Gonzalo Gómez Freire

Desde el simplismo reduccionista y desde el maniqueismo, que pretende reducir todo a dicotomías, a campos contrarios absolutos y abstractos, sin ver el sentido real de las prácticas concretas, surge ahora una curiosa “contradicción dialéctica” que lleva a que se quiera calificar de “traidores” o “disidentes” a quienes defendemos derechos logrados con la revolución y con la Constitución bolivariana.

Una manera de justificar a quienes la tiran a la papelera y se colocan ya, predominantemente, en el campo de sus violadores, junto a sus enemigos iniciales. Y luego está la máxima de la “contradicción principal” como una forma de justificar el “mal menor” y no caer en lo “peor”, mientras nos llevan, precisamente, de mal en peor.

Si no viene lo peor, nos conducen hasta allí. Porque no se trata de que “estamos mal pero vamos bien”, como dijera aquél otro que se pasó de la izquierda suave a las filas neoliberales (el ex dirigente de izquierda y luego ministro neoliberal de Caldera, furibundo antichavista, Teodoro Petkoff).

Con estos argumentos se avala la adaptación al capitalismo (administrado por la burocracia estatal) y el escamoteo de la democracia, aplicada como trampa y no como principio. Se opta, de tal manera, por la vía de imponerse a un pueblo que ya no soporta la destrucción sistemática de sus conquistas y de un bienestar logrado en tiempos mejores (los de Chávez), en vez de recuperar el rumbo revolucionario para reconquistar la aceptación popular y contener el ascenso de la derecha clasica.

Por eso es importante que quienes conformamos la Plataforma para la Defensa de la Constitución Bolivariana (Marea Socialista, varios ex ministros y ex ministras de Chávez y otros aliados revolucionarios y populares), Constitución lograda en revolución, aclaremos la diferencia entre “apoyar a la derecha” y apoyar el ejercicio de derechos plasmado en la CRBV, como tales y como punto de apoyo para enfrentar a esa derecha.

La prensa burguesa y el Gobierno-PSUV hacen todo lo antiéticamente posible por distorsionar nuestros plantemientos a su conveniencia, y eso lo debemos contrarrestar, como “daño colateral” que se nos quiere infligir, al asumir una posición principista y congruente con la CRBV y con la democracia revolucionaria.

De ahí que debamos reafirmar, frente a las falsificaciones interesadas de las posiciones de Marea Socialista y de la Plataforma para la Defensa de la Constitución Bolivariana: ¡No apoyamos el Referendum Revocatorio que pide la derecha! Ni en el sentido de respaldar la solicitud particular que ellos hacen, ni en el sentido de acompañarlos a recoger firmas para pedir que se revoque a Nicolás Maduro, abriéndole el camino a la MUD.

Mucho menos apoyamos la política en favor de la cual la MUD promueve el RR, porque somos anticapitalistas y somos una expresión del socialismo bolivariano. Somos parte de lo que se viene configurando como Chavismo Crítico, en respuesta a la corrosión degenerativa que está inoculando la burocracia en la revolución y en la vitalidad de la República. Pero nos hemos convertido en el blanco de ataque de quienes dicen adversar esas políticas y en realidad promueven una orientación cada vez más parecida, aunque con distintos nombres, con otros socios, y a veces… con los mismos. Lo hacen con las trazas rojizas que van quedando en sus rostros, de un rojo bastante desteñido por la descomposición social y política que entraña el fenómeno de la burocratización, como dinámica de asimilación al capitalismo.

Primero pierden gran parte del apoyo del pueblo, por ir dando marcha atrás y desechar el rumbo anticapitalista que traía esta revolución, por dedicarse a acumular capital privado con el patrimonio del Estado y la renta de los venezolanos, por ignorar el clamor de Chávez de ir a un Golpe de Timón. Y después de perder la moral y el respeto, pretenden descargar el peso de sus grandes estragos sobre el pueblo venezolano, con un paquete brutal, cuasi-neoliberal, que se combina con la ofensiva de la burguesía, más por la lógica del capital y la búsqueda del lucro que por las andanzas conspirativas de los enemigos del proceso. La culpa se la echan toda a la burguesía, como si ellos no le hubiesen puesto la alfombra desde el gobierno.

Entonces, frente al aprovechamiento burgués del desencanto del pueblo, prefieren echarse al pico la democracia con tal de tapar fechorias y mantener privilegios. Todo menos corregir, todo menos asumir su responsabilidad. Esa es la esencia del alacrán burocrático que busca pasar el río sobre las espaldas del pueblo revolucionario y no contiene la tentación de picarlo (recordando al viejo Müller).

Por eso defendemos el RR como un Derecho Constitucional que se debe respetar, pues está en la Constitución parida por esta revolución y es el marco de la convivencia elemental de los venezolanos, sin que el marco de convivencia implique la aceptación de la dominación y de la explotación, pues es contraria al Estado democratico y social de Derecho y de Justicia (Art. 2 CRBV). Ese RR hoy lo está reclamando una parte de la gente a través de la MUD, pero podría reclamarlo igualmente, con todo derecho, si fuere el caso, el pueblo bolivariano maltratado y molesto, para sancionar y corregir un rumbo gubernamental que le está arrebatando su revolución. ¡El derecho al RR es de los ciudadanos, no es propiedad de la MUD!

Por eso; si realmente los ciudadanos y ciudadanas firmantes de la solicitud del RR han cumplido con el 1 % (aunque haya incluso un excedente de firmas con irregularidades, por irrespondabilidad de quien las recogió) y si esas firmas el CNE ya las aceptó, no se puede impedir que continúen con el propósito de recoger el 20 % para activarlo. En eso se juega también la paz y los derechos democráticos. Lo contrario sería parte de la acentuación de un curso autoritario y una triste manera de echarle leña a un fuego que abrasaría en primer lugar al pueblo, porque la burocracia y la burguesía (son primos hermanos) cogen sus dólares y se piran, o superviven a las tragedias con el sacrificio del pueblo.

Ahora bien: Si NM no quiere ser revocado, la vía no es impedir el RR, sino fajarse a tratar de recuperar el apoyo y la confianza popular, si es que está dispuesto y tiene con qué. Ahí está el ejemplo de Chávez, que nunca perdió el cariño de su pueblo y que se fajó, victoriosamente, frente al revocatorio del 2004.

Pero esa recuperación de confianza, simpatía y apoyo, no se puede lograr con la política nefasta e impotente que el gobierno viene aplicando, que constituye uno de los peores maltratos que haya sufrido el pueblo venezolano y un intolerable menoscabo de sus derechos, además de conducirnos al entierro de la revolución.

Eso Maduro sólo lo podría hacer -si no fuese ya demasiado tarde- frenando y revirtiendo la aplicación del paquete de ajuste que viene imponiendo, tan parecido al que nos tenía preparado la MUD y contrario a Golpe de Timón de Chávez y a su Programa de la Patria, por no hablar de los principios y del programa fundacional del PSUV que se quedaron bostezando sobre el papel y ausentes de la práctica real.

Para eso, el gobierno tendría que darle prioridad a los alimentos y medicinas sobre la DeudaExterna que se paga hoy a expensas del pueblo (¡una práctica de derecha en estas circunstancias!). Habría que ver hasta qué punto se justificaba y si le rindió verdaderos beneficios, a sabiendas de que el pueblo no fue consultado para contraerla ni se le ha tomado en cuenta en su administración y vigilancia, porque los recursos de ese financiamiento se los robaron el capital y la burocracia.

Maduro tendría que dejar de restringir las importaciones de comida, medicinas y productos básicos, a causa del destino preferente las divisas a esa Deuda altamente sospechosa de ilícita y corrupta, que en el gobierno y los poderes públicos, incluida la AN, se niegan a auditar. ¡Y estas son decisones voluntarias del gobierno que escoge tal opción!

Tendría Maduro que darle paso, entonces, a una Auditoría Pública y Ciudadana, y suspender los pagos de esa deuda mientras se supera con esos recursos la emergencia. Tendría querecuperar los capitales fugados y recursos desfalcados a la renta petrolera, para invertirlos en el enfrentamiento de la crisis.

Tendría que tramitar la ayuda alimentaria de países LA y Caribeños en el marco de la Integración que contribuimos a impulsar, porque el pueblo está en una situación de extrema gravedad y padecimiento.

Tendría que cumplir con el 91 CRBV, que establece el salario mínimo al nivel de la Canasta Básica (a la cual no se llega y ni siquiera a la C. Alimentaria). Sería una de las maneras de proteger al pueblo de la hiperinflación y que al subir los precios de la Canasta Básica se mantengan al mismo nivel los salarios, mientras se adelantan planes para la recuperación de la producción, basados en el interés nacional (del pueblo) y no del capital (incluida la burocracia corrupta como una de sus personificaciones).

Maduro tendría que desistir del neo-rentismo extractivista y de los planes desarrollistas que se proponen explotar la zona del llamado Arco Minero del Orinoco a costa de la entrega de la soberanía y la depredación del ambiente. No podemos admitir que al no poder seguir desfalcando la renta petrolera se recurra a raspar la olla de la naturaleza y empuercar nuestras fuentes de agua potable, dañando la biodiversidad, arruinando el equilibrio ecocógico, afectando a los pueblos indígenas y comprometiendo el futuro de próximas generaciones: Por eso se le exige anular Decreto del AMO. También tendría que volver la mirada hacia el rescate de proyectos basados en la economía social y no en la creación de Zonas Económicas Especiales como enclaves neoliberales infecciosos y portadores del peor de todos los capitalismos, como gran amenaza para esta revolución y destructores de todas las claves del proceso. Tendría que cortarle el paso a ciertas intenciones reprivatizadoras que han asomado por ahí, poner las empresas del Estado del área agropecuaria, de alimentos y medicinas, al máximo de su capacidad productiva hoy mermada por gerencias parásitas y dar paso al control obrero-comunitario de tales empresas, con auditoría permanente.

Y, por supuesto, Maduro tendría que abrir camino al Multidiálogo en lugar del secuestro del “Diálogo” por los representantes del privilegio. Eso en lugar del Pacto de Cúpulas entre el gobierno, la MUD, los empresarios y los rostros de turno del imperialismo (el gringo, el europeo… o el que opera a través de China).

El Multidiálogo y la Crítica serían la revitalización de la Democracia Participativa y Protagónica real, en vez del show acostumbrado, que sólo invita al funcionariado adulador y a sectores clientelares. Un show en el que, si se asoma una parte del pueblo pueblo como expectador, no es para otra cosa que para escuchar “¡Aprobado!” sin discusión ni consulta auténtica y a menudo sin cumplimiento. Porque no se puede seguir negando a la rica diversidad de nuestro pueblo, con sus agrupamientos populares y sus corrientes de pensamiento, para resumirlo todo en el salon VIP del gobierno y de la derecha opositora o mucho peor aún: en la reunión Top-Secret con Kerry o con Shannon o con los que les sucedan.

Necesitamos más democracia y participación real, en lugar de esta democracia simulada que sirve de velo a un creciente autoritarismo proto-estalinista y nos exluye, reduciendo todo a un duelo entre la burocracia y el capital por agarrar el botin de la misma piñata.

Maduro tendría que hacer esto y otras cosas más, para salvarse y para salvar al pueblo de la pérdida del proceso. Para impedir democráticamente el retorno de la IV; un retorno que ya se nos está viniendo encima, tanto por el peligro de un triunfo de la MUD como por la degeneración de la V y su funcionalidad para el capital. Pero el gobierno se empeña tercamente en servirnos en bandeja de plata para el banquete de la MUD y del imperio. Así lo viene haciendo, irresponsablemente, la alta dirigencia del gobierno y del PSUV, de las empresas estatales y una parte de la oficialidad que perdió la seña de la unión cívico-militar de los primeros tiempos de la revolución bolivariana, que ya no es la de los tiempos de Chávez. Algo debe quedar de aquello, sin embargo y esperamos que algunas lumbres vuelvan a avivarse. No basta que citen a Chávez sin guardar relación alguna con lo que hacen o que nos muestren láminas en sus programas de TV que sólo sirven para convencernos de cuánto se vienen pareciendo, tristemente, la IV y la V en los últimos tres años.

Más no creemos, lamentablemente, que desde el gobierno y desde la dirección del PSUV vayan a corregir el rumbo que vienen andando. ¡Ni quieren ni pueden! Porque la burocracia es la otra cara del capital y la punta del iceberg ya muestra que muchos altos dirigentes están embasurados en innumerables negocios turbios. ¡Negocios con el capital y con bandidos, por supuesto! Unos ya se fueron con la cabulla de los reales en la pata y otros están por saltar o quedar al descampado. Es algo de lo que no se pueden zafar porque dada su naturaleza y su dinámica, la burocracia está tremendamente corrompida y se ha venido convirtiendo en parte inserta en el capital o en instrumento de una burguesía emergente, en pugna por el poder con otros sectores de la clase capitalista, envueltos en la lógica de este sistema. Es la “dialéctica de lucha y unidad de los contrarios”, malentendida por el camarada Nestor y confundida con la lógica formal.

Históricamente, el destino de las direcciones políticas que se burocratizan y no se despegan del Estado burgués, que no ceden poder y control al Poder Popular, en este caso para crear el llamado Estado Comunal en transición al socialismo, es volverse una parte, contradictoria y díscola del capitalismo, pero una parte de él, y entonces es… ¡acabar con la revolución!

¡Por eso abandonaron de hecho el proceso! Son los verdaderos “Disidentes del Chavismo!”Continúan manejando el discurso, ya desprovisto de su esencia y forrado sólo por la apariencia, como simple recurso para manipular a su base social que mantiene ferviente el sentimiento de Chávez, en “contradicción dialéctica” con la desilusión que le siembran en el pecho y el daño que le hacen a las conciencias. Dejaron de ser impulsores de lo bueno de Chávez y de la revolución bolivariana, para convertirse en una nueva casta asimilada a otras expresiones de la burguesía y del capital transnacional o financiero, en chino o en inglés.

No pueden combatir la llamada “guerra económica” (esa del capital contra el pueblo, al que busca siempre explotar y someter) porque son pieza de esa guerra en el bando equivocado, al ser co-partícipes, con la burguesía, del desfalco a la nación, del sometimiento al sistema de dominación de la deuda ilícita, del robo a las empresas públicas, del fraude importador, de nuevas afrentas a la soberanía como el Arco Minero del Orinoco (el AMO) depredador y contrario al ecosocialismo propugnado por el 5to Objetivo de Chávez, recolonizador en los hechos de los pueblos indígenas de ese inmenso territorio de la Patria.

Nada de esto es “socialista” ni va hacia el socialismo: es otro rostro del capitalismo. De un capitalismo que está en una fase en la que la economía formal es reemplazada, por obra concurrente de la burocracia y del capital, y en medio de sus pugnas en pos de los negocios y el poder, por el predominio de una economía mafiosa y la disolución del poder del Estado en formaciones de redes paralelas, al arbitrio de nuevos caudillos, de roscas, de grupos de poder y de una mezcla abigarrada de nuevos ricos y de pranes: el Estado lumpen-capitalista plagado de oportunistas de todo pelaje que han creado y que ahora le quiere hacer pagar al pueblo el gran desastre.

Entonces, el desgaste del gobierno no es el producto de la crítica sino de su propia conducta.No nos producirán un complejo de culpa ni seremos los “chivos expiatorios”. Una cosa es la revolución bolivariana como proceso de movilización y de transformación, y otra cosa es el gobierno del estamento burocratizado que se adueñó del Estado y usurpó el poder que había que darle al pueblo. Ya no es lo que fue el gobierno de Chávez ni lo volverá a ser.

Por eso le planteamos al pueblo que hizo esta revolución bolivariana, pero que no está conforme con esta manera de gobernar, la urgente tarea de la construcción de un Nuevo Referente Político Revolucionario y Democrático para el rescate de lo mejor del proceso y de su moral. Para impedir que nos devore la crisis. Para que el fracaso de este gobierno no nos ponga en las garras de la MUD. No podemos ir más de la mano de quien nos lleva a las fauces del “enemigo principal”, porque ese enemigo -el capital- ya está metido en el alma de la burocracia gobernante. Esa es.. “la contradicción de la contradicción”, Nestor.

Necesitamos levantar ese Referente para que el pueblo pueda defender su revolución y continuarla, reinventando el rumbo perdido hacia el socialismo y superando la caricatura de revolución (lo dijo el Che) que han dibujado los autores de la farsa. Para que pueda defender las conquistas logradas de este nefasto curso de contrarreforma procapitalista y autoritarismo que viene siguiendo el gobierno, como expresión de la degeneración burocrática y corrupta que lo asimila al capital, tanto por acción como por omisión, por dejar hacer o por incompetencia y por falta de voluntad revolucionaria. Si no forjamos ese nuevo referente que sustituya a lo gastado, será la MUD la que gane el terreno. Y si no lo hace la MUD, será la propia burocracia la que seguirá asfixiando la revolución, para que languidezca y se trunque con esta versión de capitalismo que ella nos impone.

Cuando en una realidad nada simplona y muy compleja, la metamorfosis de un “gobierno amigo” cambia la naturaleza de la llamada “contradicción principal” y la lucha de contrarios va siendo reemplazada -dialécticamente- por la “unidad de los contrarios”, que se combinan… Cuando la contaminación de una “dirección revolucionaria” la convierte en parte o expresión diversa de su contraparte… Cuando la Burocracia y el Capital copulan y a la vez se pelean dentro de una lógica común (la del capital)… Cuando la MUD y el PSUV se tocan y converjen, a la vez que compiten, en la política, en los lazos sociales y en la economía concreta (¡las transacciones económicas, las finanzas, la acumulación!) más allá de sus pleitos; entonces al sujeto revolucionario (el pueblo que vive del trabajo) le toca enfrentar esa síntesis dialéctica perversa y reasumir su condición de clase, cambiando de dirección política, para no ser llevado al matadero de la entrega irremediable.

Por eso debemos construir la nueva referencia política revolucionaria que llene el vacio entre los que ya no nos pueden seguir gobernando en nombre del pueblo (porque ya lo hacen en su contra) y los que nos quieren volver a gobernar (en nuestra contra).

Hoy hay una amplia franja del chavismo crítico y del pueblo descontento que se viene dando cuenta de esto y tenemos que romper con el chantaje de la polarización entre las cúpulas, el fantasma del bipartidismo y del pacto de Punto Fijo. ¡Eso ya lo hizo Chávez con este pueblo y es posible! ¡Revolución dentro de la revolución! ¡Ni burocracia, ni capital!