PARA SALIR DEL PANTANO DE LA GUERRA VOTEMOS SI A LA PAZ. COLOMBIA HA LLEGADO A UN PUNTO DE INFLEXION HISTORICO

 

Por. LUCAS GUERRERO (*)

Para comprender un poco lo que ha ocurrido en esa Colombia que en las últimas cinco décadas ha visto surgir muchos conflictos armados y guerras intestinas de los cuales han terminado muy pocos, haremos una breve descripción de ese mar de complejidades en el que navega la mayor parte de la población, que muchas veces no comprende el porqué de sus desgracias y calamidades y trataremos de desvelar cuales  intereses  son los que promueven la permanencia de los múltiples aparatos armados, que a la final, son los causantes de la tragedia y muerte de cientos de miles de colombianos ocurridos en este último medio siglo.

Las grandes dificultades que suceden para alcanzar la paz en Colombia (entendida como el fin del conflicto armado del estado con las guerrillas), son incontables. Los distintos intentos de llegar a un acuerdo con la guerrilla de más tradición y arraigo social en América Latina, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-FARC, han resultado en fracasos, casi todas las veces por la fuerte oposición de las fuerzas militares y la ultraderecha  Colombiana, que oculta tras el velo de un acérrimo antiguerrillerismo, el odio a la movilización de las masas y al sindicalismo y ha mantenido una campaña de exterminio de dirigentes sindicales durante décadas, justificando veladamente los asesinatos, argumentando supuestos nexos de los dirigentes campesinos, sindicales y populares, con las guerrillas. Se han opuesto históricamente a cualquier acuerdo, pues ello significaría un supuesto triunfo de las guerrillas sobre el aparato militar, cuyo objetivo y razón de su ensanchamiento sistemático y costosos privilegios ha sido la aniquilación física de las guerrillas, con el argumento de que se les va a  entregar el país para que se apoderen de él políticamente. Pero la terca oposición a la paz va más allá de las consideraciones sobre la existencia de la guerrilla.

El Origen del Conflicto.

La situación del conflicto armado en Colombia ha evolucionado, tanto en el terreno militar como en el terreno político, con efectos político-sociales en amplias regiones del país.

La guerrilla de los años sesenta, a diferencia de la que se formó a finales de la década del 40 y los 50, nace como una organización independiente del Partido Liberal y crece en la década de los sesenta, sustentada en la lucha por la tierra del campesinado, por una aspiración más que válida, la lucha por  una reforma agraria para los campesinos pobres, por esos años, de algunas regiones del centro de  Colombia, entre las que se encuentra el departamento del Tolima y la población de Marquetalia, fue de donde emigró con 45 hombres, quien años más tarde, fuera legendario dirigente de las FARC, Tirofijo. Luego de esta primera marcha, unos meses después surgió la unificación de las primeras guerrillas, las que se organizarían en la primera conferencia de las FARC en 1964.

El campesinado colombiano ha sido dominado por una clase latifundista, heredera política de la aristocracia conservadora (El Santanderismo), ahora de mala recordación, por su papel retardatario, ultraconservador y reaccionario desde los tiempos de la lucha por la independencia de España.

La forma de dominación económica, política y social en el campo colombiano, es de un cuasifeudalismo moderno, en el sentido de que al interior de un país capitalista, que se industrializaba y urbanizaba a un ritmo acelerado, desde hacía varias décadas ya en amplias regiones de Colombia dominaba el gamonalismo, como una estructura casi feudal, que no fue liquidada por la economía capitalista, puesto que en Colombia no hubo ni revolución campesina, ni reforma agraria. En amplias regiones del campo, se había instaurado la servidumbre; el trabajo para el amo, del campesinado atado a la parcela que le cedía el hacendado  y el trabajo del jornalero, ese campesino sin tierra, ni nada, ni siquiera un lugar donde trabajar de manera permanente, ambos bajo el dominio totalitario y la más absoluta intolerancia de esa pseudoaristocracia que combinaba la arrogancia y el atraso con un provincianismo secular, como para completar el cuadro, estos terratenientes, han sido desde siempre, sustentados, alentados y escudados por el aparato igualmente reaccionario de la iglesia católica, con quienes han vivido en una simbiosis de retroalimentación mutua, pues el origen de la mayoría de la base del clero, todavía viene en gran parte de los hijos de gamonales, terratenientes y campesinos acomodados, que tenían como pagar un seminario durante varios años.

Esta clase dominante en el campo, desde finales de la década del 50, fue uno de los pilares de los regímenes de dominación del bipartidismo liberal-conservador, en el país, finalmente se decantó más que todo en el partido conservador, aunque con sectores importantes en el liberalismo, como se verá más adelante con Uribe Vélez, en Antioquia, Duran Dusan en el Meta y otros…

En Colombia luego de la violencia de la década del 50 vino un nuevo periodo de colonización de importantes sectores de la frontera agrícola de producción, como en los llanos Orientales, en el Urabá Antioqueño, en los valles de los grandes ríos como el Atrato o el Cauca y en las enormes faldas de Sierra Nevada, todavía despoblados. Luego vendría la bonanza de la marimba, con su estela de corrupción, disgregación de poblaciones indígenas y el ingreso de una nueva violencia desconocida hasta entonces, la de la siembra y tráfico de la marihuana, con sus ejércitos privados, que prefiguraba el nuevo ciclo de horror que llegaría un poco después, el imperio de la producción y tráfico de cocaína hacia los Estados Unidos.

A su vez en los sesentas, creció el nuevo proletariado agrario, como el de las bananeras, las grandes haciendas de la caña y la producción agropecuaria en gran escala. Estos sectores protagonizaron grandes huelgas y luchas por sus reivindicaciones y en defensa de sus derechos laborales. También los campesinos pobres y jornaleros invadieron grandes haciendas y terrenos baldíos, crearon fuertes organizaciones campesinas, que protagonizaron luchas importantes, a finales de los sesenta y hasta mediados de los años setenta.

Pues bien, la guerrilla se fue nutriendo de esa base social campesina movilizada y a la vez se fue politizando, con el acercamiento que tuvo con el partido comunista en la década del 60 y con el triunfo de la revolución cubana, que creó fuertes debates, en la vanguardia luchadora de esos años y que terminaría en 1965 con la fundación por los hermanos Vásquez Castaño, de una nueva guerrilla, el Ejército de Liberación Nacional, ELN. De base social diferente, compuesta de vanguardia estudiantil universitaria influenciada por la revolución cubana y por sacerdotes de la teología de la liberación, entre ellos el célebre cura y sociólogo, Camilo Torres, (quien murió a manos del ejército en 1966).

El exterminio de la Unión Patriótica

En las últimas dos décadas del siglo 20 existieron varios grupos guerrilleros en Colombia, influenciados por las diferentes corrientes de la izquierda mundial, como las FARC (ligadas al PC y al Estalinismo Sovietico), EL EPL (ligado al Maoismo, El ELN (Ligado al Castrismo), El M-19, originado en una disidencia del bipartidismo colombiano, que se llamó ANAPO, de carácter populista.

A comienzos de los 90, se firmó un acuerdo de paz con el M19 y otro con el EPL, para su desmovilización y participación en la constituyente de 1991. En medio de este proceso se venía exterminando desde 1986 a la  Unión Patriótica (UP), organización política de masas, que era influenciada fuertemente por el PC y las FARC y varias organizaciones campesinas y populares, éste genocidio político se consumó de tal modo que hacia 1994, los paramilitares con el apoyo abierto y muchas veces encubierto, de las fuerzas militares de Colombia, habían exterminado cerca de 4000 militantes, de la UP, desde sus máximos dirigentes como Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, hasta el último concejal de la UP. Con esto se configuraba una derrota política para el movimiento de masas, para la guerrilla que quisiera hacer política legal y para el resto de la izquierda que participaba en los procesos electorales cada dos años para elegir concejales y alcaldes en los casi mil municipios y cada cuatro años para elegir presidente de la república.

En esas dos décadas la mafia y los paramilitares imponían a sangre y fuego su ley sobre amplios territorios del país. Los hermanos Castaño habían fundado las Autodefensas Unidas de Colombia, financiadas según declaraciones de su máximo dirigente, Carlos Castaño, por los carteles del narcotráfico. Pero algo peor se venía incubando en los sectores que se servían y beneficiaban de la actividad de los paramilitares. Hoy es de público conocimiento que grandes terratenientes, pagaban a la alta oficialidad, para que organizasen sectores del ejército, que vestidos de paisano, asesinaban por encargo a supuestos ladrones de ganado, cometían masacres para aterrorizar a poblaciones enteras y hacerlas abandonar sus tierras que luego eran compradas a precios miserables, como en un festín por los testaferros de los grandes terratenientes y capos de la mafia, y también de paso, asesinaban dirigentes o activistas sociales, prostitutas, ladrones, haciendo la llamada limpieza social, aceptada y justificada por amplios sectores de las clases medias del campo y la ciudad, con el discurso de que el estado no hacía nada y que alguien tenía que encargarse de esa gentuza.

Veamos esta curiosa coincidencia, entre 1986 y 1994, mientras se producía el aniquilamiento de la Unión Patriótica con el asesinato de todos sus militantes de los que se tenía conocimiento público a manos de los paramilitares, cerca de 4000, en ese mismo periodo el narcotráfico y los líderes paramilitares, se hacen a más de seis millones de hectáreas de las tierras más fértiles de Colombia.

El Paramilitarismo y la Parapolítica.

El avance de la organización paramilitar y su movilidad por diferentes regiones del país con características similares, de ataques a poblaciones inermes, con el mismo discurso contra la guerrilla, con la misma complicidad del ejército, muchas masacres se cometían a menos de 10 o 20 kilómetros de las bases militares, con las mismas consignas escritas en los muros de los caseríos arrasados, dejaba en evidencia que eran ejércitos con una organización centralizada, que no solo era militar sino también de carácter político. Luego en 2007, se conoció de la reunión de más de treinta dirigentes políticos de ambos partidos, gobernadores y personalidades políticas de la derecha en la costa atlántica, de que se habían reunido con los paramilitares liderados por el mafioso Mancuso, para refundar el país, en el famoso Pacto de Ralito en 2001.

Se descubrió que junto al paramilitarismo funcionaba la parapolítica, es decir los paras no solo dominaban militarmente a las regiones donde se asentaban, sino que también decían por quien habría de votar la población, la cuestión saltó con casos como este: en el departamento de  Antioquia una población como Marinilla, con más del 95% en todas las elecciones de su historia a favor de los conservadores, de pronto se empezó a contar más del 80% por dirigentes liberales ligados a la mafia y a los paras y así con decenas de municipios.

Fué la fusión de los paramilitares, con sectores importantes del ejército, donde estaban involucrados oficiales de alta jerarquía, sectores importantes de la política de ambos partidos liberal y conservador o sea la parapolítica y el hampa organizada a diferentes niveles, lo que le dio un poder enorme a estas organizaciones, que actuaban no solo con absoluta impunidad, sino con la complicidad de las fuerzas militares y de sectores importantes de los partidos políticos tradicionales.

Algunos analistas llegaron a plantear que en Colombia existía un Paraestado, algunos miembros de los círculos políticos de estados unidos, comentaron que era una narcodemocracia, otros que era un estado fallido, pero lo que no decían públicamente era que todos eso ocurría con su aprobación en privado, pues algunas multinacionales de tradición en Colombia, estaba involucrada en el financiamiento a los paras, porque además ellos, los USA, con el plan Colombia, financiaban y entrenaban ese ejército, que cohonestaba con su enemigo declarado el narcotráfico, al que supuestamente tenía que combatir. Pero con la justificación de que la guerrilla era el principal narcotraficante, todo quedaba cubierto, entonces la guerrilla servía para todo; era la culpable de los fracasos económicos, de los exorbitantes presupuestos para las fuerzas militares, de la violencia desatada en el país, de la existencia de los paras, de la baja inversión de las multinacionales, del impuesto de guerra, de la inseguridad, en resumen de todos los males de nuestra sufrida Colombia.

Podríamos afirmar que sobre la experiencia de la liquidación de la UP y el avance del paramilitarismo, es que resultaba muy difícil concretar algún acuerdo con las propuestas del gobierno Pastrana 1998-2002 con el despeje de la región de la Uribe en el departamento del Meta. Ante el fracaso de las negociaciones, el gobierno de Pastrana apoyado por los estados Unidos, inicia un reforzamiento espectacular del ejército, con el llamado plan Colombia, que en un principio se llamó plan para la paz, pero en realidad, era un plan para ensanchar y reforzar al máximo el ejército y las fuerzas armadas, que supuestamente combatirían el narcotráfico y el terrorismo, pero que en realidad tuvieron como centro de su accionar el combate a la guerrilla con el fin de exterminarla por enésima vez, con el agravante de que a los siete años, al balance arrojó que las hectáreas sembradas de coca había crecido un15%, sin embargo le estaban propinando fuertes golpes a la guerrilla atacando miserablemente su base social, con masacres perpetradas por los grupos paramilitares y provocando el éxodo social de millones de personas del campo hacia los tugurios de las grandes ciudades, como Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla. También la propia guerrilla fue desplazada de importantes zonas de las que se apoderó el paramilitarismo, como Urabá, El norte Antioquia, Las llanuras de Córdoba, la Sierra del Perijá, La Sierra nevada de Santa Marta, los valles de los ríos más grandes de Colombia el  Magdalena y el Cauca y grandes zonas de los Llanos Orientales donde existe la explotación de pozos petroleros y la explotación de la ganadería en gran escala. Había además, una disputa territorial con las bandas de narcotraficantes, que requerían de grandes extensiones de tierra, para sembrados de coca y amapola en el sur de país en áreas como putumayo, El Vichada y la Amazonia. Este fenómeno ocurrió  en varias oleadas de violencia sobre el campesinado pobre y también sobre los barrios marginales de grandes ciudades como las comunas de Medellín, las mafias de la droga, las convirtieron en fuente y reserva obligada del sicariato, a su servicio.

La evolución de los Paras.

El fenómeno paramilitar que inició con la formación de ejércitos privados de los grandes capos de la mafia, como Pablo Escobar y el Mejicano y que tuvo su expresión política en la propuesta de un partido de corte Fascista promovido por Carlos Lehder, el primer capo extraditado a los Estados Unidos en  1987. Con esta extradición se desato la guerra de la mayoría de los sectores mafiosos contra el gobierno de Virgilio Barco, el período de terror generalizado en las grandes ciudades con el estallido de bombas casi a diario y el precio de un millón de pesos por cada policía muerto en Medellín, declarado por el propio Pablo Escobar.

Resulta que la mafia para lavar los miles de millones de dólares de sus ingresos anuales, primero le compraba pequeñas propiedades a los burgueses o sus hijos, pagándoles dos o tres veces su valor real, fincas, casas, mansiones, hoteles, restaurantes, clubes sociales, etc. Luego se volvió prestamista de los industriales y empresarios en quiebra o asfixiados por las deudas, de allí salto a la política, de modo que Pablo Escobar fue elegido a la Cámara de representantes por el departamento de Antioquia en 1982, luego de las denuncias por narcotráfico del ministro de justicia Lara Bonilla y el diario el espectador, se tuvo que retirar en 1983. El narcotráfico creció y se opondría radicalmente a la extradición, medida por la que presionaban los Estados Unidos, el enfrentamiento fue creciendo hasta que vino la extradición del narcotraficante Carlos Lehder y recrudeció la guerra entre el grupo de los extraditables y el gobierno colombiano, con la secuela de atentados y asesinatos de jueces, periodistas, lideres populares, dirigentes de izquierda, policías, etc. Pero como siempre para los poderosos las guerras tienen réditos ocultos. El narco y los paras rápidamente iniciaron una campaña de expoliación y despojo en grandes territorios del país, como el Magdalena medio, Urabá, las llanuras de córdoba, el valle del rio Cesar, los Llanos Orientales, el norte del Valle del Cauca, precisamente donde aparecían los paras se intensificaban las masacres, las amenazas, la migración y el desplazamiento forzoso, que con el transcurrir de unos pocos años, llego a ser de millones de campesinos, colonos, pobladores y propietarios, precisamente de las tierras fértiles, que quedaban por un valor ínfimo en manos de la nueva “clase emergente”, enriquecida con toda clase de negocios ilícitos y por supuesto, hicieron del crimen contra la población uno de los más rentables.

El surgimiento del Uribismo.

Para 2002 el partido liberal se había dividido, tras la crisis del gobierno de Ernesto Samper, quien fue acusado en 1994 por su contrincante Andrés Pastrana de haber recibido del cartel de Cali, cheques millonarios para financiar su campaña. Pero también un factor de división era entre ese sector de ultraderecha que surgía con fuerza, que empezó a utilizar los fondos del estado para hacer negocios con la mafia y sus testaferros y que apoyaba los paras y hacía el de la vista gorda con el tema de la mafia y la extradición  y el sector que había manejado el partido en las últimas décadas, que no estaba ligado a la mafia y los paras.

La ultraderecha colombiana, fue declarando su apoyo a las AUC, primero en privado y luego en los cócteles y pasillos del congreso, y luego públicamente, con el eufemismo de defender el honor de las fuerzas militares y todo lo que ellas hicieran estaba bien, porque era en defensa de la patria. Entre otras cosas en Colombia, la burguesía en su conjunto y los medios desde hace décadas han venido construyendo una falsa imagen de las fuerzas militares, las han endiosado, como las salvadoras de la patria y luchan a toda costa por limpiar su imagen, para salvarla de su participación directa en las masacres y asesinatos de políticos y sindicalistas, en Colombia, como en estados unidos es un sacrilegio antipatriótico hablar mal o denunciar al ejército, como si se viviera en una dictadura, los que se atreven a eso, en pocos días reciben amenazas de muerte y tienen que callarse, esa visión del ejército ha calado en amplias capas medias de la sociedad y sectores populares, sobre todo de la economía informal y buena parte del campesinado. Por eso curiosamente todos los trabajos periodísticos de denuncia hacen centro en la actividad de los paras y la guerrilla, pero el ejército, solo se denuncia por su pasividad o complacencia, rara vez como complice y mucho menos como ejecutor directo y del gobierno, como el de Uribe no se dice nada, los únicos que lo hacen son las víctimas enfurecidas o las organizaciones sindicales radicales, (que sufren el asesinato sistemático de más de 150 dirigentes sindicales por año),  y las organizaciones de derechos humanos y la izquierda radical, que son una minoría.

Alvaro Uribe, quien en representación de esa clase de hacendados y terratenientes de quienes hablamos al comienzo de este artículo, fue elegido gobernador de Antioquia, en 1995, ya había sido elegido senador por Antioquia, durante los 8 años anteriores. Desde allí propuso la creación de unas autodefensas, armadas por el estado, para defender a los hacendados de los ataques de la guerrilla, pero el Gobierno y el congreso de mayoría liberal, y con procesos de paz en ciernes no lo aprobó.

Formó una disidencia del liberalismo, y se lanzó como candidato independiente, con apoyo de importantes sectores del partido conservador. Ganó las elecciones con el 54%de los votos en primera vuelta. Años después se haría público que había contado del apoyo de la parapolítica en numerosas regiones y municipios.

Luego se hizo reelegir en el 2006, después de aplicar una política, de guerra abierta contra los alzados en armas y la inplementación de fuertes planes neoliberales, como la privatización de la salud y las comunicaciones.

Es innegable que el presidente Uribe conto con un apoyo mayoritario en las elecciones, pero su gestión gozo de unas características específicas que desde hacía muchos años se venían perfilando en Colombia. La primera es el crecimiento desmedido del aparato militar, por ejemplo entre 2000 y 2012 aumentó en 150.000 hombres, paso de 350.000 a 500.000 hombres. Desde la década de los 80 se registra ese crecimiento sistemático del aparato militar y su presupuesto, el mayor renglón del presupuesto nacional. Por otro lado para nadie es un secreto que el ejército cogobierna en los aspectos de guerra y seguridad, además no olvidemos que durante el gobierno de Uribe se paso de dos bases militares yanquis a siete, con inmunidad para las atrocidades que pueda cometer el ejército imperialista. De aquí resulta que el ejército recibe cada dos años unos 150.000 0 200.000 militares que educa en la contraguerrilla y derechiza de forma eficaz, pues la mayoría de los reservistas y de la juventud que sale del ejército es obligada a recibir una ideología política bien reaccionaria, este sector constituye buena parte de la base social del uribismo y la derecha en Colombia, otro contingente lo aportan las poblaciones que se benefician directamente de los trabajos de la actividad del narcotráfico, como los raspachines  (recolectores de la hoja de coca), en amplias regiones del campo y ciudades intermedias, los que trabajan en laboratorios clandestinos, construyendo pistas, y toda clase de logística del negocio del narco. No podemos olvidar el trabajo del paramilitarismo que en el proceso de paz acordado con Uribe, declaró cuarenta mil hombres en armas y el 35% del congreso según información del propio capo Mancuso. Por último los sectores de campesinos que sirven con su producción pecuaria para el soporte de la industria de la coca, más los que son obligados a votar por los candidatos de los paras. Ahora se cuentan los desmovilizados por miles, que mantienen esa ideología, por ejemplo un número grande de conductores de taxi en ciudades como Bogotá y Medellín, son desmovilizados de las bandas de ultraderecha. Eso constituye una base social adicional considerable además de la tradicional con la que ha contado la derecha en el país, conservadora, que aporta buena parte de la opinión y millones de votos a favor del régimen.

Que hay detrás del  SI y el NO?

En realidad las diferencias sobre los acuerdos de paz con la guerrilla, no son cuestión de vanidades o caprichos políticos de Santos y Uribe, expresan una división en la burguesía, pero quien es quien?.

Por un lado Uribe expresa la clase emergente, la lumpenburguesía, los terratenientes, organizaciones burguesas como La SAC (Sociedad de Agricultores de Colombia) y FEDEGAN (Federación de Ganaderos de Colombia), los paramilitares, las AUC e importantes sectores mafiosos y buena parte de la aristocracia burguesa reaccionaria, como el sindicato antioqueño, pero muy importante, expresa esa ideología contraguerrillera del ejército y buena parte de la burguesía, que fue alimentada por el imperio según su conveniencia internacional, por ejemplo recién cayó el muro de Berlin, los USA, solo apoyaron económicamente la lucha contra el narco. Para Uribe en sus dos gobiernos todo confluyo para que gobernase como un “capo di tutti capi”, con todo ese poder que ya mencionamos más el poder del Estado. También con el NO se pretende evitar que las confesiones de los guerrilleros, involucren a sectores burgueses, militares, paramilitares y políticos activos, que se verían en serios aprietos, frente a nuevas pruebas o evidencias que quizá no puedan hacer desaparecer como lo hicieron durante los gobiernos de Uribe.

Por otro lado Santos, con una ideología burguesa liberal reaccionaria, igualmente antiguerrilla, representa la clase política clásica y corrupta, el establecimiento tradicional, los clubes de burgueses aristocráticos como el jockey club de Bogotá,  representa a esa alta burguesía ladina, calculadora e históricamente traicionera, diferente al estilo guerrerista y frentero de Uribe. Pero la política es mucho más que la historia de las posiciones y sus tendencias, es el “resultado concreto de las múltiples determinaciones”, que utilizó Marx para acercarse a una definición de la realidad. Ahora, en la coyuntura como decimos en la izquierda, Santos encarna un frente burgués con una política, que tiene como aliado no solo al Imperialismo Norteamericano, sino al Imperialismo Europeo, a Cuba a Venezuela y a toda la comunidad internacional, empezando por la ONU, y terminando en múltiples ONG y organizaciones de derechos humanos. Esa política son los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC. Eso es un factor determinante de la realidad, que adquiere un peso cualitativo, sobre la conciencia de las masas y de amplios sectores burgueses. En un mundo globalizado, no podemos despreciar este factor de la totalidad, que incide en el desarrollo de las contradicciones internas. Esto también tiene explicaciones un poco más profundas, los gobiernos Europeos y el Imperialismo, saben lo que significa una guerra más, sobre este planeta descuadernado que pretenden organizar, porque si la guerrilla estuviese en una posición de fuerza, no vendría a negociar nada, sino a imponer probablemente una constituyente, o a declarar repúblicas independientes, lo que pronto se convertiría en una guerra civil, dada la importancia que tiene Colombia para los intereses del imperio.

Pero hay más; resulta que Colombia es un país muy rico en yacimientos minerales, carbón, oro, estaño, esmeraldas, etc, pero la guerrilla es un obstáculo para la explotación y el extractivismo minero, estos serán los negocios que vienen con el postconflicto, de allí deriva también el interés del imperialismo en desarmar a las guerrillas.

Por esa realidad que se ha configurado sin la intervención del movimiento de masas y su movilización, es que las masas deben definir una posición como en muchas ocasiones en la historia política, esa realidad se ha impuesto por la burguesía con la anuencia y participación de la guerrilla. Se ha llegado por esta vía a un punto de inflexión de la historia política de Colombia, pero el orden burgués también tiene sus fisuras y depende de estas definiciones políticas, es algo similar al brexit, las masas se ven abocadas a participar en decisiones políticas que afectan el orden burgués, la economía y la política, a veces mucho más que lo que motiva el voto en el momento en que se sufraga.

Pero el si también significa para las masas, liberarse del peso del conflicto armado, para el movimiento obrero y campesino y para la vanguardia luchadora, cambia la perspectiva política, de ese copamiento y protagonismo que ocasionan las acciones de la guerrilla que desvían la atención del movimiento de masas de la construcción de un partido revolucionario, que es fundamental para el triunfo de la revolución.

Es indudable que la paz como está planteada, o sea la cesación de la guerra y la entrega de armas, no es una ventaja para la guerrilla, pero es un descanso para cientos de poblaciones del campo colombiano que padecen las consecuencias del conflicto. Ese sector de las ciudades, que no ha vivido las consecuencias del conflicto es fácil presa de la campaña del No que hace el Uribismo y una serie de medios que le son afectos.

El sí es la esperanza de paz para amplios sectores del pueblo colombiano, es un paso obligado para salir del pantano de la guerra.

(*) Es miembro del MAS de Panamá

 

 

 

 

 

 

 

 

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