Fabio Marucci (MST  de Argentina)

El viernes 15 por la noche y en las primeras horas del sábado un sector del ejército encabezado por 5 generales y 24 tenientes coroneles pusieron en vilo por algunas horas a Turquía, al segundo ejército de la OTAN y a Europa. Los líderes mundiales observaban sin pronunciarse como quien ve una pelea de box en un cuadrilátero. Cómo dice Robert Fisk en The Independent del sábado “Cuando ya no puedes confiar en tu ejercito tienes serios problemas que abordar”.

El saldo de más de 300 muertos y miles de heridos indican que el frustrado golpe ha abierto una herida difícil de cicatrizar en las Fuerzas Armadas turcas. Al mismo tiempo se dispuso la destitución de 2000 jueces y hay miles de prisioneros entre los miembros del ejército. Hubo horas de incertidumbre. Si se confirma la negativa de Alemania a que aterrizase el avión que llevaba a un Erdogan que huía y no sabía cómo iban a terminar los acontecimientos o las declaraciones tangenciales y de ocasión de Kerry que “esperaba continuase la paz y la estabilidad” o de Putin “contra un baño de sangre” sin que ninguno condenara el golpe de estado, es evidente que esperaban casi que este triunfara. Solo después de tres horas, cuando parecía sofocado el intento, surgieron las voces de condena y solidaridad. Aun así, desde entonces Erdogan es un sultán aislado. Nadie ordena tal movimiento de tanques, blindados, aviones etc. sin que la cúpula de la OTAN lo supiese.

Esta debilidad y soledad del frente externo de Erdogan es la que no le permite acusar como debiera a los directores de orquesta del golpe, a EEUU, Europa y la OTAN y solo apuntar contra un viejo aliado en el exilio, el imán Fethullah Gülen. “Si el ejército turco hubiera tenido éxito, Erdogan hubiera sido tratado con menosprecio como el desafortunado Morsi” Robert Fisk, Ídem. [Morsi: presidente egipcio destituido por un golpe de estado en julio 2013]. El cierre de la base aérea de Incirlik, que muchos tomaron como una respuesta de Erdogan a EEUU, duró 24 horas y ya está en operaciones para los aviones de EEUU.

Una crisis anunciada

La crisis en la Fuerzas Armadas de Turquía es el producto del fracaso de la estrategia de Erdogan de reconfigurar el mapa político-militar de Medio Oriente y de surgir como un nuevo Sultán fuerte en Turquía. En primer lugar fracasó su política en Siria dando apoyo logístico y financiero a lo peor de la oposición jihadista del régimen dictatorial de Basher Al-Assad. Su descarado apoyo al ISIS a quien a su vez compraba petróleo por la frontera, lo ha dejado expuesto al mundo. Por otro lado ese petróleo lo vendía a terceros países (Israel por ejemplo) casi al doble de su valor sacando aun así pingues ganancias en un negocio quasi familiar.

La heroica revolución del pueblo kurdo del Rojava (Kurdistán occidental) que supo tender puentes con los otros pueblos de la región como los asirios, turcomanos, yezidis, árabes etc. han expulsado al ISIS de vastos territorios hasta casi estrangular las vías de comunicaciones de éste con Turquía. Por otro lado, y tal vez más importante aún, la resistencia de este mismo pueblo en el BaKur (Kurdistan del norte o Kurdistan dentro de las fronteras del estado turco) ha ocasionado enormes bajas en el ejército ya sea por la guerrilla liderada por el PKK en las montañas como por las Unidades de Autodefensa Civil (YPS) en las ciudades. Son centenares los cadáveres que han vuelto de esos enfrentamientos. El Bakur se ha convertido en una pequeña Vietnam para el régimen de Ankara.

A esto hay que sumar el pedido de disculpas a Rusia por el avión derribado y la recomposición de relaciones con Israel, como aceptar a regañadientes el acuerdo entre EEUU e Irán e incluso prometiendo nuevas relaciones con Siria, mostrando que el régimen retrocedía en chancletas. La crisis económica mundial está por encima de las aspiraciones de un “sultan”. Todas estas situaciones fueron abriendo unas grietas en las Fuerzas Armadas que venían de años atrás pero que se profundizaron por estas causas en los últimos tiempos. El imperialismo no da puntada sin hilo. Hoy fracasó, pero puede volver a intentarlo más adelante. Los plazos y las formas lo irán estableciendo los avatares políticos.

En el frente interno jugando con fuego

Es evidente que Erdogan, al salvar su piel, se erige como un “vencedor” de estos acontecimientos y su figura internamente redimensionada. Pero es una redimensión que es pan para hoy y hambre para mañana. Hoy podrá llevar adelante una purga en las instituciones del régimen, comenzando por las fuerzas armadas (¿hasta dónde se lo permitirá la OTAN?), ya lo está haciendo con la justicia y seguramente sus seguidores fascistas saldrán envalentonados a golpear a los partidos como el HDP (en Malatya y Osmaniye fueron apedreados dos locales, poco comparado con los 400 ataques coordinados en el oeste de Anatolia en septiembre pasado) y la izquierda, a las minorías, etc. pero cometió un error fatal para cualquier dirigente burgués, llamó a enfrentar a los golpistas con la movilización “en defensa de la democracia”. Es decir, desde una posición defensiva se vio obligado a sobrevivir.

Esto hizo que centenares de miles, tal vez millones de personas salieran a enfrentar a los tanques, aviones y soldados en las calles. Muchos no esperaron a que Erdogan los llamara, como en Estambul. Lo hicieron los golpistas al leer su proclama por televisión. La consigna movilizadora fue “no al golpe de estado”, “no a un gobierno militar” porque en la memoria y conciencia de millones saben lo que significa eso en la historia de Turquía a pesar que el gobierno de Erdogan es autoritario en muchos sentidos y directamente fascista – por no decir nazi – en relación al pueblo kurdo, tal cual hace Israel con los palestinos, o no reconoce el genocidio contra los armenios en 1915.

El pueblo no razona como los intelectuales o la gente politizada, sale a la calle en contra de algo que es “peor” en su conciencia y memoria de lo que es el actual gobierno. Por eso fue correcta la posición del HDP de condenar el golpe y al mismo tiempo denunciar que fue un “golpe contra otros golpistas” refiriéndose a Erdogan y al AKP. Esto es así ya que como dice un comunicado del Confederación de los pueblos del Kurdistán apenas concluidos los acontecimientos “el incremento de leyes y políticas fascistas aprobadas por la mayoría parlamentaria, la quita de la inmunidad parlamentaria [a los diputados nacionales del HDP], el arresto di intendentes, el desplazamiento coercitivo de intendentes y co-intendentes de su posición, el encarcelamiento de miles de políticos pertenecientes al HDP y al DBP: son estas acciones que constituyen más que un golpe de estado. El pueblo kurdo se encuentra bajo un ataque genocida, fascista y colonialista”. No hay que olvidar que ese ejército, incluidos los sectores que intentaron hacer caer a Erdogan, han sitiado las ciudades kurdas cometiendo todo tipo de crímenes.

Por esto esta impresionante resistencia al golpe, tirándose al suelo delante de los tanques o golpeando a estos con varas y sacando de prepo a los militares de los mismos, es una victoria del pueblo turco, no de Erdogan, aunque él la aproveche. La inmensa mayoría del pueblo salió desarmado e incluso se vio como a pesar de ser ametrallados en los puentes del Bósforo por los aviones no se echó atrás. Durante la noche centenares de miles movilizados. Al salir el sol, solo quedaban los grupos fachos sostenedores de Erdogan haciendo gala de su salvajismo contra los soldados.

Esta derrota del golpe y la crisis que ha producido en el ejército puede ser también provechosa para la causa kurda ya que agrava la situación de las Fuerzas Armadas para actuar en Bakur. Millones en Turquía y en el mundo han visto que se puede derrotar intentos de golpe de estado aun con los tanques en las calles. La resistencia del pueblo kurdo ha dado el ejemplo de eso muchas veces.

Ahora hay que ir por Erdogan.

La derrota del golpe es un triunfo de las masas pero no es un triunfo de una democracia real todavía ya que el régimen de Erdogan es autoritario en general y fascista contra las minorías, especialmente contra el pueblo kurdo, a pesar que formalmente existan elecciones. Por eso en Turquía hay tareas democráticas pendientes sobre todo en cuanto a la autodeterminación de los pueblos que habitan Anatolia y también en relación a otros sectores. Pero ahora hay mejores condiciones para luchar por esas tareas pendientes.

Ahora hay que profundizar la lucha por una real democracia en Turquía. Ésta solo podrá venir de una movilización permanente del pueblo, pero para que eso suceda hay que luchar por debilitar al gobierno de Erdogan quien a pesar de su relativa fuerza interna – ya que evidentemente no controlaba todo – está más aislado que nunca y tarde o temprano su desgaste inevitable hará que la lucha política se acentué aún más. Para eso la izquierda necesita en esta etapa tener una política de unidad y participar del real fenómeno de masas que hoy por hoy representa el HDP que lleva a nivel del estado turco la defensa del pueblo kurdo y su resistencia, como así también de otras minorías como la comunidad armenia, LGBT, etc. No hay que olvidar que otro de los factores que trajo crisis en el gobierno fue el ascenso de éste partido a la escena política superando dos veces la barrera antidemocrática del 10% de los votos para tener representación parlamentaria e impidió que Erdogan tuviera una mayoría cómoda para reformar la constitución para imponer un régimen presidencialista.

En ese camino el MST repudia el intento de golpe pero al mismo tiempo no damos ningún apoyo al gobierno antidemocrático de Erdogan que ha arrastrado a Turquía a esta situación y apoyamos la movilización del pueblo turco para lograr una real democracia y especialmente la lucha del pueblo kurdo por su autodeterminación y libertad.