Vladimir Safatle Folha de São Paulo

Es posible que uno de los saldos de esta última elección sea el desplazamiento importante del eje de la política brasileña. Durante toda la Nueva República, este eje estuvo encarnado en la política paulista. São Paulo vio nacer a los dos movimientos más expresivos responsables por la gestión del poder en los últimos veinte años.

El primero; fue en São Paulo en donde las grandes huelgas del ABC redundaron con una alianza compuesta por sindicalistas, intelectuales y la iglesia progresista que coordinó el proceso hegemónico de la izquierda brasileña bajo el PT. Tal proceso ciertamente entro en un colapso con la elección de octubre de 2016; por lo menos si pensamos como al PT como una fuerza hegemónica capaz de producir políticas de transformación.

Haddad el candidato a la reelección a la alcaldía, era la última gran apuesta del PT, pero pilotó una alcaldía con unos bajos índices de aprobación durante tres años y tan siquiera fue capaz de llegar al segundo turno. No esperen ninguna auto critica de este proceso, ya que parece que se han acostumbrado a las limitaciones en el horizonte de las expectativas que la última alcaldía del PT represento.

El segundo, fue en São Paulo donde nació el PSDB de una división en el antiguo PMDB provocada por el control de Orestes Quércia sobre el partido. Con la inspiración inicial social demócrata y con su alianza de intelectuales, de antiguos políticos que estuvieron en la oposición al régimen militar y por grandes operadores de la economía nacional, el PSDB vuelve a la alcaldía de São Paulo para enterrar, con una llave de oro revestida de diamantes y unos toques de porcelana Luís XIIII falsa, a su proprio ciclo.

La elección del Sr. João Doria es uno de esos chistes que sólo en situaciones terminales se pueden producir.

Implodiendo a su propio partido, con procesos en sus espaldas de abuso de poder económico sobre este personaje frecuentador de negocios oscuros con el dinero público, y de las famosas caricaturas de programas de Amaury Jr, representa la coronación de la miseria del gobierno del señor Alckim.

La sobrevida del gobernador es la prueba más cabal de como al Tucanistão le gusta de quien tiene procesos judiciales por la empresa pública del Metro corriendo en los tribunales de

Justicia de Suiza y de Francia, de quien es sospechoso de casos de corrupción con las meriendas escolares y cuya incompetencia provoca el racionamiento del agua, cierra escuelas, deja universidades a la deriva, golpea y persigue a los profesores y tiene unos índices sociales pifiados.

No esperen de todo ello ningún nuevo ciclo de proyectos nacionales.

La verdad, el hecho nuevo de esta elección ocurre en Rio de Janeiro. Pues es en Rio que vemos uno de los embates que, probablemente, van a dar la tónica en los próximos años.

De un lado, la candidatura de un pastor evangélico representante del ala más bien organizada de este movimiento, a saber, la Iglesia Universal del Reino de Dios. El crecimiento de su partido en la última elección, el PRB, es consciente (un 48% a más de voto).

Diferentemente de su “hermano en la fe”, el PSC, el partido de la Universal no comulga con el conservadurismo belicista y tosco que no teme en apoyarse en los amantes de la dictadura militar.

La verdad, el PRB es un efecto colateral del lulismo, pues creció en las huestes del gobierno “el ex vice presidente José Alencar (1931-2011) fue uno de sus fundadores”, aprendió a manosear la lógica de la asistencialismo, a esconder mejor su conservadorismo y su dinámica teológica política. Por ello, tiene y va a tener mucha más densidad electoral.

Por otro lado, tenemos una de las más impresionantes experiencias políticas de los últimos tiempos en Brasil. Marcelo Freixo consiguió federar un movimiento de militantes, de jóvenes y de intelectuales único en el Brasil actual, que se impuso como alternativa inmanejable a pesar de tener apenas 11 segundos en la televisión y muy poco dinero.

Con movilizaciones en las calles, mítines y discusiones continuas para la elaboración del plan de gobierno, este movimiento tiene una dinámica que hace  mucho tiempo había desaparecido dentro de la izquierda brasileña.

El trae nuevas pautas, entre ellas la constitución de mecanismos de democracia directa, la defensa radical de los derechos humanos y el fortalecimiento de los servicios públicos.

Su lógica es la de una mutación en las formas de gobierno, y no la de adecuarse a los modos actuales de gobernabilidad. En un momento en que la izquierda brasileña parece estar encerrando un ciclo, el suceso de la experiencia capitaneada por Freixo indicará el camino por el cual ella se podrá reconfigurar.