Maíra Tavares Mendes (*)

Traducción Maria Rosa Carbonell Ortiz

El Festival de Cannes, uno de los principales eventos del cine mundial que ocurre tradicionalmente en la Costa Azul, una región lujosa del litoral francés, acostumbra a ser marcado por la caricatura de la industria cultural, en que el fetiche de la alfombra roja y de los detalles de la vida privada de los artistas acaba quedando en un primer plano, en detrimento de la cobertura sobre las nuevas producciones cinematográficas en un polo independiente de Hollywood. Las novedades de los premios en el 2016 son un augurio de los tiempos de cambios que estamos viviendo.

Si los años del 1990 y del 2000 fueron marcados por la exacerbación del individualismo en el auge de la política neoliberal, es sensible que el arte de la última década haya reflejado con cada vez más fuerza los efectos de la crisis económica y de sus consecuencias. El clima de protesta de la edición del 2016 remonta a otro momento histórico semejante, el del Mayo del 1968, cuando a partir de la presión de los trabajadores y estudiantes franceses en huelga, directores del porte de Jean-Luc Godard, Carlos Saura, Geraldine Chaplin, François Truffaut, Claude Lelouche y Milos Forman presionaron porque fuese interrumpido.

La presión fue insustentable para el establishment de Cannes cuando cuatro miembros del jurado, Louis Malle, Roman Polanski, Mônica Vitti  y Terence Young, dimitieron para participar de las discusiones promovidas por el grupo de disidentes.

En el 2016, dos marcos políticos llamaron la atención en el Festival de Cannes. El primero de ellos fue antes de la exhibición de la película Aquarius, cuando el director Kleber Mendonça Filho, Sonia Braga y otros brasileños manifestaron su indignación contra el gobierno ilegítimo de Michel Temer por medio de carteles contundentes denunciando la falta de democracia en Brasil, el racismo, chauvinismo y el golpismo del gobierno interino. El segundo fue que la película del director británico Ken Loach “I, Daniel Blake”, se llevó la Palma de Oro, seguido de un importante discurso anti austeridad (traducido íntegramente al final de este texto).

Como en el 1968, el sentido del malestar social está puesto en el mundo del trabajo, en las relaciones familiares, en la profundidad de la barbarie social en las guerras y en la crisis migratorias, en el deterioro del nivel de vida, y ahora también en la industria cultural. El mayor nivel de politización retira el debate anticapitalista de la marginalidad en el que se tentó retenerlo en las décadas anteriores y lo coloca como una cuestión fundamental en este momento histórico. Para ir más allá de los memorables atributos técnicos de las producciones en la tela, es importante tener en mente este contexto para comprender la importancia de la premiación de Ken Loach.

Es preciso destacar que no es de ahora que los temas críticos al capitalismo hacen parte de la vasta obra de Ken Loach. El británico, que se reivindica trotskista, ha pautado sistemáticamente en sus películas las contradicciones del capitalismo, bien con las trampas de la burocracia y también las de la izquierda. Temas como la inmigración (Pan y Rosas, que retrata la vida de los  trabajadores de la limpieza mejicanos en los EUA), las guerras (Ruta Irlandesa que trata de la guerra de Iraque, Vientos de Libertad sobre la Guerra Civil Irlandesa, y Tierra y Libertad sobre la Guerra Civil Española), conflictos culturales (Apenas un BesoUna Canción para Carla) es su especialidad, los dramas cómicos que retratan el cotidiano de los trabajadores (La búsqueda de EricMundo LibreFelices DieciséisLos Ferroviarios) son captados con sensibilidad impar por el cineasta militante. También no se esconde en tomar posición en cuestiones políticas más generales, como en la defensa de Palestina (inclusive con un boicot a Israel), o bien como siendo uno de los principales entusiastas del Left Unity, partido anticapitalista británico que ayudó a fundar como una alternativa concreta a los Tories y a la socialdemocracia del laborismo inglés.

I, Daniel Blake es un documento de protesta a las políticas de austeridad en curso actualmente, en la medida en que retrata la irracionalidad burocrática del Estado, para quien las vidas realmente existentes valen menos que el cumplimiento de las reglas impersonales que generan los cada vez más escasos recursos de las políticas sociales. El protagonista es un enfermo cardíaco de 59 años que procura driblar la necesidad de parar de trabajar, en cuanto conoce a una madre soltera de dos hijos que no tienen donde vivir, ambos son retratados con su indignación junto con la impotencia frente a la supuesta impersonalidad de la máquina estatal.   Loach es categórico en la entrevista en que habla de la película, cuando afirma que quiere retratar la crueldad de la burocracia contra la clase trabajadora, así como en la necesidad de la construcción de alternativas como una urgencia civilizadora. El director declara que procura con su película, al retratar la crueldad, “dejar a las personas con rabia”, una rabia “racional, que las haga comprometerse con los cambios”.

Como muy bien dicho por el propio cineasta, una película no es un movimiento político, un partido o tan siquiera un artículo, es apenas una película, que puede amplificar las voces de la revuelta pública. En un contexto de crisis en las instituciones, incluso en el plano de las comunicaciones y de la cultura, es importante valorizar la producción de un arte conectado con las luchas anticapitalistas, políticamente consciente y que no se esconde en tomar posiciones en el debate político más amplio. Nuestras palmas para Ken Loach.

 Discurso de Ken Loach al recibir la Palma de Oro del Festival de Cannes

Gracias, gracias a todos. Gracias al equipo de la película, al guionista, a la productora, a Robbie Ryan, al cámara, y a todos los demás, gracias. Gracias al Festival, a Thierry, a la dirección, y también gracias a todos los que trabajan en el festival, pues es por causa de vosotros que esta experiencia es tan bella, gracias. Gracias a Cannes, porque el Festival de Cannes es muy importante para el futuro del cine. Manténganse fuertes, por favor.

Recibir la Palma es algo un poco curioso pues es preciso recordar que los personajes que la inspiraron la película son los pobres de la quinta potencia mundial, Inglaterra.

Es formidable hacer cine y como se ve esta noche, es muy importante. El cine hace que nuestra imaginación viva, hace con que soñemos, pero nos presenta el verdadero mundo en el que vivimos. Pero este mundo se encuentra en una situación peligrosa. Estamos embarcados en un proyecto de austeridad, dirigido por ideas que llamamos neoliberales y que nos pueden llevar a la catástrofe. Estas prácticas han llevado a la miseria a millones de personas, en Grecia en Portugal, con una pequeña minoría que se enriquece de forma vergonzosa. El cine es portador de numerosas tradiciones, una de ellas es presentar un cine de protesta un cine que coloca en primer plano al pueblo contra los poderosos. Espero que esta tradición se mantenga.

Estamos próximos a períodos de desespero, de los cuales la extrema derecha se puede aprovechar. Algunos de nosotros somos suficientemente mayores para recordar lo que ello fue capaz de producir. Por lo tanto debemos decir que algo diferente es posible. Otro mundo es posible y necesario.

 

*Maíra Tavares Mendes es profesora de la UESC, editora del blog “Si la Universidad Fuese Nuestra” y militante del MES-PSOL/BA