Sergio García -Dirigente del MST de Argentina. Director de la Revista “Nueva Izquierda”

El siguiente texto, es una intervención oral que realice hace un par de meses, cuando fui invitado a exponer en el Seminario sobre imperialismo organizado por el FISyP (Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas). A esta exposición le incorpore algunas últimas reflexiones, de acuerdos a los acontecimientos recientes en Latinoamérica.

Buenas tardes compañeras y compañeros, en primer lugar muchas gracias por la invitación. Desde ya el tema del seminario es muy importante y complejo a la vez. Cualquier cosa que nosotros podamos decir en última instancia es un aporte discutible, porque son temas sumamente abiertos que necesitan mucha elaboración, con el agravante de que muchísimas cosas que ocurrieron estos años hace que se necesite un mayor análisis todavía.

Quiero esquematizar algunas cuestiones. Por un lado, a cien años de los escritos de Lenin es evidente que en algunas cosas centrales tienen plena vigencia, con la relatividad del término, porque han pasado tantos años y tantas cosas nuevas, que queda claro que hay cuestiones a revisar y a actualizar. Se trata de un ensayo sobre el imperialismo, que era de una forma determinada por entonces y adquiere otra forma hoy, pero imperialismo sigue habiendo y capitalismo también, podrán modificarse las formas hoy mundializadas, y rediscutirse los actores centrales, pero la necesidad planteada por Lenin y el leninismo de esa época, de derrotar al capitalismo y dotarse de una estrategia revolucionaria para eso tiene plena vigencia.

A partir de ahí es evidente que nosotros somos menos capaces que lo que fueron ellos y nos viene costando en muchos países derrotar esta situación de ataque imperialista. Creo que por esto mismo tiene vigencia en este nuevo milenio la necesidad de construir fuerzas políticas y sociales anticapitalistas, porque podemos darle un carácter teórico al estudio pero esto tiene una consecuencia práctica, que es por qué y para qué peleamos, y si hay condiciones para pelear y ganar, y yo creo que sí las hay. Es evidente el carácter internacional de aquel momento o incluso más internacional aún que entonces. Es un tema en el cual se fue avanzando, Marx también hablaba en estos términos pero más a nivel europeo, ahora es más global y más integral toda la pelea, fue un gran aporte de Trotsky con su teoría de la revolución permanente que mantiene mucha vigencia. Creo que salvando las distancias, el aporte de Lenin tiene mucha vigencia y mucha fuerza el impulso de lucha de los pueblos, es importante recordar que cuando se escribe El Imperialismo, etapa superior el capitalismo, más allá del libro en sí, todos esos años están marcados por la Primera Guerra Mundial, el triunfo de la Revolución Rusa, la derrota posterior de la Revolución Alemana y de la primer Revolución china; había una confrontación de intereses imperialista y de resistencia y ofensiva de los pueblos.

No veo que sea necesariamente muy distinto hoy, porque hay una contraofensiva económica y política de los imperialismos y también hay un proceso de luchas y resistencias muy fuerte. Con lo cual siempre que hay luchas hay posibilidad de hacer experiencias políticas y sociales de ganar o de perder, el problema sería que no hubiera procesos de luchas y que primara una tremenda noche negra sobre la cual nos tocaría habitar o construir. No creo que estemos en esa instancia, hay en el mundo actores políticos que representan a lo peor de los proyectos imperiales, pero hay también un mundo muy complejo. No creo que se pueda debatir sin tomar en cuenta que discutir el imperialismo hoy es discutir el imperialismo yanqui y el fenómeno Sanders, y no sólo esto, también el occupy wallstreet y todos estos fenómenos casi inéditos en EEUU. Discutir el Imperialismo francés y lo que pasa hoy en Francia, una revuelta obrera tremenda. Discutir Inglaterra y que los fenómenos más nuevos, como el caso Corbyn dentro del Partido Laborista como ala izquierda, o ver el dinámico proceso independentista en Cataluña. Estos y otros proceso, más allá de sus diferencias o limitaciones políticas, no creo que sean casualidades, creo que responden a una situación compleja y a una búsqueda permanente hacia izquierda, de franjas de masas que quieren nuevos proyectos que enfrenten esa situación.

Esto se puede ver en todas partes del mundo, porque hay realidades contrapuestas que se chocan muchas veces y que actúan en consecuencia. El imperialismo intenta actuar por ejemplo en medio oriente, en el norte de África; pero también se produjo la primavera árabe en Egipto y en Túnez, con un movimiento obrero y estudiantil muy fuerte, aunque hoy ese proceso haya retrocedido. El pueblo kurdo que refleja en Rojava el proceso más avanzado con zonas enteras bajo su control y liberadas frente al ISIS y al dictador sirio Al-Asad. Hay respuestas de lucha muy fuertes, mezcladas con elementos de barbarie también, porque la verdad es que cuando uno ve a una familia siria tirando a sus hijos por encima de un alambrado, como decía un compañero; lo ve ahogarse en el mar o llegar a Europa y que lo agarren las fuerzas de seguridad europea, se evidencia el nivel de barbarie; nosotros tenemos ajustes en nuestro país pero es distinto y mayor del grado de decadencia social y de ataque. En el mundo de hoy se contraponen esas cosas, además hay elementos negativos pero también hay elementos muy positivos de lucha, de experiencias. Sin ir más lejos en Paraguay ahora hay un conflicto estudiantil enorme, en Chile también, acá hay un proceso de lucha obrera y estudiantil muy fuerte, en Brasil hay un avance del PSOL como alternativa por izquierda frente a la crisis del PT.

Entonces me parece importante reflexionar en estos términos el debate sobre el imperialismo, porque claro que hay debates para dar y cada uno tiene su visión. Hay distintos imperialismos, está el yanqui y están los otros, ¿cuál es la situación de esos distintos imperialismos, alguno tiene o no la hegemonía? Dejo una opinión en cuanto a esto, creo que a pesar de su actual debilidad y crisis profunda, el imperialismo yanqui sigue siendo un poco más hegemónico que el resto, porque no veo que el resto tenga la moneda mundial, la tecnología de punta, la fuerza militar. El pacto con Irán y el acuerdo transoceánico tienen que ver con EEUU, el rol de la OTAN también. Es un actor que tiene, creo, un poco más de peso. Lógicamente existen otros imperialismos o sub imperialismos, como los quieran definir, y actúan, pero hay un predominio que aún no ha sido reemplazado. No veo que China lo haya logrado, creo que le cuesta enormemente eso y que tiene muchas contradicciones porque todo está adaptado al sistema internacional y la propia crisis de EEUU y Europa actúa sobre China.

Está también la cuestión de la multipolaridad, hay múltiples elementos de poder que actúan, no se puede desconocer esa realidad, el punto es si hay poderes que juegan roles progresivos frente al imperialismo, que es un debate político actual. Se podría decir que siendo EEUU fundamental, habría que apoyar a otro en el contexto internacional, pero esto no lo comparto. Mi opinión es que no, que los otros poderes, llámese China o Rusia, que en general presentan proyectos ajenos a las necesidades populares y obreras respecto de un cambio anticapitalista, antiimperialista y revolucionario. Son poderes que actúan a favor de sus intereses como potencias capitalistas.

Creo que también habría que estudiar al extractivismo como un nuevo fenómeno de acumulación, si lo es o no, porque a lo largo del mundo y en particular de Latinoamérica, casi no hay país en el que  no signifique este modelo un nuevo modelo de neocolonialismo. Podemos hablar de lo peor del gobierno peruano con el proyecto extractivista que tiene, pero hay que ser sinceros y pensar en Venezuela ahora y el proyecto del arco minero, que tiene una campaña en contra muy fuerte de parte del pueblo y de organizaciones de izquierda, porque es un proyecto de entrega de oro y diamantes muy grande; es un gobierno que no es de la derecha tradicional y sin embargo el problema de entrega y extracción existe igual. Son fenómenos extractivos y dañinos a gran escala que en esta nueva situación merecen atención. y hay que enfrentarlos a  escala continental

Para cerrar, creo que hay que tener cierto optimismo militante mientras haya procesos de lucha y resistencia. Volviendo al Lenin de aquella época, al que fijo la teoría y llevó a la práctica la construcción de partidos revolucionarios y la revolución, volviendo sobre esa experiencia y actualizándola se impone la necesidad de organizarnos social y políticamente, hecho que los bolcheviques resolvieron a su manera. Y rescatando esa necesidad de organización revolucionaria, en el marco de la unidad nosotros tenemos que tratar de resolverlo más colectivamente, en función de lograr cambios anticapitalistas frente a todos los poderes imperialistas que tenemos que enfrentar. Sería el mejor homenaje a ese estratega de la revolución que hace 100 años nos dejo sus ideas sobre el imperialismo de entonces.

Algunas reflexiones finales

Cien años después del texto de Lenin, el mundo vive una crisis capitalista, se refleja la irracionalidad del sistema y su decadencia, y conviven en diversas partes del mundo nuevos fenómenos a izquierda y a derecha, como expresiones de una polarización social y una pelea abierta. Mientras tanto nuestro continente latinoamericano transita cambios políticos de envergadura. Quería entonces reflexionar y dejar un aporte que tienda puentes entre las ideas de Lenin y el cambio de nuestro continente, motivado no solo por el ingreso de la crisis económica en nuestros países sino por el fracaso de direcciones y proyectos políticos que no supieron responder a esa situación.

Si algo aprendimos de Lenin, sin dogmas pero con la certeza de hechos comprobables por la realidad, es que frente al imperialismo y el capitalismo a escala internacional y nacional, no se puede dudar, ni darle la facilidad de permitirle conducir los resortes estratégicos de la economía y la producción. Junto a Trotsky, lo mostró con creces tanto en las medidas internas tomadas en los primeros años de la revolución rusa como en su intento de extenderla a través de la conformación de la III Internacional, proceso que luego fue revertido y degenerado por el stalinismo, ya con Lenin muerto y con Trotsky difamado y perseguido.

Hoy que vemos el retroceso de procesos como el bolivariano en Venezuela, o el fracaso del modelo del PT en Brasil no está demás preguntarse porqué ni uno ni otro, más allá de las diferencia que tenían entre sí, no provocaron cambios cualitativos en sentido anticapitalista. En nuestra opinión por varias y diversas razones. En el caso del PT porque fue virando desde su llegada al gobierno, cambiando las progresivas banderas que le dieron origen, abandonando su programa inicial y transformándose en un modelo de gestión del status quo, de negociados con las grandes corporaciones petroleras, agroindustriales y megaconstructoras como Odebrecht. Que rechacemos el impechament como maniobra reaccionaria de las elites brasileras, no implica desconocer que el PT perdió gran apoyo popular por el camino equivocado que emprendió. Ese debilitamiento y la aplicación de un ajuste fuerte los últimos años, es el que le permitió a la derecha brasilera avanzar y recuperar terreno.

Lo que opinamos, es que la realidad pasada no se puede ocultar, desde que llegó al gobierno nunca el PT se planteó impulsar transformaciones en sentido antiimperialista y menos aún anticapitalistas. De hecho hizo todo lo posible para frenar el curso ascendente del movimiento bolivariano en sus años de auge, poniéndole obstáculos a la conformación del Alba y otros proyectos independientes como el Banco del Sur o la moneda Sucre, que finalmente nunca vieron la luz. No es casual entonces que hoy, en el ocaso de ese proyecto que defraudó a millones, la atención la tenga en Brasil el PSOL, que desde una perspectiva de izquierda y de pluralidad, avanza en su ubicación política como tercera opción, frente a las elites de derecha y frente al PT.

En el caso de Venezuela y el proceso bolivariano, el fracaso y giro actual regresivo del gobierno de Maduro, se debe a varias razones. Por un lado, tras años de ascenso y de medidas sociales positivas tomadas en vida de Chávez, lamentablemente no se prosiguió con un salto exterior en sentido similar in con más medidas profundas, de ruptura anticapitalista al interior de Venezuela. Chávez muere cuando este debate se hacía necesario y los problemas sociales comenzaban a aflorar más. En el plano internacional se fue abandonando el impulso inicial dado al Alba y se claudicó a la línea del PT de Brasil ligada más al Mercosur y otros acuerdos, que no tienen carácter emancipatorio sino de intereses de la gran burguesía brasilera y argentina en segundo lugar. Todo esto fu minando la posibilidad de un curso más radical en Sudamérica y en la propia Venezuela.

Seguido de esto, el gobierno de Maduro decidió avanzar en un giro regresivo del proyecto bolivariano, directamente abandonó sus aspectos más progresivos y avanzó a consolidar un modelo rentista, de capitalismo de estado, mezclado con medidas de ajuste y bonapartista y antidemocrático en su forma de régimen y accionar cotidiano. Por eso franjas de masas rompen con el gobierno, la derecha de la MUD intenta aprovechar esa situación, y a la vez del propio interior del proceso bolivariano se está reorganizando una nueva referencia política, de la cual nuestros compañeros de Marea Socialista son parte impulsora y  protagónica.

El retroceso de estos dos proyectos distintos que años atrás protagonizaron la vida política de Sudamérica, es una nueva muestra a inicios de este siglo, que sin tomar medidas profundas, antiimperialistas y anticapitalistas no hay manera de avanzar positivamente a transformar la sociedad a favor de las grandes mayorías populares. Como tampoco hay protagonismo popular si dominan las castas políticas y los acuerdos por arriba con grandes corporaciones. Y estas experiencia, reactualizan la tesis de revolución permanente, de comprender desde la izquierda que todo proceso que no avanza progresivamente en medidas en sentido anticapitalista, por la misma ley de las revoluciones termina retrocediendo. No hay manera de mantenerse en el tiempo en forma estática, se va hacia adelante o hacia atrás. Y nosotros estamos convencidos que se puede ir hacia adelante aun sabiendo que no es fácil, a condición de apoyarnos en la movilización revolucionaria de las masas y de tener una estrategia socialista.

No quería entonces dejar de hacer esta reflexión, a 100 años del aporte de Lenin. Porque volver sobre sus pasos, hacia la esencia de su legado, hacia la necesidad de enfrentar al imperialismo en sus nuevas formas y componentes, tiene que ver con seguir apostando e impulsando un proyecto revolucionario y anticapitalista para nuestros países. Como única forma de intentar “tomar el cielo por asalto”, sin vacilaciones ni burocratismo y con una estrategia política y de organización militante que lo sustente.