Alfons Bech (La Aurora) 12/10

De los cientos de noticias y acontecimientos que suceden en estos días en Catalunya y el Estado español quiero hoy señalar particularmente uno: una cincuentena de Ayuntamientos catalanes han decidido abrir sus puertas y trabajar normalmente en la festividad del “Día de la Hispanidad”. Lo mismo que muchos de los comercios de esas localidades y otras. Entre ellas están ciudades importantes como Badalona (la tercera ciudad de Catalunya), en parte Girona, Berga, Celrà, y pueblos en todas las comarcas, como Argentona, Tárrega, Tremp, etc.

La suspensión de esa fiesta ha sido en nombre de que no hay “Nada a celebrar”. Inmediatamente el Ministerio fiscal ya ha reaccionado y va a abrir diligencias por incumplimiento de la ley. ¿Quizás por delito de sedición también?

Quería señalar todo esto para que se vea la fractura que hay. No entre catalanes. Entre catalanes hay discrepancias que, incluso si son profundas, no contienen la violencia que el Estado atribuye al supuesto “golpe de Estado” de la Generalitat. Entre catalanes hay una mayoría que se manifiesta desde hace siete años por su derecho a decidir – y que la mayoría de esa mayoría se ha inclinado por crear la República catalana en el referéndum – y una minoría, hasta ahora silenciosa, que empieza a salir a la calle y dice que prefiere la unidad con España. Sólo el Estado introduce la violencia, el miedo a expresarse y el chantaje de aplicación de una supuesta “ley” que lo justifica todo con tal de mantener el régimen del 78.

La fractura que existe es social y cultural. Catalunya es una nación y está ya funcionando por su cuenta. Aún no tiene un Estado, formalmente hablando, pero una buena parte de la sociedad empieza ya actuar como si lo tuviera. Se ha “desenganchado” del Estado español. Las porras de la Guardia Civil contribuyeron mucho a consumar esa separación, como bien reflejó una viñeta del New York Times.

Los manifestantes catalanes en las mayores manifestaciones llevan banderas, algunos llevan flores, casi todos llevan sonrisas. Todo está en un orden casi perfecto, ejemplar, cívico. En cambio en las minoritarias por la unidad de España que se han visto en estos últimos días se cuelan siempre fascistas, gente que aporrea a periodistas, independentistas o inmigrantes. Algunos llevan banderas españolas preconstitucionales o con el dibujo del toro, como reclamación de la vuelta de las corridas de toro, prohibidas en Catalunya. Ya sé que la mayoría de esos manifestantes no hace eso, pero también se que nadie les increpa ni les impide a quienes lo hacen.

Estamos pues en dos marcos mentales y culturales. El 12 de octubre los partidarios de la unidad de España volvieron a salir a la calle. Esta vez salieron sólo los que viven en Catalunya, a diferencia del domingo 8, que vinieron de toda España. Y fueron 65.000. La mayoría de la población de Catalunya no siente nada de esa “Hispanidad”. Nada de su fiesta. No ve que signifique ninguna aportación a la cultura la llamada conquista de América. Tampoco considera cultura el maltrato a los animales. Menos los desfiles militares. Lo que no quiere decir que no quiera tener buena relación con la cultura de otros pueblos de España o incluso comparta muchas cosas. La cultura catalana es así.

Y ahora cuatro elementos más de actualidad. Puigdemont declaró y suspendió -con ocho segundo de diferencia- la independencia y la República catalana. Eso decepcionó a muchas personas. Lo hizo para dar la oportunidad al Estado español para abrir el diálogo que hasta ahora no quiso. ¿Cómo ha respondido? Pues…preparando la aplicación de “la ley”, del artículo 155 que suspende la autonomía. El PSOE y Ciudadanos, escuderos del PP, han apoyado a Rajoy. Y el Gobierno, envalentonado, amenaza con utilizar el ejército, como dijo la Ministra Cospedal, el portavoz del PP amenaza a Puigdemont a que “le ocurra lo mismo” que al Presidente Lluís Companys, que fue fusilado por Franco y el portavoz del Gobierno amenaza con perseguir la enseñanza del catalán en las escuelas. Es decir, 0 diálogo.

Entonces…no queda otra alternativa que levantar la suspensión de esa proclamación. Así lo han dicho ya la ANC y también los partidos ERC y CUP. Ómnium ha dicho que quizás habrá que pensar en nuevas movilizaciones. Artur Mas, anterior President y miembro destacado de la antigua y corrupta Convergencia (ahora reconvertida como PDCat), ha criticado esa presión. Puigdemont tiene tiempo para contestar si proclamó la independencia o no hasta el próximo lunes. Y ese mismo lunes han llamado a declarar en Madrid al Jefe de los Mossos y a los presidentes de la ANC y de Omnium.