¡Que los dirigentes sindicales llamen a la huelga general!

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¡Basta de espera y de jornadas de lucha cada tanto! Más de un millón el 31 de marzo; 500 mil este 28 de abril. Esas cifras hacen pensar. Conocemos las respuestas rápidas: «el movimiento decae»… Pero eso es la espuma de las cosas. En la vida real, la voluntad de lucha para imponer el retiro de la ley anti-laboral no decae.
Hay que decirlo: los trabajadores y los jóvenes, en su mayoría, están hartos de las falsas respuestas impuestas por las direcciones sindicales: jornada el 9 de marzo, después «esperar y ver» durante tres semanas hasta el 31 de marzo. Luego esperar hasta el 9 de abril, un sábado para «protestar» en la calle. Y de nuevo, esperar y ver hasta el 28 de abril. Durante ese lapso, el gobierno tiene tiempo de presentar su ley capitalista ante los diputados… Y ahora, ¿para cuándo la próxima? ¿Dentro de dos semanas?

Esos «estrategas» sindicales quisieran que la ley El Khomri pase sin verse afectados. Desde el inicio de la pelea por el retiro de la ley, Martinez (CGT) y Mailly (FO) ni siquiera convocaron un paro de 24 horas. Llamaron a los trabajadores a «inscribirse» en esas jornadas de acción cada tanto, cuya ineficacia fue subrayada por numerosos delegados en el congreso de la CGT.

Por parte de FO, constatamos que sus columnas en las marchas en París son escasas. Su «general» Mailly intenta hablar lo menos posible. Ahora bien: cuando apareció el proyecto de ley, ¿no había dicho que «esto merece un paro»? Los voceros de FO no se cansan de agitar «paro general hasta el retiro de la ley». ¡Pero si la CGT, FO y la Intersindical no lo llaman, buscan hacer recaer la responsabilidad sobre las bases!
Conocemos bien ese discurso: «que decida la base». Pero la huelga general es todos juntos, al mismo tiempo. Y para hacer eso es indispensable un llamado nacional. Un llamado bien claro y neto al paro general, todos juntos, al mismo tiempo, hasta el retiro total de la ley anti-laboral.

Las cosas son simples: de un lado, un gobierno en crisis y repudiado, del otro, una inmensa mayoría de trabajadores y jóvenes que rechazan esa ley. Entonces por eso es posible y necesario, realista y realizable, arrancar al más corto plazo el retiro total de esa ley que destruye el Código del Trabajo.

La conclusión se impone sola: ¡que Martinez, Mailly y la Intersindical llamen ya mismo a la huelga general en todo el país, público-privada, obrera y juvenil!