Venezuela: la experiencia bolivariana en la lucha por trascender al capitalismo

Edgardo Lander | 28/08 – Aporrea.org

Venezuela: la experiencia bolivariana en la lucha por trascender al capitalismo

I. Las luchas por la superación del capitalismo en las primeras décadas del siglo XXI

La Revolución Bolivariana fue el primer intento de llevar a cabo una transformación socialista en el siglo XXI en todo el mundo. En consecuencia, los debates sobre la experiencia venezolana se han referido no solo a las dinámicas propias del proceso de transformación en el país desde que Chávez llegó a la presidencia en el año 1999, sino también, en términos más amplios sobre las posibilidades, potencialidades y límites del socialismo en este siglo. Este texto está focalizado en el análisis de la experiencia venezolana, pero esto se realiza dentro del contexto de los debates latinoamericanos sobre el desplazamiento a la izquierda con la emergencia de los gobiernos progresistas en la mayor parte de América del Sur y de los debates globales sobre alternativas viables para trascender el capitalismo.

Los retos que se confrontan hoy en la búsqueda de la superación del capitalismo son mayores y bastante más complejos que los que fueron imaginados en los siglos XIX y XX. Hoy confrontamos no solo la crisis del capitalismo, sino igualmente la crisis terminal del patrón civilizatorio que fue imponiendo la modernidad a lo largo de los últimos cinco siglos hasta extenderse en la totalidad del planeta. Este patrón civilizatorio está amenazando la propia supervivencia humana. Para pensar/actuar/crear alternativas a este patrón civilizatorio en crisis, es indispensable abordarlo en su extraordinaria complejidad. Enfrentamos no solo una sociedad de explotación/dominación de clases, sino igualmente, una sociedad colonial, antropocéntrica, racista, patriarcal y homofóbica, una sociedad que, a pesar de los discursos liberales sobre la multiculturalidad, solo concibe como posible, como “moderno”, un modo de vida, e impone la hegemonía de patrones de conocimiento eurocéntricos. Una sociedad de profundas y crecientes desigualdades en la cual tiende a naturalizarse un estado de guerra permanente.

Las herramientas teóricas e instrumentos políticos que en los dos siglos anteriores parecían adecuados para superar el capitalismo, hoy resultan extraordinariamente parciales, romas y reduccionistas. Los asuntos y ejes de confrontación que fueron privilegiados por las luchas anticapitalistas de los siglos y décadas anteriores, ya no solo no son suficientes para abordar los retos que hoy confrontamos, sino que continúan contribuyendo a invisibilizar otras dimensiones básicas de la vida colectiva, o colocándolas en un segundo plano.

La experiencia del socialismo del siglo XX, más allá de sus conquistas sociales, sus confrontaciones con el imperialismo y su papel central en la derrota de la Alemania nazi, fracasó como alternativa civilizatoria al capitalismo y a la modernidad colonial. En términos muy esquemáticos, las dimensiones principales de este fracaso pueden sintetizarse en lo siguiente:

* Las visiones antropocéntricas y eurocéntricas de la modernidad, encarnada por el capitalismo, no fueron cuestionadas. Por el contrario, prevaleció el economicismo y se radicalizó la noción del progreso. La superación de las sociedades capitalistas en términos materiales y productivos se convirtió en un referente básico del avance hacia el comunismo. (Toneladas de cemento, toneladas de acero). Esto condujo a una profundización del asalto y depredación de la naturaleza, a la continuación del ataque moderno antropocéntrico y patriarcal a la Madre Tierra3 que amenaza las condiciones de las cuales depende la reproducción de la vida.

*Se preservó una fe acrítica en la ciencia y la tecnología capitalistas, en las llamadas fuerzas productivas del capitalismo, como piso material para la construcción de una sociedad socialista.4

* La crítica a la democracia liberal como democracia de clase burguesa llevó a la anulación de toda forma de democracia, conduciendo a la creación de Estados autoritarios donde los disidentes eran considerados como enemigos del pueblo.

* Su carácter altamente centrado en el Estado/partido condujo a una completa falta de autonomía de los múltiples ámbitos de la sociedad, empobreciendo radicalmente el tejido multiforme de ésta, reprimiendo memorias, bloqueando así los procesos de experimentación social sin los cuales no es posible construir otro mundo.

* No hubo reconocimiento del extraordinario valor de la pluralidad de culturas existentes en el planeta, radicalizando la monocultura colonial de la modernidad, ahora en nombre de una cultura proletaria universal. La diversidad fue reducida al ámbito del folklore.

* Falta de incorporación efectiva de múltiples dimensiones de la vida social más allá de la economía (pluralidad cultural, patriarcado, racismo, sexualidades, subjetividades, relaciones con la llamada “naturaleza” y otros patrones de conocimiento) como esenciales para la posibilidad de una transformación social radical.

Las sociedades socialistas del siglo XX terminaron en transiciones abruptas o graduales al capitalismo, con frecuencia un capitalismo salvaje con un peso preponderante de las mafias.

Después de la caída del Muro de Berlín y del colapso del bloque soviético, la idea del socialismo como alternativa al capitalismo perdió gran parte de su atractivo no sólo en Europa sino en gran parte del resto del mundo. Aunque la idea del socialismo no desapareció del léxico político, pasó a estar muy marginada. Esto no significó de modo alguno el fin de las luchas anticapitalistas, pero la mayoría de éstas tomaron otros cursos, otros sujetos, otras gramáticas políticas, otros imaginarios, otras utopías y otras dinámicas organizativas. La expresión más vigorosa de esta nueva fase post-socialista de las luchas anticapitalista fueron procesos como el Foro Social Mundial con sus múltiples y heterogéneos temas y expresiones de lucha por la construcción de otro mundo posible. En contraste con las anteriores luchas anticapitalistas, los partidos políticos fueron básicamente marginados y la captura del Estado no formó parte destacada de la agenda.

Con los gobiernos progresistas en América Latina, especialmente con la Revolución Bolivariana, la noción de socialismo recobró nueva vida. Estos procesos políticos parecían tomar en cuenta y proponer alternativas a la mayoría de las limitaciones y críticas que se habían debatido con relación al socialismo del siglo XX, esto en la forma del llamado Socialismo del Siglo XXI. Especialmente importante fue lo siguiente:

* La dinámica política que conduce a estos nuevos gobiernos no fue liderada por partidos políticos sino por una amplia y heterogénea diversidad de movimientos sociales, pueblos y comunidades.

* Se abrió un debate crítico sobre el desarrollo, y sobre otras maneras de relacionarse los seres humanos con la naturaleza o la Madre Tierra. En Ecuador y Bolivia se reconocieron por primera vez constitucional o legalmente los derechos de la naturaleza.

* Plurinacionalidad y pluriculturalidad, el reconocimiento y la celebración de la rica diversidad de pueblos, comunidades, tradiciones y memorias presentes en estas sociedades, a pesar de cinco siglos de Estados coloniales autoritariamente monoculturales.

* En Venezuela, Ecuador y Bolivia se incorporan constitucionalmente las nociones de democracias participativas y/o comunitarias. Es significativo que éstas modalidades de democracia no son concebidas como alternativas a (o sustitutos de) la democracia representativa, sino como formas de profundizar, radicalizar, la democracia.

Para aproximarse a un balance de la experiencia de estos gobiernos progresistas desde una perspectiva de sus potencialidades transformadoras anticapitalistas y en camino a la construcción de alternativas a la civilización en crisis, es indispensable ir más allá del eje único desde el cual en buena parte de la tradición de la izquierda se ha focalizado el análisis, esto es, en las relaciones de clase (¿en qué medida se han alterado las correlaciones de fuerza a favor de los sectores populares, ha habido una redistribución del poder y de la riqueza?) y en la geopolítica (principalmente las posturas con relación al imperialismo). Gobiernos con un lenguaje que apela a lo popular y tienen un discurso antiimperialista han sido considerados como “progresistas” o de “izquierda” casi independientemente de sus políticas en otros ámbitos de la dominación. Las relaciones de poder, exclusión y dominación de la sociedad contemporánea son más complejas y multidimensionales. Difícilmente puede darse cuenta de ella a partir de concepciones reduccionistas que antes se consideraba que podían dar cuenta de las principales posturas en el campo de lo político. Hoy no existe un eje principal (¿contradicción principal?) que sea capaz de dar cuenta de la complejidad de los retos que plantea la actual crisis civilizatoria.

Estas cuestiones servirán de orientación para el análisis de la experiencia venezolana de estos años. Esto se llevará a cabo en la siguiente secuencia. En primer lugar, el texto aborda los antecedentes históricos que hicieron posible al proceso bolivariano. En segundo lugar, serán discutidas las concepciones principales del proyecto bolivariano inicial, seguido por los hitos más importantes y principales logros de este proceso. Todo esto servirá de base para un análisis crítico/analítico del proceso bolivariano (“Tensiones, contradicciones y limitaciones del proceso bolivariano como experiencia transformadora”). El texto concluye con una reflexión sobre lo que podemos aprender de esta rica experiencia histórica y con algunas conclusiones políticas.

II. Antecedentes del proceso bolivariano: La crisis terminal del régimen petrolero rentista

El sistema político que reemplazo a la dictadura militar de Pérez Jiménez en el año 1958 se caracterizó por un sostenido crecimiento económico, una mejoría relativa de las condiciones de vida de los sectores populares y un importante nivel de legitimidad durante las primeras dos décadas.5 Sin embargo, desde minales de la década de los setenta se inicia en Venezuela entra en una prolongada crisis económica, política y cultural. Esto marca el comienzo de la crisis terminal de la sociedad y Estado rentistas que habían prevalecido en el país durante la mayor parte del siglo. En términos inmediatos esto se expresó en una sostenida reducción del ingreso petrolero per cápita que limitó la capacidad del Estado para responder a las demandas de la población. Los dos grandes partidos, Acción Democrática y COPEI, se van transformando en maquinarias electorales crecientemente clientelares y corruptas que se van distanciando cada vez más de sus anteriores bases de apoyo. Comienzan igualmente sostenidos desplazamientos de lo que habían sido hasta el momento los imaginarios políticos socialdemócratas hegemónicos, con una fuerte ofensiva ideológica del liberalismo anti-estatista y de la anti-política, que en forma creciente excluye a los sectores populares, incluso del discurso político.6 Estas tendencias tienen un punto de inflexión con al inicio del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989), cuando se anuncia la aplicación del paquete de políticas de ajuste estructural del Consenso de Washington, medidas exigidas por el FMI para que el país pudiese obtener nuevos préstamos, en condiciones de severos problemas presupuestarios y dificultades para el pago de la deuda externa. Estos ajustes ya se habían dado en la mayor parte de América Latina pero en Venezuela, gracias al colchón de la renta petrolera, se habían postergado. El 27 de febrero de 1989, estando en Washington la delegación que firmaría la Carta de Intención entre el gobierno venezolano y el FMI para la aplicación de dicho recetario, se inicia el Caracazo: saqueos y protestas populares masivas de varios días en los principales centros urbanos, con dimensiones desconocidas en la historia anterior del país. Después de un desconcierto inicial, el gobierno responde con una brutal represión que produce centenares de muertos.

El impacto de estas políticas de ajuste fue devastador para los trabajadores y el mundo popular en general. Hubo una fuerte rebaja en los salarios reales y en la participación de la remuneración del trabajo en el ingreso nacional. Se redujeron substancialmente los costos laborales en la industria. Sobre la base de la metodología que mide la línea de pobreza sobre la base de ingreso monetario, se constató un significativo incremento en los niveles de pobreza y de pobreza extrema. Se dio un salto cualitativo en los niveles de desigualdad. Todo esto se traduce en un deterioro de las condiciones de vida, de alimentación y de salud de grandes proporciones de la población venezolana.7 El resultado fue el quiebre definitivo de toda ilusión de legitimidad del sistema político.

El malestar y distanciamiento con relación al sistema político se generalizó, particularmente entre los sectores subalternos de la sociedad, pero no había una alternativa política visible en el horizonte. En su conjunto, la izquierda era débil, habiendo sido derrotada en la lucha armada de la década de los sesenta y sin capacidad de representar un reto electoral creíble a los partidos que aunque debilitados seguían siendo dominantes.

Pocos años más tarde, expresión del hecho de que el descontento se había extendido a las fuerzas armadas, el 4 de febrero de 1992, se produce el intento de golpe Estado encabezado por Hugo Chávez y un segundo intento en noviembre del mismo año. Chávez, un militar de carrera había creado el movimiento clandestino Movimiento bolivariano Revolucionario 200 a comienzos de los ochenta. Este movimiento militar fue influenciado y radicalizado a través de relaciones con algunas pequeñas organizaciones de la izquierda, principalmente RUPTURA y la Causa R.

La forma como reacciona la población, permaneciendo a la expectativa, sin que se produjesen reacciones populares contra estos intentos de golpe por parte de militares desconocidos para la mayoría de la población, confirma la profundidad de la crisis de legitimidad. Casi de inmediato, Chávez se convierte en una referencia simbólica de alcance nacional.

Esta crisis todavía se prolonga por unos años más. Carlos Andrés Pérez es destituido de la presidencia bajo acusaciones de corrupción, y en las elecciones de 1993, por primera vez desde 1958, no gana un candidato postulado por Acción Democrática o COPEI. Rafael Caldera, que había sido el fundador y principal dirigente de este último partido, crea un nuevo partido y en alianza con algunas pequeñas organizaciones de izquierda gana las elecciones con un programa anti-neoliberal. Caldera, después de sobrevivir a la crisis financiera más profunda de la historia del país durante sus primeros años de gobierno, y luego de un largo período de indecisión, negocia un acuerdo con el FMI e impulsa, bajo el nombre de la Agenda Venezuela, las orientaciones básicas de la agenda neoliberal que tanto había cuestionado. Fueron particularmente severas las consecuencias de la reforma de la Ley del Trabajo que redujo drásticamente el monto de las prestaciones sociales de los trabajadores y las políticas de apertura e internacionalización de la industria petrolera. De esta manera se contribuyó a profundizar la desconfianza de la mayoría de la población en el sistema político. A finales de los noventa, la sociedad venezolana está profundamente dividida económica, social y políticamente, atraviesa una sostenida crisis económica que se expresa en un severo y prolongado deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población. Su sistema político estaba profundamente deslegitimado.

Cuando Chávez gana las elecciones en diciembre del año 1998, lo hace dándole voz, sentido de dirección y esperanza a ese enorme descontento.

III. El proyecto inicial del chavismo

Cuando Chávez es electo presidente en el año 1998, se hizo presidente en un contexto internacional particularmente poco favorable. Se viene de profundas derrotas políticas, teóricas e ideológicas de movimientos transformadores en todo el mundo. Ha colapsado pocos años antes el bloque soviético con lo cual se posiciona los Estados Unidos como potencia unipolar. Hay una amplia hegemonía del neoliberalismo y de la ideología del fin de la Historia. Casi todos los países de América Latina tienen gobiernos de derecha que implementan las políticas de ajuste estructural del Consenso de Washington. Avanza firmemente la agenda global y continental del libre comercio. Con excepción de Cuba, el socialismo ha prácticamente desaparecido del debate político. China, el principal país “socialista” da pasos cada vez más claros en una dirección neoliberal y se va convirtiendo en el eje más dinámico del proceso de acumulación del capital a escala mundial. Todavía no apuntan las primeras expresiones de una nueva fase de lucha de los pueblos del continente: el levantamiento indígena del Ecuador de 1990 y el levantamiento Zapatista de 1994. En Venezuela la izquierda es débil, al igual que las organizaciones y movimientos sociales populares.

Las transformaciones que Chávez imaginó estaban imprecisamente prefiguradas cuando él llegó a la presidencia. Aparte de la limitada experiencia política de Chávez, restringida en lo fundamental al mundo militar, se trataba de un momento histórico muy complejo en que estaba poco claro si una alternativa viable al orden neoliberal podía ser pensada como socialista, o en términos menos radicales como una transformaciones en las líneas del Estado de bienestar social formulado por la socialdemocracia europea. Chávez afirma en esa época que los dos grandes sistemas políticos del siglo XX, la democracia liberal capitalista y el socialismo han fracasado.8Considera necesaria otra vía de construcción de una sociedad alternativa que esté profundamente enraizada en las culturas y en las tradiciones de lucha de los pueblos latinoamericanos. Más que un modelo o un programa para la nueva sociedad, aparecen enunciadas las orientaciones normativas que deben guiar la construcción de dicha sociedad: la prioridad de lo popular, la soberanía nacional, la igualdad, la inclusión, la solidaridad, superación de las limitaciones propias de la democracia representativa, la unión de los pueblos del continente, y la lucha por un mundo multipolar, opuesto al mundo de la hegemonía imperial de los Estados Unidos. Se propone retomar las batallas de la gesta por la independencia de las primeras décadas del siglo XIX y se identifica estrechamente con la figura de Simón Bolívar. Pueblo, categoría que sintetiza lo nacional y lo popular, es la palabra clave de este discurso.

IV. Los hitos principales del proceso bolivariano

La elección de una Asamblea Constitucional fue la propuesta de corto plazo más importante presentada por Chávez durante su campaña electoral. Fue asumida como la primera prioridad del nuevo gobierno. El día de la toma de posesión, Chávez anuncia la convocatoria, mediante un referéndum nacional, a una Asamblea Nacional Constituyente para refundar la República. Este texto constitucional, aprobado por 72% de los participantes en un segundo referéndum es concebido como el instrumento jurídico-político básico del programa para el cambio a ser iniciado por el nuevo gobierno. Se propone, de acuerdo a su Preámbulo:

…el fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna; promueva la cooperación pacífica entre las naciones e impulse y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no-intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad.

El modelo económico se define sobre la base de un fuerte papel del Estado, que a la vez que garantiza la propiedad y la iniciativa privada, reserva para sí la actividad petrolera y otras industrias, explotaciones, servicios y bienes de interés público considerados como de carácter estratégico.

Desde el punto de vista político, los cambios más significativos consisten en la introducción de una multiplicidad de mecanismos y modalidades de participación. Estas están concebidas como instrumentos para profundizar y radicalizar la democracia en los ámbitos tanto políticos como económicos, sin remplazar por ello las instancias clásicas de la democracia representativa.9 Se preserva la división político-territorial existente en estados, municipios y parroquias, así como la separación de poderes característica de la tradición liberal.

A contramarcha de lo que estaba ocurriendo en el resto del continente, los derechos económicos, sociales y culturales no sólo se ratifican, sino que se expanden significativamente. Se establece como responsabilidad del Estado el acceso universal y gratuito a la educación, la salud y la seguridad social. Se incorpora igualmente -por primera vez en la historia del país- un amplio reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas, incluyendo sus derechos territoriales. Como expresión del papel decisorio de Hugo Chávez Frías en este proceso, se modifica el nombre del país por el de República Bolivariana de Venezuela, se alarga el período presidencial a seis años, y se introduce la reelección presidencial inmediata.

Un importante momento de ruptura llevado a cabo por el gobierno de Chávez se da dos años después de aprobada la Constitución cuando, sobre la base de poderes especiales que le habían sido otorgados por la Asamblea Nacional mediante una Ley Habilitante, el Presidente decretó 49 nuevas leyes en el 2001.10 Este conjunto de leyes tuvo, entre otros, el objetivo de la democratización de la propiedad y de la producción; el financiamiento o la promoción de modalidades económicas alternativas a las organizaciones de carácter empresarial; la reorientación de los instrumentos de financiamiento del sector público para el apoyo a éstas mediante el fomento de la pequeña y mediana industria; la creación de un sistema de micro créditos y el fomento de modalidades alternativas de propiedad y de organización de la producción como las cooperativas. Fueron particularmente polémicas las leyes referidas a la superación del latifundio, contra la pesca de arrastre y el mayor control estatal de la industria petrolera.

Este conjunto de leyes fue catalogado por el empresariado y por la oposición política como un atentado a la propiedad privada, argumentando muchos que con ello se confirmaba el carácter estatista o comunista del proyecto político del gobierno. Con un paro empresarial nacional de rechazo a estas leyes, en diciembre del año 2001, comienza una fase de intensa confrontación entre el gobierno y una oposición dispuesta a utilizar todos los medios posibles para su derrocamiento.

En abril del 2002 se produce un golpe de Estado respaldado por el gobierno de los Estados Unidos que derroca al gobierno por dos días. Finalmente el golpe falló gracias a una extraordinaria movilización popular y la división de las fuerzas armadas. Participaron en este golpe los partidos de oposición, los principales gremios empresariales, la jerarquía de la Iglesia Católica y un sector de las fuerzas armadas. Los medios de comunicación privados que jugaron un papel protagónico.

Entre los meses finales del año 2002 y comienzos del 2003 se produce un paro/sabotaje petrolero y lockout empresarial con el propósito expreso de derrocar al gobierno. Sin gasolina, sin gas para consumo doméstico, con escasos medios de transporte de personas y mercancías, el país quedó semi paralizado por más de dos meses. El producto interno bruto tuvo un colapso de 17% ese año. Y sin embargo, fue el período de mayor movilización popular, el gobierno solo logró sobrevivir a estos intentos de la oposición por desalojarlo del poder como resultado de los muy elevados niveles de participación activa de los sectores populares. En el referéndum revocatorio del año 2004 Chávez salió muy fortalecido, al ser ratificado en el cargo con el respaldo de 59,1% de los votantes.

Un hito de extraordinarias consecuencias ocurrió en enero del año 2005 cuando, en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, Chávez declaró que el proceso bolivariano era socialista.11

A partir del año 2013, el país entra en una profunda crisis tanto política y económica, como cultural. Dejan de estar presentes casi en forma simultánea dos pilares fundamentales de los cuales se había hecho dependiente el proceso bolivariano: el liderazgo carismático de Chávez y los elevados precios del petróleo. En las elecciones presidenciales realizadas al poco tiempo del fallecimiento de Chávez, Nicolás Maduro resulta electo con una diferencia de votos de solo 1,5% sobre Henrique Capriles el candidato del conjunto de la oposición. En diciembre de 2015 la oposición gana las elecciones parlamentarias por una amplia mayoría, obteniendo una mayoría calificada de dos terceras partes que le permitiría tomar decisiones fundamentales sin necesidad de negociar con la bancada del gobierno.

Entre los años 2014 y 2016 se produce una sostenida baja del producto interno bruto, se acelera la inflación hasta pasar a ser la más elevada del planeta. La escasez de productos básicos, la mengua del salario, una creciente inseguridad, así como el deterioro de los servicios públicos, conducen a un acelerado retroceso en la mejoría de las condiciones de vida de la población logradas en los lustros anteriores. Los masivos niveles de corrupción se hacen más visibles. Como consecuencia de todo esto, se genera un creciente rechazo al gobierno de Maduro. Ante un apoyo popular decreciente, el gobierno se enfrentó a dos opciones básicas. La primera consistía en asumir la necesidad de una profunda reflexión autocrítica de las políticas del gobierno con el fin de detectar las causas de su creciente falta de respaldo e incluso rechazo por parte de la población. Esto hubiese llevado a la necesidad de confrontar asuntos claves como una corrupción desbordada y la ineficiencia, la imposibilidad de continuar con una paridad cambiaria subsidiada insostenible que estaba creando tantas distorsiones en el conjunto de la economía, así como un reencuentro con el mundo popular para confrontar la crisis. Sin embargo, el gobierno de Maduro claramente decidió por otra opción. Parece haber asumido que para preservarse en el poder no podía depender del respaldo electoral ni de los límites establecidos por la Constitución. En lugar de asumir las causas que estaban produciendo este rechazo al gobierno, toma una ruta crecientemente autoritaria. Para preservarse en el poder recurre a violaciones sistemáticas de la Constitución y a una creciente represión tanto policial como por parte de la Guardia Nacional. Se declara a la Asamblea Nacional en desacato y sus funciones son, en lo fundamental, asumidas por el Tribunal Supremo de Justicia y el Ejecutivo. El gobierno cancela o pospone procesos electorales cuando evalúa que los resultados no le serían favorables. Es el caso del Referéndum Revocatorio del Presidente de la República que estaba previsto para finales del año 2016, y las elecciones de gobernadores que, de acuerdo a la Constitución tenían que realizarse en diciembre de ese mismo año. Desde febrero del año 2016 el Presidente Maduro ha gobernado mediante sucesivos decretos de Estado de Emergencia Económica en términos que claramente violan la Constitución del año 1999. En este estado de excepción, muchos derechos constitucionales pueden ser suspendidos.

Estas tendencias que tienden a asociar a la izquierda o los proyectos transformadores con dinámicas autoritarias pueden tener severas consecuencias de largo plazo mucho más allá de Venezuela en la medida en que pueden contribuir a socavar el atractivo de proyectos anticapitalista a través del planeta. Esto es así como consecuencia de las expectativas ampliamente extendidas que había generado la Revolución Bolivariana.

V. Principales logros del proceso bolivariano

No es el objetivo de este trabajo hacer un balance de los logros del proceso bolivariano. Sin embargo, una revisión, aunque sea somera de lo que han sido alguna de las conquistas de este proceso es indispensable para acercarse a las contradicciones que lo han caracterizado.

En los años del gobierno bolivariano se produjeron elevados grados de politización, significativas transformaciones en la cultura política popular, en el tejido social y organizativo, así como en las condiciones materiales de vida de los sectores populares anteriormente excluidos. Se generaron ampliamente sentidos de dignidad e inclusión y de capacidad de incidir tanto sobre la vida propia como sobre el destino del país.

Mediante múltiples políticas sociales (las misiones) dirigidas a diferentes sectores de la población, se redujeron muy significativamente los niveles de pobreza y pobreza crítica. De acuerdo a la CEPAL, el país llegó a ser, junto con Uruguay, uno de los dos países menos desiguales de toda América Latina.12 La población pasó a estar mejor alimentada.13 Se realizaron efectivos programas de alfabetización. Con apoyo cubano, la misión Barrio Adentro llevó asistencia médica primaria a los sectores populares rurales y urbanos en todo el país. Se produjo una ampliación masiva del régimen de pensiones públicas incorporando a millones de personas de la tercera edad. Se llevó a cabo igualmente una extraordinaria expansión de la matrícula universitaria. Se impulsó un ambicioso programa de viviendas populares. Disminuyeron los niveles de desempleo y se redujo el empleo informal de 51% en el primer semestre del año 1999 a 41% en el primer semestre del año 2014.14 Se ha estimado que el monto dedicado a la inversión social entre los años 1999 y 2013 fue de un total de unos 650 mil millones de dólares.15De acuerdo al PNUD, el índice de Desarrollo Humano del país se elevó de 0.662 en el año 2000 a 0.748 en el año 2012, pasando de un desarrollo humano “medio”, a un desarrollo humano “alto”.16

Fue igualmente importante el peso de la experiencia venezolana -en particular su proceso constituyente- en el llamado desplazamiento progresista o de izquierda que ocurrió en América Latina en estos años, así como en la creación de diversos mecanismos de integración que contribuyeron al fortalecimiento de la autonomía regional limitando así la dependencia histórica que la región ha tenido con Estados Unidos: UNASUR, CELAC, Petrocaribe, ALBA. Venezuela jugó un papel en la derrota de Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que hubiese impuesto, de hecho un orden constitucional neoliberal en todo el continente. Cuando el gobierno venezolano comenzó a confrontar este proyecto imperial, todos los gobiernos de la región a pesar de muchas diferencias en aspectos particulares, estaban de acuerdo con la conveniencia de negociar dicho tratado.

Como consecuencia de estas políticas, el gobierno venezolano, desde el comienzo del gobierno de Chávez, se confrontó con ataques por parte del gobierno de los Estados Unidos. Los intentos de socavar o derrocar al gobierno bolivariano han tomado muchas formas como los intentos de aislamiento internacional del país, el respaldo al golpe de Estado del año 2002 y el continuado apoyo político y financiero a los sectores más extremos de la derecha opositora. Más recientemente, antes de dejar el gobierno, el Presidente Obama renovó una Orden Ejecutiva que había emitido anteriormente declarando que Venezuela representaba una “inusual y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y a la política exterior de los Estados Unidos.17

En una presentación ante el Comité de las fuerzas Armadas del Senado de los Estados Unidos en abril de 2017, el Almirante Kurt W. Tidd, Jefe del Comando Sur de los Estados Unidos afirmó que:

…Venezuela enfrenta una inestabilidad significativa en el próximo año, debido a la escasez generalizada de comida y medicamentos; una continuada incertidumbre política; y una situación económica que se deteriora. La creciente crisis humanitaria en Venezuela podría exigir a una respuesta regional.18

En agosto 2017, Donald Trump amenazó a Venezuela con una intervención militar.

Tenemos muchas opciones en Venezuela, y …no voy a descartar una opción militar.

Tenemos muchas opciones para Venezuela, este es nuestro vecino… Estamos en todo el mundo, y tenemos tropas en todo el mundo en lugares que están muy, muy lejos. Venezuela no está muy lejos y la gente está sufriendo y muriendo. Tenemos muchas opciones para Venezuela incluyendo una posible opción militar de ser necesario.19

VI. Tensiones, contradicciones y limitaciones del proceso bolivariano como experiencia transformadora

La profunda crisis política, económica y cultural que se inicia en el año 2013, como se afirmó anteriormente, fue precipitada por el fallecimiento de Chávez y el colapso de los precios del petróleo. Sin embargo, para aproximarse a una evaluación más integral de lo que ha sido la experiencia bolivariana desde 1998 hasta el presente, y para sacar aprendizajes de una rica experiencia histórica que generó tantas expectativas dentro y fuera de Venezuela, y que terminó siendo, en lo fundamental, un fracaso como alternativa tanto al capitalismo como a la civilización en crisis, es indispensable indagar sobre otros asuntos menos coyunturales. Algunos de estos son de carácter histórico-estructural, como la realidad de una economía, sistema político y patrones culturales hegemónicos que han estado sustentados, durante un siglo, sobre una expansiva renta petrolera controlada por el Estado. Otros, más de índole político e ideológico, se refieren a los contenidos y orientaciones básicas (cambiantes) del proyecto bolivariano. Se trata de condicionantes que han incidido medularmente en la conformación este proceso.

  1. La profundización del modelo petrolero rentista: el continuado asalto a la naturaleza.

Tal como ha sido el caso en la experiencia de todos los países con gobiernos denominados progresistas en América del Sur, durante el proceso bolivariano no solo no se cuestionó y buscó alternativas para iniciar una transición de salida del modelo extractivista depredador basado en el petróleo, sino que éste fue profundizado. Dado el auge de la demanda y el precio de los commodities en la primera década del siglo XXI, para el gobierno venezolano, como para los otros gobiernos de la región, la expansión del modelo colonial de inserción en la división internacional del trabajo y la naturaleza representó la opción más fácil e inmediata para obtener los recursos requeridos para llevar a cabo políticas sociales redistributivas y para preservar el apoyo electoral que permitiese darle continuidad a su gestión de gobierno. Al priorizar las ventajas políticas a corto plazo, se consolidó el modelo primario exportador heredado.

La extraordinaria expansión del gasto social se dio por la vía de una reorientación del uso de dicha renta, sin comenzar siquiera a alterar la estructura productiva del país. Múltiples iniciativas y modalidades de solidaridad latinoamericana como Petrocaribe, fueron posibles gracias a la abundancia de la renta.

A lo largo de los años del gobierno bolivariano la dependencia del petróleo se fue incrementando. El petróleo, en el valor total de las exportaciones, pasó de representar un 68,7% en el año 1998 a 96% para el momento del inicio de la actual crisis en el año 2013.20 En términos absolutos se ha dado durante estos años una reducción del valor de las exportaciones no petroleras y de las exportaciones privadas.21 La contribución del sector industrial al PIB bajó de 17% en el 2000 a 13% en el año 2013.22

Con el fin declarado de limitar la fuga de capitales y contener la inflación, se ha mantenido durante estos años una extraordinaria sobrevaluación de la moneda lo que ha acentuado la denominada enfermedad holandesa que había caracterizado a la economía venezolana desde hacía muchas décadas. Para una amplia gama de sectores de la economía resulta más barato importar que producir nacionalmente. Aparte del petróleo muy pocos bienes pueden producirse a precios suficientemente competitivos como para ser exportados. Las políticas sociales y sucesivas alzas salariales aumentaron notablemente la capacidad adquisitiva de la población, sin que este incremento sostenido de la demanda estuviese acompañado por aumentos proporcionales de la producción nacional, generando ascendientes brechas que tenían que ser satisfechas mediante crecientes importaciones. Estas solo podrían ser financiadas por la vía del ingreso proveniente de las exportaciones petroleras.

En la década de los setenta del siglo pasado, en otro ciclo de abundancia durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, se consolidó en el sentido común de la sociedad venezolana la noción de que se era un país rico, lo que en el discurso oficial se denominó la Gran Venezuela. Este imaginario de abundancia se repite durante el gobierno de Hugo Chávez esta vez con la denominación de Venezuela Gran Potencia Petrolera.

Con relación al cambio climático y la responsabilidad de países productores y consumidores de petróleo, la distancia entre el discurso y las políticas efectivamente llevadas a cabo no podría ser mayor. En las negociaciones de la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático los representantes de Venezuela han presentado discursos radicales responsabilizando al capitalismo y a los países industrializados por las amenazas que sus niveles de consumo de combustibles fósiles representaban para la vida en el planeta. Sin embargo, internamente ha habido durante todos estos años un esfuerzo, muy poco exitoso, por incrementar al máximo la producción petrolera. El ejemplo más claro de esta profunda contradicción se encuentra en el llamado Plan de la Patria, el último programa de gobierno presentado por Chávez para las elecciones presidenciales del año 2012. Este programa, posteriormente aprobado por la Asamblea Nacional como plan de desarrollo del país, está organizado en torno a cinco grandes objetivos. El objetivo número cinco se plantea Preservar la vida en el planeta y salvar a la especie humana. Sin embargo, en el objetivo número tres se establece como meta Consolidar el papel de Venezuela como Potencia Energética Mundial. Con ese fin, se propone el plan duplicar la producción petrolera de 3 millones a 6 millones de barriles diarios entre los años 2013 y 2019.23Afortunadamente para clima planetario, debido principalmente a ineficiencia, falta de inversiones y corrupción, estos esfuerzos resultaron fallidos. La producción en abril del 2017 superaba por muy poco los dos millones de barriles diarios.

La venta de gasolina y demás combustibles fósiles a precios extremadamente subsidiados -es de lo pocos bienes cuyo precio no ha sido impactado por la inflación- no solo incentiva el incremento derrochador del consumo, sino que ha bloqueado toda posibilidad del desarrollo de energías alternativas.

Ante el colapso de los precios del petróleo la respuesta del gobierno no ha sido la de abrir un debate nacional sobre alternativas al rentismo extractivista y el desarrollo de políticas para, por ejemplo, cumplir con el mandato constitucional referido a la seguridad alimentaria.24 Por el contrario mientras se está produciendo un severo déficit nutricional en la población y no hay suficientes divisas para satisfacer la demanda mediante más importaciones, se opta por profundizar aún más el modelo extractivo depredador, ahora por la vía de la minería. El 24 de febrero del año 2016 el Presidente Nicolás Maduro dictó el Decreto de Creación de la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional “Arco Minero del Orinoco” mediante el cual se dedica 112 mil kilómetros cuadrados, un 12% del territorio nacional a la minería, y simultáneamente se invita a corporaciones mineras transnacionales de todo el mundo para que participen en su explotación.25 A las fuerzas armadas se les asigna un papel central en este proyecto, tanto en su papel de impedir cualquier forma de resistencia u oposición a éste, como por la vía de la creación de empresas mineras que operarían directamente bajo su responsabilidad. Se trata de un territorio habitado por pueblos indígenas, un territorio que forma parte del bosque amazónico que juega un papel vital en la regulación de los regímenes climáticos del planeta, una zona de extraordinaria biodiversidad, las principales fuentes hídricas de Venezuela y donde están localizadas las represas que suministran 70% de la electricidad que se consume en el país. Todo esto está amenazado por la explotación minera a cielo abierto en gran escala que está contemplado en los planes gubernamentales para el Arco Minero. Esta decisión, en la cual está en juego en buena medida el futuro del país, la tomo el Presidente de la República, en ausencia total de un debate público, sin consultar a la Asamblea Nacional y en violación tanto de numerosas normas constitucionales como las leyes referidas a los derechos de los pueblos indígenas, de protección del ambiente y del trabajo.

En esta zona venía dándose un proceso de devastación socio-ambiental producto de la minería ilegal de oro que se había expandido notablemente durante las últimas dos décadas, con la incorporación de decenas de miles de mineros, con territorios controlados por mafias armadas donde impera la violencia, el tráfico de drogas, la prostitución y miserables condiciones de trabajo. Todo esto, no solo con la complicidad, sino igualmente con la participación directa en el negocio por parte de las autoridades regionales y cuerpos de seguridad del Estado que serían supuestamente los encargados de impedir la realización de estas actividades. Con el inicio de la mega minería a cielo abierto esta catástrofe no puede sino profundizarse.

Se trata, en síntesis, de una profundización estructural de la lógica de mercantilización/comodificación de la naturaleza que ha sido hegemónica en la sociedad venezolana durante un siglo.

  1. La centralidad del Estado

E los principales debates políticos de estos años ha habido una severa carencia de un debate teórico sobre lo que podría ser una sociedad post-capitalista en este siglo y sobre cómo podría o deberían ser las relaciones entre Estado, mercado y sociedad organizada, que incorpore una evaluación crítica de las experiencias del socialismo del siglo pasado. Igualmente ausente ha sido una lectura informada y reflexiva sobre las potencialidades y limitaciones post-capitalistas de las actuales transformaciones en marcha en China, Viet Nam y Cuba. Esto, por supuesto no es un problema particular venezolano, es una expresión más de la situación de la izquierda que en todas partes del mundo ha demostrado su impotencia y falta de respuestas creíbles ante la actual crisis global del capitalismo y la forma como ésta ha sido aprovechada para avanzar en la restricción de la democracia y una aún mayor concentración del poder y de la riqueza.

En ausencia de reflexiones y búsquedas más sistemáticas o estratégicas sobre las alternativas post-capitalistas, en estos años, desde el gobierno venezolano han predominado dos tipos de propuestas. La primera consiste en el automatismo que identifica socialismo con estatismo (propiedad estatal y/o control estatal).26 En el momento en que alguna empresa es estatizada, pasa inmediatamente a ser denominada “empresa socialista”. La segunda es la que identifica al post-capitalismo con el Estado comunal, asunto que será abordado más adelante en este texto.

En el proyecto político bolivariano, el Estado ha sido concebido como el principal agente o sujeto de la transformación social. Una lógica Estado-céntrica ha caracterizado a la mayor parte de América Latina durante toda su historia. En el caso venezolano, el petróleo ha acentuado esta lógica hasta extremos excepcionales. El conjunto de la sociedad se ha organizado en torno al Estado. El sistema político y los partidos han girado en torno a la intermediación en la pugna por la apropiación de partes de la renta por diferentes sectores de la sociedad. La acumulación privada de capital y la emergencia de los sectores empresariales ha sido directamente alimentada por políticas crediticias, subsidios, protecciones arancelarias y la privatización corrupta de lo público. En los años del proceso bolivariano esta lógica Estado-céntrica se acentuó.

La Constitución del año 1999 amplia la esfera de acción del Estado, especialmente del Ejecutivo, tanto en el terreno productivo como en la definición de sus atribuciones como garante de los derechos sociales y económicos de la población, especialmente de los sectores más necesitados. Esta ampliación de los ámbitos de competencia del Estado incluye, entre otras cosas, el control sobre procesos electorales sindicales,27gremiales, estudiantiles y los referidos a las elecciones de autoridades de las universidades autónomas, y el poder para decidir qué partidos políticos pueden ser reconocidos. Igualmente, desde el punto de vista del proyecto político bolivariano, el Estado ha sido asumido como el principal agente y/o sujeto de la transformación social. En la medida en que la renta petrolera fue asumida como la herramienta para el impulso de los cambios deseados, el control cada vez más centralizado de ésta por parte del Poder Ejecutivo se ha reforzado.

Además de las tres ramas de gobierno correspondientes a la tradición liberal (ejecutivo, legislativo y judicial) la Constitución del año 1999 creó dos poderes autónomos adicionales, el Poder Electoral y el Poder Ciudadano. Esto, sin embargo, no alteró la plena preponderancia que ha tenido históricamente la rama ejecutiva del gobierno en el país. Durante el proceso bolivariano las otras ramas del poder público han estado en lo fundamental sometidas a las directrices del ejecutivo. Cuando la oposición ganó una mayoría en la Asamblea Nacional, la asamblea fue declara en desacato y despojada de la mayor parte de sus atribuciones. En varias ocasiones en que partidos de oposición ganaron elecciones municipales o de gobernadores, el ejecutivo creó estructuras ad-hoc paralelas para limitar la acción de estos gobiernos.28 La identificación de socialismo con control estatal ha tenido consecuencias devastadoras para el aparato productivo del país al crearse condiciones que impiden la operación efectiva tanto del sector público como del sector privado. El Estado ha carecido de la capacidad para gestionar la amplia gama de empresas que ha estatizado. Buena parte de las empresas industriales y agrícolas estatizadas pasan a ser gestionadas con menor eficiencia y menores niveles de producción. Esto ha sido el resultado del burocratismo, continuos conflictos laborales, precios de venta de sus productos que no corresponden a los costos de producción, así como la falta de inversión, no solo para mantenimiento, sino igualmente para actualización tecnológica de plantas. En algunos casos como en la producción de acero y aluminio éstas presentan extraordinarios niveles de deterioro y obsolescencia.29 A todo esto se agrega la corrupción30. En consecuencia, una elevada proporción de estas empresas está produciendo pérdidas y solo sobreviven gracias a la inyección de recursos provenientes de la renta petrolera.

Esta lógica Estado-céntrica estuvo acompañada desde el principio del reconocimiento de la necesidad de transformar profundamente el Estado “heredado”, o Estado capitalista, como condición para impulsar el proceso de transformación. La noción de la transición fue formulada en términos del viejo Estado que se resiste a morir y lo nuevo estado que no termina de nacer. La forma en que este reto ha sido abordado ha variado a lo largo del proceso bolivariano. Cuando los primeros programas sociales en gran escala, las misiones fueron impulsadas (e la misión Barrio Adentro apoyada por Cuba, las primeras misiones educativas…) Hubo el reconocimiento de la necesidad de sobrepasar los obstáculos burocráticos que dificultaban el contacto directo con la población. Así estructuras informales, paralelas, fueron creadas para implementar estos programas. Esto fue en parte una respuesta al hecho de que estos programas encontraron frenos y a veces hasta saboteos por parte de los funcionarios que no compartían las orientaciones políticas del gobierno. Estas fueron pensadas como estructuras de emergencia o de transición, no como el modelo del nuevo Estado. Una consecuencia negativa fue que esto condujo a un incremento del aparato burocrático y el empleo público, y a hacer que el Estado tuviese una estructura más engorrosa, menos transparente.

Con el tiempo, la concepción estratégica del Estado alternativo ha sido concebida como el Estado comunal. Esto ha sido enunciado como un Estado descentralizado controlado directamente por la población en el ámbito comunitario, esto es, como parte de la transición hacia forma de autogobierno democrático desde abajo. Sin embargo, esto ha sido una fuente permanente de tensiones y contradicciones ya que estas modalidades de autogobierno gobierno democrático comunal son difícilmente compatibles con el control vertical y el vanguardismo que tanto como concepción y como practica han prevalecido en el proceso bolivariano.

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