Roberto Robaina (Dirigente nacional de MES-PSOL)

Hay muchos militantes del PT que creen en el argumento de algunos miembros de la cúpula del partido de que Palocci hizo una confesión mentirosa al declarar que Odebrecht pagó 300 millones de reales para el PT y para Lula, entre recursos para campañas, propinas y favores personales. El argumento es que Palocci adoptó esta actitud para deshacerse de la prisión. Este fue el argumento para explicar el comportamiento de los ejecutivos de las empresas. El instituto de la Delación Premiada debía ser condenado por llevar a falsos testimonios, según la lógica de esta cumbre. Esta posición con la que nunca acepté, ya que la Delación Premiada exige la presentación posterior de pruebas del delator que sustenten su testimonio bajo pena de perder los beneficios, todavía podría ser considerada, para quien tiene mucha fe en la cúpula petista que lo sostenía, como con la mínima razonabilidad para los empresarios amigos de Lula. Pero, ¿cómo puede servir para Palocci?

Delcídio Amaral había sido el primer petista del alto rango a confesar. Se libró de la prisión, efectivamente. Aunque fue líder del gobierno petista en el Senado, podría tener su moral vinculada con el PSDB, partido del que fue originario. Pero Palocci fue fundador del PT, y con la excepción de los íntimos amigos de Lula del ABC, era el político de mayor confianza del ex presidente, seleccionado como Ministro de Hacienda y Jefe de la Casa Civil entre cientos de cuadros competentes y con décadas de experiencia. Asignar a Palocci la confesión mentirosa para evitar la prisión significa creer que la moral de los altos cuadros de la cúpula petista sería incapaz de aguantar algunos años de prisión para defender la verdad. Sería atribuir una debilidad de carácter incompatible con un partido de lucha.

Para dramatizar el instituto de la Delación, dirigentes petistas la comparaban con la tortura. Se trata, evidentemente, de una comparación absurda. Bajo tortura muchos militantes no entregaron a sus camaradas y pagaron con la muerte el silencio. Pero bajo tortura es lícito pensar que no sería justo condenar a alguien que no aguantara y rompiera el silencio. Ya mentir y confesar sus crímenes y sus colaboradores para librarse de la prisión es una actitud repugnante. Así sería ésta la moral de Palocci.

Por mi parte dejo claro que no tengo nada que objetar contra este juicio acerca del ex ministro de la hacienda y ex ministro de la Casa Civil de los gobiernos de Lula y de Dilma. Pero debo añadir que la moral exigida de él por el partido y por el gobierno ya no era la moral de un luchador hace muchos años.

Pero realmente no creo que fue la falta de moral combativa de Palocci que lo llevó a confesar. Sucede que Palocci tendría que soportar la prisión para guardar una mentira, no una verdad. La complicidad no estaba más basada en una idea, sino en intereses de poder individual y en los negocios lícitos e ilícitos. Quién realmente cree que Palocci mintió habría que explicar cómo dirigentes con moral tan repugnante llegaron tan lejos en los gobiernos del PT.

La plausibilidad de sus declaraciones es que hacen las revelaciones de Palocci estar siendo caracterizadas como la pala de cal en las pretensiones del PT de lanzar la candidatura de Lula. De hecho, todo indica que fue el movimiento que faltaba para el tribunal de la Justicia Federal encontrar fuerza para tomar la decisión. Si se adopta tal decisión, a pesar de todo se está dando un golpe en el proceso electoral. No porque crea que Palocci no esté diciendo la verdad. Pero la verdad contra la cúpula del PT no nos hace ciegos para las verdaderas razones que llevaron a una parte de la burguesía brasileña a no querer la candidatura de Lula.

Al haber utilizado de manera suficiente a sus gobiernos para mantener y reproducir sus intereses de clase, la burguesía descartó al partido cuando percibió que no tenía más fuerza para aplicar el ajuste económico contra los intereses populares exigido por su doctrina neoliberal y su lógica de hacer que los trabajadores paguen el precio de la crisis. La base social del PT aún era popular y no aceptaba esta orientación llevada hasta las últimas consecuencias. El PMDB se aprovechó para impulsar el impeachment, prometiendo llevar adelante el ajuste que el PT no se decidía a hacer. Todo ello llevó a un enfrentamiento muy grande entre todos los partidos tradicionales, incluido el PT, que sostuvieron el régimen burgués de la Nueva República en los últimos 30 años. El pacto entre ellos fue roto. En estas condiciones sacar a Lula de la disputa electoral no es una medida para garantizar el juego democrático y el imperio de la ley. En un país presidido por un corrupto como Temer no se puede hablar en juego democrático real ni en imperio de la ley.

La democracia burguesa brasileña nunca garantizó reglas verdaderamente democráticas, pero actualmente está rompiendo incluso las apariencias más elementales. Si el Temer es presidente todo está permitido parece ser la lógica actual de la política brasileña. Luchamos contra esta democracia de fachada y no vamos a dejar de denunciarla haciendo de cuenta que hay un proceso electoral democrático.

Cuando Eduardo Cunha aprobó, con la sanción de la entonces presidente Dilma, la legislación que excluía al PSOL de los debates, tuvimos, semanas antes del impeachment, una demostración de que la clase dominante no tiene problemas en alterar las reglas del juego para evitar la construcción de alternativas de izquierda. Sabemos también que ahora pueden sacar a Lula de la disputa sólo para no tener ningún riesgo de su retorno. Nosotros que luchamos por una nueva izquierda, auténtica, no aquella que en nombre de la izquierda gobernó para la gran burguesía, queremos que la experiencia de las bases sociales del petismo y del Lulismo sea hecha hasta el final. No queremos que la justicia que permite temer de presidente, Collor y Sarney de Senador, y innumerables otras mafias en el control de la política decida lo que corresponde al pueblo definir.

Al mismo tiempo presentaremos nuestra alternativa. Tendremos un nombre para disputar la presidencia. Y lo haremos no porque creemos que en los comicios de 2018 se resuelva la crisis nacional. Por el contrario, estamos lejos de eso. Mientras la burguesía gobierne, contratistas, banqueros, terratenientes dominar la economía y la política, el país va de crisis en crisis. Sólo la organización de los trabajadores, la confianza en su organización y su lucha puede constituir la resistencia ante estas crisis y preparar el camino de una victoria futura.