Portal de la Izquierda

Organiza tu indignación

Documentos

¿Qué es ser trotskista en el siglo XXI?

A 75 años del asesinato de Trotsky (texto de agosto de 2015)

¿Qué es ser trotskista en el siglo XXI?

Pedro Fuentes¹

Estamos en el 75 aniversario de su muerte producida por el ataque de Mercader, un agente del KGB bajo órdenes directas de Stalin. Mucho tiempo y muchas cosas pasaron en el mundo desde entonces hasta ahora.  Entre la más importante es que su acérrimo enemigo contra el que tuvo que luchar, Stalin y su aparato burocrático que él creó y que se prolongó mucho más años después de su muerte también cayó; murió con las revoluciones democráticas que tiraron el Muro de Berlín y todos los regímenes burocráticos herederos.

El papel de León Trotsky, la fundación de la IV internacional   y del movimiento trotskista merecen mucho más que una nota. Pero no podemos dejar pasar la fecha porque ella también coincide con un hecho bastante notable. Se habla y se conoce mucho más de Trotsky en esta última década que en muchas anteriores. Se comenta y se simpatiza con su figura. Hace unos días la TV Brasil hizo un excelente documental sobre su vida, y un libro del cubano Leonardo Padura que toca la tragedia de su vida en paralelo a la de su asesino, “el hombre que amaba a los perros” se convirtió en uno de los más comentados en los últimos tiempos. Los jóvenes quieren conocer a Trotsky y se comprende mejor su lucha incansable y en condiciones totalmente desiguales que llevó adelante contra Stalin.

Es indiscutible que Trotsky fue un héroe de la revolución rusa; junto a Lenin su otro gran protagonista. Preso muy joven y luego deportado a Siberia huyo de allí en trineo dejando su primera compañera y dos hijas. En 1905 fue presidente y el principal orador del Soviet de Petrogrado. En 1917 presidió el Comité Militar Revolucionario que dirigió la operación de la toma del poder. Luego, en la guerra civil se convirtió en el jefe  del Ejército Rojo que tuvo que enfrentar a 21 ejércitos que invadieron Rusia y al ejército blanco. Tuvo la audacia de convocar a generales y militares del viejo ejército zarista para hacer parte del ejército revolucionario.  El tren blindado desde donde comandaba las tropas se convirtió en una leyenda viva. Cuentan los historiadores que Trotsky antes de decidir las operaciones militares en determinado frente se reunía con las células del Partido Bolchevique de esas ciudades.

En el 23 con Lenin ya gravemente enfermo y terminada la guerra civil Trotsky pidió ir a Alemania para colaborar con el Partido Comunista en la dirección de esa revolución. Era sabido que ese partido nuevo no había pasado por la forja de Lenin ni tenía una dirección y cuadros inexpertos, aun más inexperta con la muerte de Rosa Luxemburgo y Karl  Liebknecht. En los años de plena efervescencia de la revolución –desde el 19 al 23-, el partido alemán perdió tres grandes oportunidades de tomar el poder lo que hubiera cambiado la historia mundial. Pero el triunvirato que dirigía, Stalin con Kamenev y Zinoviev no aceptaron; el peligro de perder el aparato que iba construyendo en el caso de Stalin y los  celos de prestigio en Kamenev y Zinoviev seguramente motivaban al triunvirato. Pensar que Trotsky –que se había sumado al Partido Bolchevique recién en Abril del 17- podría volver a Rusia como el nuevo héroe de la revolución Alemana estaban detrás de esta negativa de todos ellos.   

No podemos en unas pocas líneas detenernos en su historia de apasionado militante, brillante orador y escritor. Hay historiadores como Deutcher que lo ha hecho muy bien  que es e importante leer para conocer a Trotsky,  como a sus obras más importantes.

Aportes imprescindibles para la teoría y política marxista revolucionaria

Hizo aportes imprescindibles de incorporar a la política revolucionaria y mantener vivo el programa revolucionario luego de la muerte de Lenin y la degeneración de la III Internacional.  

* “La Revolución Traicionada” donde Trotsky explica la degeneración del estado obrero soviético y  hace el pronóstico alternativo que fue corroborado por la realidad posterior: o una nueva revolución, esta vez política para derrocar el aparato burocrático del estado o la dinámica hacia la restauración capitalista muy probablemente conducida por esa misma burocracia. El concepto de revolución política que nació de Trotsky es una herramienta imprescindible para entender muchas de las revoluciones que acontecieron en el siglo XX y XXI y van a continuar sucediendo, es decir revoluciones que cambian el régimen político y no el estado y el sistema, o sea el modo de producción.  

* “La lucha contra el fascismo en Alemania”,  obra maestra para comprender el carácter inestable u oscilante de la pequeña burguesía, su desesperación como base del fascismo; la misma definición del fascismo, como la política del frente único para derrotarlo. Alemania  fue junto con Rusia, el palco fundamental de la polémica con Stalin y una vez más, como ya había sucedido en Rusia / le faltó a Trotsky contar con una gran corriente, un partido u organización de militantes revolucionarios para poder impulsar esta línea y derrotar el nefasto ultraizquierdismo del tercer período de Stalin. Después de Alemania Trotsky comprendió que la III estaba totalmente degenerada e comenzó los pasos para la fundación de una nueva Internacional.

* “El Programa de Transición” que fue la base para construir la IV Internacional (y su antecesor el Programa de urgencia para Europa), pieza fundamental -siempre que no sea sacado del contexto del momento histórico en que fue escrito-, antes de la segunda guerra mundial./  No se trata de repetir sus caracterizaciones,  sus pronósticos y consignas como hacen muchos grupos trotskistas sino, como decía Moreno tomar su esencia: su estructura y su método transitorio de ligazón entre las consignas mínimas a las consignas de transición y a las máximas es decir de ruptura con el régimen y el sistema.

* La teoría de la revolución permanente a la cual el programa de transición está vinculado como método de llevar adelante la movilización permanente de las masas. Tiene dos formulaciones, la de 1905 y del 27, esta última en forma más acabada plantea la utopía de la doctrina estaliniana del “socialismo en un solo país”. Es un aporte decisivo para comprender la combinación de tareas democráticas con las socialistas en los países de desarrollo burgués retrasado. Esta teoría fue trasformada en un programa por Trotsky y el trotskismo  y en ese sentido tiene puntos débiles, se demostró ser muy normativo,  y por eso sus formulaciones, si son usadas esquemáticamente, no permiten comprender la realidad de las revoluciones de posguerra y la dinámica de muchos fenómenos nuevos que ahora ocurren. Como decía Moreno en su texto citado, la primera condición de un trotskista es ser crítico incluso hacia el mismo Trotsky / ya que la realidad siempre es más rica que la teoría. Sin embargo, en su esencia más profunda, el carácter internacional de la revolución (punto en el que no difería con Lenin, ni con Rosa Luxemburgo) pero que fue Trotsky quien tuvo que formularlo en su lucha contra la nefasta teoría estaliniana del “socialismo en un solo país”, la realidad, trágicamente por la negativa, la corroboró con el derrumbe del llamado “socialismo real”.  En el texto ya citado Moreno dice que “el trotskismo es el único consecuente que a la realidad económica mundial, cuando un grupo de multinacionales dominan el mundo, a este fenómeno socio económico es necesario responder con una política internacional”. Y por eso la necesidad de retomar contra las ideas nacionalistas la concepción internacionalista, ya que el socialismo será mundial o no será.

* La ley del desarrollo desigual y combinado que deberíamos también incorporar como un aporte fundamental a la dialéctica marxista. Trotsky elaboró esta ley a partir del análisis de Rusia y ella fue la base de la teoría de la revolución permanente. La interpretación dominante hasta entonces era que los países retrasados deberían seguir el camino de los más adelantados y entonces pasar por una revolución burguesa para cumplir una etapa de desarrollo burgués, para luego plantearse una revolución socialista. Trotsky dedujo que en la etapa del imperialismo no era así, ya que el capitalismo ha convertido al mundo entero en un solo organismo, por lo que los países atrasados se ven obligados a saltar etapas y que por lo tanto había una combinación. En el caso de Rusia la formación económica social feudal del campo se combinaba con el desarrollo de la gran industria capitalista.  “El privilegio de los países históricamente rezagados –que lo es realmente- está en poder asimilar las cosas o, mejor dicho, en obligarse a asimilarlas antes del plazo previsto, saltando por alto toda una serie de etapas intermedias”/.

Los trotskistas George Novack y Nahuel Moreno tienen el mérito de haber desarrollado esta ley de Trotsky en sus escritos sobre Lógica Marxista. Para ambos, la ley de Trotsky es la ley más general que explica no solo el desarrollo histórico sino también el origen de lo nuevo. Moreno en su ensayo “Lógica Marxista y Ciencias  Modernas” esboza que es la ley más importante para comprender todos los fenómenos nuevos.  

Es imposible comprender ninguno de los procesos del desenvolvimiento del capitalismo en esta nueva fase si no es a partir de la ley del desarrollo desigual y combinado, como tampoco ningún fenómeno político que ocurra en el sistema mundo y su fase imperialista de la mundialización neoliberal, donde dominan las desigualdades y sus diferentes combinaciones/.

Preguntas difíciles, pero que nos debemos responder

Llegado a este punto surgen algunas sanas preguntas sobre toda en la juventud y en la izquierda que se separa del reformismo. ¿Porque si el trotskismo es la corriente revolucionaria continuación del leninismo ha tenido poca incidencia en las revoluciones ocurridas después de la rusa? Y porque si tiene una teoría y programa esencialmente correcto ¿existen tantas divisiones en el movimiento trotskista? La verdad es que ambas son difíciles de responder.

Leninismo y trotskismo

Una primera cuestión para intentar opinar sobre ellas es darle un contexto general, un marco, a la afirmación de que el trotskismo es la continuidad del leninismo. Esto es algo indispensable que muchos trotskistas o simpatizantes de la causa no toman en cuenta. Es verdad que Trotsky es el continuador de Lenin, y puede ser también que en algunas de las tantas polémicas que tuvo con Lenin hubiera tenido razón en algunas. Pero como bien lo explica Roberto Robaina en su folleto “Notas a la teoría de Lenin sobre la revolución de 1905”, en el capítulo “trotskismo y leninismo” /  hay un concepto importante que es parte de la elaboración que nuestra corriente MES viene haciendo desde los finales del 90. Trotsky es el continuador  en un contexto mundial diferente, marcado por el triunfo de la contrarrevolución en Rusia. (Ver también “El internacionalismo y la construcción de una organización internacional” /  En ese sentido el trotskismo fue un movimiento más defensivo y por lo tanto más parcial, menos universal que el leninismo.  

Luckas en su libro escrito cuando joven dice  que “Lenin es el formulador de la teoría general de la revolución” / y lo veía en la dimensión teórica, programática y concreta de la misma. Es decir que gracias a esa comprensión fue capaz de llevar la teoría a lo concreto y a la acción y también por eso construir el partido bolchevique.  Trotsky también lo terminó viendo así, y de ahí su leal entrada al partido bolchevique como apunta también Roberto en el texto citado. Moreno consideraba también que Lenin y todas las elaboraciones de la III Internacional eran más universales y creo que lo mismo se podría decir de Ben Said leyendo sus trabajos sobre Lenin.

Nahuel Moreno siempre comentaba en sus cursos que el pensamiento de Lenin era de una totalización más abierta y por lo tanto también más concreta. Cuando se discutía en sus cursos la revolución permanente Moreno decía que la formula algebraica de Lenin “dictadura democrática de obreros y campesinos” resultó históricamente más real que la de Trotsky que subordinaba (para todo momento y lugar) el campesinado a la dirección obrera. Y que Trotsky tenía una tendencia a generalizaciones teóricas y formulaciones de  leyes que terminaban siendo más esquemáticas, como se demostró la revolución China.   

En el texto citado, Roberto anota que parte de los militantes trotskistas, al considerar a Trotsky como el continuador de Lenin, “dan por entendido de que la formación revolucionaria se hace esencialmente estudiando y siguiendo lo que escribió Trotsky, olvidándose de Lenin y sus obras”.

Trotsky cumplió un rol histórico como continuador de Lenin. No habría hoy revolucionarios internacionalistas sin Trotsky quien defendió y sostuvo el legado del programa revolucionario (no hubo otro que lo hiciera independiente de sus aportes, no lo fue Gramsci por ejemplo),  y tiene el gran mérito de construir una organización, la IV internacional para defenderlo, una bandera sin manchas. Pero lo hizo en una situación defensiva.

El auge del estalinismo arrinconó al trotskismo a una tarea

  esencialmente de defensa del programa

 

Trotsky, apostaba a que la situación revolucionaria que se abriría con la segunda guerra mundial iba a permitir que la IV Internacional se transformase en una organización de masas como lo fue la tercera después de la primera guerra mundial. (Ver El internacionalismo y la construcción de una organización internacional). Pero la realidad no fue así. El estalinismo que fue quién llevó adelante la derrota del fascismo salió de este período con mucho prestigio sobre los trabajadores en todo el mundo, y las revoluciones que ocurrieron en la posguerra terminaron siendo controladas en la política de coexistencia pacífica surgida de los acuerdos de Yalta y Postdam de división del mundo en zonas de influencia entre Stalin, Churchill y Roosevelt.

Los revolucionarios que seguían a Trotsky ya habían sido debilitados con la persecución encarnizada que hizo el estalinismo antes de la guerra. Stalin asesinó el 90% del viejo Comité Central Bolchevique y sus muertes alcanzaron decenas de miles, diez millones murieron en Rusia bajo la dictadura estalinista. La muerte no llegó solo a Trotsky sino que antes había también diezmado a su familia.  En la lucha contra el fascismo el trotskismo perdió también una gran cantidad de militantes entre ellos, al brillante Abraham León dirigente en Varsovia/. En Vietnam donde el trotskismo era fuerte su dirigente Ta Thu Thâu fue asesinado por el Partido Comunista de Vietnam bajo la influencia de Stalin. Lo mismo sucedió en China. 

La IV, como lo recordaba Mandel en la nota enviada al MAS cuando la muerte de Moreno  decía que, “ él (Moreno) era un revolucionario que había defendido el programa en momentos difíciles” y eso es extensivo al mismo Mandel y a toda esa generación del 40 como a otras que siguieron y se formaron en ese medio.

De ahí que ante el auge estalinista, tanto la IV como las organizaciones y partidos trotskistas que continuaron reivindicándola y siendo parte de ella, fueron esencialmente de propaganda y defensivos. Esto significó también que en los últimos años de su vida Trotsky contó solo con puñados de seguidores en los diferentes países salvo posiblemente en los EEUU con el SWP.

Muchos de sus escritos de este período en lo que hace a sus opiniones para fortalecer sus grupos están influenciados por esta realidad. En relación a la revolución española por ejemplo, Trotsky escribió textos brillantes sobre la importancia de las reivindicaciones democráticas, pero se equivocó al descalificar el que era su principal seguidor y principal dirigente André Nin y desatar críticas fuera de contexto cuando este fundo el POUM con Maurin. Hay también otros debates exageradamente fraccionales en todo este período sobre todo cuando tuvo que remar contra la corriente e intervenir ante las disputas internas como las del trotskismo francés/.

Hay dos temas que merecen un estudio especial y que en este texto solo podremos enunciar y que hacen al defecto que ya citamos de Roberto Robaina sobre la cuestión de solo tomar en cuenta las obras de Trotsky e incluso sacarlas de su contexto. Uno de ellos es sus escritos sobre Francia, donde Trotsky más desarrolla el análisis de la política posterior al tercer período de Stalin de los Frentes Populares. En estos escritos Trotsky es brillante en su análisis del bonapartismo y el proto fascismo, de las milicias armadas de la derecha y de la política de la autodefensa obrera para combatirlas. Trotsky, opuesto correctamente al Frente Popular, es decir del gobierno de los partidos obreros con sectores de la burguesía, incluso llegó a plantear en algún momento hacer los comités de acción del frente popular por la base. Sin embargo, en sus análisis de todo este período se deslizaba en combatir el Frente Popular con la misma política de los soviets que se llevó adelante en Rusia.

En relación a Cataluña también es discutible la crítica a Nin cuando el POUM entró al gobierno (y luego salió) ya que no tomaba en cuenta en el caso de España la guerra civil que dividía el país. Creemos modestamente que en relación a Nin cometió un grave error de tipo sectario a partir de un análisis esquemático de la realidad española y catalana.

Algo que muchos trotskistas latinoamericanos también cometieron al confundir los gobiernos antiimperialistas radicales con el Frente Popular que existió en los países adelantados. Así caracterizaron incorrectamente al gobierno de Allende en Chile, olvidando entonces que este gobierno era mucho más un frente único antiimperialista con rasgos kerenkystas,  y lo mismo sucedió en la década del 2000 con los gobiernos bolivarianos.

La relación entre programa y política. El propagandismo

Los seguidores de Trotsky que continuaron la estoica tarea de construir la IV internacional vivieron una situación similar. En los años difíciles a los que se refiere Mandel, tuvo que enfrentarse a una serie de presiones que terminaron dividiendo a la IV Internacional.

Ante la enorme presión del reformismo y el estalinismo de las décadas posteriores a Trotsky, el trotskismo se hizo esencialmente  en la defensa del programa;  fue inexperto y cedió a presiones a la hora de hacer política. Es sabido que la política no se hace con el programa. El programa parte de las necesidades que tienen planteadas las masas en determinado etapa o período y las ordena en relación a las necesidades históricas, es decir a la lucha por el socialismo en ese período.

Mientras que la política tiene que responder a las necesidades presentes partiendo de la correlación concreta de fuerzas que hay entre las clases sociales en ese momento. Es decir, se hace en base a un análisis de los elementos presentes, lo que lleva a una caracterización concreta y dinámica, para a partir de ella hacer la política que movilice a las masas por sus reivindicaciones. Intentando que en ese proceso cambien las condiciones y haya un avance en su conciencia para que hagan la experiencia con el gobierno y su régimen político.

Hacer política con el programa es lo que lleva al propagandismo, una tendencia que heredamos los trotskistas. De ahí también que cuando muchos grupos trotskistas hacen política se basan en la búsqueda de la diferenciación programática con el centrismo o el reformismo, y no en la disputa de la mejor política para movilizar a los trabajadores.  

Partido, fracción o secta. La concepción de partido en Lenin

Una de las bases para que tantas divisiones ocurrieran están bien explicadas en un artículo de John Ross, un trotskista inglés en su trabajo Partido, Fracción o Secta/, en el cual reivindica el criterio de partido de Lenin frente a los “partidos fracciones”.

Contra la idea bastante generalizada en el trotskismo de que Lenin desde 1903 dividió la socialdemocracia rusa en dos partidos (bolcheviques y mencheviques), Ross demuestra que Lenin era una fracción de la socialdemocracia con la cual se reunificó orgánicamente en 1906, y se conservó como parte del partido socialdemócrata que existió con sus diferentes alas, Trotsky inclusive era una de ellas, hasta 1914 cuando comienza el nuevo auge revolucionario. O sea que el leninismo existió como parte de la socialdemocracia y posteriormente a partir del 14 como partido bolchevique. Para el leninismo el partido  se sustentaba sobre la base del programa general y en sus normas organizativas, estas eran y deben ser los criterios de partido  y no la política. Lógicamente este programa cambió en el período revolucionario y sobre la base de esa nueva situación se produjo la ruptura con los mencheviques.

Este criterio de partido es el que permite que en su interior haya diferencias políticas y que estas se discutan democráticamente en su interior incluso en forma pública.  Así ocurrió en el partido bolchevique. Contra la idea del hegemonismo o totalitarismo que las corrientes luxemburguistas o espontaneistas atribuyen al leninismo, el partido bolchevique fue un partido de disputa permanente de posiciones políticas, de tendencias y  corrientes de opinión. Recordemos las diferencias públicas entre Stalin y la mayoría del CC del partido con Lenin en marzo del 17 sobre apoyar o no el gobierno menchevique, y posteriormente con Zinoviev y Kamenev sobre la toma del poder. El bolchevismo fue un ejemplo de democracia con tendencias y corrientes de opinión públicas. Fue el comunismo de guerra que obligó a un régimen más estricto y a suprimir las tendencias y fracciones.

Estos criterios del partido -programa general y normas de organización- sumado a la inserción en los trabajadores, fueron convertidos en su contrario por Stalin, dicho de manera directa en un aparato burocrático que terminó siendo contrarrevolucionario. Pero también esos criterios leninistas fueron deformados por corrientes revolucionarias y por el movimiento trotskista. La etapa defensiva, de propaganda, de cierto aislamiento de las masas hizo que primaran los hábitos de fracción al de partido.

Una fracción o tendencia se organiza alrededor de una lucha política determinada y por tanto requiere y tiene una alta homogeneidad política.  Pero esa homogeneidad política es difícil de conservar, porque en la política es dinámica, cambia y siempre existen diferencias, matices, choques de opiniones. De ahí que ese criterio de partido fracción con el cual se construyeron numerosos grupos trotskistas lleve a las divisiones por cualquier diferencia política que rompen la unanimidad establecida. En definitiva ocurre porque se han perdido los verdaderos criterios de partido: sus normas de organización y su programa.

Al mismo tiempo, para que esa unidad política se sostenga es necesario que el mismo régimen interno sea de una disciplina estricta, necesario para acatar esa política. Por eso el partido fracción deja de ser un organismo vivo en el que la política se nutre de la sana discusión entre los militantes en organismos, en un sano y directo contacto entre la base y la dirección. Hablamos de organismos de base íntimamente vinculados e insertados en una base social que sea receptiva a las necesidades de ella, y de organismos de dirección en estrecho contacto con sus militantes y sus organismos para hacer una interacción que permita procurar la mejor política y la unidad de acción para aplicarla. A la inversa, los partidos fracciones terminan teniendo direcciones con rasgos aparatistas. De la fracción a la secta hay un paso; esa política se transforma en un dogma que se repite y repite. Y los sanos lazos políticos de la militancia partidaria son reemplazados por lazos creados alrededor de la fe en la política trasformada en dogma.

Esta ha sido un problema que arrastra el trotskismo y explica también muchas veces divisiones. Creemos que en la corriente morenista que nosotros reivindicamos  no hemos sido ajenos a ellos, y de ahí la importancia de reconocerlos para no repetirlos.  

 

Que es ser trotskista en el siglo XXI (tema inconcluso)

Responder esta pregunta nos lleva, en primer lugar a afirmar la misma respuesta que dio Moreno en 1986 la cual es compartida por otros revolucionarios de su generación como Ernest Mandel.

 

  • “en primer lugar ser trotskista significa ser crítico inclusive al propio trotskismo”. “Ser trotskista hoy no significa estar de acuerdo con todo lo que fue escrito o dijo Trotsky, sino hacerle las criticas para superarlos” ( …)”. “El marxismo pretende ser científico y la ciencia enseña que no hay verdades absolutas”.

 

 

 

  • comprender que estamos ante un nuevo período histórico que nos ha abierto nuevas tareas y nuevos desafíos….

 

La caracterización de este nuevo período es un tema abierto, lleno de incertidumbres. El siglo XXI  nos trajo un nuevo período histórico muy complejo, es tal vez el período donde sea más difícil para los leninistas trotskistas explicarlo así tengamos buenas herramientas para ello; la radiografía esencial del capitalismo que nos dejó Marx, la teoría revolucionaria de Lenin, Trotsky, y los nuevos marxistas que han surgido, en particular las elaboraciones que han aportado muchos trotskistas formados en la década del 60.

Más que en ningún otro período la nueva realidad responde a la ley del desarrollo desigual y combinado. Vivimos un período de decadencia del sistema y de  la mayor crisis del capitalismo; decimos la mayor porque es en la que se reúnen más  elementos sistémicos, donde se presentan diferentes crisis (económica, ambiental, política, social) en medio de una nueva fase del imperialismo que podemos llamar de la “mundialización neoliberal”,  en la cual se ha producido la mayor concentración del capital en manos de grandes corporaciones, donde también se ha producido el más alto grado de financierización del mismo y la mayor y más aguda desigualdad.

 

  • Ser internacionalistas hoy es  defender la bandera sin manchas de la IV Internacional y al mismo tiempo luchar por una nueva internacional en donde, como decía su creador, los trotskistas seamos minoría. Esto significa una nueva organización internacional en la que se puedan organizar todos los internacionalistas que necesitan unirse para enfrentar al imperialismo y las grandes corporaciones dueñas del capital y sus gobiernos.

 

La gran contradicción de este momento histórico es que vivimos una gran desigualdad (más que desigualdad es una contradicción) entre esa crisis global del capitalismo y la ausencia de un modelo alternativo de sociedad, una ausencia ideológica  de un nuevo paradigma provocado por el fracaso del “socialismo real”.  

Al mismo tiempo, esta nueva fase de la mundialización neoliberal ha terminado con la desigualdad norte/sur (no en el sentido de países imperialistas y países dependientes que se ha profundizado), sino en el terreno social; la pobreza ha dejado de ser propiedad de los países atrasados para expandirse en todo el mundo, basta ver el nivel de pobreza en los EEUU. Ser internacionalista hoy es confiar también en la clase obrera y los sectores explotados de los países más adelantados como destacamentos insustituibles para derrotar al capitalismo y terminar con la explotación a nivel mundial.  Dar todos los pasos intermediarios y transicionales posibles para organizar  la lucha contra los planes de austeridad.

 

 

  • estar en primera fila en las movilizaciones de los trabajadores y todos los sectores explotados y oprimidos, especialmente de la juventud sin dejar de confiar en los trabajadores como el sujeto social principal de la revolución.

 

Los trabajadores y los pueblos no han dejado de luchar. En este nuevo período han ocurrido las revoluciones árabes que luego involucionaron, y los grandes levantamientos populares  y juveniles de los indignados, grandes movilizaciones democrática populares  que se siguen extendiendo reclamando democracia real, enfrentando la corrupción, luchando por mas derechos enfrentando al capitalismo. Así sea sin un programa anticapitalista acabado las masas están lejos de ser derrotadas. Es solo repasar lo que ocurre en estos días (Guatemala, Honduras, India, Indonesia…) No somos de la opinión de que hay una ofensiva a escala mundial de la derecha.

Es un período donde al sujeto social revolucionario de la clase obrera se han sumado numerosos nuevos sectores de la clase media despojada de los derechos democráticos y a la vez relativamente empobrecida por la minoría que domina la economía mundial. Donde también se movilizan por sus derechos y logran conquistas sectores oprimidos en primer lugar las mujeres en su lucha por la liberación y la igualdad de derechos, los negros que son los sectores más explotados en numerosos países y la comunidad LGBT.  

Tenemos que reconocer que la mundialización del capital ha permitido al capitalismo mundializar la producción de las multinacionales  haciendo cadena de producción en diferentes países, creando un ejército mundial de reserva, y de esa manera fragmentando también a nuestra clase que no puede responder con una organización a nivel mundial. La precarización del trabajo es también un hecho. Esta situación ha llevado a marxistas a posiciones postmodernistas que niegan las clases y los sujetos sociales. Sin embargo, la clase obrera crece en número, y seguirá jugando el papel estratégico principal para la derrota del capital.

 

 

  • Ser parte de los nuevos procesos  políticos y construirlos lealmente sin ocultar por eso nuestras ideas y nuestro programa, mas construyéndolos esencialmente en base a una política de ruptura con el capitalismo

 

En este período ocurrió el fin del llamado “socialismo real” que significó también el fin del estalinismo como aparato mundial del cual ya hablamos sobre el papel de freno que cumplía. Fueron revoluciones democráticas que terminaron con las dictaduras burocráticas pero que no abrieron el camino hacia un socialismo con democracia sino a la restauración del capitalismo.  Pero la crisis del estalinismo no solo desestabilió el sistema de dominación mundial de posguerra sino que también liberó al movimiento obrero y al pueblo de esa loza burocrática que en nombre del socialismo lo ataba, quedando más libre para emprender. Esta liberación es la que explica los nuevos fenómenos más espontáneos y las movilizaciones que han ocurrido en este nuevo período.

De la crisis capitalista que no para y de las nuevas movilizaciones y en particular de los indignados se han nutrido también nuevos procesos políticos que de manera todavía intermediaria asumen posiciones confrontadas con la globalización neoliberal. Syriza en Grecia, Podemos en España, las plataformas de unidad con movimientos sociales en Madrid y Cataluña, el PSOL en Brasil, a la que también hay que sumar la revitalización de izquierdas en el laborismo inglés o el fenómeno de Bernie Sanders, candidato independiente socialista en las primarias del Partido Demócrata son parte de este proceso a izquierda de los aparatos tradicionales y en el caso de Brasil del mismo PT y la CUT.

Adelantándose a estos nuevos procesos políticos en los países del Norte, tuvimos en nuestro continente el surgimiento del bolivarianismo. Precisamente ellos fueron una experiencia y una prueba que tuvimos que hacer los trotskistas latinoamericanos. Contra el propagandismo que cerró la puerta a este proceso de nacionalismo radical progresivo, lo que los terminó aislando de los de los mismos y de las masas, fuimos de los que intervenimos en los mismos con la línea del frente único antiimperialista. Ser parte de estos procesos que han entrado en un período de agotamiento (por su proceso de aburguesamiento y burocratización) es lo que nos permite ahora disputar las masas pudiendo levantar sus banderas progresivas y construir nuevas alternativas.  Algo similar a lo que ahora pasa con Syriza y la Plataforma de Izquierda en Grecia.

 

  • Ser leninistas- trotskistas, que significa tener el leninismo como la base metodológica más consistente y probada  para la formación de los cuadros revolucionarios

 

La crisis ideológica que viven las masas ha sido campo fecundo para el desarrollo en la vanguardia y en especial en la juventud de ideas posmodernistas, como la teorización equivocada del horizontalismo y el neo anarquismo. El movimiento trotskista es el que mejor resistió y resiste a estas presiones aunque, como ya lo decíamos en este texto,  teniendo sectores que lo hacen con respuestas propagandistas o sectarias. Lenin sostenía que las formas de organización cambian de acudo al período de la lucha de clases, pero no por eso dejaba de sostener principios centrales sobre los cuales ya hablamos en este texto. Esos pilares son los que nos tienen que dar la confianza y firmeza leninista para saber adaptar la organización del partido a los determinados momentos de la lucha de clases.

Un aspecto importante de la lucha de Lenin y Trotsky fue el combate al terrorismo individual al que consideraban una forma negativa y distorsionada de la lucha de clases que favorecía en definitiva la represión y por otro lado sustituía el papel de los trabajadores y sus aliados. Ambos no lo hacían desde una posición pacifista ya que ambos defendían la necesidad de la lucha armada como método de lucha para enfrentar al estado burgués. Es importante retomar esta tradición ya que son nuevamente un elemento de la realidad. En Brasil apareció de manera incipiente a través de las acciones de black block, pero en el mundo árabe e islámico son una realidad que no solo actúa en esos países en organizaciones reaccionarias y retrógradas como el Estado Islámico y Al Queda sino que extienden sus brazos hacia Europa donde una juventud de origen islámica se suma a estas organizaciones. La formación en el leninismo-trotskismo es lo que nos permite combatir políticamente a estos sectores y alejar a los sectores de vanguardia de esta concepción sumamente equivocada.

 

 

  • Formular un programa de transición que incorpore las nuevas tareas y en particular las tareas democráticas tomando en cuenta la nueva relación que existe entre la democracia y el anticapitalismo en este período y la cuestión ecológica.

 

 

Esta nueva fase de la mundialización neoliberal, que en definitiva ha puesto las contradicciones y la crisis del capitalismo al rojo vivo, ha colocado también una importante cantidad de nuevas reivindicaciones y nuevas tareas que dicho sea de paso siempre han estado presentes pero que ahora son contradicciones muchos más notables.

 

La crisis del capitalismo, de su dominio y de sus regímenes ha degenerado las conquistas de libertades democráticas de las propias revoluciones burguesas. La democracia burguesa y de sus instituciones, que fue una de las principales formas del dominio del capitalismo ha degenerado, ha convertido a los partidos políticos del régimen en agentes del gran capital dominante, de las grandes corporaciones y los bancos. En los partidos políticos del régimen ha surgido una casta política que actúa como clase burguesa suigeneris unida orgánicamente a esa neo oligarquía mundial participando de sus beneficios lo que ha dado paso a un periodo donde la corrupción permanente se ha trasformado en una forma de “gerenciar” el estado. Al mismo tiempo, las libertades y reivindicaciones democráticas son cada vez más atacadas. Sobre la base del combate al terror los EEUU han instalado un método de espionaje y control de cualquier ciudadano y gobierno.

 

Una primera y tal vez más importante cuestión es la que el movimiento de los indignados ha denominado como “democracia real”,  que contiene una crítica frontal a los actuales regímenes políticos de la “democracia” burguesa para el 1%. El tema de sostener una reforma política radical de participación popular y de nuevas asambleas constituyentes soberanas que reorganicen el país sobre otras bases igualitarias se ha trasformado en una consigna relevante que surge como una necesidad en la medid de que aparecen las fuertes crisis políticas vinculadas también a la corrupción.

La consigna de democracia real o democracia para todas va tomando un carácter más transicional. La democracia burguesa se ha vaciado. Dejó de ser la bandera con la que la burguesía dominó por mucho tiempo al movimiento de masas para comenzar a volverse contra ella con un nuevo contenido en este nuevo período histórico.

 

La cuestión ecológica esta también como una tarea presente, de carácter anticapitalista ya que el capitalismo no puede resolver. Frente al extractivismo como práctica de las grandes multinacionales del imperialismo hay una resistencia campesina y popular  en todo el altiplano y los Andes Latinoamericanos. El mundo va tomando consciencia de los peligros que representa para la humanidad el ataque a la naturaleza y  el calentamiento global.

 

El titulo de este capítulo dice que el tema está inconcluso y es así. Es una tarea que necesita de muchas cabezas, muchas organizaciones y muchas manos para ser formulada. Es un desafío más que tenemos planteados los revolucionarios.

 

1- Dirigente y fundador del MES y el PSOL 

1 Comment

  1. This is a most useful conutibtrion to the debate

Leave a Reply

Theme by Anders Norén