Alfons Bech (La Aurora) – 15/11

El pasado sábado 11 se celebró una de las mayores manifestaciones habidas en Barcelona. Más de un millón de manifestantes. Algunas fuentes apuntan a millón y medio, mientras que otras la rebajan a tres cuartos de millón. En cualquier caso, una de las mayores realizadas en Europa: 3,3 kilómetros de personas manifestándose en favor de la Libertad de los presos políticos. Y de la Libertad a secas, frente al golpe del 155 que ha metido en la cárcel a los dos Jordis, a más de la mitad del Govern de Catalunya y obligado al resto del Govern a exiliarse para defenderse y resistir.

Esta manifestación siguió a otra gran movilización en la misma semana: la huelga con cortes de carretera y medios de comunicación del 8. Esta no llegó a ser huelga general, ni tampoco estuvo al nivel del 3 de Octubre, a pesar de la gravedad de la situación. Una vez comprobados los datos debo reconocer que es así. Los dos sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, se apartaron de convocar siquiera el “paro de país” y esto restó muchas fuerzas, desanimó a mucha afiliación. Pero aún así fue una movilización también muy grande y en ella participaron trabajadores de todos los sindicatos.

Pero las movilizaciones no paran la represión del 155. Las tendencias recentralizadoras, de suspensión de derechos fundamentales, de represión y miedo, son evidentes. Las declaraciones de la Presidenta y Mesa del Parlament ante el juez del Tribunal Supremo muestran que tuvieron que acatar el 155, como “una realidad que el artículo 155 se está aplicando y que la DUI (Declaración Unilateral de Indepedencia) no ha tenido efectos reales”, en palabras del diputado Nuet, de Catalunya Si Que Es Pot. Siguen aún los Consellers presos y también los Jordis. La maquinaria del Estado impone, pero no sólo no convence ni asusta, sino que crea más anticuerpos.

A nivel laboral el Gobierno español ha abierto una campaña contra la Educación en catalán y contra su sistema educativo con la excusa de que los maestros catalanes “adoctrinan” o “marginan la lengua castellana”. Media docena de maestros de la ciudad de la Seo d’Urgell han sido llamados a declarar por posibles “delitos de odio” contra niños y familias de origen español por el simple hecho de comentar en clase las cargas policiales ocurridas el pasado 1 de octubre, como suelen hacer ante cualquier hecho relevante. Se da la circunstancia de que en esta escuela van a estudiar hijos de Guardias Civiles que trabajan en la frontera con Andorra. Esto ha provocado ya que la campaña “Somos escuela” denuncie esas presiones y hasta que algunos maestros empiezan a autocensurarse en las clases ante temas políticos actuales que hasta ahora formaban parte de la educación tradicional de la escuela catalana.

También a nivel de funcionarios se han empezado a ejercer presiones, investigación a un policía Mosso por acompañat a Puigdemont a Bélgica y comunicaciones internas han empezado a pasar del idioma catalán al castellano. Todo esto trae a la memoria la represión de tiempos de Franco contra la lengua catalana. Por ello, aunque los dirigentes no quieran “hacer política”, el sindicalismo no podrá dejar de batallar contra el 155. Los derechos de la clase trabajadora están ligados a todos los demás derechos, a las libertades.

Estamos pues en una situación completamente anómala, excepcional. Ante las elecciones ilegales e ilícitas convocadas por el Gobierno de Madrid, con el Govern legítimo entre la cárcel y el exilio, el posicionamiento de todos los partidos ha sido el de participar. No se les va a regalar al bloque antidemocrático del 155 (PP,PSOE-PSC, Ciudadanos) unas instituciones que ellos han desmantelado. El reto es enorme. Si no ganan los partidos soberanistas y democráticos, la represión y venganza por el intento de ejercer el derecho a la autotederminación será terrible. Ya lo anuncia el PP: puede haber una “reforma constitucional” que quite derechos a las autonomías.

En esta ocasión no habrá una lista unitaria como en las anteriores donde el partido de la burguesía catalana fue en coalición con la izquierda republicana de ERC. A pesar del llamamiento del Presidente en el exilio, Puigdemont, que contaba con el apoyo de su partido y de la ANC, no habrá lista común. Puigdemont encabezará una lista “Junts per Catalunya”, con Consellers y miembros del PDeCAT, alcaldes, el presidente de la ANC, Jordi Sánchez e independientes. También incorporarán miembros transversales ERC y la CUP, en listas separadas. Catalunya en Comú Podem irá con el pacto de la parte de Podem que sigue a Iglesias, aunque el que fuera su líder y un grupo no han aceptado la imposición de Pablo Iglesias desde Madrid y se han ido de Podem. Y ya dentro del bloque del 155, el Partido Socialista ha incorporado a dirigentes democristianos, la parte más derechista de la antigua coalición CiU. Verlo para creerlo.

El escenario está pues abierto. Las movilizaciones de estos últimos días, particularmente la manifestación del 11, muestra que el soberanismo sigue en pié, intacto. La amplia base popular es lo más fuerte y más constante de la revuelta soberanista. Sin embargo ahora es consciente de que no es suficiente esta masa de gente y su abnegación para triunfar frente a un Estado represor como el español. Empiezan a surgir reflexiones y declaraciones de los líderes independentistas en los que se hace un balance autocrítico por la “ingenuidad” que tuvieron. No esperaban tal grado de represión del Estado español. Represión que hubiera sido mucho mayor, con muertos probablemente, ante un intento de ejercer como República e implementar el resultado del referéndum del 1 de octubre. Ni que Europa girara la cara a esa voluntad y permitiera violaciones tan evidentes de los derechos humanos en un Estado de la Unión.

La lucha sigue pero la mayor conciencia que se va abriendo hará que la batalla por ganar la mayoría social, sobre todo ganar la mayoría trabajadora, se vaya situando cada vez más en términos de ruptura republicana que en óptica independentista. Es decir, en una batalla rupturista en la que izquierdas independentistas, soberanistas y democráticas, pueden encontrar más puntos en común. Por tanto, puedan formalizar alianzas y gobierno. La ruptura de la alianza entre Socialistas y Barcelona en Comú en el Ayuntamiento de Barcelona por causa del apoyo al 155 de los primeros (ruptura, por cierto, criticada por el Gobierno del PP en Madrid), es una premonición de los realinamientos que pueden ocurrir en el inmediato futuro. Entramos en una nueva fase: seguramente más política, más de alianzas por afinidades sociales y menos de “hojas de ruta” o de plazos obsesivos a cumplir.