El trabajo en tiempos de Macri. PepsiCo: despidos y represión

Carlos Maradona (MST- Argentina)

Fueron 14 días intensos, vertiginosos, durísimos. Desde el 20 de junio  en que la patronal de la multinacional de alimentación Pepsico anunció con un cartel pegado en los portones que cerraba la planta de Florida en la zona norte del gran Bs As, hasta la mañana del 13 de julio en que con el aval de la justicia, del Ministerio de Trabajo y de la conducción traidora del STIA, la gobernadora Vidal mandó a cumplir a la Infantería de la bonaerense la orden de desalojo violento de la fábrica y la represión a los que acompañaban la lucha desde afuera. Esos 14 días mostraron cuál es el plan de Macri y las multinacionales para “generar” empleo, para atacar el llamado “costo laboral argentino” y para responder a la lucha de lxs trabajadorxs. Y mostraron también que ese plan va a encontrar una feroz resistencia entre lxs trabajadorxs.

El cartel que las compañeras y compañeros de Pepsico encontraron pegado en los portones sintetizaba la política de la multinacional. Cerrar la planta por una falso “procedimiento de crisis”, trasladar la producción a Mar del Plata, disponer las indemnizaciones para los trabajadores. Por supuesto que esto no sucedió de un día para el otro. La patronal fue procesando esa crisis mentirosa, de una fábrica que hasta unas horas antes trabajaba a pleno y con horas extras incluídas, en forma conjunta con la conducción del Sindicato de la Alimentación, campeones mundiales en traicionar y entregar trabajadores y con los funcionarios del Ministerio de Trabajo de Macri que se comprometieron a darle curso al trámite de la “crisis”, a negarse a recibir a los delegados de la planta y a dictar cualquier tipo de conciliación. El gran objetivo de la patronal es bajar costos, seguir produciendo en una industria de alimentos que no sólo no está retraída sino que avanza en el mundo, quitar conquistas laborales y mudar la planta a un lugar más barato, con mejor salida de la producción y desbaratar la organización gremial dentro de la fábrica. Pepsico se adelantó a lo que el gobierno de Macri intenta hacer con los trabajadores y recibió como premio del gobierno nacional toda la ayuda del Ministerio, de la justicia y de las fuerzas represivas.

Comienza la resistencia

Desde el minuto uno, la burocracia de Daer y el STIA no solo no apoyó la lucha de lxs trabajadorxs, sino que se puso abiertamente del lado de la patronal. Atacó a la comisión interna elegida democráticamente por las obreras y obreros de Pepsico, se negó a realizar una asamblea general del gremio cuando se estaba cerrando una de las fábricas más importantes, rechazó de plano cualquier tipo de medida de lucha en defensa de la fuente de trabajo y fueron portavoces abiertos de los beneficios de la indemnización que proponía la multinacional. Lamentablemente desde el primer día, fueron muchxs lxs trabajadorxs que firmaron con la empresa las indemnizaciones, debilitando de entrada la potencialidad de la lucha.
Lxs trabajadorxs y sus delegadxs comenzaron la resistencia, pero sin la fuerza de lxs 600 despedidxs. Durante una semana acamparon en la puerta de la empresa, recibieron innumerables muestras de apoyo y solidaridad, lucharon por darle difusión a la lucha y después ingresaron a la planta para defender la integridad de la fuente de trabajo y seguir desde adentro la lucha por la reapertura y por ningún despido.

De la ocupación y la solidaridad al desalojo y la represión

Los 600 despidos de Pepsico se sumaban a los miles de Atucha y de Carboclor en Zárate, que paralizaron la ciudad. A los de Coca Cola, a los choferes y trolebuseras de Córdoba y a muchísimos más. El mes de junio sacudió el mercado laboral con una brutal oleada de despidos y la resistencia a los mismos creció en medio de la campaña electoral.
La ocupación de Pepsico, la gigantesca solidaridad obrera y popular que la lucha recibía en la puerta de la planta, el primer festival, el importante corte en el Obelisco con el acompañamiento de organizaciones sindicales, estudiantiles y partidos políticos, fueron haciendo que la lucha no sólo se difundiera masivamente, sino que se expresara una enorme simpatía y apoyo a la misma. Al tiempo que esta simpatía crecía, también lo hacía la férrea unidad entre la empresa y la conducción del sindicato con el Ministerio de Trabajo, que apretaban a la justicia para que ordenara el desalojo.
Un fiscal primero y una jueza después, dejaron las manos libres al gobierno provincial y nacional para atacar a lxs trabajadorxs. Y esta unidad entre la patronal, la burocracia sindical, el gobierno nacional y la justicia fueron preparando el terreno para el desalojo violento y la represión contra trabajadorxs que solo defendían su derecho a trabajar.
Desde varios días antes efectivos de la bonaerense iban y venían por las calles del barrio. Helicópteros de la policía sobrevolaban la planta en los días previos al desalojo. Desde la noche del 12 de julio empezó el operativo de saturación de efectivos de la infantería provincial y en la mañana temprano del 13 de julio reprimieron salvajemente a las compañeras y compañeros que apoyaban a los trabajadores desde afuera. Gases de todo tipo, balas de goma y perdigones, acompañaron la barrida de las calles de la fábrica para despejar la entrada. Una vez ubicados allí, tardaron varios minutos en poder voltear las puertas soldadas desde adentro por lxs trabajadorxs mientras inundaban el interior de la fábrica con gases que atentaban contra la salud de lxs obrerxs que defendían sus puestos de trabajo y tuvieron que subir a los techos para poder respirar. Nuestra compañera Vilma Ripoll y una delegación de compañeros del MST acompañaba solidariamente la lucha de lxs obrerxs y exigía garantías para su integridad.
Lxs compañerxs de adentro salieron de la fábrica con la frente en alto y decididxs a continuar la lucha. Una marcha a la fiscalía para exigir la inmediata libertad de lxs detenidxs en la represión fue seguida por una asamblea que convocó a una reunión de organizaciones para el 15 de julio y una jornada de lucha. El 18 de julio se realizó una muy importante marcha desde el Obelisco al Ministerio de Trabajo para exigir una vez más la reapertura de la planta y que se cumpla con una medida cautelar que obliga a Pepsico a reincorporar compañerxs al trabajo.

Prohibir los despidos por ley y estatizar las empresas que cierran

Los falsos “procedimientos de crisis” de las patronales tenemos que enfrentarlos con el reclamo de que se abran todos los libros contables de las empresas, acceso a los mismos de los delegados de base y de comisiones de trabajadores, para impedir los pactos con las conducciones burocráticas de los gremios. La exigencia de una ley que prohíba los despidos es un paso fundamental para enfrentar esta oleada de despidos y cierres de empresas. Y que el estado se haga cargo de toda empresa que cierra, manteniendo el salario y las condiciones laborales de sus trabajadores, y poniendo la empresa a producir bajo control social, volcando esa producción en función de las necesidades sociales. Pepsico y sus productos tienen un enorme mercado laboral en colegios, instituciones educativas, clubes y otras entidades donde podrían distribuirse sus productos. El gobierno nacional avaló el cierre, los despidos y la represión. Exijamos y luchemos en unidad por estatizar las empresas que cierran y prohibir los despidos para mantener las fuentes de trabajo.

 

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