Alfons Bech (Aurora) – 30/09/2017

La primera víctima que cae en las guerras es la verdad. Esto está pasando en esa guerra entre la democracia que defiende el pueblo catalán con su derecho a decidir y el totalitarismo del Estado español que se niega a reconocerlo y lanza todas sus huestes “por tierra, mar y aire”.

Un ejemplo de ello es cómo vuelven las cosas del revés y todos los medios de comunicación españoles, desde los del Estado hasta los privados, atacan el referéndum que mañana van a hacer los catalanes. “El País”, por ejemplo, dedica entera toda la primera página al “momento decisivo del desafío soberanista” con un titular bien grande que dice: “La Generalitat lanza a la población contra el Estado”.

Por si fuera poco la intoxicación mediática a la que llevan meses dedicándose, pero especialmente estos últimos diez días, la Guardia Civil anda loca persiguiendo y cerrando páginas web. Páginas que son inmediatamente replicadas por la Generalitat. El Govern catalán ha encontrado aliados inesperados e insólitos, como Julen Asange y otros que opinan, ayudan y dan consejos para sortear esos ataques cibernéticos. Estamos en el siglo XXI y esto se parece a una “Guerra de las Galaxias” donde el Imperio ataca a una joven República que incluso está por nacer.

El espectáculo de los últimos días más comentado, el más horroroso también, es la aparición de centenares de supuestos espontáneos manifestantes que despiden a las tropas de la Guardia Civil al grito de “A por ellos, oee; A por ellos!”. Es el fascismo emergente. Esas manifestaciones han sido muy pocas y en algunas ciudades de Andalucía o Castilla. Pero, como dice el president Puigdemont, esa acción ha sido pensada en Madrid.

El líder semifascista del partido Ciudadanos, Albert Rivera, en el acto final suyo de Barcelona también ha defendido el plan que ya tienen hablado y previsto el PP y Ciudadanos. El plan consiste en tratar de impedir por la fuerza el referéndum del domingo, acusando a los independentistas del Govern de estar bajo las órdenes de los anticapitalistas de la CUP. Y si eso no funciona, pasar al plan B: detener a Puigdemont, Junqueras y los principales líderes del Govern y los partidos independentistas, declarar un Estado de excepción, suspender la autonomía aplicando el artículo 155 y, con todos los independentistas inhabilitados o en la cárcel, que desde el Gobierno español, o a través de nombrar un gobernador para Catalunya, convoque nuevas elecciones autonómicas, donde ganarían las fuerzas que “no quieren romper España” y llegarían a un acuerdo para una reforma de la Constitución española. Todo un plan de golpe de Estado. Y los llamados “socialistas” haciéndoles el juego con su apoyo a “la aplicación de la ley contra el referéndum”. ¡Verguenza!

Sin embargo eso no asusta ya a los catalanes. Al revés, eso hace avanzar la conciencia de que ya no queda otra salida que ir a votar y decidir salir de este régimen en plena involución. Hasta algunos dirigentes sindicales del partico ICV, los más reaccios a la independencia y al referéndum, me han dicho públicamente que “si Catalunya logra su independencia, entonces yo ya no quiero volver a España”. Es también la visión del oportunismo, como el de los obreros que no quieren haver huelga por miedo a las represalias pero luego se apuntan a los logros de un buen convenio conseguido gracias a la lucha de los demás. Siempre hay gente así. Y en las cúpulas, muchísimas más.

El protagonismo es la gente. “Alea Jacta Est”, la suerte está echada. Los bomberos hicieron un despliegue emocionante de su pancarta LOVE DEMOCRACY en un acto en el Museo de Historia. Están dispuestos y se han ofrecido a la Assamblea Nacional Catalana, para proteger los actos y las autoridades. Los maestros también están haciendo asambleas. Los padres, madres, alumnos, niños, están ocupando las escuelas que son centro de votaciones, para impedir que la policía entre y se lleve el material o interrumpa las votaciones mañana. El portavoz del Gobierno y todos los medios llaman a eso “usar los niños como escudos humanos”. Es decir, para ellos el voto de los catalanes es la guerra. Se preparan para ejercer la violencia y acusan a la sociedad y el Gobierno catalanes de que “serán los responsables de las consecuencias”. Ellos “aplicarán la ley” caiga quien caiga.

Estamos en el siglo XXI pero todo recuerda el siglo XX e incluso anteriores. Entrando en la Wilkipedia me interesé en leer qué había pasado en la revuelta catalana de los “Segadors” (los segadores) de 1640. Lo tenía vagamente en la memoria, pero releyendo lo que ocurrió no pude menos que asombrarme de la similitud con que se dan ciertas cosas y, sobre todo, comportamientos. El imperialismo español sigue bien vivo y los catalanes fueron siempre la principal resistencia interna que tuvieron. Gracias a ella Portugal se pudo independizar en 1640.

Estamos viviendo la historia de manera viva. Estamos asistiendo a un cambio que afectará no sólo a Catalunya, sino a España y a toda Europa. Gane o pierda, la lucha de los catalanes en su derecho a ser un Estado independiente ya ha trazado un camino. Este camino es el de una revolución democrática. Es algo nuevo en Europa. Si gana, puede influir en toda Europa, puede ayudar a cambiar las políticas retrógradas, de pisoteo de derechos laborales y humanos, de políticas económicas neoliberales, de crecimiento de la pobreza, de insensibilidad hacia la mujer y hacia la Naturaleza. Como ha dicho Puigdemont en su discurso de campaña final “es hora de pasar del proceso (independentista) al progreso”.

Todo está punto. Las tropas están a punto. El Estado con sus Guardias Civiles, Policías, Jueces, Fiscales, Medios de comunicación mentirosos, Bancos amenazantes. El pueblo con su gente, sus abuelas y abuelos, sus niños, sus padres y madres. Unos tienen todas las armas. Los otros sólo tienen la razón. ¿Quién podrá más, la fuerza de las armas o las armas de la democracia? ¿El Estado policial o el pueblo? Este es el reto del siglo XXI.