Latinoamérica y los desafíos de la izquierda

Sergio García (Dirigente del MST de Argentina)

Latinoamérica transita un cambio, estamos en sus inicios, con nuevos procesos, nuevos gobiernos, fracaso de proyectos anteriores y una nueva política de EE.UU. para la región. En medio de esto las luchas y respuestas sociales de los trabajadores y la juventud no se detienen. Y los desafíos para la izquierda serán muchos. Un aspecto a recordar, es que vivimos en un mundo en crisis capitalista y la misma entró con fuerza en el continente hace varios años. Esto puso blanco sobre negro la política de proyectos como el bolivariano, el petista brasilero y aquí del FPV. Hoy podemos ver que ninguno pasó la prueba.
Si bien no son proyectos iguales, de una u otra forma todos respondieron a la crisis con algún tipo de ajuste y así perdieron apoyo en franjas de masas. Aquí se evidenció en la derrota electoral del FPV y el voto castigo que aprovechó Macri con una parte importante de votos prestados. En Brasil con el desprestigio de Dilma por las medidas antipopulares que vino aplicando, y que son la base que generó el descontento social que permitió más espacio para que la derecha accione el impeachment e imponga el gobierno reaccionario de Temer, mientras el PSOL tiene el desafío de aprovechar el mayor espacio abierto hacia la izquierda.
En Venezuela todavía no hay un desenlace pero sí una ruptura de franjas de masas con Maduro, que abandonó los aspectos más positivos del legado de Chávez y avanzó en un curso de ajuste, bonapartimo antidemocrático y negociados con corporaciones mineras y petroleras, mientras no se garantiza el acceso de la población a alimentos, remedios y necesidades básicas. Así la derecha de la MUD trata de capitalizar para un proyecto proimperialista. Venezuela es hoy, la muestra de un fracaso y ejemplo del fin de una etapa. Nuestros compañeros de Marea Socialista reflejan la necesaria construcción de un nuevo emergente a la izquierda y las nuevas tareas.

El por qué de los fracasos

Millones apostamos a un cambio regional positivo que rompiera ataduras con el imperialismo y provocara cambios de fondo contra puntos neurálgicos del capitalismo imperialista. El movimiento bolivariano se ubicó de arranque en un curso nacionalista independiente, lamentablemente aunque había condiciones y apoyo social para avanzar más, con el correr de los años fue retrocediendo; en el terreno internacional abandonó el proyecto Alba cediendo a la postura de Brasil, y en Venezuela no avanzó en medidas de ruptura con la estructura del capital y eso abonó el fortalecimiento del aparato burocrático, hoy garante de negocios capitalistas, dando nacimiento a una nueva boliburguesía surgida de negocios mafiosos en el Estado.
En Brasil o Argentina directamente no se tuvieron políticas independientes o antiimperialistas. El PT fue estos años gerenciador de grandes corporaciones petroleras, megaconstructoras, sojeras y financieras. En Argentina el FPV navegó entre asociaciones con megamineras, con corporaciones agrotóxicas, con Chevrón y con el poder financiero. Los enormes y evidentes escándalos de corrupción de López o Báez aquí, y de Lula con Odebrech en Brasil, son ejemplos de un modelo político de castas enriquecidas en la función pública, que nada progresivo pueden ofrecer.
De una u otra forma, vimos otra vez que ante las grandes crisis capitalistas, no hay salidas intermedias o parciales que puedan superarlas, solo salidas anticapitalistas y apoyadas en la movilización obrera y popular pueden abrir un curso positivo a largo plazo. Y los proyectos que no se plantean ese rumbo terminan cediendo y debilitándose, mientras los sectores políticos directos del poder capitalista retoman control político. Por eso no compartimos la tesis de que los gobiernos de Brasil, Argentina o Venezuela cayeron o pueden caer esencialmente por ser víctimas de ataques de la derecha. Lógicamente la derecha actúa fuerte y debemos enfrentarla en unidad en todos lados; pero fueron los gobiernos llamados progresistas con sus limitaciones e inconsecuencias, quienes le permitieron a la derecha ganar terreno. Sacar correctas conclusiones es clave para no repetir el mismo derrotero.

Por nuevas alternativas

La llegada de nuevas derechas y el fracaso de viejos proyectos plantean la necesidad de construir nuevas alternativas. Somos activos opositores a los planes imperialistas y a la vez no será tratando de revivir proyectos que fracasaron, como vamos a derrotar a la derecha. La única forma de trazar una salida popular es poner en pie en Argentina, Brasil, Venezuela, Perú y otros países, terceras opciones desde la izquierda. Y las mismas, tomando conclusiones de la etapa anterior y sus fracasos, tienen que tener dos características decisivas; por un lado ser alternativas amplias, unitarias, que contengan distinta expresiones de la izquierda y el movimiento popular sin sectarismo para reflejar a millones. Y tienen que darse un programa de fondo, que partiendo de dar respuestas a las necesidades básicas, permite avanzar en solucionar tareas soberanas y antiimperialistas e impulsar propuestas de ruptura anticapitalista en cada país y coordinadas en la región, ya que sin este componente no hay forma de avanzar en un camino eficaz contra las castas políticas y sus regímenes.

Nuestra estrategia

Los cambios en curso, con la llegada de nuevas derechas y con EE.UU. tratando de recuperar terreno perdido desde sus acuerdos del Pacífico, se dan sin que sucedieran derrotas de masas en la lucha de clases. Y eso le da a los nuevos gobiernos y regímenes una debilidad estructural para desarrollar sus planes. No hay que ser facilistas, intentan fuertes ajustes, pero lejos están de ser invencibles. La perspectiva que se abre será de fuerte resistencia, de grandes movilizaciones, de confrontaciones importantes y nuevos fenómenos sociales y políticos. Nada está dicho de antemano, podremos ganar, también perder, pero es una pelea que se dará con fuerza y en la calle. Impulsar esas luchas y apoyar el surgimiento de nuevos dirigentes obreros, populares y estudiantiles, es parte de la estrategia anticapitalista y socialista.
En las batallas obreras, populares y de la juventud y en la construcción de nuevas alternativas es necesario también fortalecer organizaciones revolucionarias. En medio de la crisis capitalista y de esta nueva etapa en el continente el rol de un partido y organización revolucionaria es estratégico y vital frente a todos los poderes que enfrentamos. Y cuanto más fuerte sea, mejor vamos a contribuir a la conformación de grandes alternativas antiimperialistas y anticapitalistas. Latinoamérica ha vivido siempre entre revueltas y revoluciones, así será también el período que viene. Y para eso, para las grandes confrontaciones sociales y de clase nos preparamos, haciendo más fuerte y grande nuestro partido y con la mayor amplitud para un proyecto común, con aquellas y aquellos que viniendo de diversas experiencias, quieran un camino emancipador para Latinoamérica.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *