Luciana Genro

La tragedia aparentemente criminal que ocurrió con el avión que llevaba el equipo de Chapecoense tomó los títulos e estremeció a Brasil. Aún así, la Cámara de Diputados y el Senado no pararon de votar. Y votar, como es usual, contra los intereses del pueblo. En el Senado, el proyecto de enmienda de la constitución que instituye el techo de gastos fue aprobado en la primera votación y en la Cámara, las diez medidas contra la corrupción presentadas por el Ministerio Público se transformaron en un intento de intimidar los fiscales.

Una semana antes, el PSDB fue el principal en decir que era un horror y hasta criminal grabar el presidente cuando el ex-Ministro de Cultura, Marcelo Calero desnudó la actuación criminal de Temer y Padilha en defensa de los intereses privados de Geddel. Quedó en evidencia también el apoyo de Aécio y del PSDB a este modo de hacer política, haciendo de todo para blindar a Temer porque quiere que el gobierno masacre al pueblo con sus medidas de ajuste, como la que congela los gastos sociales.

Pero la aflicción con la tragedia chapecoense no impidió que haya reacción a estas dos votaciones. En frente al congreso, miles de estudiantes se reunieron para protestar. Fueron tratados con bombas de gas lacrimógeno y cachiporras. No se intimidaron, como muestra esta foto donde una bandera de Juntos, sostenida por la dirigente de la Unión Nacional de Estudiantes Camila Souza, flamea en medio del gas.

En otra esfera, los fiscales de la Lava Jato también reaccionaron a la votación de la Cámara, en especial a la enmienda que incluyó un dispositivo claramente intimidante, abriendo puertas para la punición de fiscales en ejercicio de su función. Entre las conductas que pasarían a ser crimen estaría la presentación del Ministerio Público de acción de improbidad administrativa contra agente público “de forma temeraria”. En este caso, además de prisión, los fiscales también estarían sujetos a indemnizar el denunciado por daños materiales y morales o a la imagen que haya provocado. Los fiscales amenazaron con renunciar a la Lava-Jato si la enmienda es aprobada en el Senado. La casta política sintió el golpe. Algunos dijeron que la amenaza fue un enfrentamiento a la “independencia de los poderes”. Vi una reacción desesperada de quien está viendo su trabajo irse agua abajo y el temor de ser punido por estar colocando tras las rejas a grandes políticos y grandes empresarios.

De las calles vino alguna reacción a todo esto, con cacerolazos durante el Noticiero Nacional en varias ciudades. Renan Calheiros, que es el jefe de la operación que busca enterrar la Lava Jato, e incluso intentó maniobrar y votar en seguida las medidas en el Senado, pero por suerte no lo logró. Aún resta una esperanza.

Todo esto muestra la situación política crítica que estamos viviendo. Después de casi 14 años de gobierno petista, estamos delante de un gobierno ilegítimo e instituciones totalmente distanciadas de las necesidades del pueblo. Una verdadera herencia maldita.

La lucha contra la corrupción viene siendo criminalizada. El congreso fue cómplice de una maniobra que fue un duro golpe contra la operación Lava Jato. El PT se alineó a las maniobras para desfigurar las propuestas de combate a la corrupción, ya que tiene varios dirigentes envueltos. Propuestas del Ministerio Público que buscaban facilitar la condenación de corruptos fueron derrotadas bajo el argumento de que serían medidas autoritarias, como por ejemplo la que instituía la pérdida ampliada y el enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos. Esta “ofensiva” contra las medidas de combate a la corrupción ganó fuerza en el auge de una campaña para sacar credibilidad a la Lava Jato y las 10 medidas del Ministerio Público. El intento de dar amnistía a los crímenes relacionados al “caixa 2” (recibimiento de dinero no declarado en las campañas electorales) fracasó por poco.

Yo he sido una voz disonante. Vengo apoyando la Lava Jato, aún con sus errores. Me niego a atacar a Sergio Moro (juez que conduce la Lava Jato), porque veo en él un Juez que se viene empeñando en meter preso al peor tipo de ladrón. Él cometió abusos, como cometen todos los jueces de la esfera penal. Soy abogada y conozco bien las dificultades de quien actúa en la esfera penal. La diferencia es que los abusos que él cometió fueron contra poderosos que tuvieron excelentes abogados para defenderlos. Los abusos que acontecen contra los presos que vienen de las favelas no ganan ninguna repercusión. También apoyé las 10 medidas del Ministerio Público, aún discordando de algunas de ellas, ya que tuvieron el mérito de pautar el país en el debate sobre cómo facilitar la persecución penal de los crímenes de cuello blanco.

El PSOL ha sido heroico en la Cámara. Fue punta de lanza en la casación de Eduardo Cuña, fue decisivo para impedir la aprobación – en plena madrugada – de la amnistía al “caixa 2” y ahora es primera línea en el pedido de impedimento contra Temer. Tenemos que ser primera línea en el combate a toda la casta política que está movilizada para derrotar la Lava Jato y estabilizar el país con la paz de los cementerios, imponiendo medidas de ajuste fiscal brutales que van a detonar aún más los servicios públicos y permitir ataques feroces contra los trabajadores estatales, como los que Sartori, aquí en Rio Grande do Sul, está proponiendo.

Precisamos, como partido, ser primera línea en el llamado a la movilización contra el ajuste y en defensa de la Lava Jato, en apoyo a todas las propuestas legislativas que ayuden a combatir la corrupción y contra todas las que busquen proteger criminales de cuello blanco, como la amnistía del “caixa 2”. Nosotros sabemos que la corrupción es intrínseca al sistema capitalista y que solamente quien lucha contra el sistema puede ser coherente en la lucha contra la corrupción. Pero esta conclusión el pueblo necesita llegar por su propia experiencia. Y solo llegará un día si ver, hoy, al PSOL como el partido que denuncia las maniobras de la casta corrupta, moviliza y lleva adelante la lucha contra la corrupción y contra los ataques de Temer y del Congreso contra los derechos sociales.