Alfons Bech (La Aurora) | 31/10

En un artículo que escribí antes de empezar mis crónicas puse el título de “Diez días que conmoverán Europa”, aludiendo a los hechos del 20 de setiembre hasta el referendum del 1 de Octubre. Sin embargo me quedé corto. De un lado no son sólo diez diez días, y del otro el problema catalán se ha instalado en Europa para no dejarlo.

La proclamación de la independencia y la República catalana está suponiendo un giro en toda la situación. En primer lugar en Catalunya y España. La proclamación estuvo a punto de no producirse. Puigdemont, con el apoyo de parte de su partido PDCat, de los nacionalistas vascos del PNV y de los socialistas catalanes, estuvo a punto de aceptar convocar elecciones autonómicas, a cambio de que el Estado no aplicara el artíuclo 155 que interviene la autonomía catalana.

Pero el PP no quiso tal compromiso. Quería venganza por querer Catalunya (el 80%) ejercer su derecho a decidir. Quería que recayera “el peso de la ley” manipulada sobre el independentismo. Quería más presos políticos, sanciones, dominio absoluto sobre una “Catalunya es de España”. La visión centralista, imperial, dictadorial, se impuso sobre cualquier visión política, de resolución pacífica y dialogada del conflicto nacional. Eso y el riesgo de ruptura del frente soberanista fue lo que acabó por decidir a Puigdemont a proclamar la República y abrir el proceso constituyente.

Sin embargo tras la proclamación de la República y el comienzo simultáneo de aplicación del 155, el Govern y la Presidenta del Parlament de Catalunya han decidido no ofrecer resistencia activa. La Presidenta Forcadell decidía disolver el Parlament ayer lunes tras ir a su sede. El Govern decidía no aparecer públicamente. Sólo dos Consellers, el de Economía y vicepresidente Junqueras, y el de Territorio, Rull, fueron a sus despachos. La especulación sobre dónde estaba el President del Govern y el resto de los Consellers, fue tema de comidilla durante todo el día. Hasta que por la tarde se filtró que Puigdemont y medio Govern se hallaban en Bruselas.

Estupefacción. Desilusión. Desorientación. Ese era el estado de ánimo general de las personas y activistas que han estado apoyando el procés. ¿La proclamación de la República termina así? En las reuniones de CDRs del sábado anterior no se adoptaron acciones concretas si bien habían propuestas de boicotear las eleccions autonómicas del próximo 21 de diciembre. Las de sindicalistas independentistas aplazaron una declaración a la espera de que se aclare la situación, aunque se parte de seguir la lucha. Se supo que el mayor sindicato, CCOO, no quiso apoyar una manifestación por la libertad de los presos y contra la aplicación del 155.

A nivel del Estado, los dos principales sindicatos, CCOO y UGT, pedían una “aplicación suave” del 155. Pero ANC y Ómnium no han convocado tampoco ninguna acción todavía. En cambio sí lo hicieron los unionistas, con apoyo de PP, Ciudadanos y PSC-PSOE, acompañados de unionistas de toda España, quienes llenaron de nuevo el centro de Barcelona y donde los sectores ultras protagonizaron violentas escenas contra periodistas, independentistas e inmigrantes, como en la ocasión anterior.

Todo ha quedado pues aplazado. Suspendido. Los líderes de la República catalana han preferido no ir al enfrentamiento en unas condiciones que consideran que propiciarían derramamiento de sangre, y darían la excusa para la intervención del ejército y la aplicación generalizada de la represión e ilegalizaciones por “rebelión”.

Sin embargo junto a esta estrategia aparece también que no había un plan B previsto. La dirección del “procés” ha quedado callada durante tres días claves. La desaparición de la escena de los líderes, la falta de consignas, de ideas de movilización, muestra que la República está descabezada. O, como dice el director del periódico burgués nacionalista ARA, es una República “líquida”.

¿Y ahora qué? se pregunta la ciudadanía. Puigdemont ha aparecido en rueda de prensa en Bruselas para explicar que él y la mitad de su gobierno se quedan en la capital de Europa para hacer frente a la aplicación del 155 y seguir ejerciendo como tal. Es decir, a falta de garantías jurídicas no se entregan, no se lo ponen fácil a Rajoy, desafían la autoridad y legalidad española. Esto está muy bien. Pero no es suficiente. El resto de Consellers se han quedado en Catalunya. ¿Qué harán unos y otros? ¿Impulsarán la movilización -todo lo pacífica que se quiera- por la libertad de los Jordis? ¿qué hacer contra la aplicación diaria del 155, o sea contra que asuman las competencias de Mossos, Enseñanza, Economía…?

Frente a todo esto no se dice nada. Los partidos soberanistas ahora están más pendientes de la participación en las elecciones del 21 de diciembre que de otra cosa. Quizás habría que decir que sólo se ve la resistencia a partir de reorganizarse y ganar esa batalla electoral, aunque sea autonómica y convocada por Rajoy. El proceso tiene que adaptarse pues, rápidamente. Las nuevas condiciones realinearán las fuerzas. Hablaremos más de las alianzas que se irán definiendo. Pero el proceso sigue vivo en el ánimo de la gente.