Obama en Cuba: Génesis y alcances de un viraje

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Sergio García – Periodista político. Dirigente del MST de Argentina

La visita de Obama a Cuba abrió interrogantes, preocupación sobre los cambios en la isla y sobre el futuro. Entramos a ese debate.

Ver al presidente de los EEUU pasearse por Cuba con su familia y una enorme comitiva empresarial sedienta de nuevos negocios, contrasta con la historia de la revolución. ¿Qué cambió para llegar a este presente de conciliación, de apertura al libre mercado y al capitalismo imperialista representado por EEUU, la Unión Europea y China?

El estado económico y social de Cuba está muy deteriorado, los logros históricos de la revolución, sobre todo en salud y educación se mantienen, en medio de una crisis social que incluye faltante de productos e imposibilidad de mejoras edilicias, de compra de productos domésticos, de renovación de flota de autos y de un transporte público moderno, más un grado mayor de descontento, sobre todo en franjas de la juventud que se replantea el futuro. La política de acuerdos comerciales con las grandes potencias busca el ingreso de divisas para paliar esta situación que se va convirtiendo en insostenible, aunque todavía una mayoría defiende los logros de la revolución.

En el intento de buscar salidas a una situación agobiante, se llegó a un camino extremadamente peligroso, que pone en riesgo el futuro de Cuba; porque objetivamente se le va abriendo las puertas a un cambio en la estructura política, económica y social de la isla socialista. El carácter de la visita de Obama es un nuevo empujón al proceso de restauración capitalista. Grandes corporaciones ya construyen complejos hoteleros y negocios inmobiliarios, varios en la llamada “Zona Económica Especial” del puerto de Mariel. Así conviven al estilo de la China de años atrás, el modelo socialista con experiencias capitalistas en avance.

Hay quienes plantean que la Cuba actual, aislada, rodeada, en crisis económica, no tenía otro camino a seguir, que son acuerdos necesarios en la difícil coyuntura, que trae a su favor el reconocimiento de su independencia y más adelante el fin del bloqueo que persiste. Esto tiene una  parte de realidad, aunque creemos que se pudo haber tenido otra estrategia. Para aportar a este debate entre la militancia de izquierda y popular que defiende y quiere a la revolución cubana, a grandes rasgos voy a referirme a varias etapas que marcaron la vida de la revolución cubana y a su relación entre ellas, creo que son útiles para entender mejor porqué hoy Cuba se metió en esta encrucijada.

Internacionalismo sí, después no y de nuevo no

La primera etapa, la más vigorosa y revolucionaria, sucedió tras la victoria de la revolución y hasta el asesinato del Che en Bolivia en 1967, y estuvo marcada por el intento de extensión de la revolución a través de la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad), de la coordinación con otros países independientes, de viajes y apoyo a organizaciones latinoamericanas. El fracaso del Che en Bolivia fue a su vez el inicio de un giro en la política internacional de Fidel Castro, que fue abandonando ese impulso, yendo hacia otra estrategia. Se avanzó a otra etapa, signada por el giro hacia la política de construcción puertas adentro de Cuba apoyado en los acuerdos comerciales y políticos con la burocracia de la URSS, abandonando el proyecto de extensión de la revolución en Latinoamérica. La revolución nicaragüense fue el más claro ejemplo de esta política, ya que pese a la oportunidad de haber derrotado a la dictadura y llegar al poder, el gobierno cubano aconsejó a los sandinistas una reconstrucción capitalista de ese país, en lugar de ayudar a generar un nuevo Estado socialista, que fuera punta de lanza hacia nuevos avances.

El ocaso de la burocracia stalinista de la URSS a inicios de los 90, desnudo a su vez la crisis en Cuba, que ya en los 80 había manifestado una fuerte crisis económica e iniciados los 90 dejaba de recibir ayuda, teniendo que enfrentar sola la crisis económica más grande. Vinieron años de penurias y restricciones, que confirmaron el grave error político de abandonar el intento de extender la revolución por el continente.

Con los cambios producidos en Latinoamérica después del 2000, vino otro nuevo momento político, el auge del chavismo y la crisis de los viejos regímenes que dieron nacimiento al bolivarianismo. Nacía una nueva y gran oportunidad para Cuba y Sudamérica; la de retomar un curso internacionalista con medidas concretas. En un principio se insinuó este camino, se probaron algunas medidas como el intercambio de médicos por petróleo de Cuba y Venezuela. Pero de nuevo, lamentablemente, se detuvo.

En grandes eventos de la militancia de izquierda y latinoamericanista se debatía el socialismo del siglo XXI y el proyecto ALBA que podía jugar un rol positivo en la región y sobre Cuba. ¿Qué quedó de esa idea? Sus principales iniciativas quedaron en los papeles; el Banco del Sur, la moneda única, el privilegiar los intercambios comerciales y tecnológicos entre los países que adhirieran al ALBA, todo se fue apagando. No por falta de fuerza social, sino por decisiones políticas equivocadas, surgidas de Cuba y también de Venezuela. Sumando a esto el rol de Brasil y el PT, que actuó contra un camino en sentido ALBA y privilegió el Mercosur armado para su propia gran burguesía,  para la argentina y para los acuerdos con otras potencias.

Cuba, Venezuela y Latinoamérica hoy

Vivimos una coyuntura donde la derecha política y el imperialismo, han logrado algunas victorias y quieren ir logrando otras más. No puede negarse que el abandono del proyecto ALBA y la falta de medidas anticapitalistas en Venezuela, Ecuador y Bolivia, fueron generando condiciones sociales para que franjas grandes de descontentos sean base de apoyo de cambios alentados desde la derecha. En unidad tenemos que enfrentar ese intento imperialista y de grandes corporaciones por avanzar en su dominación.

De nuestra parte, tenemos un espíritu unitario frente a las derechas y una gran confianza en la fuerza de los pueblos, y a la vez no justificamos la falta de política anticapitalista porque había condiciones y relación de fuerzas para tenerla. Por eso no tapamos, como hace una parte de la intelectualidad progresista, la responsabilidad de los gobiernos bolivarianos y del cubano, de no impulsar ese camino en cada país en una relación coordinada entre ellos. Hoy Cuba, Venezuela, Argentina y pueblos de otros países, soportamos las consecuencias de ese camino equivocado. Cuando no se tocan los intereses profundos de la estructura económica del gran capital, este se recompone y vuelve al ataque. Eso estamos viviendo hoy, bajo la sonrisa falsa de Obama en Cuba y Argentina.

Hoy Cuba transitó la llegada de Obama casi como si fuera un salvador frente a la crisis. Es el resultado de errores que vienen de años atrás. Y la comprobación, una vez más, que las revoluciones no se defienden dentro de las fronteras nacionales, sino impulsando el proceso hacia fuera, como única forma de evitar extorsiones y la presión del imperialismo. Al no hacerlo, hoy Cuba se enfrenta a su más grave peligro, que es la pérdida de sus bases socialistas. Fidel escribió cuando se fue Obama: “no necesitamos que el imperialismo nos regale nada” oficiando de voz un tanto crítica, tratando de contener cierto descontento. Pero EEUU no regala, vende, compra y hace negocios, a eso viajó. El pueblo cubano, valeroso, heroico, tal vez juegue su papel el tiempo que viene si EEUU pretende ir por todo. La realidad lo dirá. Se fue abriendo una peligrosa puerta difícil de cerrar, cuando había mejores puertas para abrir. Esa es la realidad que debe debatirse y de la cual sacar conclusiones.

 

 

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