Por Israel Dutra y Gustavo Rego

La primera vuelta de las presidenciales en Francia ha atraído a los ojos de todo el mundo. Fue una carrera muy reñida, llena de giros, entre once candidatos representantes de todo el espectro ideologico, de los cuales cuatro tenían posibilidades reales de ir a la segunda vuelta haciendo el escenario impredecible hasta el día de la votación. Además, fue un microcosmos de las grandes disputas políticas que ocurren en el actual contexto de la crisis mundial, y de la misma manera una de sus batallas decisivas.

Al fin al cabo,  la segunda vuelta será disputada entre la candidata de la extrema derecha Marine Le Pen (Frente Nacional) y Emmanuel Macron (En Marche!) quién tiene un programa neoliberal cubierto en una idea de novedad, como que un social-liberalismo de nuevo tipo. La gran esperanza de la izquierda fue Jean-Luc Mélenchon (Francia Insumisa) que terminó casi empatado en tercer lugar con el conservador François Fillon. Aúnque no haya logrado llegar a la segunda vuelta sería equivocado no reconocer el gran salto que ha dado la izquierda francesa en estas elecciones.

Un enfoque inicial en las elecciones francesas nos pone tendencias importantes para reflexionar sobre la nueva configuración de la situación política del país y de Europa. Los síntomas de fragmentación expresan la crisis del bipartidismo y de la V República. Macron ha ganado con el 24% de los votos; Le Pen pasó a la segunda vuelta con solo el 21,3% seguida de cerca por Fillon con el 20% y el 19,6% de Jean-Luc Mélenchon.

Por la primera vez en la historia reciente del país, ninguno de los dos partidos más importantes – el Republicano (conservador heredero de De Gaulle) y el Socialista (partido refundado por Miterrand en el 1981, actualmente en el poder con Hollande) va a estar en la segunda vuelta.

Con Macron y Le Pen en la segunda vuelta Fillon y Hamon  – así como el presidente Hollande – ya han anunciado que apoyarán Macron en contra la candidata del Frente Nacional. Macron es el claro favorito, con cerca de dos tercios de los votos en las primeras encuestas. Bruselas y los principales editorialistas de Europa ya han entrado en su campaña, bajo la idea de la paz social, de la unidad europea y de la defensa del “nuevo centro”. El país se queda fragmentado y confundido, buscando salidas desde afuera del establishment.

Crisis y impase de la Unión Europea y de la V República

La crisis económica que se inició en 2008 fue devastadora. La misma crisis de los régimenes políticos en los distintos paises europeos és producto directo de esta crisis de la economia mundial. Se ha expresado de las más distintas formas: en el caso de los paises pobres del sur de Europa hubo una explosión de la deuda pública; en el Reino Unido, ha llevado al pueblo a las urnas para pedir la salida del bloque (Brexit); en Alemania hubo un aumento de la competencia y de las presiones internas.        Todo ello pasa en el marco de la aplicación de los planes de austeridad, perdida de derechos y desempleo en la mayoría de los paises. En Francia no fue diferente. Mas allá de su posición de sumisión política y económica al capital alemán, el conjunto de los trabajadores franceses sufrió graves perdidas, como la reforma de las pensiones en el 2010 y la reforma laborista en el 2016, así como el crecimiento del desempleo y la perdida del poder aquisitivo de los sueldos. Esa fue una de las principales directrices de la elección, con Le Pen por la derecha, y Mélenchon reflejando la necesidad de desobedecer a los tratados europeos.

Otra cuestión central fue la relación del imperialismo francés con los ataques terroristas y la política de migración. En un avance de la derecha en contra los derechos de los inmigrantes, que tiene en su punto más avanzado Trump, el terrorismo también guió el debate en la carrera por la presidencia francesa. Francia en los últimos años se ha caracterizado por ataques repetidos. La intervención imperialista francesa en muchos frentes de guerra – como Siria y Mali – ha intensificado las contradiciones con sectores de ISIS/DAESH. Los ataques conra Charlie Hebdo, Nice y el club Bataclan construyeron un clima de tensión belica. Ha proporcionado un terreno fértil para la xenofobia y el nacionalismo retrasado, en el cual el gobierno de Hollande respondió apelando a un Estado de excepción sin precedentes mediante la restricción de las libertades de manifestación y otras libertades civiles.

El régimen de la V República pasa por una crisis de representación. Podemos usar el concepto de “crisis orgánica” de Gramsci en la que el estado pierde su capacidad de construir hegemonía sobre el conjunto de las masas. El bipartidismo que se mantuvo en Francia durante casi todo el periodo del posguerra, en el que conservadores y socialistas disputavan puestos institucionales y controlaban sindicatos y asociaciones civiles se derrumba como por ejemplo pasa en Espanha hace unos años.  La desintegración de este sistema abre espacio a un espacio de disputa fragmentado y un “juego atado” entre cuatro fuerzas políticas. En este caso ha jugado un rol determinante para la desacreditación de los “políticos”, los repetidos casos de corrupción y nepotismo que rodearon a las elecciones y la vida política del país durante los últimos cinco años.

El período anterior fue caracterizado por una ofensiva del gobierno socialista contra las conquistas sociales. Una lucha muy dura de los sindicatos y del movimiento de masas contra la reforma laborista, en la cual ha vencido la coalición capitalista – a pesar de las huelgas generales y los paros en refinerías y plantas de energía nuclear y del fortalecimiento del movimiento juvenil #NuitDebout. Sin embargo, la derrota del movimiento ha posibilitado que la experiencia sindical haya dado paso a la busca de una salida electoral, que castigó al PS y impulsó a Mélenchon y su movimiento Francia Insumisa como esperanza de cambio para la clase trabajadora.

El resultado de la primera ronda muestra que la crisis no está para nada resuelta, y que prevalece la fragmentación de la opinión pública francesa.

El “nuevo centro” contra la extrema derecha en la segunda vuelta

Las fórmulas tradicionales han sido derrotadas en las primarias. Sarkozy perdió en su propio partido. El aparato de los socialistas también fue derrotado por su ala disidente. El fortalecimiento  de una salida “dura” a la Trump ha asustado la burguesía. La candidatura de Macron fue hecha para responder a los síntomas de la crisis del régimen. Con una cara nueva y moderna “En Marche” se perfila como un “nuevo centro” frente el fracaso del bipartidismo. Su insignia era “ni de izquierda ni derecha”, ganando el apoyo de algunos intelectuales desheredados del marxismo como Habermas. Macron se presenta bajo la idea de un gobierno de “ejecutivos”, ungido por la unidad burguesa en torno a la Unión Europea.

Marine Le Pen ha visto en la ola Trump su gran oportunidad de tener una proyección más allá de los sectores más reaccionarios de Francia. Llegó al liderazgo de las encuestas durante gran parte del período pre-electoral, reafirmando su identidad nacional, llamando a los indignados por la UE para su proyecto de hacer la “gran Francia de nuevo.” El 23 de enero, durante el fin de semana en el que Donald Trump asumió el cargo, Marine Le Pen llevó un cónclave de las fuerzas de extrema derecha en Koblenz en Alemania. Su llamado era de unidad para ser parte de un nuevo mundo, que empezaría con la victoria de su par ideologico Gert Wilder en las elecciones holandesas. El retroceso de la extrema derecha en Holanda, la política desastrosa de Trump y las reservas democraticas de la conciencia del pueblo francés, sacan por ahora la hipótesis de una victoria de Le Pen y su Frente Nacional.

Se puede decír que la segunda vuelta va a conservar algunas similitudes con la carrera del 2002, en la cual su papá fue a la segunda vuelta con Chirac. Otro momento en el que la votación ha castigado a los socialistas. Pero el ambiente general és más complejo. El giro reaccionario del gobierno Hollande y la erosión de las alternativas tradicionales ensanchan la audiencia para los seguidores del Frente Nacional. Además, Marine fue ingeniosa y se afastó de algunas ideas de su padre, como una manera de ampliar su rango de influencia electoral.

La segunda ronda del concurso debe estar marcada por el favoritismo de Macron, que tiene a su favor el conjunto de la opinión pública europea, los medios de comunicación y se ancla en el repudio masivo del Frente Nacional, cuando evoca el fantasma del fascismo en un país marcado por las tradiciones resistencia.

La erosión del PS

La primera sorpresa de esta carrera presidencial fue la retirada del actual presidente francés, François Hollande, en presentarse a la reelección. Elegido por el Partido Socialista, el presidente repitió la trayectoria fallada de la socialdemocracia, detrás de una retórica “progresista”, él aplica ajustes neoliberales, y se pone como enemigo del movimiento de masas. Además, su gobierno se ha visto sacudido por frecuentes ataques terroristas en Francia. Con sólo el 12% de aprobación en el año 2016, la presentación de Hollande se hizo inviable.

Luego se abrió la carrera por la sucesión de Hollande en el PS. El Primer Ministro Manuel Valls, el candidato preferido del establishment del partido ha perdido la disputa para  Benoît Hamon de la fracción más a la izquierda. Aún con todo el aparato del partido jugado para elegir a Valls, Hamon destronó con amplia votación a su oponente. Su programa tuvo un rasgo más radical que el promedio de sus compañeros de partido al defender, entre otras cosas, la creación de una renta mínima para todos que viven en Francia y la reversión de los ataques a los derechos laboristas. Por lo tanto, su candidatura ha señalado la radicalización de la escena y ha generado esperanzas entre el electorado de la izquierda. Los diputados rebeldes del PS, conocidos como “Frondeurs” fueron los patrocinadores de la campaña de Hamon como una forma de “salvar” el legado histórico del PS. Sin embargo, los años de traición no se borran solamente con un programa supuestamente más a la izquierda…

És importante señalar que la bancarrota del gobierno socialdemócrata ha representado una oportunidad para la derecha (no sólo para la izquierda con Mélenchon). Em primer lugar para el otro polo de la tradicional polarización francesa, el Partido Republicano de François Fillon, que al início era el favorito de las elecciones, pero que tuvo su campaña destrozada por las denúncias de nepotismo. Después para Le Pen y Macron, como hemos visto.

El Partido Socialista sufrió entonces su más grave retroceso. Una parte de sus líderes hicieron campaña abiertamente para Macron. La candidatura de Hamon no fue capaz de hacerse eco de las demandas del movimiento de masas francés. Con una de las votaciones más débiles de su historia (6.3.%), no es exagerado decir que la ruta que el PS está adoptando se asemeja al Pasok griego. Su débacle tendrá consecuencias enormes en el liderazgo que todavía el partido tiene entre los dirigentes sindicales, los intelectuales y formadores de opinión. Sumándose a la crisis del PSOE de España, la bancarrota del PS abre un nuevo capítulo en la crisis de la socialdemocracia europea.

El efecto Mélenchon:  se fortalece un plan B

El espacio abierto a la izquierda explica el fortalecimiento de Jean-Luc Mélenchon, cnadidato del Frente Francia Insumisa. Con un proyecto de propuestas económicas de izquierda como la derogación de la reforma laboral y el cambio del régimen de pensiones y de jubilación para volver logros históricos Mélenchón defendió una Asamblea Constituyente con participación del pueblo en Francia. Además, defendió la revocabilidad de los mandatos por referéndum popular. Su programa político se forjó por la democracia radical tal cual el Podemos español y pudo contar con el apoyo del público de este partido. Así que pudo postularse como representante legítimo del levantamiento de masas y verdadero defensor de una revolución democrática en Francia. En otras palabras, una alternativa de izquierda frente al establishment.

Mélenchon ha construído una campaña en forma de movimiento. Tuvo más de siete millones de votos, muy cerca del 20% del electorado. Sus comícios arastraron multitudes. La prensa trató de comparar con Bernie Sanders en la campaña de Estados Unidos. En el cumpleaños de Comuna de Paris  – el 18 de marzo – ha convocado a 140 mil personas en la Plaza de la Bastilla, en el cual se ha terminado con Mélenchon cantando el himno de La Internacional con el puño cerrado arriba. En el acto de el acto en la ciudad de Marsella, una ciudad obrera, reunió a cerca de 80 mil personas al comienzo del mes de abril, convergiendo con muchos de los activistas que estaban por delante de las luchas contra la reforma laboral. Fue una expresión distorcionada de la lucha de los trabajadores y de la juventud Nuit Debout. Su campaña tuvo iniciativas inteligentes como el juego virtual “Fiscal Kombat”, versión del game “Mortal Kombat”, en el que se hacía propaganda de su propuesta de tasar a las grandes fortunas de una forma divertida.

Sus límites programáticos aparentes no fueron, sin embargo, el factor determinante.     A pesar de cierta retórica nacionalista, su definición de la revisión de los tratados de la Unión Europea, de romper con la OTAN y establecer vínculos con los movimientos más dinámicos de la clase y la juventud fomentaron la esperanza. Tanto es así que Mélenchon era el favorito de los jóvenes de entre 18-24 años, con más del 30% de los votos, terminando segundo entre 25-34 años, con un 24%. También ganó en colonias importantes, especialmente Guyana, que está experimentando un proceso de huelga general y de agitación social.

Hubo una confluyencia de la izquierda europea en apoyo a Francia Insumisa. Bajo el liderazgo de Pablo Iglesias, muchos sectores de la Iniciativa por un Plan B en Europa se hicieron presentes, como en el comício de cierre de campaña en el cual Pablo Iglesias mismo estuvo con la Diputada del Bloque de Izquierda de Portugal Marisa Matias.

La extrema izquierda – NPA y LO – tuvieron una política propagandistica negándose a discutir la propuesta que varias organizaciones le plantearan, retirar su candidatura en apoyo a Mélenchon. Sería una forma de impulsar la posibilidad de ir a la segunda vuelta. A diferencia de 2002, cuando las candidaturas de LO y de LCR sumaron casi 10% del electorado, Poutou y Artaud tuvieron votaciones muy bajas que hace 5 años, sin motivar grandes sectores, quedándose afuera del movimiento más vivo de la clase trabajadora francesa. Ello debe aumentar la crisis del NPA, partido en el que la mayoría sectária se niega a cualquira aproximación con Mélenchon. Fue correcta la posición de sectores marxistas como Ensemble (Juntos) que ha defendido el apoyo y la participación en la campaña de Mélenchon, a pesar de sus límites programáticos o ideológicos.

Entre el impase y la insumisión: Francia en el cruce de caminos

La disputa de la segunda vuelta empezó con todos los lideres “responsables” de Unión Europea llamando a votar en Macron. Le Pen se ha afastado oficialmente de la dirección política del Frente Nacional en una maniobra para tratar de ser más aceptable para el electorado, conciente de que su desventaja es enorme.

La siguiente ronda de este impase va a ser las elecciones legislativas de junio. La crisis europea, aunque algunos analistas prospectan una tendencia a la recuperación, no ha terminado. Los elementos que ponen a Francia en el callejón sin salida se siguen en desarrollo: las contradicciones de la UE, desgaste del régimen político, el ajuste contra los trabajadores y el aumento de la represión a los inmigrantes.

El movimiento de masas necesita acumular fuerzas para resistir y aprovechar nuevas luchas para cambiar la relación de fuerzas. se abre un camino para la politización de la juventud y de los sectores más avanzados. La reorganización del movimiento obrero está en marcha, camina bajo slatos, avances y retrocesos. No siempre sigue la lógica lienal de los esquemas políticos. La forma como se presentan los fnómenos simpre tiene rasgos particulares. Lo que estamos vendo és una nueva expresión de lo que conceptualizamos como “procesos intermedios”, como Sanders, Podemos y otros que empiezan a desarrollarénse.

La unidad necesaria en contra la extrema derecha y el fascismo debe ser forjada como expresión independiente de los de abajo, para aprovechar la crisis del régimen y levantar una bandera de indignación y esperanza. Gane quien gane la segunda vuelta la última palabra en Europa, y en la tierra de la Comuna y del Mayo de 68 todavía está lejos de ser dicha.