Alfons Bech (La Aurora) – 02/11

La venganza del Estado español está planificada y se va ejecutando. Hoy el Vicepresidente del Govern catalán y seis Consellers más han entrado en la lista de presos y presas políticos, junto a los dos Jordis. Ya llevamos nueve. La juez Lamela, una juez que ha sido cuestionada en varias ocasiones por su parcialidad, una juez condecorada por la Guardia Civil, una juez que ha dado sólo 24 horas para preparar la defensa incumpliendo todas las normas procesales, ha decretado en cinco minutos de comparencia de cada Conseller, la prisión sin fianza para los siete que se han presentado. Medio Gobierno en la cárcel. Sin fianza porque “podían escapar, eliminar pruebas o tenian medios económicos para irse al extrangero” en clara referencia a la estancia de Puigdemont en Bélgica.

Los políticos del PP, del PSOE, del PSC, de Ciudadanos, se llenan la boca de decir que “son decisiones judiciales” y que la “justicia es imparcial”. Por lo tanto ellos apoyan esas decisiones. Lo dicen en un país como España donde más de ochocientos cargos del PP están imputados por delitos de corrupción; donde cada día salen casos y más casos, donde mueren en “extrañas circunstancias” testigos clave contra la corrupción del PP; donde se cambian jueces de destino para que no les investiguen o donde la hermana del Rey Felipe y su cuñado, pillados por corromper cargos del PP junto con el ex Rey Juan Carlos, se les concede vivir en Suiza “porque no hay temor que escapen a la justicia”. Y a esos políticos podridos les ha apoyado el PSOE para que den el golpe más duro a la democracia desde que murió Franco.

La indignación ha corrido como la pólvora. Las redes sociales van cargadas de mensajes de movilización, de desahogo de la ira y también… de mucha tristeza. He estado en la concentración del pueblo de Sant Vicenç dels Horts, donde vive el Vicepresidente Junqueras. He visto muchos amigos y militantes de su partido, Esquerra Republicana de Catalunya, ERC. Junqueras es un hombre afable, buena persona, querido, más allá de su política. Los que le acompañaron en su viaje a Madrid para presentarse junto a su familia, volvían muy afectados. Caras tristes, ojos medio llororos, abrazos en silencio. Yo también les he saludado y dado ánimos.

El mazazo judicial no por esperado es menos mazazo. Un gobierno elegido por el pueblo en las urnas es detenido por una juez precisamente por cumplir con su programa electoral y ejecutar lo que los ciudadanos decidieron en las urnas el 1 de octubre. De momento hay medio gobierno en la cárcel, la otra mitad está en Bruselas con Puigdemont al frente, resistiendo y denunciando lo que pasa a Europa y el mundo.

La tristeza es lo que ha dominado en el día de hoy. En efecto, desde el viernes pasado, día de la proclamación de la República, Puigdemont y todos los Consellers se dedicaron a esperar la represión, la aplicación del 155. Dedicaron tres días a estar con sus familias. No gobernaron. Conscientemente dejaron pasar el tiempo. Tuvieron miedo de poner en marcha la República, ni que fuera con decretos o con el Boletín del Estado (DOC), porque no querían el enfrentamiento armado y consideraban que eso es lo que hubiera ocurrido.

Un general ha escrito en un periódico que las fuerzas armadas estaban preparadas para intervenir en Catalunya si hacía falta. Eso mismo ya lo había dicho anteriormente la ministra del ramo, Cospedal. Es así, la gente catalana lo sabe y lo teme. Lo han hecho ya muchas otras veces con Catalunya. Muchos corresponsales extrangeros descubren ahora el carácter de este Estado monárquico español que “le llaman democracia y no lo es”, como gritaba la juventud del 15M. Poco a poco lo irá descubriendo todo el mundo.

Pero el sentimiento de tristeza ha venido acompañado de la movilización. ¡De nuevo, la movilización! La ola democrática que recorre la sociedad catalana no ha parado. Desconcertada por la falta de orientación, de convocatorias, de consignas durante unos días, hoy ha vuelto a salir a las calles a la primera convocatoria de la ANC y Ómnium. Para protestar por los nuevos presos políticos, para exigir su libertad, para denunciar este régimen profundamente antidemocrático. Miles y miles se han concentrado de nuevo ante el Parlament y las principales ciudades y pueblos. Y mañana hay nuevas concentraciones. También se habla, se grita en favor de una huelga general la semana que viene, aunque los dos mayores sindicatos, CCOO y UGT, se oponen. La próxima semana puede ser muy movida y según como vaya puede cambiar muchas cosas.

Y entonces ¿qué pasa con la aplicación del artículo 155 y las elecciones convocadas por Rajoy para Catalunya para el 21 de diciembre? Ahí está la contradicción. El Estado aplica el 155 en los cargos públicos y mete a algunos en la cárcel, toma las Consellerias, la Administración, pero no controlan el territorio. A nivel político el golpe está generando una reacción de aglutinamiento de los soberanistas junto con los verdaderos demócratas. Está delimitando dos campos: los monárquicos y los republicanos. Y las formaciones que se dicen de izquierdas son las que más sufren esta rápida delimitación. No hay tiempo para enredar con palabras: o se pasan a un bando o al otro.

Los que se quedan en medio del puente, se hunden. El alcalde socialista de Terrassa, ciudad obrera importante, acaba de dimitir de su cargo y deja su partido por el apoyo del PSC-PSOE al 155. Catalunya en Comú se debate entre los sectores que aún están en el Ni Ni (ni 155, ni República), como la alcaldesa de Barcelona, Colau, o Domenech, y los que consideran que hay que dar ya pasos adelante republicanos. Podemos de Catalunya es intervenido desde Madrid porque quiere una alianza con el soberanismo e independentismo e Iglesias no quiere tales alianzas. Todo se mueve. Todo cambia semana a semana. Seguiremos explicando y explicándonos trataremos de entender más ese proceso democrático.

Alfons Bech
2 Noviembre 2017