Charles Rosa y Pedro Fuentes (Pujals) (*)

La lucha de las nacionalidades es uno de los aspectos de la revolución democrática, y por lo tanto, está íntimamente ligada con la lucha de clases. En dicho movimiento, como en el democrático en general, la gran burguesía tiende siempre a ceder ante el poder central. La pequeña burguesía, por el contrario, tiende hacia las soluciones radicales. El ejemplo de Cataluña es bastante elocuente para que tengamos que insistir sobre el particular. El proletariado no puede desentenderse de la cuestión. En todo movimiento de emancipación nacional hay un contenido democrático, y el proletariado ha de sostenerlo incondicionalmente. Enemigo de toda opresión, faltaría al más elemental de los deberes que su misión histórica le impone si no se levantara contra una de las formas más acentuadas de opresión, la nacional. ”El principio de las nacionalidades — dice Lenin — es históricamente inevitable en la sociedad burguesa, y tomando en consideración esta sociedad, el marxismo reconoce plenamente la legitimidad de los movimientos nacionales. Pero para que este reconocimiento no se convierta en una apología del nacionalismo, es preciso que se limite rigurosamente sólo a lo que hay de progresivo en dichos movimientos, a fin de que ese reconocimiento no conduzca al oscurecimiento de la conciencia proletaria por la ideología burguesa.” Los que so pretexto de defender el internacionalismo combaten los movimientos de emancipación nacional, en realidad hacen el juego de las clases explotadoras de la nación dominante. El revolucionario español que niega el hecho de la nacionalidad catalana y su derecho a disponer de sus destinos, sostiene prácticamente la absorción de las demás nacionalidades por la nación a que él pertenece. No hay que confundir La Internacional con la Marcha de Cádiz. El hecho de que haya movimientos nacionales reaccionarios no es un motivo para que los comunistas se declaren adversarios de los mismos en general. Esto sería lo mismo como preconizar la superioridad de la forma monárquica sobre la republicana por el hecho de que haya repúblicas más reaccionarias que algunas monarquías.”

¿Donde encontrar los billetes para votar “SÍ”? La respuesta es simple: en la panadería de su barrio. Éste es uno de los ejemplos que testifican la profundidad de la sedición catalana. Septiembre está forjando una revolución democrática, como otras que el mundo asistió desde la Revolución Francesa (Febrero de 1917 en Rusia, 1931 en España, las primaveras árabes de 2011, etc). En un orden mundial atravesado por una dinámica de mayor polarización, crisis y caos, quizá no sea exageración afirmar que los acontecimientos de la Cataluña  son de los más importantes este siglo XXI, desde una perspectiva revolucionaria.

La necesidad de apoyo a la causa democrática reivindicada por los catalanes unifica en este momento los progresistas, izquierdistas, reformistas y revolucionarios en todo el mundo. Con bastante optimismo y unidad, nuestro deber es hacer todo a nuestro alcance para respaldar la rebeldía de la Cataluña.

Es un punto de unidad de acción, bastante simple y al mismo tiempo  profundo. Ningún demócrata razonable se callaría frente a la tamaña agresión del Estado Español contra la autonomía de la región catalana. El “pan, paz y tierra” de nuestros hermanos catalanes es asertivo: “el derecho democrático de decidir”, el derecho democrático de mandar en su propias vidas sin prestar reverencia a una institución sobrepasada desde la invención de la guillotina, como es la monarquía española. Mientras, esa bandera elemental de movilización carga un potencial aún mayor, pues abre espacio para otra bandera. ¿Derecho de decidir… pero decidir el que? La Independencia Catalana, la República Catalana, ¡Una Asamblea Constituyente Catalana! ¡Una Asamblea Popular Constituyente donde se ejercite la democracia directa conquistada por el pueblo en las calles! Una secesión con el Estado español, pero no una ruptura con los otros pueblos de España y de Europa y sí un plan superior de unidad republicana y, ¡sobretodo, democrática!

El hecho incontornable para cualquier analista honesto es que la decisión del pueblo catalán en pro de la independencia es muy fuerte. Un movimiento democrático-popular ganó fuerza en los últimos meses, abarcando desde el gobierno de Puigdemont/Junqueras/Forcadell y sectores burgueses descontentos con el actual encaje español hasta las organizaciones tradicionalmente independentistas, los extractos medios de la población, amplios sectores de los trabajadores y la juventud indignada (‘sin empleo, sin porvenir, sin miedo”). La firme resolución de llevar adelante el referéndum viene siendo combatida de modo truculento por el régimen monárquico, heredero del franquismo y vocalizado por Rajoy. Y mismo así la rebelión pacífica sigue fortaleciendose

No hay Guarda Civil, el instrumento más fuerte de la opresión española, que pueda vaciar las calles catalanas. No hay injerencia golpista, armada que pueda bajar la cabeza de los insumisos catalanes. Prueba mayor de eso es que la embarcación que transportaba los 5 mil guardas enviados por el gobierno conservador no recibió el abastecimiento de los portuarios, por libre voluntad de estos trabajadores. Cada nueva apuesta del dublê de Franco para quebrar la espina dorsal del movimiento es contrarrestada por una demostración de obstinación ciudadana de la Cataluña.

Cuando Rajoy, el Judiciario y los grandes medios de comunicación intentan desmoralizar las fuerzas independentistas, universidades son ocupadas por la Cataluña y Puigdemont discursa incentivando la desobediencia civil. Cuando el Supremo Tribunal determina que los Mossos de Esquadra cierren las escuelas para impedir el escrutinio el domingo, la orden es ignorada solemnemente por la policía catalana. En el fatídico 20 de septiembre, cuando la Guardia Civil española invadió la sede del Departamento de Economía de la Generalitat, para prender los organizadores del referéndum, una multitud cercó el edificio en rechazo a la medida de fuerza, destrozando tres vehículos del cuerpo armado e impidiendo el tránsito de los invasores por casi 24 horas. El tumulto llegó a un punto que el juez  de Instrucción 13 de Barcelona, Juan Antonio Ramirez Sunyer, se vio obligado a pedir que el jefe de los mossos, Josep Lluis Trapero, habilitase un pasillo de seguridad para que les Guarda Civiles pudiesen abandonar la región.

Las direcciones que permitieron el avance del proceso y las vacilaciones de la izquierda

Se puede hacer aquí una observación bastante útil sobre el proceso catalán. El independentismo se encuentra más vivo del que nunca por muchos motivos, que envuelven desde la crisis del régimen político español abierta por el 15-M de 2011, el desarmamento unilateral de ETA que puso fin a las amenazas del terrorismo, hasta las posibilidades de una separación venir a ser más lucrativa para un ala de la burguesía de la Cataluña.

El independientismo catalán se apoya en bases sólidas, populares y obreras y una larga tradición lingüística y de enfrentamiento histórico con la monarquía borbónica. Esto es lo que hizo posible que la idea de la independencia del pueblo catalán, junto a su larga tradición de lucha, hiciera emerger con fuerza la movilización popular democrática. Y la respuesta autoritaria de Rajoy desató la revolución democrática ahora en curso.

Pero también existe un elemento subjetivo que no puede ser negligenciado. Sin dirección, un proceso espontáneo avanza en autoorganización pero solo realiza su potencial transformador y hay una dirección. Las circunstancias permitieron que una dirección acarrease el proceso al punto crítico que se encuentra hoy. Una combinación de Diadas cada vez más numerosas y la reubicación de la vieja Convergencia en el campo separatista, el fortalecimiento de la Esquerra Republicana y la correcta política de la CUP  pavimentaron el ascenso de Puigdemont al poder local.

Ante la negativa de Madrid a negociar Puidgement, Junqueras y Forcadell,  apoyados críticamente por la CUP  fueron consecuentes para llevar a Cataluña a la desobediencia, sea cual fuese la amenaza venida de Madrid. Esto los credenció como líderes del proceso independentista. Aunque no sepamos lo que va a pasar después del 1-O, hasta aquí Puigdemont agarró la dirección del proceso de ruptura y fue consecuente con la línea de la autodeterminación catalana.

Salvo la CUP y las honrosas excepciones como fueron de la Aurora y Revolta Global, el conjunto de la izquierda socialista española y catalana lamentablemente le faltó esa tenacidad. Mientras los anticapitalistas de la CUP desempeñaban un papel importante en la defensa de una república catalana, otras organizaciones combativas resbalaron en posiciones poco animosas e/ou abstractamente legalistas. En el caso de la mitad de “Catalunya si que Pot”, fue abiertamente una traición. El propio Podemos, la principal herramienta de cambio forjado por los españoles en los últimos años, fue lento para aprovechar las brechas abiertas por el independentismo catalán: mientras Rajoy organizaba la represión, con la vergonzosa complicidad del PSOE, Podemos emitía alertas contra el ‘unilateralismo’ de Puigdemont.

El absurdo que representó la truculencia del 20-S, ciertamente, modificó la situación y Podemos tomó la campaña y pasó a la acción por el ‘derecho de decidir’ de los catalanes. Bajo la política de unidad de los trabajadores y el pueblo español contra el ajuste, económico, Podemos ignoró que una ruptura de la Cataluña podría suministrar el caldo de agitación en todo el país; elemento que será el determinante si un movimiento contra el ajuste vence o no.

Pablo Iglesias apostó en una salida electoral en el conjunto de España para desbloquear el impase, cuando una rebelión en la Cataluña estaba se fermentando con condiciones de debilitar sus adversarios.

El significado de la rebelión catalana para Europa y el mundo

La historia de la lucha contra la dominación capitalista sugiere que siempre hay eslabones débiles en el orden mundial en que los revolucionarios pueden intervenir y golpear con mayor facilidad. Son las caídas-de-brazo entre los movimientos de masas y las fuerzas de la reacción. Y es eso lo que hace del proceso catalán una oportunidad preciosa para las organizaciones de izquierda. El ataque a las libertades democráticas invariablemente responde a una necesidad de la burguesía imperialista en su estrategia de llevar adelante la contrarrevolución económica contra los derechos históricamente conquistados por los oprimidos, a fin de maximizar sus ganancias en todas las esferas de la vida material.

Así, el corte de derechos sociales y el atropellamiento de las conquistas democráticas son las dos piernas del plano imperialista que viene llevando a la humanidad y el planeta al colapso civilizatorio.

De allí que el final de la pulseada entre Cataluña y monarquía castellana será fundamental para las próximas tendencias a emerger del impase crítico global que vivimos. De ahí también el gran paso que ya se ha dado en el Kurdistán Iraquí con el voto masivo por el SI al plebiscito convocado por Barzani. ¿Quien puede tener dudas que este no es también una ayuda fundamental para Rojava, y todos los movimientos kurdos independentistas de Irán, Turquía y Siria? ¡Un eslabón débil se comienza a abrir también en el Medio Oriente contra el sanguinario Bashar, el totalitario Erdogan. ¿Podemos preguntar al brabucón de Trump; donde manda ahora su supe bomba en la región?

La decadencia americana (simbolizada al máximo por la decrepitud de su presidente mega burgués empresario, rudo, bufón y racista) salta a los ojos, mientras China y Rusia buscan proyectar sus neoimperialismos por el vacío geopolítico legado por la crisis capitalista de 2008, aún no superada por los países centrales. En el interior de las realidades nacionales, los pueblos y los trabajadores se organizan con valentía para contestar esta delicada situación de ataques permanentes a sus derechos adquiridos.

Y la insurgente Cataluña no podría ser diferente, protagonizando la vanguardia de la resistencia mundial, como ya lo hizo en otras épocas.

Aquí vale la mención a las calles de Barcelona, que respiran una memoria insurgente tejida desde la virada del siglo XIX para el XX, cuando rebeliones no paraban de aparecer. Como registran Orwell y Hemingway, es en esta Cataluña que se configurará el gran bastión de la resistencia final de la guerra civil, donde los revolucionarios alcanzaron un peso de masas, por medio de una izquierda antiestalinista, como el POUM y a FAI-CNT, y por centrales sindicales muy democráticas y armadas el suficiente para combatir. Ni la larga noche del franquismo fue capaz de cortar ese hilo de conciencia.

Hoy día, Barcelona late cosmopolitismo, siendo la ciudad más abierta a refugiados e inmigrantes en el mundo. Ni el atentado del ISIS en agosto alteró eso: grupescos xenofóbicos fueron impedidos por la propia población de que intenten manifestar su imbecilidad. Este perfil solidario y auténtico se sintetiza en el club de fútbol del Barça, el más amado del planeta.

Tal identidad cosmopolita torna lo posible triunfo catalán un enorme revés político para la burguesía imperialista de la UE. La cúpula de Bruselas viene sufriendo desgastes sucesivos en su estabilidad. No hace un año que el Reino Unido decidió abandonar el bloque. No hace algunos meses que los franceses castigaron los dos principales partidos de la V República. No hace algunos días que Merkel vio su almacén de votos ser considerablemente  disminuido en favor de una fuerza de extrema-derecha, hoy la tercera bancada del Bundestag. Añadiendo instabilidad a ese panorama de agotamiento de la UE, pero en el sentido inverso, el independentismo catalán trae sobre sus hombros una revolución democrática. Esperamos que algo similar ocurra en el Medio Oriente con la independencia de Kurdistán.

Si los catalanes imponen su voluntad de secesión contra la secular dominación monárquica, los trabajadores franceses se sentirán más autorizados a resistir contra el paquete neoliberal de Macron. Y así será en todos los rincones en los que planes de austeridades estén siendo gestados o ejecutados, a punto de evidenciar una vez más lo en cuanto la Unión Europea representa los intereses del financismo y las coorporaciones  y no de los trabajadores.

Los fenómenos intermediarios como Corbyn y Melénchon, Sanders  tendrán un ambiente mucho más favorable para hacerse aún más creíbles frente a las masas: cuando el pueblo quiere algo y se coloca en movimiento, no hay régimen opresor que pueda aplastar esa determinación. En suma, si  Cataluña gana, las luchas democráticas en todo el mundo tendrán un viento a favor. Por otro lado, si Cataluña se queda por el camino, las tendencias autoritarias y centralizadoras ganaron un nuevo empuje.

Las consignas democráticas, la asamblea republicana constituyente,  y la revolución permanente

Pero el caso catalán engloba otra cuestión de fondo: las consignas democráticas y el compromiso que los revolucionarios deben tener con ellas sin ningún recelo. Expliquemos mejor. En Barcelona, en Damasco, en Luanda, en Caracas, etc., los procesos de ruptura ensayados en el siglo XXI y la  de experiencias fracasadas en el siglo XX obligan los revolucionarios a tomar la defensa de las banderas democráticas como una cuestión de vida o muerte.

No es posible más tropezar en la cuestión de la “distribución” de poder. En un tiempo en el que una docena de corporaciones y mega-inversionistas se apropian de los destinos de la humanidad, ser los campeones de la democratización de medios decisorios es una condición esencial para la disputa del poder de la izquierda en nuestro tiempo. Será del choque entre oligopolios y democracia que saldrá la chispa de un proceso revolucionario que podrá si trasladar su permanencia para las estructuras sociales. Y no se pueden abandonar estas consignas a la burguesía.

En este sentido, nos cabe apuntar la contradicción de quien condena correctamente el autoritarismo de la derecha española y, al mismo tiempo, apoya lo que Maduro y la burocracia del PSUV viene haciendo contra la esencia democrática del bolivarianismo, expresa por la Constitución de Chávez destrozada a golpes de falsedades por esa Constituyente artificial. Maduro está barriendo las libertades democráticas y eso no es algo menor. Felicitamos los maduristas que se preocupen en atacar el autoritarismo monárquico-franquista. Sin embargo, esa postura es completamente opuesta a su completa anuencia con la degeneración del proceso bolivariano. “Un gobierno independiente de enfrentamiento al imperialismo”, como caracterizan los maduristas, no aplasta la libertad del pueblo y entrega parcelas de los recursos naturales del país para decenas de corporaciones imperialistas. La movilización de las masas contra el imperialismo catalán no tiene nada a ver con el uso de Tribunales Militares para los  manifestantes en Venezuela. La desobediencia civil de los catalanes no tiene nada a ver con un acuerdo de cúpula con la maldita oposición del MUD, que está siendo confeccionado en Santo Domingo en estos días.

Este campismo tardío de los compañeros es, en la realidad, un falso campismo que podrá tener un precio muy elevado en la conciencia de las masas, al vestir la retórica de un figurín ‘socialista’ mientras practica métodos bonapartistas que atentan contra el interés popular. ¡Llegamos a una encrucijada en la Cataluña y en Venezuela: ¡se está por las libertades democráticas o se está en contra de ellas!

Evidentemente, si las conquistas democráticas no avanzan para la igualdad económica, casi todo estará para ser hecho. La libertad y la igualdad material de las masas trabajadoras son indisociables en nuestro horizonte estratégico. Y el derecho de las naciones oprimidas a  independendizarse del yugo de los imperialismos parasitarios es parte fundamental de la lucha democrática.

La “democracia real” y la Asamblea Constituyente Republicana

Como todo movimiento de liberación nacional, el independentismo catalán es más amplio que un movimiento anticapitalista. O sea, otras clases, además del proletariado, están actuando en favor del referéndum. Eso demandará de los anticapitalistas de la Cataluña una audacia para llevar hasta las últimas consecuencias las demandas democráticas, en este caso la independencia y el nacimiento de la republica catalana.

Si la movilización popular lleva hasta el final el proceso de ruptura se colocará entonces la convocatoria a la Asamblea Constituyente Republicana. En este punto se puede repetir en Cataluña en forma superada las asambleas constituyentes que ocurrieron en Venezuela y Ecuador. La cuestión planteada es quienes serán los legítimos representantes del pueblo en esa nueva Asamblea  Constituyente; y en ese punto surgirá como un hecho objetivo y puede concretarse la consigna de la democracia real de los indigandos, la democracia directa del pueblo.  En estos días decisivos seguramente se está avanzando en la autorganización popular del movimiento, de los comités para asegurar la votación del domingo; de los estudiantes y de las organizaciones obreras independientistas y de muchas formas que seguramente están surgiendo. El huracán independientista barrerá los partidos españolistas del PSC, Ciudadans y del PP.

El pueblo legítimamente querrá tener su voz en la Asamblea Constituyente, (los profesores, los estudiantes, los trabajadores, los vecinos movilizados), y pueden conseguir en este proceso de lucha una genuina y legítima representación directa. Quienes estén al frente de la movilización podrán tener una voz firme para plantar en Cataluña este segundo paso que es fundamental para avanzar en la permanencia de la movilización y disputar a la burguesía que republica social quieren los trabajadores y el pueblo catalán.

Aquí la teoría de la Revolución Permanente nos auxilia como ninguna otra. Pero no se puede abstraer y aplicar mecánicamente los escritos de León Trotsky, como lo hacen algunos malos lectores de su obra. Es preciso desmenuzar, a la luz de la fase histórica en que vivimos, todas las dimensiones y fases de los procesos que irrumpen de la realidad concreta. La dinámica de la revolución permanente necesita ser encarada de forma dialéctica, como son las complejas combinaciones entre objetivos democráticos y objetivos socialistas, entre democracia directa e igualdad social. En este sentido, el mensaje de Karl Marx a la Liga Comunista de 1850, aporta más a los catalanes de 2017 que cualquiera otro texto marxista. Veamos:

“Vemos como los demócratas van a llegar a la dominación con el próximo movimiento y cómo van a ser forzados a proponer medidas más o menos socialistas.

Se preguntan qué medidas deben los obreros colocar en oposición a los demócratas. Los obreros no pueden, desde luego, proponer cualesquiera medidas directamente comunistas en el comienzo del movimiento. Pero pueden:

  1. Obligar los demócratas a intervenir en tantos lados cuanto posible de la organización social hasta hoy existente, a perturbar el curso regular de esta, a comprometerse a concentrar en las manos del Estado el máximo posible de fuerzas productivas, de medios de transporte, de fábricas, de ferrocarriles, etc.
  2. Tienen de llevar al extremo las propuestas de los demócratas, quiénes no se portarán en todo el caso como revolucionarios, sino como simples reformistas, y transformarlas en ataques directos contra la propiedad privada; por ejemplo, si los pequeño-burgueses proponen comprar los ferrocarriles y las fábricas, tienen los obreros de exigir que esos ferrocarriles y fábricas, como propiedad de los reaccionarios, sean confiscados simplemente y sin indemnización por el Estado. Si los demócratas proponen el impuesto proporcional, los obreros exigirán el progresivo; si los propios demócratas avanzan con la propuesta de un [impuesto] progresivo moderado, los obreros insistirán en un impuesto cuyas tasas asciendan tan deprisa que el gran capital sea con eso arruinado; si los demócratas exigen la regularización de la divida pública, los obreros exigirán la bancarrota del Estado. Las reivindicaciones de los obreros tendrán, pues, orientarse por todos partes según las concesiones y medidas de los demócratas. (…) Su grito de batalla tiene de ser: la revolución permanente”

 

¡No basta s hacer un “Homenaje a Cataluña”, tenemos que aprender de Cataluña!!!

Brasil puede sacar  buenas lecciones del 1-O. En el marco de un régimen político podrido y de una crisis social aguda, crecen las alternativas de extrema-derecha (Bolsonaro o mismo los rumores de una intervención militar venidos de generales nostálgicos de la dictadura) en amplios sectores despolitizados de la población. La inercia de la vanguardia, cuya una buena parte no rompió sus cordones umbilicales con el PT, en tener política principalmente para la pauta democrática de la corrupción está haciendo la izquierda perder por KO en el crepúsculo de la Nueva República.

La pésima localización de la izquierda no petista con relación a la Lava Jato apagando sus innegables componentes democráticos y anticapitalistas (a pesar de los vicios propios de la Justicia burguesa), dejó huérfana la lucha contra las relaciones espurias de los políticos profesionales con la burguesía brasileña, que podría perfectamente ser hegemonizada por una coalición radical de organizaciones populares.

La recusa en disputar las contradicciones de la burguesía en el movimiento de masas hizo, hasta el momento, que un nuevo ciclo de la izquierda brasileña quedase trabado. Así como lo Podemos demoró en posicionarse contra la monarquía en la cuestión catalana, la izquierda de aquí no lidera una lucha masiva contra el régimen porque despreció el combate a la corrupción como una pauta extraña a los movimientos sociales. Librarse de las castas políticas demandará del pueblo brasileño un proceso de ruptura, una verdadera revolución democrática.

¿Estarán nuestra izquierda brasilera y mundial lista para eso? Creemos que sí, porque se puede aprender mucho. ¡Parafraseando lo titulo del libro de George Orwell no basta solo hacer un “Homenje a Cataluña”, tenemos que aprender de Cataluña

(*) Comisión Internacional del MES/PSOL