En la reunión del parlamento catalán del martes 10, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, anunció la independencia de Cataluña. Pero a renglón seguido dictaminó su suspensión por varias semanas para negociar con el gobierno español y la Unión Europea (UE).

Más de 30.000 catalanes estaban movilizados en las puertas de su parlamento. Esperaban la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) de Cataluña, tal cual lo exigían el veredicto de las urnas del 1º de octubre y la enorme movilización popular. Sin embargo, Puigdemont optó por declarar la independencia y luego suspender sus efectos por varias semanas, para «negociar» con Rajoy y la UE. La CUP, una formación anticapitalista que no participa del gobierno pero que es clave para completar la mayoría parlamentaria del sector independentista, se negó a aprobar esa suspensión. Pese al llamado a dialogar, los representantes del régimen español han puesto el grito en el cielo y amenazan con lanzar graves represalias en forma inmediata. Es que la inmensa mayoría de las declaraciones y acciones del gobierno español, los líderes de Europa y la gran burguesía española y catalana coinciden en rechazar frontalmente la independencia. Ese frente incluye a los que se movilizan junto a los fascistas por la «unidad» de España, como los que se visten de blanco y llaman «al diálogo y la paz». Como lo señaló el vocero del Partido Popular en el parlamento catalán, ¿qué quiere negociar con Rajoy el presidente Puigdemont? ¿Los plazos en que se va a concretar la independencia? Pero el gobierno español está totalmente en contra, considera ilegal el plebiscito del 1º-O, ya mandó la policía a reprimir, sigue metiendo tropas, intimaciones judiciales, leyes de aplicación inmediata para que las empresas trasladen sus casas centrales y amenaza con aplicar el artículo 155 de la reaccionaria Constitución española para intervenir política y militarmente Cataluña. Y esas declaraciones son solo el anticipo de más medidas represivas que Rajoy, en base al autoritario régimen español, se apresta a lanzar contra Cataluña en respuesta a los ambiguos anuncios independentistas de Puigdemont.

A toda revolución le sigue un intento contrarrevolucionario

En Cataluña hay una verdadera revolución democrática. Una revolución popular que tiene a su frente a una dirección burguesa y pequeño-burguesa expresada en la alianza gobernante de «Juntos por el Si» (PdeCAT y ERC). De esa dirección son parte los dirigentes de la Asamblea Nacional Catalana y Ómnium, y en forma minoritaria la izquierdista y anticapitalista CUP. Estos sectores están en conflicto con la gran burguesía española y catalana, que está furiosamente en contra de la independencia. Están al frente de una enorme movilización del movimiento de masas, que tiende a realizar acciones cada vez más importantes, sobre todo después de haber derrotado el intento de golpe de estado del 20S.
A esa revolución le siguieron los movimientos contrarrevolucionarios y cada uno de los personajes va dejando en claro su rol a medida que se crispan las aguas. Rajoy, el rey, Ciudadanos, el aparato estatal y la gran burguesía no dudan en reprimir y utilizar todos los recursos para detener una causa independentista que puede derrumbar al régimen bonapartista monárquico del Estado español.

pañol. Por eso frente al triunfo del Sí el 1º-O, al paro general y al repudio nacional e internacional a la represión no se replegaron, sino que volvieron a la carga. El rey exigió que la conducción catalana deseche la independencia bajo amenaza de intervenir Cataluña y el gobierno español facilitó que grandes empresas catalanas muden su sede social, reforzó sus medidas autoritarias y favoreció fuertes movilizaciones de la clase media acomodada, que es la base social que aún conserva el viejo régimen político en crisis. Los que han llamado al diálogo en forma engañosa, como importantes líderes de la UE o el PSOE, en realidad juegan el rol del «policía bueno», ya que su «diálogo» no incluye de ninguna manera debatir la independencia. La UE ha sido muy clara en su negativa al ingreso de una futura Cataluña independiente. Y el PSOE se prepara para apoyar a Rajoy en la aplicación del represivo artículo 155. Pablo Iglesias, de Podemos, que ha tenido una actitud centrista durante todo el proceso independentista, ha quedado atrapado en esa política funcional a los intereses del Estado español.

Para defender la independencia, movilización

La revolución democrática está tomando un curso en el cual sus tareas chocan contra la estructura capitalista y el régimen político en que se sostiene. Solo sería posible alguna negociación con esos enemigos de la independencia catalana sobre la base de desarrollar con toda fuerza la movilización y la organización obrera y popular. En ese sentido es muy importante la entrada en escena de la clase obrera catalana, organizada a través de sus sindicatos, en el paro del pasado martes 3. También el desarrollo de expresiones territoriales como las Asambleas o Comités en defensa de la República Catalana que constituyen organizaciones muy progresivas y que es urgente desarrollar. Y se hace necesario enfrentar cada agresión, como los cambios de sede de las grandes empresas o las movilizaciones unionistas, con una respuesta política contundente

Por eso esta declaración de independencia «a medias» solo genera confusión, cuando lo que hay que dar es la mayor claridad y no alentar expectativas en «diálogos» o «negociaciones» pantanosas. Menos todavía cuando el régimen centralista español se apresta a redoblar sus acciones represivas a partir del miércoles 11. Solo luego del resultado final de los choques que se avecinan podría lograrse alguna negociación favorable a la causa independentista. Al contrario de lo que dice la gran prensa mundial, hoy el régimen español y la burguesía española y europea atraviesan una importante crisis. El mismo día que Puigdemont hablaba en el parlamento catalán se desarrollaba en la vecina Francia la más importante huelga y movilización de los trabajadores públicos en décadas y la primera ministra de Escocia se pronunciaba a favor de Cataluña anunciando un nuevo plebiscito hacia su independencia de Gran Bretaña. La revolución catalana es la batalla actual más importante de los pueblos de Europa y su resultado marcará el rumbo de los próximos acontecimientos de la lucha de clases mundial.

Gustavo Giménez