Federico Moreno (Juventud del MST  de Argentina)

El movimiento Black Lives Matter (las vidas negras importan) resurgió con miles de estadounidenses tomando las calles contra dos nuevos asesinatos racistas de la policía. 

Los asesinatos de Alton Sterling el 5 de julio en Louisiana y de Philando Castile el día siguiente en Minnesota, capturados por celulares y viralizados en las redes sociales, horrorizaron al mundo y provocaron grandes movilizaciones en muchas ciudades de EE.UU.
Durante una de ellas en Dallas, un hombre disparó contra la policía, matando a cinco oficiales e hiriendo a varios más, antes de ser muerto por la policía. Las autoridades y los medios utilizaron este hecho para desviar la atención de la epidemia de violencia policial y culpar a los que demandan justicia, exigiendo que el movimiento Black Lives Matter se haga responsable colectivamente por incitar la violencia contra la policía.
Por supuesto, esas mismas voces no exigen la misma responsabilidad a la policía por los asesinatos que sus efectivos perpetran todos los días. En esos casos -los que no logran ignorar ni justificar- se trata de alguna “manzana podrida”.
A pesar de esta virulenta reacción, y de represiones desproporcionalmente violentas de muchas protestas, el movimiento no se ha dejado doblegar y las movilizaciones continúan, con marchas masivas y cortes de autopistas que recorren el país de punta a punta.

El racismo es sistémico

Los videos de las muertes de Sterling y Castile son devastadores. A sterling se lo ve reducido en el piso con dos policías sentados encima de su cuerpo cuando uno de ellos le dispara varias veces. A Castile se lo ve sangrando en el asiento de su auto con su novia e hija de 4 años mirando atónitas.
Sus muertes generaron un revulsivo colectivo que provocó la actual ola de manifestaciones porque fueron capturadas en video. Pero en lo que va del 2016, la policía ya ha matado a 512 personas en EE.UU. En promedio la policía asesina una persona cada ocho horas.
La opresión, persecusión y criminalización racista en EE.UU. es sistémica. Los negros representan el 50% de los presos por delitos relacionados a las drogas, aunque sólo son el 13% de la población y el consumo de drogas es mayor entre los blancos. Uno de cada cuatro hombres negros de 20 a 29 años está preso o en libertad condicional. La pobreza en la población negra es de 24,2% mientras que la del total de la población es 11,8%.

Black Lives Matter

La violencia sistémica contra los negros provocó un estallido en agosto de 2014 tras el asesinato por policías blancos del adolescente negro Mike Brown en el pueblo de Ferguson, Missouri. La pueblada de Ferguson fue seguida ocho meses después por un nuevo estallido en la ciudad de Baltimore, en respuesta al asesinato de otro joven negro, Freddie Gray.
El movimiento de protestas masivas que recorrió el país al grito de “las vidas negras importan” marcó un antes y un después. Miles de nuevos activistas salieron a la calle, cortaron autopistas, ocuparon centros comerciales, comisarías y municipalidades, se foguearon en la lucha y se organizaron. También lograron los primeros modestos triunfos, con los procesamientos de los seis policías involucrados en la muerte de Gray en mayo de 2015.
Un mérito importante de Black Lives Matter es que se mantuvo organizado, con grupos de activistas en cientos de ciudades del país. Por esto, el movimiento llega a esta nueva oleada de movilizaciones mejor preparado, con activistas más experimentados. Y a este movimiento se suman nuevas camadas de activistas como Lotoya Francis, de 16 años, que le dijo a la revista Time: “Este es el nuevo movimiento por los derechos civiles y yo quiero ser parte… Estamos mucho más enojados esta vez.”