Miguel Salas

Fonte – sinpermiso.info

«La crisis consiste precisamente

en que muere lo viejo y no puede nacer lo nuevo;

y en ese interregno se producen

los fenómenos morbosos más variados».

Antonio Gramsci

 

Empieza la campaña electoral del 26 J en el momento en que se ha abierto una importante crisis en el gobierno catalán y de hecho en el proceso hacia la independencia de Catalunya. El gobierno de Junts pel Si (alianza entre Convergencia, ERC, gente proveniente del socialismo y numerosos independientes) no ha sido capaz de aprobar los Presupuestos que han sido tumbados por una enmienda a la totalidad presentada por la CUP.

Una manera de explicar el actual impasse sería éste: las potentes movilizaciones de millones de personas exigieron la independencia y una república catalana; las elecciones de septiembre del 2015 dieron una mayoría de escaños (72) a la suma de Junts pel Si y la CUP, pero no una mayoría de votos (el 47,8%); el anterior president de la Generalitat, Artur Mas, no logró la investidura por el rechazo de la CUP (y de muchos sectores de la población catalana opuestos a los recortes) y tuvo que dar un paso al lado; durante estos meses el Tribunal Constitucional ha rechazado todas las leyes aprobadas por el Parlament, también las que tenían que ver con medidas para luchar contra la exclusión social, como la pobreza energética; el gobierno catalán no ha sido capaz de tomar decisiones que avalaran la determinación de ir hacia la ruptura con el Estado español; la provisionalidad del nuevo president, Carles Puigdemont, se ha ido evidenciando semana tras semana hasta que ha fracasado en el intento de aprobar unos nuevos Presupuestos. Un golpe durísimo.

Los Presupuestos

Para unos esta situación mostraría el final del proceso a favor de la independencia y la república catalana, otros se hacen la ilusión de que las aguas volverán al cauce constitucional y finalmente hay quienes le echan la culpa a la CUP de todos los males pasados y por venir. Pero las cosas son más complejas. El movimiento popular catalán favorable a cambiar, modificar o romper su relación con la actual monarquía es un movimiento profundo, bien enraizado y con determinación para ejercer su derecho a decidir como pueblo. Durante años lo ha demostrado en la calle, en las masivas manifestaciones del 11 de septiembre, o en la red organizada que recorre todo el país, el 80% de los municipios de Catalunya forman parte de la Associació de Municipis per la Independència, así como 32 de los 41 consejos comarcales y las 4 diputaciones. Un movimiento de estas características no desaparece de la noche a la mañana, tiene largo recorrido.

La crisis actual está configurada por dos elementos cruciales: la errónea lectura del resultado de las elecciones del 27 de septiembre del 2015 y la falta de medidas concretas para avanzar en la ruptura democrática. Las elecciones fueron convocadas como si se tratara de un plebiscito y el resultado, siendo excelente, no superó el 50% de los votantes, aunque si una mayoría de diputados. En nuestra opinión, las elecciones mostraron que la mayoría social era insuficiente, que había que buscar más alianzas sociales. Sin embargo, se interpretó como suficiente para seguir el camino hacia la independencia. La resolución que aprobó el Parlament el 9 de noviembre con los votos de Junts pel Si y la CUP así lo atestigua.

Pero las propuestas de ruptura y de desconexión con el Estado español que constan en esa resolución han quedado en papel mojado. El Tribunal Constitucional se ha encargado de derogar todas ellas, cosa previsible, y el gobierno no ha sido capaz de poner ninguna de ellas en marcha. Y ahí llegamos al debate sobre los Presupuestos.

El conseller de Economía, Oriol Junqueres, de ERC, presentó los Presupuestos como “los más sociales” desde la crisis, y cierto es que se dedicaban unos 800 millones a un plan de choque a favor de los más desfavorecidos, pero también es cierto que se aceptaban todas las imposiciones de la Ley Montoro, las limitaciones de déficit y, como ha denunciado la CUP, las medidas quedaban muy lejos de los 5.300 millones de euros que se han recortado desde 2010.

Ha habido mucho teatro en estas negociaciones. ¿Cómo aceptaron perder la votación cuando sencillamente podrían haber prorrogado los existentes? Todo indica que desde Convergencia, seguro que con Artur Mas en la sombra, quieren dar un golpe de timón a la situación, les parece que no “controlan” el proceso, no comparten la presión e independencia del movimiento y comprueban su progresiva pérdida de peso electoral y político. ¿Quizás están pensando en cambiar de caballo y buscar otras alianzas y otras políticas? La moción de confianza que el president Puigdemont pide para el mes de septiembre es el tiempo que se han dado para intentar “reorientar” la situación. Entre medio habrá que estar preparado para un duro ataque contra la CUP y también contra EnComúPodem.

Tensaron la cuerda pensando que no les dejarían en la estacada, y es porque los dirigentes de Convergencia siguen sin aprender que las cosas ya no funcionan como antes, que como decía Einstein: “No podemos resolver los problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando se crearon”

La libertad es también lucha de clases

Todo movimiento de masas es un reflejo de la lucha entre las clases sociales. La lucha de clases no es sólo el enfrentamiento entra la clase trabajadora y los capitalistas, en la complejidad de la sociedad actual la lucha de clases tiene muchos estadios intermedios en la defensa de los intereses de cada una de las clases en disputa y es también una lucha de posiciones. Más aún si se trata de un movimiento de emancipación nacional como el que se desarrolla en Catalunya y que representa una determinada complejidad.

A/ Un choque entre la burguesía española, y parte de la alta burguesía catalana, representada por el PP y en parte por Ciudadanos, con otros sectores de la burguesía catalana, representada por Convergencia, aunque se pongan de acuerdo en las políticas de recortes o en las reformas laborales.

B/ Un choque del gobierno central de la Monarquía con el conjunto de la nación catalana, al impedir ejercer su derecho a decidir o prohibir mediante el Tribunal Constitucional la capacidad de legislar del Parlament catalán.

C/ Al mismo tiempo la clase trabajadora en Catalunya tiene que enfrentarse a las políticas del gobierno del PP y también a las de Convergencia.

D/ En el movimiento de defensa de los derechos nacionales de Catalunya (derecho a la autodeterminación) las clases trabajadoras deben defender la democracia, oponerse a las políticas represivas y antidemocráticas del gobierno central y defender el derecho a decidir, e incluso a separarse si así lo decide la mayoría del pueblo.

E/ La expresión más avanzada se ha concretado en los lemas “independencia” y “república catalana”. Un movimiento interclasista que moviliza ampliamente a clases medias, pequeña burguesía y sectores del pueblo trabajador.

Estos elementos nos pueden ser útiles para entender la situación actual en Catalunya. Cuando el movimiento soberanista tomó fuerza, la burguesía catalana tuvo que girar y dejar atrás sus pactos con el PP y el PSOE para intentar encabezar el movimiento. A pesar de lo mucho que se ha escrito sobre que Convergencia dirigía el movimiento soberanista, la realidad es que ha ido perdiendo peso. En las elecciones de 2010 sacó 62 diputados, en el 2012 bajó a 50 y en el 2015, en el marco de Junts pel Si, sólo unos 30 son suyos. En este recorrido ha perdido a Duran Lleida, su aliado histórico; la corrupción le ha pasado buena factura teniendo que abjurar de su fundador Pujol; en las elecciones generales de diciembre de 2015 quedó como la cuarta fuerza en Catalunya y para el 26 J las encuestas pronostican que puede ser la quinta fuerza en Catalunya. Y con este panorama, el mes próximo quiere refundarse en uno de sus peores momentos de su historia. El movimiento por la independencia, por la república catalana, ha debilitado a las fuerzas políticas de la burguesía. Y eso explica sus resistencias a continuar el proceso, las presiones para que rompa las alianzas… pero se encuentra en tal laberinto que cada paso que da, sea en un sentido o en otro, no hace más que debilitar su posición.

En esa lucha de clases, que a veces se expresa de una manera compleja, la izquierda puede y debe jugar un papel decisivo para decantar la posición hacia el ejercicio efectivo y práctico del derecho de autodeterminación.  En la lucha de clases hay que intervenir allá donde se produce y en las condiciones en que se produce, y en Catalunya, desde hace años, hay un conflicto social y también nacional, y ni se puede enfrentar uno contra el otro, ni se puede pasar de uno para dar prioridad al otro. Son dos caras de la misma moneda y solo interpretándolas bien se puede avanzar en ambas.

Una nueva hegemonía

Porque mientras todo esto sucedía iba apareciendo un nuevo sujeto político que ha logrado conectar con mayorías importantes de la población trabajadora, que enlaza con las protestas contra la crisis y los recortes, con el 15 M y con el movimiento obrero y sindical. En mayo del 2015 una confluencia liderada por Ada Colau ganaba el Ayuntamiento de Barcelona, como en otras ciudades de España, o como en Badalona, la tercera ciudad de Catalunya. En las elecciones generales de diciembre del 2015 una confluencia de la izquierda catalana (los Comunes de Ada Colau, ICV, Podemos, EUiA) se convertía en la principal fuerza electoral en Catalunya. Un terremoto. Las encuestas para el próximo 26 J anuncian que de nuevo la confluencia EnComúPodem puede alzarse con la victoria en Catalunya. Otro terremoto.

Se han ido reuniendo las condiciones para un cambio de hegemonía política en el proceso social y nacional catalán. Porque la virtud de EnComúPodem es que ha situado el derecho a decidir y la convocatoria de un referéndum decisorio y vinculante en el centro de sus propuestas políticas, evidentemente junto a las exigencias sociales. No es casualidad que en sus 10 propuestas electorales para estas elecciones la primera sea la exigencia de un referéndum.

La crisis de Convergencia y el ascenso de EnComúPodem exige poner encima de la mesa el debate sobre un cambio de hegemonía política en Catalunya. Una alianza, una colaboración, propuestas conjuntas entre EnComúPodem, ERC y la CUP puede abrir una perspectiva diferente, más masiva, más popular, que abrace a las clases más desfavorecidas para dar pasos prácticos en el ejercicio efectivo del derecho a decidir y en la toma de decisiones políticas y sociales que den respuesta a la emergencia social que existe en el país. Es el momento.

No negamos las dificultades, pero el arte de la política consiste en superarlas. Lo que decimos es que hay condiciones para un cambio de hegemonía política en Catalunya a favor de la izquierda social, soberanista e independentista y que eso exige dar una respuesta social y nacional a la actual parálisis.

Desde algunos sectores de EnComúPodem ya se están proponiendo iniciativas. Más de 400 personas han firmado un manifiesto de apoyo para estas elecciones en el que se lee: “… en este momento constituyente, el mejor escenario para Catalunya es alcanzar un Estado propio, una República Catalana libre, social, ecológica e independiente, con lazos de hermandad, solidaridad y cooperación con el resto de pueblos… (Apoyan a EnComúPodem) Convencidos que esta opción es la que representa mejor los valores de la izquierda soberanista, que mejor defiende el derecho a la autodeterminación y su materialización a través de un referéndum”  [http://www.independentistesambecp.cat/].

El “Sí se puede” que se ha escuchado y se escucha en las plazas y en los actos electorales hay que transformarlo en un cambio de hegemonía política, en propuestas prácticas para hacer avanzar el proceso de emancipación social y nacional, nacional y social. Construir una hegemonía social para liderar una solución radical democrática a la cuestión catalana, representado en la propuesta de una república catalana. Construir una mayoría social, sumando fuerzas. Esa hegemonía será más fraternal, más de la mano del movimiento de los de abajo y en sintonía con el resto de los pueblos de la Península.

Bertold Brecht escribió que “Las revoluciones se producen en los callejones sin salida.” Ha llegado el momento de encontrar la salida.