Otra vez la pobreza y la indigencia

Eduardo Lucita – integrante del colectivo EDI –Economistas de Izquierda-

Pobreza e indigencia, luego de haber sido desplazadas por el arreglo con los fondos buitre, por la corrupción y por la inflación, han vuelto a ocupar las primeras planas. En estos días un informe del Observatorio de la UCA las ha repuesto en su lugar.

Una de las tantas definiciones de pobreza que circulan habitualmente nos dice: “La pobreza es una forma de vida que aparece cuando las personas carecen de los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas. Esta condición se caracteriza por deficiencias en la alimentación, por la falta de acceso a la asistencia sanitaria y a la educación, y por no poseer una vivienda que reúna los requisitos básicos para desarrollarse correctamente”.

Si esta definición es correcta significa que la promesa electoral del presidente Mauricio Macri de “pobreza cero”  quedará vaya a saber para cuando, mientras que una vez más cobra fuerza la sentencia bíblica, vulgarizada por el ex presidente Carlos Menem: “Siempre habrá pobres”.

Argumentos

Todos los estudios e investigaciones coinciden que hay crecimiento importante de la pobreza y caída de los salarios reales de los trabajadores registrados. Organizaciones sociales y distintos municipios del conurbano bonaerense confirman esta sentencia cuando dan cuenta que la demanda social ha crecido en el último mes, que crecen los pedidos de asistencia por los comedores, por trabajo, por ropa y medicamentos”. Esta situación se estaría replicando también en el Gran Rosario. El ministro Prat-Gay argumentó en su momento que las medidas adoptadas por el gobierno nacional –bono de fin de año a jubilados y pensionados y a los beneficiarios de la asignación por hijo;  aporte para la paritaria docente; aumento del mínimo no imponible y la tarifa social- “Representan una mejora para los más vulnerables que supera largamente cualquier aumento transitorio de los precios”

Una aseveración que era difícil de constatar porque el aumento del mínimo no imponible beneficia solo a los trabajadores mejor pagos del país y los docentes no necesariamente integran el sector más vulnerable de la sociedad y como dice el intendente de San Martín “…salvo la AUH todos los otros planes sociales están congelados”.

Las decisiones de este fin de semana del gobierno nacional terminaron por desmentir las afirmaciones del ministro.

Bajo presión

Obligado por la presión creciente de mayores demandas sociales, por la constatación de que crece el malhumor social y por las críticas tanto de la oposición parlamentaria como de los jerarcas sindicales, el gobierno nacional anunció el pasado sábado un conjunto de beneficios.

Básicamente se trata de una extensión de la AUH, de aumentos en diversos planes –Argentina Trabaja, Ellas Hacen y otros) e incrementos al tope del monotributo social,  devolución del 15 por ciento del IVA a beneficiarios de la AUH y jubilados que cobran la mínima, a estos además se les asigna un monto de 500 pesos por única vez. Todo tendría un costo fiscal del orden de los 30.000 millones de pesos. Compárese con la transferencia de ingresos resultantes de la devaluación y la quita de retenciones a favor de los más poderosos.

El objetivo no es otro que tratar de compensar el impacto inflacionario de la devaluación y los incrementos de precios y tarifas. Los beneficios son bienvenidos pero no parece puedan cumplir el objetivo. Son tardíos –hay un bache de varios meses que no es cubierto- e insuficientes. La rebaja del IVA todavía debe ser tratada por las distintas instancias del Congreso y no todos los comercios pueden recibir pagos con tarjetas, además el piso mínimo de inflación previsto para el año es del 32 por ciento

La crudeza de los datos

Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA en los primeros cien días del gobierno Macri la pobreza creció en 5.5 puntos porcentuales respecto de fines del 2015 lo que significa que hay 1.4 millones de nuevos pobres, mientras que la indigencia subió 1.7 puntos, sumando 350 mil nuevos indigentes. Así al 31 de marzo pasado había en el país 13 millones de personas pobres y más de dos de indigentes.

Estos cálculos se obtienen, según las mediciones del propio Observatorio, de las Canastas Básica Alimentaria (CBA) y Básica Total (CBT) para una familia tipo. La CBA medía a fines de 2015 3365 pesos, 3702 en Marzo y 3.769 a principios de abril, mientras que la CBT para esas mismas fechas era de 7033, 7736 y 7877 pesos respectivamente.

Como el INDEC sigue sin brindar información oficial estos datos no se pueden cotejar, pero sí es interesante ver que quienes antes los denostaban hoy les dan cierta credibilidad, mientras que quiénes antes los tomaban como fidedignos hoy se quejan de que son cálculos “demasiado apresurados”.  Incluso ignoran los aportados por CIFRA-CTA que muestran que en el período diciembre 2015-enero 2016 la pobreza pasó del 19.4 a 22.1, valores menores a los anteriores pero igualmente dramáticos.

En el conurbano bonaerense, como también en el rosarino, se estima que la pobreza trepó al 40 por ciento y que en las familias con chicos estos datos son mayores aún, la pobreza llega al 43.8 y la indigencia al 8.0. Pero lo que realmente importa es la tendencia, sobre todo si se tiene en cuenta que en los años ’70 la pobreza era estimada en el 7 por ciento. Según el informe del Observatorio para el período 2010/2015 la serie es la siguiente:

 

Evolución de la pobreza e indigencia*

2010    2011    2012    2013    2014    2015    03/2016    12/2016**

 

Pobreza                      28.2     24.7    26.2    27.4     28.7     29.0       34.5        32.6

Indigencia                    6.4       6.1      5.4      s/d       6.4       5.3         7.0         6.2

 

*En porcentajes de la población. ** Estimado, tomando en cuenta las mejoras en las Asignaciones Familiares y en la AUH, en jubilaciones y pensiones y el posible impacto de las paritarias pero no computa las nuevas tarifas en los servicios públicos ni los despidos.

Un cálculo incompleto

Las metodologías de  cálculo que se utilizan para medir la pobreza se basan exclusivamente en los ingresos, no tienen en cuenta otros parámetros que hacen a las condiciones de vida (vivienda digna, acceso a los servicios sanitarios (agua potable y cloacas), de salud, educación y comunicación de cierta calidad. Si se incluyeran estos indicadores se entendería porqué la pobreza tiende a reproducirse más allá de los numerosos planes focalizados en curso desde hace años.

Pobreza estructural

Durante doce años hemos tenido un importante crecimiento de la economía y una mejora real de los indicadores sociales, sobre todo en los primeros tiempos de la administración kirchnerista, pero estos indicadores han comenzado a deteriorarse en los últimos tres años y más rápidamente en el trimestre enero/marzo (destrucción de empleos, caída del poder adquisitivo de los salarios, las jubilaciones y los ingresos populares). Por lo tanto recrudecimiento de la pobreza y aumento del número de personas consideradas en “situación de vulnerabilidad”. Esto muestra que hay algo más que la inequitativa distribución del ingreso y que la pobreza es un rasgo ya estructural que se reproduce a sí misma.

Al poner el acento en la inequidad de la distribución y recurrir a los programas focalizados como recomienda el Banco Mundial, se oculta que la pobreza y la indigencia son producto de una relación social en el marco del sistema capitalista vigente. Prisioneros de esta caracterización los Estados y  gobiernos no hacen otra cosa que recurrir a medidas asistenciales que aparecen como soluciones progresistas que solo son medidas de emergencia y en el fondo conservadoras porque no alcanzan para sacar -y en muchos casos las mantienen- de la exclusión de la producción y del consumo a millones de personas y son funcionales a las necesidades de la acumulación del capital en esta etapa histórica de la globalización

La conclusión entonces surge sola. Como lo hemos destacado otras veces, el problema no es la pobreza, tampoco la falta de equidad como quiere la iglesia, aferrándose a este concepto decimonónico. Por el contrario son las desigualdades sociales que devienen del régimen de dominación y producción existente donde la riqueza para acumularse necesita de la expansión de la pobreza. No se trata de atacar la pobreza sino lo contrario, atacar la riqueza para resolver efectivamente la pobreza. Nuestra prédica no es por la equidad, sino por la igualdad.

 

ANEXO

Caída del poder adquisitivo

Según Marina Dal Pogetto del Estudio Bein & Asociados “Con paritarias demoradas los ingresos fueron en promedio por detrás del aumento de los precios”… “La caída del salario real del sector privado registrado es hasta abril del 19 por ciento”. Está pasando lo mismo que en el 2014, que se abrió una brecha entre el momento de la devaluación y la recomposición de los salarios e ingresos, así los trabajadores perdieron entre el 5 y el 7 por ciento de su poder adquisitivo y los jubilados entre el 8 y el 10. La experiencia dice que esta brecha, que ahora  sería mayor, nunca alcanza a recuperarse.

 

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