Guillermo Pacagnini (Secretario General de CICOP y dirigente del MST de Argentina)

La bronca, el malhumor social y los conflictos, están cuestionando fuertemente el ajuste de Macri. La Marcha Federal canalizó este descontento, golpeó al gobierno e interpeló fuertemente a la burocracia sindical que apuesta a la gobernabilidad y a las súplicas de la Iglesia de mantener la «paz social». La no continuidad de las medidas posibilitó que vuelva el tarifazo y siga el ajuste. El 27 hay paro nacional de estatales, salud y docentes. Se reúne el Confederal cegetista. Triaca confirmó a ambas CTA que se vienen nuevos despidos. No hay más margen ni excusas para concretar el paro nacional y el plan de lucha. Hay que reclamarlo y. a la vez. prepararlo desde abajo.

Macri recalculando

La tensión social creció cualitativamente durante el último mes y medio producto de las malas noticias en la economía. La pirotecnia publicitaria festejando la baja de la inflación, no logró amortiguar el mal humor. La realidad del supermercado y los indicadores que se conocieron, desmienten a Prat Gay que quiere hacernos creer que «no era joda» la aparición de supuestos brotes verdes. Macri está recalculando su estrategia comunicacional, pero insiste con su política porque no tiene plan B. El regreso de las auditorías del FMI, la genuflexión frente a Gran Bretaña, la bandera de remate puesta en Davos primero y en el «Davosito» luego, marcan una decisión política de profundizar la entrega y las relaciones carnales preferenciales con los EEUU. Para cumplir con ello, dirigen sus medidas a seguir achicando el déficit fiscal a costa de los trabajadores estatales y los presupuestos sociales y a bajar el costo laboral con flexibilización y candado en las paritarias. Por eso se avecinan nuevas y peores medidas de ajuste al salario y despidos que deberemos enfrentar.

La Iglesia bendice la gobernabilidad

Cuando se necesita la mayor unidad en la acción para pararle la mano a Macri, a los gobernadores y a las patronales, gran parte de la dirigencia sindical toma distancia de las necesidades de sus bases. El gobierno tiene dos apoyaturas claras. Una es la oposición pejotista, con o sin ropaje renovador, las huestes de Massa, Stolbizer y todo el arco tradicional. Así como los dirigentes del FPV que no superan posturas discursivas. Pero la otra cara de la gobernabilidad apuesta a ser garantizada por la dirigencia sindical burocrática. Frente a los reclamos crecientes y el ajuste sin anestesia, el flamante triunvirato de la CGT, que recibió dineros de las obras sociales a cambio de su silencio, tuvo que empezar a balbucear alguna medida. Ante la inminencia del primer confederal y los rumores de paro, fue la Iglesia la que apareció en escena para llamar a la calma. Así como habilita alguna marcha para descomprimir y se apoya en algunas organizaciones sociales, reclamó a los dirigentes sindicales que no hagan paro. Barrionuevo y otros, ya salieron presurosos a negar toda posibilidad en ese sentido.

Más presión en la caldera

No parece lo más probable que puedan acallar a un movimiento obrero, popular y juvenil que se rebela y protesta. La disposición a la lucha se expresa en las luchas estatales, de la salud, docentes, en la pelea de los choferes de la 60, en las marchas barriales contra las tarifas, cortes de luz e inseguridad. Pero están aisladas y si bien se pueden lograr triunfos parciales que retrasen aspectos del ajuste, sin una lucha nacional y con continuidad no se le puede parar la mano a Macri. Toda la energía expresada en la Marcha Federal puede disiparse si no se le da continuidad subiendo la apuesta con un paro nacional y un plan de lucha. La responsabilidad de los dirigentes cegetistas es clara. Pero los paros nacionales por gremio como los estatales y docentes que deberían ser la regla y desarrollarse en planes de lucha, son la excepción y salen cuando las papas queman. Acá también el rol de sus direcciones incide y condiciona la necesidad de nacionalizar el conflicto. La Corriente Federal encabezada por Palazzo se abrió del triunvirato argumentando la necesidad del paro nacional. Fue coreado a viva voz en el acto central de la Marcha Federal de ambas CTA.

Paro general y plan de lucha

Hay que concretar ese paro. Reclamarlo a los dirigentes y al mismo tiempo prepararlo en cada asamblea, lugar de trabajo y reunión de delegados y activistas. En cada conflicto por salario o los puestos de trabajo debemos colocar la necesidad del paro y su continuidad con un plan de lucha. Para apoyar y unir los conflictos en curso y para pelear no sólo por los reclamos más urgentes sino por un plan de emergencia obrero y popular. Por un aumento general de salarios, jubilaciones y planes sociales actualizado automáticamente según la inflación real. Por la reapertura de paritarias y la anulación del impuesto al salario. Por la prohibición por ley de despidos y suspensiones y la nacionalización de toda empresa, que cierra o despida, bajo control de sus trabajadores. Por la anulación de los tarifazos y la reestatización de los servicios con control social. Por el repudio a la deuda fraudulenta y para volcar ese dinero a los presupuestos sociales. Por una reforma tributaria progresiva donde paguen más los que más tienen para que la crisis la paguen las corporaciones y no el pueblo trabajador.