UNA HUELGA EJEMPLAR. Maestrxs de Perú llevan mas de dos meses de una huelga indefinida que rebasó a la burocracia del SUTEP.

La céntrica Plaza San Martín se ha convertido en el epicentro de una huelga docente que ha generado generando una crisis política con resultados aún impredecibles. Se calcula que alrededor de 40,000 maestros copan a diario la emblemática Plaza que lleva el nombre del libertador argentino. La huelga se lleva a cabo en todo el territorio nacional, salvo en la región Cusco que fue la primera en salir y la primera en levantar luego que el gobierno llegara a un arreglo con los docentes después de dos meses en los que hizo de todo por quebrar la huelga. Su contundencia fue tal que animó a todo el gremio a sumarse de a pocos hasta que finalmente los maestros de Lima terminaron también volcándose a la huelga en un proceso que de conjunto ha rebasado a la dirigencia oficial, el CEN del SUTEP, en manos de Patria Roja, un partido de la vieja izquierda con prácticas sectarias y burocráticas

Cerca de 300,000 docentes del Perú han parado los colegios, ocupando plazas y calles en una gigantesca movilización que ha sensibilizado al país no solo respecto a las justas demandas reivindicativas sino también respecto a la educación pública, al punto de conquistar un 70% de respaldo ciudadano a su lucha. De la misma manera que la lucha contra el proyecto minero CONGA puso el tema del agua sobre la mesa, los maestros han puesto el tema educativo en el centro del debate nacional.

Baste señalar que anualmente se destina solo el 3% del PBI a educación cuando todos los países limítrofes van por el 6% o más. Cuba lleva la delantera en el  mundo destinando un 13% de su PBI a educación. Bolivia, en la era Evo, llevó al 6.9% lo invertido en este sector, con los resultados que saltan a la vista. Cabe señalar que desde el 2001 hay un compromiso de todos los partidos, en el m arco de un Acuerdo Nacional, por llegar al 6% pero no se cumple. Contradictoriamente se libera del pago de miles de millones de soles a las grandes empresas transnacionales, sea por deudas impagas o por excepciones tributarias. Además de otros miles de millones que se van a fondos privados como producto de la mega corrupción que ha puesto al descubierto el Lava Jato.

Los sueldos de los docentes están entre los más bajos de la región y van entre los 200 y 500 dólares en su gran mayoría, cuando la remuneración mínima vital está en 4,050 soles (1,200 dólares) que es a lo que aspiran los docentes. El argumento de siempre de los sectores dominantes es que no hay plata, no la hay ahora ni la hubo en los 10 años de bonanza, cuando las exportaciones mineras llenaron las arcas del Estado. Lo que no hay es voluntad política para educar al pueblo.

Los maestros también exigen que se modifiquen las evaluaciones que se ha convertido en un factor de inestabilidad laboral, entre otras demandas, todas ellas encaminadas a recuperar derechos y dignidad.

La huelga ha salido a contramano de la dirección oficial y por ello refleja en su desarrollo las dificultades propias de la falta de centralización a pesar de que los SUTEP de base y regionales se dotaron de un Comité Nacional de Lucha. Como todo organismo aún insipiente y armado al calor de la lucha, tal Comité demoró en asentarse. De ahí que el gobierno intentó desconocer a estos dirigentes representativos pero al margen del reconocimiento oficial que detentaba en CEN del SUTEP    que se dedicó a jugar el papel de bombero de la huelga. Por el contrario buscó deslegitimar esa dirección ante las bases acusándola de tener vínculos con el terrorismo, pese a los  categóricos deslindes que han hecho los dirigentes respecto a los grupos violentistas.

Hasta el final, una de las estrategias del gobierno ha ido por el lado de estigmatizar y reprimir la huelga mientras por otro lado mostraba disposición al dialogo pero no con Pedro Catillo, el máximo referente de la huelga. Maestro en Chota, una provincia de Cajamarca, en la zona norte del país donde las rondas campesinas –de la cuales Pedro fue parte- se hicieron famosas por que fueron un  dique contra la delincuencia y también contra el terrorismo en los años 90.

Mostrando una falta de criterio y de manejo político, el gobierno de PPK dejó el paquete de la huelga en manos de la Ministra de Educación y lógicamente el encargo le quedó grande. Cuando la mediación de distintas bancadas del Congreso pugnó por el dialogó, la Ministra hizo esperar por 5 horas a la delegación de docentes en el primer piso del MINEDU mientras ella se encerraba en su despacho del 12vo piso. Sin dialogo directo, solo vía la mediación de los congresistas que servían de puente, y luego de inacabables horas de idas y venidas, lo que parecía un final feliz se truncó ante la falta de flexibilidad para el manejo fino de los acuerdos alcanzados que daban definitivamente un sabor a victoria para los maestros en lucha.

El MINEDU se comprometía a cumplir con la promesa electoral del Presidente de llevar el piso salarial a 2,000 soles (630 dólares) con el compromiso de “gestionar” que se llegue a una UIT al 2,021. La delegación docente demandaba que se cronograma el cumplimiento de tal meta y no quede solo en “gestión”. Igualmente exigían que se cumpla para todos a partir de las 24 horas semanales de aula y no solo para los que cuentan con 30 horas.

Respeto al presupuesto educativo el MINEDU aceptaba subir al 6% al 2021 pero tampoco con un cronograma de cumplimiento por lo que todo podía quedar nuevamente en buenas intenciones.

El punto de mayor controversia se suscitó cuando se abordó el tema de la evaluación al docente, que está ligada al concepto de “meritocracia”, una forma de exigir calidad educativa sin la correspondiente contraparte de contar con sueldos dignos y una educación pública debidamente atendida por el Estado. Lo peor de todo, condicionar la evaluación a la permanencia del docente en su trabajo. Entendida como una evaluación que abre la puerta a los despidos, los docentes pedían que la evaluación no sea punitiva sino formativa.  Aquí se produjo el mayor entrampamiento que una actitud realmente receptiva hubiera podido desbloquear. El “dialogo” se rompió y todos a su esquina.

Ahora se transita un momento de definiciones donde el gobierno, bastante zarandeado por la huelga,  buscará revertir su aislamiento intentando recuperar el “principio de autoridad” a partir de una acuerdo con la clase política que acusa a los dirigentes de intransigentes  y radicales. Los docentes, a su vez, han extendido su lucha y llevan a cabo el 24 una jornada nacional de paro y movilización conjuntamente con la CGTP. Así las cosas, la huelga entra en una dinámica de mayor confrontación, donde resultará fundamental mantener el apoyo de la población, en particular de los padres y alumnos.

La derecha y sus medios no ocultan su estrategia: arrinconar a los docentes con el tema “no negociable” de la evaluación y poner mano dura dejando que la huelga, a partir de las disposiciones sancionadoras (descuentos y despidos), se vaya desgranando por la base, es decir se vaya quebrando para luego pasar a acciones punitivas contra los dirigentes y derrotar el movimiento. Los dirigentes de la huelga, por su parte, tienen ante sí dos caminos: proponen el levantamiento de la medida para consolidar lo conquistado hasta el momento, sin descuentos y sin despidos, o proponen la continuidad confiando en que la fuerza de la huelga no decaerá sino todo lo contrario. Decisiva será la jornada del 24.

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