Sergio García (Director de la Revista “Nueva Izquierda” – Dirigente del MST en IZQUIERDA AL FRENTE

Desde que asumió la presidencia de la principal potencia, se abrieron interrogantes ¿Qué hará? ¿Hasta dónde llegará con sus reaccionarios planteos? ¿Hay cambios en curso? ¿Cuáles? ¿Qué quiere y qué puede o no hacer? En un proceso todavía incierto, abordamos algunos temas e hipótesis en debate.

Xenófobo, racista, misógino. Sarcástico y lengua larga se mueve por twitter y ante la prensa como si fuera dueño del mundo. Amenaza países a diario y agita volver al «sueño americano». Hasta aquí hablamos de él, que sueña con EE.UU. arrodillando al mundo. La realidad, en cambio, le es mucho más compleja; millones de mujeres le hicieron vivir, a un día de asumir, su primera pesadilla. Semanas después ante su intento de veto migratorio sufrió un repudio masivo y un revés judicial y tuvo que retroceder. Solo dos primeros síntomas de lo que le espera.

Por sus discursos y primeras medidas, se le llama aislacionista, proteccionista y antiglobalización. Aunque lógicamente hay elementos de esto, no es así la realidad concreta. Como todo, depende de cuál es la esencia de lo que quiera definirse. Trump habla de proteger los intereses de los estadounidenses ¿Lo lleva eso a encerrarse en sus fronteras, a olvidarse de su rol imperial? ¿O es un discurso confrontativo que busca renegociar acuerdos que favorezcan las ganancias de los capitalistas yanquis y su propio poder global? En principio creemos esto último.

2008: fecha necesaria para entender el mundo

Lógicamente, el trasfondo de todo es la crisis del capitalismo global y de todos los imperialismos, comenzando por el yanqui. Nada de lo que sucede puede comprenderse por fuera de esta realidad que emergió a inicios de 2008 y que evidenció la crisis del capitalismo globalizado. Trump no salió de la nada; es un subproducto de la crisis económica y política de esta crisis global, del régimen estadounidense, del descontento social, de las divisiones por arriba de la burguesía imperialista, de la inestabilidad internacional generada por el cambio de etapa global que aún transitamos.

Desde 2008 el mundo transita una etapa de carácter revolucionario signada por la crisis sistémica, donde las masas del mundo luchan a diario, a veces con triunfos y otras no. Con desigualdades, revueltas y revoluciones, combinada con una contrarrevolución económica permanente que golpea sobre las masas. En este mundo, en este interregno que ya lleva nueve años surgió Trump, el Brexit, como también el ascenso de mujeres, las revoluciones árabes y su pico regresivo en Siria, la crisis pronunciada de la Unión Europea, la revolución de Rojava y el Kurdistán, el masivo ascenso mexicano, las enormes revueltas anticorrupción en Rumania y otros fenómenos nuevos. En este mundo, marcado por la polarización social como elemento central, hay sectores políticos de derecha que actúan cada vez más, y hay respuestas permanentes de las masas.

De ahí que Trump no tenga un camino de rosas hacia la concreción de sus planes reaccionarios, sino mucha resistencia social que irá en ascenso y problemas políticos y económicos en su horizonte. La decadencia de la principal potencia se ve a todas las luces, lo cual no es sinónimo de abandono pacífico de ese rol imperialista. Aun en su crisis profunda intentará avanzar sobre nuevas bases, muestra sus dientes y recibe respuestas y repudio social. La realidad de la lucha de clases en su país y a nivel internacional marcará su futuro. Nada se resolverá en poco tiempo; iremos viendo cambios y nuevas situaciones.

Disputas con China y rumbos posibles

Volviendo sobre el escenario actual, Trump rápidamente disparó munición verbal contra China, su principal competidor. Durante varios días se habló incluso de guerra y armas nucleares. Dos semanas después, Trump decía en una carta que le envió al presidente chino Xi Jimping que pretende «Una relación constructiva que beneficie tanto a Estados Unidos como a China». Como muestra de un claro intento de generar una nueva relación con China, aunque más conveniente para EEUU, tratando de obligar a su adversario y socio a trabajar sobre nuevas reglas.

Para pararse por encima de China, también se apoya en acuerdos con Japón, otra potencia en crisis, y se acerca a Rusia para a su vez alejarla de China. Trump podrá lograr o no en su disputa con China recolocarse mejor, pero lo que no vemos es que le regale parte del mundo al gigante asiático, sin disputarlo comercial y militarmente. Dialécticamente tampoco romperá relaciones con quien tiene los mayores acuerdos comerciales y deudas recíprocas millonarias. Lógicamente, en las disputas enmarcadas en un mundo inestable, todo puede irse de las manos, de ahí que los escenarios de guerra, al menos a nivel regional, son una realidad.

Tanto con relación a China, a otras potencias y con las propias corporaciones estadounidenses, se pone de manifiesto el debate sobre globalización o proteccionismo. Un ejemplo de esto es el llamado a las grandes corporaciones a que vuelvan a producir dentro de los EEUU, cuestión que salvo en algunos casos, en términos generales está por verse, y nos animamos a decir que son de escasas posibilidades, ya que muchas empresas sacan sus jugosas ganancias precisamente por trabajar, con mano de obra barata en otros países donde además tienen facilidades impositivas. De ahí que una posibilidad es que más que proteccionismo a ultranza, se termine construyendo una nueva arquitectura económica sin salirse del todo del modelo de globalización, pero tratando de promover cambios importantes que no perjudiquen más a EE.UU. Volvemos a repetir que hablamos de hipótesis, no de hechos consumados. Todo está por verse.

Independencia de todos los imperios

Lo que está claro es que transitamos un momento de cambios. Nada será igual a lo visto los años y décadas anteriores. Se están reconfigurando nuevos esquemas económicos, nuevas alianzas políticas entre las potencias hegemónicas y nuevas relaciones de fuerzas entre las mismas. En ese andamiaje en construcción EEUU en primer lugar y China, serán los dos principales protagonistas, con Rusia ganando de a poco más peso y con la Unión Europea en la peor crisis de su historia, mientras Gran Bretaña y Japón intentan nuevos acuerdos con EE.UU.

En ese contexto la política socialista y revolucionaria parte de oponernos a todos los planes de Trump, apoyando los alentadores procesos de movilización y repudio social, tanto dentro de EE.UU. como a nivel internacional, y apoyando el interesante proceso de organización política independiente dentro de EE.UU. Además, sabiendo que Latinoamérica sufrirá sus ataques económicos de saqueo y mayor dependencia, impulsamos la lucha frontal contra Trump y contra los gobiernos regionales garantes de los ajustes. Pero también nos oponemos a las políticas y estrategias de los otros imperios como China, Rusia o la UE. No hay en esto campos progresivos, ni imperialismos malos o buenos. Hay una lucha interimperialista por el control mundial a la cual enfrentamos de conjunto. El saqueo se llama saqueo, lo planifiquen en Washington, Beijing, Berlín o Moscú.

Nuestro llamado es a la más amplia unidad de acción en las calles y en las luchas, con la convicción de que el movimiento de masas se mueve y que en el marco de la polarización social creciente vendrán confrontaciones de magnitud. Y llamamos a la construcción de alternativas unitarias de izquierda que le disputen a los partidos del régimen y el sistema en todos los terrenos. La conformación de Izquierda al Frente en nuestro país es un aporte en esta tarea.