Alfons Bech (La Aurora) – 22/10

El curso de los acontecimientos es cada vez más veloz. Ayer Barcelona, sus área metropolitana y algunas ciudades más se manifestaron de nuevo masivamente: 450.000 en Barcelona según la policía de la ciudad. La manifestación estaba convocada desde el pasado miércoles por la libertad de Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, los primeros presos políticos del independentismo en su fase actual. Pero por en medio el Gobierno Rajoy ya ha activado la propuesta de desarrollo del artículo 155, de manera que la manifestación de ayer ha sido una respuesta a ambos: los gritos de ¡Libertad! no sólo respondían a los de los Jordis, sino también al clamor del pueblo respecto a Catalunya. Y a él se sumaba el grito de ¡Independencia!

Indignación extrema. Rabia contenida. Así era el ambiente de las y los presentes en la manifestación. Mujeres, hombres, viejos, jóvenes, niños, de todas las edades. Era un sentimiento unánimemente compartido. Igual que el calificativo de la actuación del gobierno español: Golpe. También lo ha dicho así la presidenta del Parlament, Forcadell: “golpe de facto”. Y el presidente del Govern, Puigdemont: “el peor ataque a las instituciones catalanas desde los decretos de Franco que abolieron la Generalitat (gobierno y Parlamento catalán)” .

La respuesta de Rajoy a la petición de abrir el diálogo y al plazo de dos meses antes de la proclamación de la República dado por Puigdemont ha sido la interpretación más dura imaginable al famoso artículo 155 que nadie sabía qué quería decir. Rajoy ha desvelado lo que quiere decir para él. Supensión de todo el Govern de la Generalitat, de sus cargos, de sus segundos ejecutores. Suspensión del Parlament. Designación de los cargos desde Madrid. Y finalmente disolución del Parlament cuando lo crea oportuno y nuevas elecciones autonómicas con los partidos que no estén ilegalizados. Es decir, un auténtico golpe de Estado.

Pero esta respuesta de tipo dictatorial, si triunfa, no se parará en Catalunya. Las tropas policiales, las leyes de excepción, la anulación de las libertades democráticas afectarán a toda España. ¿Recuerdan el verso?…”primero fueron a por los catalanes, pero yo no era catalán…” Puigdemont también se ha referido en su discurso a los demócratas españoles que se trata de una defensa de los valores democráticos: “los abusos contra el pueblo catalán pueden ser mañana abusos contra otros”. Y hacia los ciudadanos europeos: “si los valores europeos están en riesgo en Catalunya, también lo estarán en Europa”.

El gobierno Rajoy cuenta con la colaboración del PSOE. Es una vergüenza que no pueden soportar ya algunos antiguos dirigentes, como Enric Majó, ex ministro en gobiernos de Felipe González, o, peor aún para el PSOE, actuales alcaldes de algunas de las ciudades más importantes de Catalunya, como Santa Coloma de Gramanet, Terrassa, Granollers y otras como Castellar del Vallés, que han hecho una carta conjunta contra el apoyo del PSOE al 155. La alcaldesa de Santa Coloma, Nuria Parlón, ha dimitido de la ejecutiva del PSOE.

La reacción de Rajoy, con la complicidad del PSOE, pone en el horizonte los más negros nubarrones que podían imaginarse. El gobierno de España ya ha apretado el botón: el viernes el Senado está previsto que aprube las propuestas. El PP tiene la mayoría absoluta y puede hacer sin apoyo de ningún partido. Sánchez, el secretario general del PSOE que fue elegido para “echar a Rajoy”, ha llegado hasta el extremo y la traición de hacerle de escudero de Rajoy precisamente en su momento más débil social y político.

Pero si la España negra y monárquica se prepara, la Catalunya progresista y republicana también. El viernes habrá pleno del Parlament donde con el aproyo de los partidos soberanistas se proclamará la República catalana. Sin embargo, no nos engañemos. Aunque la lucha aparece como institucional, todo depende del apoyo popular, de la calle. Y el pueblo responde. La vanguardia se organiza. Las mesas y organismos unitarios soberanistas están preparando la acción. Ningún partido quedará indemne. Tendrán que tomar partido: o con la España monárquica o con la República catalana.