a Globo, por exemplo, recebeu, ao longo dos governos petistas, aproximadamente R$ 6 bilhões de reais. Nunca os bancos lucraram tanto, como nos governos petistas, assim como a FIESP, através dos inúmeros incentivos fiscais dados pelos governos do PT. Essa instabilidade institucional não é apenas culpa dessa elite desesperada por poder, é culpa também do PT e seus aliados, que governaram para manter essa elite de barriga cheia. Porém essa elite não precisa mais do “garçom” dos últimos 13 anos. Ela perdeu a vergonha e quer se servir direto na mesa.

E essa crise institucional, gera também crise no nosso frágil sistema democrático. E isso traz à tona um conceito que é tratado, principalmente nas salas dos cursos de direito, como uma espécie de entidade quase que onipotente, onipresente e onisciente, o tão falado “Estado democrático de direito”. A ideia de um “Estado democrático de direito”, é uma construção discursiva, que para grande maioria da nossa população, não passa de uma frase escrita em algum lugar, ou pronunciada de forma longínqua, para os ouvidos do nosso povo. Esse “Estado democrático de direito”, na maioria das vezes, serve de forma pura e simples, para a manutenção e ampliação do status quo de exploração e injustiças tão comuns para a nossa sociedade. Não é por esse modelo de “Estado democrático de direito”, que uma parcela considerável da esquerda deve se mobilizar. Esse modelo, como colocou Vladimir Safatle outro dia, está mais para um velado “Estado oligárquico de direito”. É pela transformação deste estado, que favorece uma minoria, que a esquerda deve buscar unir forças.

Ultimamente democracia tem sido uma das palavras mais utilizadas, seja pela direita, pelo governo, ou pela esquerda. Porém existe uma diferença grande entre pronunciar, praticar e se empoderar da democracia. Nos tempos atuais, várias movimentações internacionais e nacionais, cada vez mais colocam a democracia no centro do debate nos mais variados espectros sociais. Desde levantes árabes, passando pelos europeus, e chegando nas manifestações brasileiras de 2013, observamos tal fato. Essa democracia gritada e exigida nas mais variadas línguas e dialetos, vai muito mais além do discurso e da participação no tão conhecido sistema eleitoral. É um grito por empoderamento, é uma exigência de maior participação popular, nos mais variados espaços democráticos. Surgem da necessidade de praticar a democracia cotidianamente, para além dos períodos eleitorais. Trazendo para o cenário brasileiro, a luta por democracia deve passar pela maior participação popular nas instâncias e poderes do estado, seja participando diretamente e constantemente, ou fiscalizando perenemente.

Dito isso, a situação atual não pode ser apenas abordada pela legalidade, é uma questão sobretudo política. O próprio instrumento do impeachment é algo extremamente político. Não sou contra esse impeachment apenas por uma questão legal, existem também questões políticas e manobras de setores das elites brasileiras, que me levam a ser contra esse processo. Essa diferença deveria estar muito clara para a esquerda. Lembro que no governo de FHC, foram vários os pedidos de impeachment, apresentados e defendidos pelo PT. A grande maioria desses pedidos traziam questões mais políticas do que legais, e sempre foram encampados pela esquerda. E a alegação de FHC contra os processos, são as mesmas que o PT utiliza agora. FHC dizia que era necessário respeitar o processo eleitoral que o elegeu e o Estado democrático de direito. Lembro que FHC utilizou esse discurso para deslegitimar uma proposta de setores do PT em 1999. Proposta essa que aprofundava o debate sobre novas eleições, e que foi sufocada pelos setores petistas ligados ao Lula e Dirceu.

Analisando o contexto atual, tenho a compreensão de que esse governo perdeu completamente a condição de governar. Este governo cometeu um dos maiores estelionatos eleitorais que já presenciamos. Este governo não foi eleito para aplicar as políticas que estáaplicando. O governo pegou o programa do PSDB e o estáaplicando de forma exemplar. Cortou verbas da educação, tira direitos trabalhistas, pretende aplicar uma nova reforma da previdência, congelar salários, demitir funcionários públicos, e aprovou uma lei antiterror, que só vai criminalizar os movimentos sociais ainda mais. Dilma, o PT e o PMDB não foram eleitos para aplicar essa agenda política, mas está aplicando de cabo a rabo. E nos últimos dias ainda paira no ar a delação que aponta que a chapa encabeçada pelo PT/PMDB recebeu dinheiro de propina de empreiteiras. Ou seja, é um governo indefensável e insustentável.

Temos que lembrar que o governo não é apenas Dilma, ele é composto por vários partidos que estavam na coligação, inclusive o vice (Temer), que foi tão eleito quanto Dilma. E este governo (a coligação eleita) está envolvido até o pescoço em esquemas de corrupção. E neste momento, o governo busca construir uma nova base, apenas e unicamente para barrar o impeachment. Lula está reunido agora com partidos (PP e PR), para trocar cargos em ministérios por votos contra o impeachment. Cargos esses que serão dados para partidos envolvidos em esquemas corruptos. As eleições de 2014 já favoreceram a direita. Para mim, Temer (que é vice), Renan, Maluf (que até ontem estava na base governista) e Katia Abreu pertencem à direita tradicional, que juntamente com os restantes dos partidos da coligação do PT já saíram vencedores do último pleito. O PT não busca combater a corrupção sistêmica, que vem desde governos anteriores, e que adentrou nos governos petistas, com a anuência deste. O PT busca apenas sobreviver para continuar no poder, continuando com as mesmas negociatas que o levou para a atual situação, e que levou o país para essa crise institucional.

Exposto a esse contexto, uma coisa parece certa para mim: independente do resultado do impeachment o governo continuará numa situação insustentável, sem esquecer a indefensável. Continuando Dilma, ou assumindo Temer, a situação de crise institucional se aprofundará. De um lado temos um processo de impeachment ilegal, capitaneado por um réu no STF, que será votado por um Congresso que tem centenas de parlamentares nas listas de propinas das empreiteiras. Ou seja, o juiz político, que irá julgar este governo, é tão indefensável e insustentável quanto o governo que está sendo julgado. Do outro lado temos um governo corrupto, formado por uma coligação acusada de receber recursos de empreiteiras vindos de propinas. Além de todos os outros fatores abordados acima. Diante desse cenário o que fazer? As ruas se mostram mobilizadas para qualquer resultado que sair da votação do impeachment. Seja por um novo presidente (Temer) colocado por uma manobra ilegal do Congresso; seja pela continuação da atual mandatária, comandando um governo nos mesmos moldes que nos levou para a atual crise institucional. As ruas vão continuar mobilizadas. E aí repito a pergunta: O que vamos fazer? A esquerda não pode se pautar apenas na votação do impeachment. É isso que governo e a oposição de direita estão querendo, para que juntos possam aplicar mais rapidamente a agenda neoliberal. Não esqueçamos que o início da privatização do pré-sal, a lei antiterror e o PLP 257/2016 são pautas votadas, ou que serão votadas, em harmonia entre governo e oposição de direita. A esquerda deve buscar saídas para além do impeachment, pois estamos nos aproximando de um cenário caótico no pós-impeachment.

Diante desse quadro, o tema sobre eleições gerais vem ganhado cada vez mais espaço e força nos mais variados setores da sociedade. Existem caminhos previstos em lei para se iniciar o debate sobre a convocação de eleições gerais (seja por plebiscito ou PEC, por exemplo). O “recall” (referendo revogatório) é uma pauta antiga da esquerda, inclusive setores do PT, como é o caso de Eduardo Suplicy, chegaram a defender antes do partido assumir o governo. Se analisarmos acontecimentos atuais, veremos que até partes do governo e do PT estão cogitando essa possibilidade para sair da atual crise institucional. Setores da mídia, ligadas ou não ao governo, também estão abordando esse tema com maior frequência. E nesse aspecto temos que desmistificar a ilusão de que esses setores defendem a mesma proposta apresentada por uma parcela da esquerda. Para parte da mídia e setores políticos (setores estes que giram em torno de Marina Silva), as novas eleições seriam apenas para presidência, como se o atual Congresso tivesse alguma capacidade de se manter, depois de revelados as ligações de grande parte de seus integrantes em esquemas corruptos. Se esquecem que é esse mesmo Congresso que está realizando uma manobra ilegal para destituir a presidente. Esses mesmos setores, além de defenderem apenas eleições presidenciais, ainda defendem a realização das eleições nos mesmos moldes do atual processo eleitoral, que de democrático não tem nada, pois distribui recursos e espaços de aparição de formas extremamente desiguais entre os candidatos. Esse processo eleitoral passa longe de democrático. Existem os setores que defendem eleições tanto presidenciais quanto para o Congresso, mas que visam continuar com as diferenças de recursos e aparições entre os candidatos, estabelecidas pela atual legislação eleitoral. E existe uma parcela da esquerda, na qual me incluo, e que felizmente vem crescendo cada vez mais, que defendem eleições gerais para presidente e Congresso, sem financiamento privado de campanha por CNPJ (já garantido pelo STF), e que garantam para os candidatos iguais direitos de participação no pleito. O que existe definitivamente é uma disputa entre esses modelos de eleições gerais, e logicamente setores da direita entraram nessa disputa, pois visam, em qualquer cenário político possível, a manutenção dos seus privilégios.

Uma questão abordada por setores de esquerda sobre eleições gerais, diz respeito ao resultado das eleições gerais nesse contexto. Afirmam que nessa conjuntura, a vitória da direita mais conservadora (leia-se PSDB) é dada como certa. Acredito que a esquerda deve perder o medo da participação popular. Ou só vamos lutar por eleições, ou referendos, ou plebiscitos quando a conjuntura nos for favorável (é a lógica do só vou jogar, quando tiver certeza que vou ganhar?). Democracia não éisto. Que disputemos a população. Que disputemos uma população, que atualmente acredita que eleições gerais é a melhor saída. Lembro que em nenhum cenário apresentado nas pesquisas atuais, mostram os candidatos da chamada direita tradicional (os do PSDB e Temer, o vice) como francos favoritos. Todas as pesquisas mostram praticamente um empate técnico entre PT, REDE e PSDB. Bolsonaro não aparece nem com 10% das intenções de voto. Por esses dados, não considero que essa direita tradicional seja ampla favorita para ganhar uma futura eleição. Temos que aproveitar o momento de eleições gerais para dialogar com a população a necessidade de construção de uma terceira via diante deste quadro exposto. Mostrar que é possivel sair do binarismo PT-PSDB. Inclusive, algo que depõe contra esse medo da direita, é o fato de constantemente termos observado setores dessa direita (PSDB e seus satélites) indicarem que são altamente contrários a realização de eleições gerais agora. Ou seja, esse setor demonstra aquilo que é notório nessa direita tradicional: o medo de uma maior participação popular em espaços institucionais. O medo do povo se empoderar da democracia.

Lutar por democracia não é apenas lutar por legalidade. Como disse, FHC tinha o mesmo discurso atual do PT, durante os fora FHC. Lutar por democracia é também exigir participação popular nos espaços institucionais, não apenas nas eleições, masnos momentos de crises institucionais também. Então, se temos de um lado um impeachment ilegal, capitaneado por um Eduardo Cunha e um Congresso desnudado, e do outro lado um governo insustentável (que continuará tendo Temer como vice, por exemplo), caso o impeachment seja barrado; que o povo seja chamado para decidir sobre essa crise institucional. Quando um governo e Congresso não representam mais os anseios da população ou estão envolvidos em crises institucionais profundas, o povo deve ser chamado para decidir os rumos da crise. Como li em algum lugar que não me lembro agora, “crises democráticas se resolvem com mais democracia” e não com acordos palacianos ou manobras da elite. Chegou o momento de apontarmos para a construção e ampliação, sem receios, de espaços onde o povo possa falar por ele mesmo. Que o povo se empodere da democracia e escolha qual o caminho deve seguir.

(*) Doutor en Sociologia. Centro de Estudos Sociais da Universidade de Coimbra www.seauniversidadefossenossa.com.br 

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PORTUGUÊS

Defender o indefensável, sustentar o insustentável: As eleições gerais como resposta à crise institucional

A democracia é um conceito amplamente debatido no transcorrer da História. Porém, dificilmente colocado em prática da forma como imaginamos. Desde a Grécia antiga, passando pela história das sociedades medievais, modernas e contemporâneas, dificilmente encontraremos regimes e governos que realmente foram democráticos. É dificílimo encontrarmos a democracia sendo, de fato, empoderada pelo povo, com exceção de alguns processos revolucionários. Entendemos a democracia como sendo uma prática para além da participação nos processos eleitorais. É algo que passa por uma prática cotidiana, onde o povo se sinta parte integrante de algo, e não apenas como uma “obrigação”, que tem que ser feita de dois em dois anos. É o povo sentir que ele tem o poder de determinar seu rumo, principalmente em horas em que ele perceber que o barco saiu do rumo que ele escolheu.

Se trouxermos esse debate para o Brasil, percebemos que o sistema democrático brasileiro, quando foi aplicado em alguns momentos da nossa curtíssima história, serviu para, entre outras coisas, manter no controle uma casta social, que controla política e economicamente o cenário nacional desde, pelo menos, o início do Brasil República. E essa casta tem classe social, etnia e gênero. Pertencem à classe exploradora, à etnia branca e ao gênero masculino, que durante décadas servem também como impulsionadores de opressões sobre os mais variados setores da nossa sociedade. E no primeiro momento da nossa história (2003), que tivemos a oportunidade de quebrar esse cenário, o governo do Partido dos Trabalhadores, eleito pelos trabalhadores, preferiu se juntar a esta elite, em nome de uma vazia e frágil governabilidade. Mais tarde, observamos que tal opção não foi apenas uma “necessidade de momento”, como alguns quiseram passar essa imagem. Tal opção foi uma escolha do PT. Escolheu com quem e para quem ele iria governar. E agora parte dessa elite, tão agraciada por este governo, lhe vira as costas e tenta, através de uma manobra, derrubá-lo. Falo que a elite foi agraciada pelo fato de que a Globo, por exemplo, recebeu, ao longo dos governos petistas, aproximadamente R$ 6 bilhões de reais. Nunca os bancos lucraram tanto, como nos governos petistas, assim como a FIESP, através dos inúmeros incentivos fiscais dados pelos governos do PT. Essa instabilidade institucional não é apenas culpa dessa elite desesperada por poder, é culpa também do PT e seus aliados, que governaram para manter essa elite de barriga cheia. Porém essa elite não precisa mais do “garçom” dos últimos 13 anos. Ela perdeu a vergonha e quer se servir direto na mesa.

E essa crise institucional, gera também crise no nosso frágil sistema democrático. E isso traz à tona um conceito que é tratado, principalmente nas salas dos cursos de direito, como uma espécie de entidade quase que onipotente, onipresente e onisciente, o tão falado “Estado democrático de direito”. A ideia de um “Estado democrático de direito”, é uma construção discursiva, que para grande maioria da nossa população, não passa de uma frase escrita em algum lugar, ou pronunciada de forma longínqua, para os ouvidos do nosso povo. Esse “Estado democrático de direito”, na maioria das vezes, serve de forma pura e simples, para a manutenção e ampliação do status quo de exploração e injustiças tão comuns para a nossa sociedade. Não é por esse modelo de “Estado democrático de direito”, que uma parcela considerável da esquerda deve se mobilizar. Esse modelo, como colocou Vladimir Safatle outro dia, está mais para um velado “Estado oligárquico de direito”. É pela transformação deste estado, que favorece uma minoria, que a esquerda deve buscar unir forças.

Ultimamente democracia tem sido uma das palavras mais utilizadas, seja pela direita, pelo governo, ou pela esquerda. Porém existe uma diferença grande entre pronunciar, praticar e se empoderar da democracia. Nos tempos atuais, várias movimentações internacionais e nacionais, cada vez mais colocam a democracia no centro do debate nos mais variados espectros sociais. Desde levantesárabes, passando pelos europeus, e chegando nas manifestações brasileiras de 2013, observamos tal fato. Essa democracia gritada e exigida nas mais variadas línguas e dialetos, vai muito mais além do discurso e da participação no tão conhecido sistema eleitoral. É um grito por empoderamento, é uma exigência de maior participação popular, nos mais variados espaços democráticos. Surgem da necessidade de praticar a democracia cotidianamente, para além dos períodos eleitorais. Trazendo para o cenário brasileiro, a luta por democracia deve passar pela maior participação popular nas instâncias e poderes do estado, seja participando diretamente e constantemente, ou fiscalizando perenemente.

Dito isso, a situação atual não pode ser apenas abordada pela legalidade, é uma questão sobretudo política. O próprio instrumento do impeachment é algo extremamente político. Não sou contra esse impeachment apenas por uma questão legal, existem também questões políticas e manobras de setores das elites brasileiras, que me levam a ser contra esse processo. Essa diferença deveria estar muito clara para a esquerda. Lembro que no governo de FHC, foram vários os pedidos de impeachment, apresentados e defendidos pelo PT. A grande maioria desses pedidos traziam questões mais políticas do que legais, e sempre foram encampados pela esquerda. E a alegação de FHC contra os processos, são as mesmas que o PT utiliza agora. FHC dizia que era necessário respeitar o processo eleitoral que o elegeu e o Estado democrático de direito. Lembro que FHC utilizou esse discurso para deslegitimar uma proposta de setores do PT em 1999. Proposta essa que aprofundava o debate sobre novas eleições, e que foi sufocada pelos setores petistas ligados ao Lula e Dirceu.

Analisando o contexto atual, tenho a compreensão de que esse governo perdeu completamente a condição de governar. Este governo cometeu um dos maiores estelionatos eleitorais que jápresenciamos. Este governo não foi eleito para aplicar as políticas que estáaplicando. O governo pegou o programa do PSDB e o está aplicando de forma exemplar. Cortou verbas da educação, tira direitos trabalhistas, pretende aplicar uma nova reforma da previdência, congelar salários, demitir funcionários públicos, e aprovou uma lei antiterror, que só vai criminalizar os movimentos sociais ainda mais. Dilma, o PT e o PMDB não foram eleitos para aplicar essa agenda política, mas estáaplicando de cabo a rabo. E nos últimos dias ainda paira no ar a delação que aponta que a chapa encabeçada pelo PT/PMDB recebeu dinheiro de propina de empreiteiras. Ou seja, é um governo indefensável e insustentável.

Temos que lembrar que o governo não é apenas Dilma, ele é composto por vários partidos que estavam na coligação, inclusive o vice (Temer), que foi tão eleito quanto Dilma. E este governo (a coligação eleita) está envolvido até o pescoço em esquemas de corrupção. E neste momento, o governo busca construir uma nova base, apenas e unicamente para barrar o impeachment. Lula estáreunido agora com partidos (PP e PR), para trocar cargos em ministérios por votos contra o impeachment. Cargos esses que serão dados para partidos envolvidos em esquemas corruptos. As eleições de 2014 já favoreceram a direita. Para mim, Temer (que é vice), Renan, Maluf (que até ontem estava na base governista) e Katia Abreu pertencem à direita tradicional, que juntamente com os restantes dos partidos da coligação do PT já saíram vencedores do último pleito. O PT não busca combater a corrupção sistêmica, que vem desde governos anteriores, e que adentrou nos governos petistas, com a anuência deste. O PT busca apenas sobreviver para continuar no poder, continuando com as mesmas negociatas que o levou para a atual situação, e que levou o país para essa crise institucional.

Exposto a esse contexto, uma coisa parece certa para mim: independente do resultado do impeachment o governo continuará numa situação insustentável, sem esquecer a indefensável. Continuando Dilma, ou assumindo Temer, a situação de crise institucional se aprofundará. De um lado temos um processo de impeachment ilegal, capitaneado por um réu no STF, que será votado por um Congresso que tem centenas de parlamentares nas listas de propinas das empreiteiras. Ou seja, o juiz político, que irá julgar este governo, é tão indefensável e insustentável quanto o governo que está sendo julgado. Do outro lado temos um governo corrupto, formado por uma coligação acusada de receber recursos de empreiteiras vindos de propinas. Além de todos os outros fatores abordados acima. Diante desse cenário o que fazer? As ruas se mostram mobilizadas para qualquer resultado que sair da votação do impeachment. Seja por um novo presidente (Temer) colocado por uma manobra ilegal do Congresso; seja pela continuação da atual mandatária, comandando um governo nos mesmos moldes que nos levou para a atual crise institucional. As ruas vão continuar mobilizadas. E aí repito a pergunta: O que vamos fazer? A esquerda não pode se pautar apenas na votação do impeachment. É isso que governo e a oposição de direita estão querendo, para que juntos possam aplicar mais rapidamente a agenda neoliberal. Não esqueçamos que o início da privatização do pré-sal, a lei antiterror e o PLP 257/2016 são pautas votadas, ou que serão votadas, em harmonia entre governo e oposição de direita. A esquerda deve buscar saídas para além do impeachment, pois estamos nos aproximando de um cenário caótico no pós-impeachment.

Diante desse quadro, o tema sobre eleições gerais vem ganhado cada vez mais espaço e força nos mais variados setores da sociedade. Existem caminhos previstos em lei para se iniciar o debate sobrea convocação de eleições gerais (seja por plebiscito ou PEC, por exemplo). O “recall” (referendo revogatório) é uma pauta antiga da esquerda, inclusive setores do PT, como é o caso de Eduardo Suplicy, chegaram a defender antes do partido assumir o governo. Se analisarmos acontecimentos atuais, veremos que até partes do governo e do PT estão cogitando essa possibilidade para sair da atual crise institucional. Setores da mídia, ligadas ou não ao governo, também estão abordando esse tema com maior frequência. E nesse aspecto temos que desmistificar a ilusão de que esses setores defendem a mesma proposta apresentada por uma parcela da esquerda. Para parte da mídia e setores políticos (setores estes que giram em torno de Marina Silva), as novas eleições seriam apenas para presidência, como se o atual Congresso tivesse alguma capacidade de se manter, depois de revelados as ligações de grande parte de seus integrantes em esquemas corruptos. Se esquecem que é esse mesmo Congresso que está realizando uma manobra ilegal para destituir a presidente. Esses mesmos setores, além de defenderem apenas eleições presidenciais, ainda defendem a realização das eleições nos mesmos moldes do atual processo eleitoral, que de democrático não tem nada, pois distribui recursos e espaços de aparição de formas extremamente desiguais entre os candidatos. Esse processo eleitoral passa longe de democrático. Existem os setores que defendem eleições tanto presidenciais quanto para o Congresso, mas que visam continuar com as diferenças de recursos e aparições entre os candidatos, estabelecidas pela atual legislação eleitoral. E existe uma parcela da esquerda, na qual me incluo, e que felizmente vem crescendo cada vez mais, que defendem eleições gerais para presidente e Congresso, sem financiamento privado de campanha por CNPJ (já garantido pelo STF), e que garantam para os candidatos iguais direitos de participação no pleito. O que existe definitivamente é uma disputa entre esses modelos de eleições gerais, e logicamente setores da direita entraram nessa disputa, pois visam, em qualquer cenário político possível, a manutenção dos seus privilégios.

Uma questão abordada por setores de esquerda sobre eleições gerais, diz respeito ao resultado das eleições gerais nesse contexto. Afirmam que nessa conjuntura, a vitória da direita mais conservadora (leia-se PSDB) é dada como certa. Acredito que a esquerda deve perder o medo da participação popular. Ou só vamos lutar por eleições, ou referendos, ou plebiscitos quando a conjuntura nos for favorável (é a lógica do só vou jogar, quando tiver certeza que vou ganhar?). Democracia não é isto. Que disputemos a população. Que disputemos uma população, que atualmente acredita que eleições gerais é a melhor saída. Lembro que em nenhum cenário apresentado nas pesquisas atuais, mostram os candidatos da chamada direita tradicional (os do PSDB e Temer, o vice) como francos favoritos. Todas as pesquisas mostram praticamente um empate técnico entre PT, REDE e PSDB. Bolsonaro não aparece nem com 10% das intenções de voto. Por esses dados, não considero que essa direita tradicional seja ampla favorita para ganhar uma futura eleição. Temos que aproveitar o momento de eleições gerais para dialogar com a população a necessidade de construção de uma terceira via diante deste quadro exposto. Mostrar que é possivel sair do binarismo PT-PSDB. Inclusive, algo que depõe contra esse medo da direita, é o fato de constantemente termos observado setores dessa direita (PSDB e seus satélites) indicarem que são altamente contrários a realização de eleições gerais agora. Ou seja, esse setor demonstra aquilo que é notório nessa direita tradicional: o medo de uma maior participação popular em espaços institucionais. O medo do povo se empoderar da democracia.

Lutar por democracia não é apenas lutar por legalidade. Como disse, FHC tinha o mesmo discurso atual do PT, durante os fora FHC. Lutar por democracia é também exigir participação popular nos espaços institucionais, não apenas nas eleições, mas nos momentos de crises institucionais também. Então, se temos de um lado um impeachment ilegal, capitaneado por um Eduardo Cunha e um Congresso desnudado, e do outro lado um governo insustentável (que continuará tendo Temer como vice, por exemplo), caso o impeachment seja barrado; que o povo seja chamado para decidir sobre essa crise institucional. Quando um governo e Congresso não representam mais os anseios da população ou estão envolvidos em crises institucionais profundas, o povo deve ser chamado para decidir os rumos da crise. Como li em algum lugar que não me lembro agora, “crises democráticas se resolvem com mais democracia” e não com acordos palacianos ou manobras da elite. Chegou o momento de apontarmos para a construção e ampliação, sem receios, de espaços onde o povo possa falar por ele mesmo. Que o povo se empodere da democracia e escolha qual o caminho deve seguir.

*Rodrigo Nery é Doutor em Sociologia pelo Centro de Estudos Sociais da Universidade de Coimbra

Fonte: Se a Universidade Fosse Nossa