Marea Socialista contra el intervencionismo y las amenazas militares imperialistas

Por: Equipo Operativo Nacional de Marea Socialista 

El presidente de EE.UU., Donald Trump, acaba de anunciar que está considerando la “opción militar” para sacar al presidente Nicolás Maduro del poder. La amenaza de una posible operación militar contra Venezuela ha sido precedida por la adopción de sanciones económicas unilaterales. No pareciera lo más probable que se concrete una invasión militar directa, aunque se chantajea con ella al gobierno para que ceda más; pero es evidente que hay una escalada frente a un actor que le resulta incómodo. Lo que realmente Trump quisiera aplastar es la irreverencia de la revolución bolivariana.

Desde Marea Socialista rechazamos contundentemente las amenazas militares de Trum y todo tipo de injerencia del gobierno norteamericano así como las sanciones económicas. Cerramos filas junto a nuestro indignado y valeroso pueblo venezolano, apelando a la historia de victoriosa lucha independentista que nos hizo ser una nación libre. Eso no significa que avalemos de ninguna manera las políticas seguidas por Maduro y por la ANC.

Aunque parezca que poco le importa a un enloquecido Trump, está cosechando una ola de repudio a su chantaje armado y a su invocación de guerra. Estamos viendo cómo otras naciones y hasta las más hostiles a Maduro, condenan tajantemente esa posibilidad, repudiada por gobiernos de América Latina y de otras partes del globo, pues sólo contribuirían a hacer más inestable y peligroso el mundo y hasta podrían incendiar a América Latina entera. También se ha dado a conocer el rechazo de voceros de organismos internacionales e instancias de la ONU, que censuran las sanciones económicas por considerar que sólo servirían para empeorar la situación de los venezolanos, e incluso podrían ser perjudiciales para quien las aplica. Desde la izquierda internacional, incluida la izquierda norteamericana, se levantan voces contra el intervencionismo, aunque una buena parte de ella no respalde a Maduro.

Estados Unidos lleva muchas décadas atropellando e invadiendo países en América Latina y en todo el mundo para la imposición de su dominio y en la disputa por la hegemonía imperialista. En muchas ocasiones se ha salido con la suya pero también ha tenido enormes fracasos, como en Vietnam y en Cuba. Estas acciones que pretenden justificar falsamente en nombre de la “libertad” o la “democracia” siempre ha sido a costa de enormes sufrimientos para los pueblos agredidos e incluso para el suyo propio.

Dentro de Venezuela una amplia diversidad de partidos y de organizaciones sociales, independientemente de su simpatía o antipatía hacia el gobierno y hacia el “supra-poder” implantado con la ANC, ha salido a expresar un fuerte rechazo a las amenazas imperiales, e incluso sectores de la derecha proimperialista que en algún momento han apoyado la injerencia externa, se han visto forzados a tomar posición en contra de una invasión o acción bélica contra Venezuela, aunque eviten condenar expresamente a su aliado estratégico gringo. Pero creemos que no basta emitir pronunciamientos sino que es necesario contextualizar y tratar de explicarse lo qué está sucediendo, así como discutir sobre las maneras de defender nuestra soberanía e integridad territorial.

Para ello debemos examinar la situación internacional en cuyo marco se inscribe la etapa por la que atraviesa Venezuela, donde la polarización entre la oposición de derecha y el extraviado gobierno, también refleja la disputa interimperialista, donde unos y otros tratan de sacar ventaja y apropiarse de nuestros recursos.

El gobierno con sus malas políticas debilita y hace más vulnerable al país, al venir torciendo el rumbo soberano que predominaba en materia económica durante el período de Chávez y a la vez pierde el apoyo y la confianza del pueblo, que era uno de los principales sustentos y fuente de fortaleza de la revolución bolivariana. Esto es lo que ha dado oportunidades de recuperación a la oposición de derecha, claramente proimperialista y le abre camino al riesgo de intervención.

De ahí la necesidad de restaurar la unidad del pueblo venezolano para la defensa del país, y eso se hace con más democracia y no con menos, así como con respuestas políticas efectivas para enfrentar la situación que padece el pueblo con la escasez de alimentos y medicinas. Pero el gobierno prioriza el pago de deuda externa y sus compromisos con el capital financiero (imperialista), dejando de lado la atención de las urgencias de la crisis. La unidad del pueblo no puede forzarse con maltrato y represión.

El gobierno de Maduro y de la burocracia, hoy en día pone en práctica políticas económicas que son retrógradas en materia de soberanía y desarrollo independiente, en comparación de lo que veníamos alcanzando con la revolución bolivariana en tiempos de Chávez. Ahora esas políticas van adquiriendo un carácter entreguista y lesionan la soberanía. La política del gobierno no es consecuentemente anti imperialista, aunque pueda tener a veces un estilo provocador, con retos verbales al imperio. Esto no nos fortalece frente al imperialismo.

Incluso, los bancos norteamericanos y los “paraísos fiscales”.se han beneficiado del desfalco continuado en Venezuela y con la fuga delictiva de capitales. USA los interviene parcial y selectivamente para la manipulación política, pero de ningún modo procura ponerlos al servicio de la ayuda al pueblo de Venezuela en sus necesidades más urgentes.

 

Venezuela en el marco de la crisis capitalista mundial y la disputa interimperialista

El sistema capitalista mundial no se ha podido recuperar de la crisis crónica estructural que viene atravesando desde finales de la primera década de este siglo. Ante señales de posible estallido de nuevas burbujas creadas por los capitales especulativos en el sector financiero, las inversiones buscan refugiarse en un redoblamiento de la explotación de recursos naturales (oro, plata, diamantes, coltán, entre otros), que además responden a los requerimientos de los avances tecnológicos y de nuevas áreas de mercado. Al mismo tiempo, los capitales usan las espirales de las deudas externas para apropiarse de más activos y riquezas de los países y de sus territorios.

Todo ello se hace parte de una escalada recolonizadora, en la que los viejos imperios y los emergentes, junto con las transnacionales, se disputan hegemonía y posiciones de ventaja en el asalto de las riquezas del planeta, aún a costa de la destrucción del equilibrio climático y de la vida, en medio de un creciente caos geopolítico, desestructuración de naciones, guerras y proliferación de gobiernos con patrones mafiosos, corruptos y delictivos de acumulación del capital, que sumergen a las sociedades en la arbitrariedad. No hay solución dentro del marco capitalista. Lo que parece un intento de establecer un “nuevo orden” en realidad es parte de un desorden mundial, con una disputa económica y política por la hegemonía, con tensiones y conflictos militares que incluyen indirectamente a Rusia y a China, y donde las confrontaciones regionales se extienden.

Forma parte de este tablero internacional la inestabilidad prolongada en países árabes, las revoluciones y contrarrevoluciones e invasiones y resistencias dentro de ellos, la creciente hostilidad con Corea del Norte, poseedora de armamento nuclear; así como los desajustes en la propia Europa y en la periferia de la ex URSS. En muchos de los escenarios en los que EE.UU interviene observamos como resultado una desestructuración trágica, porque aún siendo más débil económica y políticamente, su actuación es más agresiva y se apoya en que todavía mantiene la supremacía militar.

Esta dinámica recolonizadora, a lo interno de los países desmantela conquistas sociales y aniquila derechos democráticos para poderse imponer, con la implantación de nuevas arquitecturas y de mecanismos económicos y financieros, al servicio de las necesidades del capitalismo en mutación; y pero a ello han contribuido las derechas sino también, cada uno en su medida, los llamados “gobiernos progresistas” que en América latina se han mantenido sujetos al modelo capitalista. En este contexto general es que vienen declinando y sucumbiendo los llamados gobiernos progresistas, que otrora intentaron regatear las condiciones de reparto establecidas por las potencias y por las grandes compañías imperialistas. Esto ha afectado al sostenimiento de los beneficios sociales y al disfrute de los derechos democráticos, ya insostenibles por las economías rentistas que no llegaron a ser consecuentemente transformadas y porque los procesos de cambio se frustraron con el crecimiento de burocracias parasitarias y con la asimilación de tales gobiernos progresistas a la lógica del capital. Por eso, el ciclo de revoluciones y procesos de cambio que se iniciaron en Latinoamérica parece encontrarse en fase terminal, para ser reabsorbido en el reacomodo capitalista mundial que recaptura sus posesiones y zonas de dominación, a pesar de la continuación de las luchas sociales, y eso principalmente a causa de la claudicación de las direcciones políticas que han tenido en sus manos la conducción de esos procesos.

A esto no escapa Venezuela, donde la revolución esta siendo sofocada por los propios herederos políticos de Hugo Chávez, al haberse apartado o descuidado las claves que marcaron el proceso bolivariano y los esfuerzos emprendidos para la integración latinoamericana con proyectos truncados o semi truncados como el Banco del Sur, la unión monetaria con el Sucre, la expansión y fortalecimiento del ALBA, la creación de un marco militar independiente respecto a los Estados Unidos, el avance de la UNASUR y CELAC.

El problema no es sólo la pugna de los Estados Unidos por recuperar espacio y control económico en Venezuela; lo es también la geopolítica establecida por Chávez, que les descuadró el tablero internacional, con posiciones adversas o incómodas, capaces de arrastrar a otros países tras de sí en contra de los planes y objetivos norteamericanos, al tiempo que favoreció la entrada de China y Rusia afectándole en su área de intereses más próxima, considerada por el imperialismo como “pátio trasero”.

Por ello hay que preguntarse: ¿Es realmente antiimperialista la política del gobierno de Maduro? En el terreno económico la orientación va en dirección contraria, ya que a pesar de que anuncia la vaga idea de un nuevo modelo económico “post petrolero” y el reemplazo del sistema rentista, todas las acciones concretas van dirigidas al reforzamiento del capitalismo rentista, extractivista y dependiente, atado a las transnacionales y al capital financiero internacional, como expresiones del imperialismo, así como al reforzamiento de los mecanismos de sujeción respecto a los países imperialistas propiamente dichos, tanto los más antiguos como los que han venido surgiendo como competidores de los Estados Unidos y de Europa, entre los que destacan China y Rusia, con intereses muy claros dentro del país.

Expresión de esto es la explotación del Arco Minero del Orinoco, con 112 mil km cuadrados ofrecidos a la megaminería transnacional de diversa procedencia, en una vasta y muy delicada zona, vital para el equilibrio climático y ecológico, de la que depende gran parte de nuestras fuentes de agua y de energía hidroeléctrica, en la que habitan pueblos indígenas y se concentra gran parte de la biodiversidad venezolana. Para esos proyectos de explotación el gobierno ni siquiera presentó los estudios de impacto ambiental y tampoco consultó a los pueblos indígenas como es mandato de la Constitución vigente de 1999. Esto se viene haciendo incluso con arreglos financieros generadores de deuda y dirigidos a pagar la deuda ya existente, ante la falta de divisas tanto por la reducción de los ingresos petroleros como por el desfalco y fuga delictiva de capitales que se ha producido en el país. El esquema también se da en la Faja Petrolífera y en el diseño de los “15 Motores” de la economía, vinculados con la apertura de Zonas Económicas Especiales que contemplan formas de flexibilización y des-regulación favorables para el capital y perniciosas para el trabajo y para la soberanía nacional. En lugar de avanzar por la vía del “desarrollo endógeno” del que tanto hablaba Chávez, se retoma el viejo camino del capitalismo neocolonial.

Expresión con todo esto son los más recientes contratos, en medio de la crisis y de las protestas de calle, con China National Petroleum Corporation, Rosneft, Schlumberger, Horizontal Well Drillers, Baker Hughes, Halliburton, entre otras, en el área petrolera, y grandes proyectos gasíferos con empresas como la Repsol o la Shell. En la minería, asistimos al retorno de compañías que habían sido echadas por Chávez, como la Gold Reserve y el otorgamiento de amplias concesiones a Barrick Gold Corporatión, entre otros negocios mineros pactados con empresas chinas, rusas, canadienses, norteamericanas, surafricanas y de empresas países bajo cuya bandera actúan capitales transnacionales diversos, además de posibles parapetos de maletin para captación de renta.

En estas “alianzas estratégicas” más del 90 % de las inversiones son en la minería y otra parte destinada al turismo, sin que se haga eje en la reactivación productiva relacionada con los alimentos, el desarrollo agropecuario o los medicamentos, para enfrentar los problemas más urgentes que están afectando al pueblo con la situación económica del país. Los alimentos y las medicinas, por el contrario, están siendo afectado incluso en las importaciones, al haber sido reducidas entre un 60 % y 70 % con el fin de asegurar la mayor parte de las divisas para el pago de una deuda externa ilegítima y con un alto componente de corrupción, que el gobierno se niega a auditar y transparentar.

La oposición de derecha, por su parte, no ha hecho el menor esfuerzo desde su control parlamentario en la Asamblea Nacional, para cuestionar o bloquear estos acuerdos y conductas económicas del gobierno, ya que no adversa estas políticas y a lo sumo pudiera discrepar respecto a los socios preferenciales o disputarse la administración de los negocios. Un eventual gobierno de esta oposición tendría una orientación similar aunque cambiase la composición de los capitales.

De manera que, más allá del chantaje y de las amenazas dirigidas a incidir en el control político del país, el imperialismo, ya sea en su forma Estado-Nación (USA, Países europeos, China, Rusia…) como a través de las transnacionales y el capital financiero que son su expresión económica, esta recuperando un reforzado poder en nuestra economía y en nuestro territorio, de la mano del propio gobierno que agita retóricamente consignas antiimperialistas y revolucionarias, pero que en los hechos le viene abriendo las puertas hace tiempo por el apetitode lucro de una burocracia que se ha hecho parte del capital en sociedad con sectores de la burguesía.

Por ellos, las primeras medidas de defensa antiimperialista y de la soberanía nacional, deberían partir de la revisión y rectificación de toda esta orientación económica que se nos viene imprimiendo, y que es el principal factor de vulnerabilidad ante amenazas externas.

Y ante esto, cabe hacerse otra pregunta: ¿Van a plantear los constituyentistas de la ANC una política realmente antiimperialista, consecuente y que sea responsable? No han dado señales de eso y poco se puede esperar de un “Poder Constituyente” conformado por el mismo poder constituido responsable de las políticas económicas aplicadas en perjuicio de la nación venezolana. Si realmente quisieran liberar al país del imperialismo y avanzar hacia nuestra Segunda Independencia, tendrían que comenzar a dar pasos decididos en este sentido.

Chávez pudo avanzar en sus posturas antiimperialistas porque al mismo tiempo se apoyaba en las conquistas sociales de la revolución bolivariana y en una democracia que mantenía la confianza de la gran mayoría del pueblo. Eso no ocurre con Maduro, que no va más allá del discurso antiimperialista y le abre espacio a las transnacionales y al saqueo de las potencias extranjeras en el país, mientras pierde apoyo social y político por el maltrato y las privaciones a las que es sometida la población por el gobierno burocratico y autoritario.

Obviamente, entonces, pedir el apoyo para Venezuela frente a las amenazas de Trump, no significa apoyo para las políticas de Maduro y de la ANC. Por el contrario, el cambio de estas políticas nefastas es precondición para la real defensa de nuestro país.

 

Para enfrentar las amenazas del imperialismo y defender nuestra soberanía

Por consiguiente, para la defensa de nuestra soberanía necesitamos revertir todas las políticas económicas entreguistas descritas y reanudar el camino de la II Independencia, puesto que no es solamente un problema de defensa militar..

Necesitamos que se atienda la emergencia alimentaria y de medicamentos que está sufriendo el pueblo, dando prioridad al abastecimiento y a la reactivación de la producción de bienes de consumo básico. Es preciso destinar el grueso de las divisas a este fin y no al pago de la deuda externa (con la que incluso se financia al propio imperialismo agresor) y se requiere el rescate de los capitales fugados, cosa para la cual el gobierno no ha hecho esfuerzo ninguno y es responsable de la continuidad del desfalco a la nación.

La recuperación de la democracia y del Estado de Derecho es fundamental para reunificar a nuestro pueblo y restaurar sus mecanismos de participación hoy usurpados y acaparados totalmente por el poder constituido instalado en la ANC, por el aparato burocrático del Estado y por el gobierno del PSUV. Esta es otra de las debilidades en las que se apoya el imperialismo para presionar a Venezuela con el pretexto democrático.

Una manera de hacerlo sería someter la Constituyente instalada a referendum, para que sea el pueblo entero y no una parcialidad minoritaria y monopartidista quien dé su aprobación o la repruebe. Pero, de ningún modo esta cuestionada Constituyente y el gobierno pueden seguir actuando al margen de la Constitución, todavía vigente, adoptada junto a Chávez en 1999.

La oposición burguesa, agrupada o no en la MUD, debe sujetarse a la CRBV y abandonar definitivamente los métodos violentos e insurreccionales o los intentos de implantar un doble poder para derrocar al gobierno y pronunciarse de manera inequívoca en contra del intervencionismo que ha venido auspiciando desde sus filas.

Para todo ello se requiere la recuperación de la fuerza social autónoma del pueblo trabajador, el multidiálogo inclusivo de todos los sectores de la sociedad en plena libertad y el cese del maltrato y la represión.

A la izquierda internacional le proponemos una activa campaña contra las amenazas y el intervencionismo norteamericano, y que al mismo tiempo, le exija al gobierno de Nicolás Maduro devolverle al pueblo venezolano todos sus derechos y garantías constitucionales que conquistó con la revolución.

 

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