LA LECCIÓN DE BARCELONA/ Una seguridad ciudadana de convivencia y libertad

Alfons Bech,

La Aurora

Medio millón de manifestantes en un mes de agosto. Una manifestación de dolor, respeto, convivencia, voluntad de paz, por encima de todo. Pero también una manifestación política, claro que sí. Porque la ciudadanía barcelonesa y catalana respondió con proyección política a los atentados. Sin perder el carácter antes enunciado y que se concentró en el lema “No tinc por!” (No tengo miedo), Barcelona respondió mucho más allá de lo que se ha hecho en cualquier otra manifestación contra el terrorismo en Europa. Con política.

Ya en los días previos a la manifestación, casi desde el mismo día de los atentados, algunos medios de comunicación, algunos políticos y sobre todo la ultraderecha, trataron de mezclar terrorrismo hijadista con el proceso independentista. Volviendo del revés la realidad, organizaciones policiales españolas acusaron a la policía autonómica, los Mossos, de “no colaborar” en las investigaciones, afirmando que se les había marginado. Pero la verdad es que los Mossos tienen todavía vetado asistir a las reuniones de Europol y también se les negó información sobre el principal instigador del atentado, lo que quizás pudiera haber evitado la tragedia. Hasta senadores de Estados Unidos han pedido explicaciones por esa falta de coordinación.

Las reacciones contra el Govern de la Generalitat, Ayuntamiento de Barcelona, policía catalana y , en general, soberanistas e independentistas, fueron subiendo de tono conforme la sociedad catalana respondió con firmeza y serenidad al intento de aterrorrizar. ¿Porqué? Pues porque este lamentable atentado ha puesto de relieve que Catalunya está preparada para ser una República independiente del Estado español.

Lo más importante es cómo ha respondido la ciudadanía. En Ripoll, en Rubí, en Barcelona, en Cambrils, en muchos pueblos y ciudades antes de la manifestación del sábado se hiceron concentraciones o manifestaciones convocadas por las comunidades musulmanas. El mensaje de odio, caldo de cultivo del racismo, la islamofobia y la extrema derecha, no ha calado. Los atentados han servido para estrechar abrazos y lazos entre creyentes musulmanes, católicos y ateos.

El pueblo es quien ha marcado la pauta a políticos y autoridades catalanas, obligando a buscar un acuerdo entre la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, de distinto color político. Las organizaciones de la sociedad civil, como expresión del pueblo organizado, son las que han impuesto que la manifestación no fuera presidida por las autoridades, ni catalanas ni españolas, sino por los servicios que estuvieron al frente de la ayuda a las víctimas en los atentados desde el primer momento: Sanidad, Taxis, Mossos, Guardia Urbana municipal, voluntarios y familiares. Las autoridades de Madrid no tuvieron más remedio que ceder protagonismo al pueblo.

La manifestación fué un ejemplo de civismo. Hubieron banderas catalanas. También españolas. Pero muy pocas en comparación con la gran multitud que vestía de azul, siguiendo la consigna de las 170 entitades cívicas convocantes, o como simples ciudadanas. Sobre todo predominaron los carteles con mensajes con lemas como “No tenim por”(No tenemos miedo); “La mejor respuesta, la Paz”; “Ni atropellos, ni bombardeos. Paz justa Ya!”.

Además de estos mensajes, la manifestación señaló con certeza el fondo que promueve el terrorismo hijadista en el mundo: “Sus guerras, nuestros muertos”. El rey, el jefe de Gobierno español, Rajoy, y toda la corte de ministros tuvieron que pasar por delante de carteles que decían: “Felipe, quien quiere la paz no negocia con armas”. Más claro aún lo manifestaba una pancarta gigante que se extendió en el suelo de la Plaza de Catalunya: “Felipe VI y Gobierno español: cómplices del comercio de armas. ¡No teneis vergüenza!”. Estos mensajes iban acompañados muchas veces con fotografías del rey Juan Carlos, riendo junto a los monarcas de Arabia Saudí y negociantes de armas españoles, o del “trío de las Azores”, Bush, Aznar y Blair.

Cualquiera que haya asistido a esta manifestación ha podido ver que la gran mayoría de la ciudadanía participa de esos lemas, que entiende el fondo del problema y que señala a sus propios gobernantes como el problema, señala su hipocresía. El problema no es la politización de la ciudadanía. Al revés, lo que duele al Rey y Gobierno es que el pueblo les ha desenmascarado: el problema son las políticas imperialistas que promueven las guerras por el petróleo y por los recursos del planeta a cambio de miseria y muerte para la mayor parte de la humanidad.

Barcelona lo entiende y nos da una lección de que es posible otra clase de políticas, de países, de Estados: “Imagina un país que no vende armas”. No es un sueño de una persona, de un John Lenon, es un sueño de miles, de centenares de miles. Esto es lo que temen algunos que acusan ahora al “procés” independentista catalán como un peligro para inaugurar un nuevo tipo de política no imperialista, una política de Paz. Bush lo temió y señaló. Barcelona ha dado de nuevo una lección de política colectiva.

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La gran manifestación de Barcelona cambia el paso en seguridad ciudadana y política antiterrorista. Paz en vez de guerras y tráfico de armas. Convivencia frente a islamofòbia. Diversidad contra uniformidad e integración impuesta. Acogida versus exclusión. Libertad contra la limitación de los derechos fundamentales de la política antiterrorista unilateral represiva.

El abrazo de los padres de Xavi, el niño de 3 años asesinado en las Rambles barcelonesas, con el Iman de Rubí, es la imagen del “No tinc por” (No tengo miedo) y de cómo se vive el duelo por el atentado sangriento de Barcelona y Cambrils. “Entiendo el dolor de los familiares de los terroristas… Estoy hablando con el corazón” ha explicado el padre.

De la sociedad civil catalana que se precia de pacifista, tolerante y solidaria con emigración y personas refugiadas, mientras llora las muertes en las pateras en el Mediterráneo, emerge un talante diametralmente distinto a la política antiterrorista oficial eminentemente represiva y limitadora de libertades, o al alimento del odio y exclusión de los nuevos colectivos de habitantes.

En uno de los altares improvisados del duelo que jalonan las Rambles, una niña de 10 años, Maya, ha puesto un precioso escrito a mano con dibujos:

Estimada Barcelona, Te han clavado una aguja en el corazón… El símbolo del terrorismo no se puede comparar con las personas, todos nos hemos dado cuenta que estamos unidos, el terrorismo puede hacer daño pero todos juntos ayudándose los unos con los otros somos más fuertes y por eso gritamos y demostramos delante del terrorismo “no tenim por”. Una persona puede tener miedo pero todos juntos no tendremos miedo…”. (traducción del catalán).

Qué distinto de la presión gubernamental para implantar la Alerta 5 del pacto antiterrorista con el ejército en la calle. Los padres del niño Xavi, y Maya, hablan de la convivencia cotidiana, no dicen ni promueven la mentira ni la hipocresía. Esa verdad sencilla, con los gestos elocuentes de solidaridad y confraternización, es un contraste indeleble con la violencia militarista represiva y el odio que fomenta.

El sábado 26-A, con un Paseo de Gràcia lleno de personas, pancartas y banderas diversas, a pesar de la época de vacaciones, en buena parte teñido del azul mediterráneo de la diversidad y la acogida, resultó un digno homenaje a las víctimas del Día negro de las Rambles y Cambrils.

La imponente manifestación fue en sí misma una masiva y pacífica convivencia de los distintos sentimientos, propuestas, banderas, profesiones, etnias y comunidades, líderes municipales, nacionales y estatales, estamentos institucionales, parlamentos y gobierno.

Las acusaciones contra la responsabilidad por falta de seguridad al municipalismo del cambio, en concreto a la alcaldesa Ada Colau, de paso a la Generalitat y Puigdemont, son una deleznable tergiversación de la evolución del duelo de una ciudadanía conmocionada. Resulta también Injustificado achacar esa responsabilidad al independentismo o a las comunidades islámicas y de otras religiones o países.

El graznido de los medios sobre la ruptura o ausencia de unidad por culpa del independentismo es una burda manipulación y tergiversación a gran escala. Ha habido una profunda unidad popular movilizada, no se ha expresado ninguna división en el “No tinc por” y la llamada a la convivencia y libertad.

Esos medios voceadores gubernamentales y propagandista serviles del poder, o intelectuales artificiosos o viñetistas ignominiosos, ocultan que el “No tinc por” de Barcelona y Cambrils significa que no se ha aceptado la unidad en torno el pacto antiterrorista estatal y la acción represiva dirigida por la Audiencia Nacional que exigía el presidente del gobierno, Rajoy.

En el nefasto 11-M Atocha, en el que Cataluña mostró su completa solidaridad activa y emocional, no fue ETA la autora de la barbarie, aunque Rajoy afirmara su convicción, Aznar y Acebes y gobierno del PP lo pregonaran contra viento y marea. La manipulación se estrelló, pero su uso pervive en cada ocasión.

La denuncia general en la manifestación fue contra el comercio y los traficantes de armas, contra la hipocresía de llorar y hacer minutos de silencio por las víctimas, fotografiarse con las heridas en los hospitales, mientras se hace negocio con las armas y se colabora con los estados que financian al yihadismo y al ISIS.

La multitud del sábado señaló con sus abucheos y pitadas al Rey Felipe y al presidente Rajoy, como esos líderes que practican la hipocresía a destajo. Lloros en Barcelona, champan, abrazos y medallas en Riad, Arabia Saudí.

La manifestación fue de la de la población civil emocionada, unida en el duelo pacifista. Por eso fue inédita la presidencia civil “No tinc por” encabezada por una representación de todas las profesiones que, en el Día negro, dieron lo mejor de sí mismas para paliar los efectos del atentado y atrapar a los ejecutores del terrorismo yihadista. Las autoridades tuvieron su lugar, sin pancarta, separados de la representación popular y de los movimientos sociales.

Ningún incidente ni violencia en esta manifestación pacífica. Los abucheos fueron también pacíficos. Alegría y convicción en la defensa de libertad, paz, convivencia, respeto y diversidad.

Barcelona “No tinc por” muestra que otra política antiterrorista es posible, la seguridad ciudadana necesita ante todo de libertad y convivencia.

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