En un concurrido Gran acto acto en el Hotel Bauen, el MST conmemoró el centenario del triunfo de la Revolución de Octubre. Alejandro Bodart y Nadia Burgos resaltaron la vigencia y las enseñanzas de la histórica hazaña bolchevique.

“Somos las herederas de las obreras que comenzaron la revolución”

Discurso completo de Nadia Burgos en el acto conmemorativo del centenario de la Revolución Rusa.

Conmemorar los 100 años de la revolución rusa es un momento único para pensar cómo estos acontecimientos que conmovieron al mundo y principalmente sus primeros años, nos siguen dando luz y fuerza para profundizar nuestras luchas, las de los trabajadores y trabajadores, las luchas ambientales, las feministas, en definitiva para la construcción del socialismo.

Como mujer y como joven me siento en la necesidad de empezar estas palabras dejando en claro que la primera revolución socialista en el mundo comenzó con la gran movilización que las mujeres trabajadoras, principalmente textiles, hicieron en el día internacional de la mujer el 23 de febrero de 1917 para el calendario ruso, es decir el 8 de marzo de 1917 en el calendario occidental.

Con la inclusión de las mujeres de manera masiva al ámbito laboral principalmente por la revolución industrial y la guerra mundial, la participación en los sindicatos de las obreras iba en aumento. Ese 8 de marzo, los sindicatos preveían conmemorar el día internacional de la mujer como todos los años, con asambleas y acciones solo en los lugares de trabajo. Fue así que las trabajadoras textiles de Petrogrado decidieron tomar las calles al grito de ¡pan para los obreros! y ¡abajo la guerra!

El llamado de las obreras a los trabajadores y jóvenes a que se sumaran a la movilización reunió a más de 90.000 personas y generó la primera gran acción callejera como un puntapié más espontáneo que marcaría el inicio de la Revolución de Febrero

Para el día siguiente, la huelga se había propagado, los enfrentamientos con la policía también, sin embargo, no se dio un paso atrás, dando inicio a un camino de conquistas de derechos para las mujeres que ningún estado capitalista puedo igualar. Sin el zar y con un gobierno provisional, los soviets fueron ganando fuerza y se constituyeron como el gobierno que obreras, obreros, jóvenes y hasta soldados reconocían como propio. Nuevamente el rol de las mujeres marcaba el camino. Con la participación de alrededor de 40.000 lavanderas, la primer huelga al gobierno provisional también se la hicieron las mujeres que reclamaban igual salario, jornadas laborales de 8 horas y mejores condiciones de trabajo. En junio lograron el voto y poder ser electas, lo que permitió una mayor participación en los soviets y en las tomas de decisiones

Esta gran participación de las mujeres fue posible, en gran medida, por las luchas previas que grandes revolucionarias llevaron adelante. Cuando se crea la Segunda Internacional, el avance en la participación de las mujeres era notable, grandes marxistas desarrollaron tareas centrales en la organización internacional del proletariado y se incorporaron a los partidos socialistas de la época. Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontái, Inessa Armand, Nadezhda Krúpskaya, Clara Zetkin, dieron su vida a la revolución, compartiendo con pasión la tarea de sumar a más trabajadoras a la lucha y a la toma de conciencia sobre la necesidad de luchar por los intereses históricos de nuestra clase. Gracias a los aportes de Clara quien jugó un papel fundamental en el debate teórico y en la organización de las mujeres hacia el interior de la Internacional, se logró avanzar en la construcción de un programa político que uniera la lucha por la emancipación de la mujer con la liberación de nuestra clase por medio del derrumbe del capitalismo. Pero también Clara permitió llevar el debate sobre la emancipación de la mujer al interior del movimiento de mujeres de la segunda ola feminista. Creemos fundamental tomar sus enseñanzas sobre la necesidad de delimitar la lucha del movimiento de mujeres trabajadoras en contraposición al feminismo burgués organizado en torno a las sufragistas. Ella nos marcó ya en aquel momento que nuestra lucha no es una lucha de sexo contra sexo, sino una lucha contra todas las formas que adopta la propiedad privada, una lucha de clases. La creación de la Tercera Internacional a la luz de la Revolución Rusa permitió dar mayores espacios y centralidades a estos debates, que fueron acompañados con la experiencia de mayor alcance de nuestros derechos, que se vivió durante los primeros años del bolchevismo.

Siguiendo a Marx y Engels los bolcheviques proponían como política para la liberación de la mujer cuatro tareas centrales: la socialización de las tareas domésticas, la unión libre, la extinción de la familia burguesa y la incorporación de la mujer al mundo del trabajo. Los primeros años de la revolución significaron para las mujeres el alcance de derechos que aún eran impensados en los países capitalistas incluso en los más desarrollados. El Código Soviético de 1918 otorga igualdad ante la ley a las mujeres: igual salario por igual trabajo, el divorcio por simple decisión de una de las partes, otorgaba iguales derechos a los hijos nacidos dentro o fuera del matrimonio, se creó el programa de seguro maternal, se propició la socialización de las tareas domésticas. Todas estas medidas se proponían como una transición a la abolición de la familia y el estado patriarcal. Para 1920 se legaliza el aborto y la homosexualidad porque se pensaba que la emancipación de la mujer, la liberación sexual y la trasformación de las relaciones personales eran parte de la lucha por la construcción del socialismo. ¿Cuántas de estas reivindicaciones seguimos hoy exigiéndolas?

La juventud jugó un rol fundamental en la revolución. ¿Qué oportunidades brindaba la Rusia zarista a los jóvenes? Morir en la guerra o entregar su vida a la fábrica con largas jornadas de trabajo en pésimas condiciones. La inserción del partido bolchevique en las fábricas y en la clase obrera, ser un partido de combate, facilitó la articulación y organización de la juventud radicalizada obrera y estudiantil en el camino a la toma del poder. Como Trotsky supo enunciar: “ Un partido revolucionario necesariamente debe basarse en la juventud. Incluso puede decirse que el carácter revolucionario de un partido se puede juzgar, ante todo, por su capacidad para atraer hacia sus banderas a la juventud de la clase obrera”

Siguen vigentes estas ideas en tanto sigue en pie la lucha por nuestra liberación, la liberación de la humanidad de la explotación y la opresión. La crisis del sistema capitalista golpea principalmente a la juventud y las mujeres. Si nos abocamos a la realidad de nuestro país vemos como en la profundización de la crisis se genera un proceso de feminización de la pobreza y criminalización de la juventud que va de la mano con un aumento de la violencia. Las mujeres somos las trabajadoras más precarizadas, nuestros sueldos siguen siendo en promedio más bajos que el de los varones, principalmente por la diferencia en las condiciones de trabajo y porque la sociedad sigue sin reconocer el trabajo doméstico no remunerado que realizamos casi con exclusividad nosotras. Los niveles de violencia hacia nuestros cuerpos y disidencias crecen cada día más, nos encontramos con un femicidio cada 18 horas, se nos niega educación sexual integral y un real acceso a salud sexual reproductiva y no reproductiva. La separación de la iglesia y el estado fue también una de las primeras medidas del primer Estado obrero y una lucha que hoy encabezamos porque entendemos que estas instituciones medievales no tienen que tener injerencia sobre nuestros derechos. ES necesaria la eliminación de los subsidios.

Macri, los gobernadores y la burocracia sindical se alinean para avanzar con reformas que atentan principalmente contra los trabajadores, las trabajadoras, la juventud, los jubilados y lo público. Tenemos que estar preparados para lograr derrotar la avanzada de las corporaciones y capitalistas sobre las conquistas que tantas luchas obreras nos han costado.

Las mujeres y la juventud jugamos un rol clave en la lucha por derribar el capitalismo. El poder de organización y lucha que las revolucionarias mostraron sigue hoy más vivo que nunca. Vivimos en una etapa de revoluciones. La caída del Muro del Berlín jugo un rol que era clave para los capitalistas instaurar el mensaje del fin de la Historia y del capitalismo como un sistema triunfante. Pero para los revolucionarios el mensaje estaba claro. Había caído el mayor aparato contrarrevolucionario del mundo, el estalinismo, el mismo que con su política en la URSS abandonó las conquistas de las camaradas revolucionarias y mandó a las cocinas y a parir a las mujeres y al calabozo o la muerte al colectivo LGBT. Con los años y el avance del imperialismo como la fase superior del capitalismo, lo que se viene derrumbando es el muro de los capitalistas, que con la persecución a la juventud, la feminización de la pobreza, la precarización, el extractivismo y la acumulación por desposesión, buscan mantener la tasa de ganancia a costa de nuestras vidas. La mayor enseñanza que hoy podemos nosotros, las mujeres y la juventud, es rescatar de la Revolución de Octubre la necesidad de la construcción de un partido revolucionario que nos tenga como protagonistas. No podemos regalarle ni un segundo a los capitalistas, debemos profundizar nuestros esfuerzos y llevar nuestros periódicos y nuestra voz a cada conflicto. A veces una piensa que la historia es algo que pasó, nos quieren hacer creer que otros la escriben. Pero compañeras y compañeros, nosotros somos las herederas de las obreras textiles que comenzaron la revolución de febrero. Los hijos del 2001, del Argentinazo, de ese gran proceso de movilización que tiró 5 presidentes en una semana y que gritó ¡que se vayan todos! Continuamos la lucha de los 30.000 compañeros desaparecidos y profundizamos las luchas democráticas que tiraron a la dictadura. Somos ecosocialistas porque entendemos que un mundo sin Monsanto, Bayer, Barrick, Chevron, es posible y luchamos en cada uno de nuestros territorios por la autodeterminación de los pueblos. Nosotras fuimos parte del primer paro internacional de mujeres trabajadoras el pasado 8 de Marzo, este hito permitió que resuene en más de 70 países nuestro grito unívoco contra los capitalistas: “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras” y en nuestro país significó el primer paro nacional contra Macri, Somos parte de la cuarta oleada feminista, de esa que desenmascara en cada acción la relación directa entre el patriarcado y el capitalismo. Las enseñanzas de las feministas revolucionarias son fundamentales hoy, para que los discursos posmodernos y anti-varones no tapen la discusión central del feminismo, que es que tenemos que construir un feminismo de clase, que luche a la par de los trabajadores, la juventud, el movimiento ambiental. Porque el avance en nuestros derechos siempre está ligado a la situación más general de la clase trabajadora. La Revolución rusa mostró cómo podemos dirigir, tomar tareas políticas, sindicales, económicas, sociales. Y hoy tenemos una organización, este gran MST Nueva Izquierda que nos pide avanzar, compañeras y compañeros. Salgamos hoy fortalecidas para construir nuestro partido y formarnos integralmente para las tareas que en momentos de crisis revolucionaria van a exigir lo mejor de nosotras para profundizar nuestras luchas y lograr la victoria tan ansiada de la clase trabajadora.

“Que no nos digan que no se puede”

Discurso completo de Alejandro Bodart en el acto conmemorativo del centenario de la Revolución Rusa.

Estamos homenajeando al hecho más importante de todo el siglo XX y del siglo que está transcurriendo. No hubo otro hecho de tal magnitud como el que protagonizaron los revolucionarios Lenin y Trotsky en 1917. Ese acontecimiento cambió por completo el mundo. Hay un antes y un después de esa fecha. Los logros de la revolución han intentado ser escondidos, ninguneados, tergiversados, por los capitalistas y por los burócratas. La clase obrera del mundo no sabe que muchas de las conquistas actuales tienen que ver con los logros de esa revolución. A muchos los han confundido. En nuestro país muchos trabajadores creen que vinieron del peronismo, por ejemplo. Sin embargo, la verdad histórica muestra que todas, absolutamente todas, las conquistas que ha tenido la clase obrera tuvieron un punto de partida en la Revolución de Octubre. No solo porque se extendieron a un tercio de la humanidad conquistas importantísimas como sacarse de encima a los patrones, y que se demostrara que era posible, sin patrones, seguir existiendo y vivir mejor. Sino que los capitalistas del mundo entero, por el pánico que les agarró, de que la revolución terminara entrando en sus fronteras, se vieron obligados a dar conquistas extraordinarias. La Europa que se está derrumbando, su Estado de bienestar, fue una concesión de la burguesía a los trabajadores, para evitar que la revolución se llevara puesta a toda Europa. Las jubilaciones, las ocho horas de trabajo, las indemnizaciones. Nadia Burgos contaba muchos de los derechos que en aquellos días se empezaron a ejercer por parte de las mujeres. Todas las conquistas, incluso en los países capitalistas, tuvieron como punto de partida esa gran revolución. Por eso es tan importante que los trabajadores del mundo homenajeemos esa gesta. Pero por sobre todas las cosas, que tengamos en claro cuáles fueron sus principales enseñanzas porque, en líneas generales, siguen teniendo una vigencia extraordinaria. No nos tenemos que dejar engañar con lo que nos dicen, que lo nuestro es utópico, que ya pasó; le decían lo mismo a los bolcheviques. Sin embargo, ellos demostraron que se puede, no solo derrotar al capitalismo, sino que se puede vivir mejor.

Todavía hoy hay muchas corrientes, no solo de la burguesía, sino sobre todo corrientes reformistas, que nos hablan de que el capitalismo todavía tiene mucha vida por delante. Nos muestran los avances tecnológicos y nos dicen: “miren, el capitalismo sigue desarrollando las fuerzas productivas, sigue siendo un régimen que tiene mucho para dar, fíjense en la revolución tecnológica”. Pero las principales fuerzas productivas son el hombre y la naturaleza. Sin el hombre y sin la naturaleza no hay ninguna tecnología que sirva para nada. Y el capitalismo está destruyendo la naturaleza y está destruyendo al hombre, porque hoy en día se vive cada vez peor. Incluso, si dejamos que el capitalismo siga su curso, no podemos dejar de prever la posibilidad de que, en su sed de ganancias, terminen destruyendo al mundo entero, que terminen destruyendo la vida sobre la tierra. Cuando vemos que surge un loco en el corazón del imperio que tiene un botoncito que puede decidir el destino de la humanidad, cuando vemos que las corporaciones son capaces de cualquier cosa para garantizar su ganancia, que contaminan, que destruyen. El capitalismo, hace cien años que dejó de ser progresivo para la humanidad.

Los bolcheviques tuvieron valentía en un momento difícil, porque no había otra experiencia con la cual medirse. Ojo, cuando nos preguntan hoy “¿cuál es tu modelo?” Los bolcheviques no tenían ningún modelo, pero tuvieron la valentía de ver que el capitalismo ya no tenía nada para dar, más que guerra, hambre, miseria y destrucción. Tuvieron la valentía de tomar el cielo por asalto, de jugarse y destruir el sistema capitalista ruso e iniciar un nuevo momento en nuestra historia.

La enseñanza que nos dejaron es una muy simple: no hay ninguna posibilidad de avanzar ni de dejar de retroceder como seres humanos, no hay ninguna posibilidad de que podamos vivir mejor, de que tengan futuro nuestros jóvenes, de que tengamos futuro como humanidad ni de que tengamos la posibilidad de disfrutar de la naturaleza, si no nos sacamos de encima el sistema capitalista. Y ésta es una enseñanza fundamental porque, lamentablemente, somos pocos los que seguimos creyendo que para avanzar hay que destruir el capitalismo.

Han surgido teorías de todo tipo para tratar de explicarnos que en realidad se puede convivir con el capitalismo, que se puede reformar, que el capitalismo puede distribuir la riqueza. Unas u otras mentiras han ganado la conciencia de una parte importante de los trabajadores y los sectores populares. Incluso hemos tenido experiencias en Latinoamérica de grandes procesos revolucionarios, como el venezolano, que se ha frustrado y ha retrocedido precisamente por no seguir adelante con esta enseñanza. Creyeron que sin ir a fondo contra el capitalismo, que sin destruir el monstruo capitalista, podían darle alguna mejora duradera al pueblo trabajador. Fíjense en la situación hoy de Venezuela.

En nuestro país muchos compañeros creyeron que, de la mano del kirchnerismo, sin ir a fondo contra el capitalismo, con algunas medidas cosméticas, se podía vivir mejor, que poco a poco se iba a ir eliminando la pobreza, que sin atacar de raíz a las corporaciones y al sistema se podía incluso cada vez avanzar más. Fíjense adonde están los lideres kirchneristas. Fíjense donde están los que prometían todo esto. Y fíjense quién está gobernando. Porque si al monstruo capitalista no se le corta la cabeza, más temprano que tarde, te va a cortar la cabeza a vos. Por eso creo que es una gran enseñanza, en un mundo plagado de falsas ideologías, plagado de discursos huecos que dicen que lo nuestro es del pasado y que lo nuevo es tratar de convivir y ver si sacamos alguna ventaja por allá o por acá. Nosotros lo decimos categóricamente: preferimos quedarnos con los bolcheviques. Nosotros vamos a trabajar para destruir el capitalismo, porque es la única forma que tenemos para avanzar y que los trabajadores progresen.

¿Ahora, de que se trata destruir el capitalismo? Porque también nos han dicho que existiría un socialismo del siglo XXI, distinto al socialismo de los bolcheviques, donde se avanzaría sin destruir el capitalismo, y que se iría construyendo paralelamente. Hasta hay corrientes que hablan de que en realidad no hay que tomar más el poder, que hay que ir construyendo el poder desde abajo. Miren, compañeros, destruir el capitalismo es destruir el Estado capitalista y todas sus instituciones. Porque, o se destruye el Estado tal cual lo conocemos, se destruyen sus instituciones, en primer lugar las represivas que siempre son las que están ahí en las sombras para garantizarle las ganancias a los capitalistas; o los capitalistas, con esas instituciones, revientan cualquier proceso revolucionario. Es una farsa que el Estado tal cual lo conocemos sea un Estado de todos, que nos quiera y nos cobije y esté por encima de las clases sociales, que cuide igual al pobre que al rico, que garantice una justicia independiente, que garantice la distribución de la riqueza. El Estado capitalista es la herramienta que tiene el 1% de la población de cada uno de nuestros países para garantizar someter al 99% restante. No nos engañemos. El Estado capitalista a veces se pinta de democrático, pero en Argentina y en Latinoamérica sabemos bien qué es lo que pasa cuando ya no les alcanza con la democracia. ¿Cuantos golpes de Estado tuvimos que soportar para darnos cuenta de que este Estado capitalista, cuando no le alcanza la zanahoria de la democracia, muestra su verdadera cara y es capaz de hacer hasta un genocidio para garantizar las ganancias de los grandes grupos económicos? No nos confundamos, la democracia que tenemos es una democracia para ricos. Todo el sistema está preparado para que votemos pero que sigan gobernando los mismos, sea cual sea el resultado. Porque los que gobiernan detrás de las instituciones son los grupos económicos que concentran el grueso del poder económico, y lo trasladan al poder político. Destruir el capitalismo es destruir ese Estado.

En España los trabajadores de un pueblo decidieron independizarse. Pero el Estado que es “de todos” y se dice democrático, no pudo permitir ni siquiera que haya una elección y le mandó la Guardia Civil. Destruir el capitalismo es destruir el Estado, y es empezar a transformar las instituciones actuales en otras. Para destruir el Estado hace falta la movilización de los trabajadores y el pueblo. Los bolcheviques nos dieron un ejemplo enorme, porque el debate de si es por elecciones o por la movilización que se van a producir los cambios, no es nuevo; es un debate muy viejo. Fue, entre otras cosas, lo que separó a mencheviques y bolcheviques poco antes de que se diera la Revolución de Octubre. Porque los que gobernaron después de la revolución de febrero en 1917 eran los que decían que por la vía electoral, sin destruir el Estado, se podían lograr cambios. Y los bolcheviques tuvieron la valentía de mandar al carajo al gobierno, supuestamente democrático, de Kerensky, tomar el poder, destruir el Estado, y empezar a construir un Estado completamente distinto, en el que las decisiones no las tomaban los profesionales de la política que, con fortunas y los medios de comunicación, siempre se la van a ingeniar para ganar las elecciones. Es una pelea desigual, no hay ninguna posibilidad que los trabajadores tengamos 10, 20 o 30 millones de dólares para encarar cada proceso electoral. No tenemos los canales de televisión, a los forros de Lanata, a Clarín, ni a Página 12 para que nos hagan campaña. Siempre se la van a ingeniar por esa vía, pero los bolcheviques respondieron a eso. No tenían a los medios, pero movilizaron a los trabajadores y a los sectores populares.

Los cambios sociales se van a dar solo a través de la movilización de los trabajadores y el pueblo. En España los catalanes votaron y ganaron la independencia, pero no son independientes. Porque no nos van a permitir, aunque ganemos elecciones, que nuestro programa se aplique. Van a hacer todo lo posible con el resto de su Estado, para que no podamos llevar adelante las reformas que queremos. Pero nosotros tenemos un arma fundamental, que es la movilización. Por eso es tan importante que nos grabemos a fuego que es importante tener diputados, pero en tanto y en cuanto esos diputados sirvan para impulsar la movilización y no se crean que por ser diputados ya cambió la historia.

Ha pasado un hecho trágico en nuestro país. Cuando apareció sin vida Maldonado, hubo una posibilidad tremenda ese día porque había una conmoción nacional. Si hubiéramos llamado todos a una gran movilización, no sé si el resultado electoral el siguiente domingo hubiera sido el mismo. ¿Pero qué pasó? Hubo un gran frente único para desmovilizar. Fuimos muy pocos los que llamamos, de todos modos, a movilizar a la plaza. Pasó algo similar a lo que había pasado en el 2001. Fuimos pocos los que llegamos primero a la plaza, porque todas las direcciones alentaban el miedo para que la gente no se movilice. El kirchnerismo va a quedar en las páginas de la historia como responsable de que posiblemente nunca podamos juzgar a los responsables de Maldonado; y desde ya, de haber fortalecido a Macri días antes de las elecciones. ¿Pero lo trágico qué fue? Que, lamentablemente, algunos compañeros de izquierda ya se han encandilado con las luces del parlamento. Ya el traje los empieza a dominar, porque en esa jornada si la izquierda, unida, hubiera llamado a movilizar, podíamos revertir la situación. Pero tenían miedo de perder votos. Tenían miedo de quedar mal ante la opinión pública, que está formada por los grandes medios de comunicación para transmitir todos los prejuicios. La enseñanza de los bolcheviques fue que los revolucionarios enfrentan los prejuicios, no se compran el traje, no se suben arriba de un caballo ante el primer éxito electoral. Que los revolucionarios entran al parlamento para destruir esa cueva de bandidos, entran a los parlamentos para llevar la voz de los trabajadores y utilizan los cargos que tienen para impulsar la única herramienta que tenemos para llegar al triunfo, que es la movilización. No hacen lo que hacen las direcciones burguesas.

Hay una pregunta que siempre nos hacen a los que defendemos todavía la tradición de Octubre. ¿Cómo evitamos que termine como terminó la historia, que es con una derrota de los bolcheviques? Porque los bolcheviques, a los pocos años de haber tomado el poder, fueron derrotados. Y no los derrotaron los 19 ejércitos que los atacaron durante años. Lo derrotó un golpe interno, dado por Stalin y sus secuaces. Y nosotros hemos tenido que explicar durante años cómo, en realidad, una de las grandes mentiras de la historia es que el stalinismo es la continuidad del bolchevismo, cuando, en realidad, es lo opuesto. Y si tuviéramos que hacer una analogía histórica, podríamos decir que el stalinismo es al socialismo, un poco lo que fue el nazismo en el mundo capitalista. Porque el stalinismo liquidó físicamente a toda la vieja guardia que hizo la revolución. Los que no había matado la guerra, los mató el stalinismo. ¿Hay alguna forma de evitar la burocratización? ¿Estamos condenados a que, después de cada triunfo, el proceso se corrompa por dentro y termine burocratizándose? Venezuela es un ejemplo de que si no se toman determinadas medidas, esto pasa. El nivel de burocratización del proceso venezolano es aberrante, porque se están quedando con las riquezas de todo el país mientras el pueblo no tiene para comer, y le interesa un pepino a esa burocracia.

Nosotros somos de los que creemos que la única forma de que todo proceso no termine burocratizándose, es que el proceso no se detenga. Y en el caso de la revolución, no hay ninguna posibilidad de que una revolución triunfante no retroceda, si detrás de ella no le siguen dos, tres más. Hace poco se cumplieron 50 años del asesinato del Che, con el cual tenemos muchas diferencias, pero teníamos un punto de acuerdo fundamental: él decía que hacen falta una, dos, tres, cuatro Vietnam. Y nosotros decimos que para que la revolución no retroceda, la clave está en ser más internacionalistas que nunca. No podemos vencer al capitalismo desde un solo país. La sífilis que penetró el movimiento obrero fue la teoría del socialismo en un solo país. Esa teoría nefasta que inculcó el stalinismo es la que ha hecho que el capitalismo sobreviva cien años. Hace cien años que tendría que haber sido barrido el capitalismo. Hay algunos que nos dicen que no cayó porque no se puede. En un tercio de la humanidad se expropió a la burguesía. Pero en el resto de la humanidad, pudo haber sido expropiada también; y no lo fue porque el stalinismo, que no quería extender la revolución, impidió que la clase obrera tomara el poder. Después de la Segunda Guerra Mundial, todos los países de Europa se quedaron sin fuerzas armadas, y los trabajadores se quedaron, de hecho, con el poder. Fue el stalinismo el que fue a reconstruir los Estados burgueses lugar por lugar. Porque con su teoría de que al socialismo había que cuidarlo en Rusia, liquidó la revolución mundial. Pero ojo, nuestros heroicos compañeros cubanos que hicieron una revolución en el corazón del imperio, también adhirieron a esa teoría. Y por eso Nicaragua no fue otra Cuba y El Salvador no fue otra Nicaragua. Estas consignas no son mías, las largaba Fidel Castro en sus actos. Y son los que le han dicho a Venezuela que no había que expropiar, que había que convivir. Todo al servicio de que Venezuela le diera petróleo, que es lo único que les interesaba. Ahora están directamente negociando cómo se reinsertan en el mundo capitalista.

Hay muchos sindicalistas que creen que se puede hacer sindicalismo revolucionario desde un solo sindicato, y así terminan. Nosotros conocemos a muchos de izquierda que se creen revolucionarios, pero después, cuando las papas queman, adhieren a estas teorías. Tenemos un ejemplo en ferroviarios. Nosotros fuimos parte del triunfo del gremio ferroviario, pero no ganamos la seccional Haedo para decirles “minga” al resto de los ferroviarios y cuidar el puestito. ¡No! Ganamos ese sindicato al servicio de ver si ganábamos toda la Unión Ferroviaria, y si hacía falta perder Haedo, había que perderlo, al servicio de liquidar a la burocracia.

Si queremos evitar la burocratización, hay que ser internacionalistas. Si queremos trabajar para que realmente el mundo cambie, no se trata de la revolución solo en nuestro país. Vamos a intentarlo en nuestro país, pero tenemos que ser parte de una organización internacional. Miren, si yo les pregunto cuál fue el principal logro de la Revolución de Octubre, seguramente habrá muchas respuestas. Algunos dirán que en poco tiempo se derrotó el hambre, que se adquirieron derechos fundamentales. No fue eso. ¿Saben cuál fue el principal logro, para Lenin y para Trotsky? Haber fundado la Tercera Internacional, porque estaban convencidos de que el socialismo será mundial o no será, que un pequeño triunfo en un país iba a retroceder, si ese triunfo no se acompañaba de otros. Por eso, para nosotros, ser bolchevique en el siglo XXI implica ser internacionalista. Por eso estamos muy contentos, no solo de que los trabajadores luchan en el mundo, como los catalanes, que están dando un ejemplo. Estamos contentos porque nosotros hemos empezado a construirnos en Cataluña, hemos empezado a construir organización revolucionaria, porque hay compañeros de Argentina que se van a vivir ahí.

Para destruir el capitalismo hace falta una gran herramienta que es un partido. Esa es la otra enseñanza del bolchevismo. Los trabajadores pueden hacer revoluciones maravillosas, pueden sacar gobiernos, nosotros sacamos acá cinco. Pero sin un partido no podemos poner a nadie a gobernar. Sin un partido que conscientemente prepare la lucha revolucionaria, y en el momento decisivo tenga la fuerza para torcer la situación, como fue el Partido Bolchevique, no se puede. Y sin un partido internacional, tampoco. Por eso la gran tarea que tenemos los revolucionarios en el siglo XXI, es seguir construyendo organización política en el plano nacional y en el plano internacional.

Hay que construir un partido que combata una de las tendencias más nefastas que hay en las filas del movimiento obrero, transmitida por los traidores de todo pelaje y por muchos confundidos, que es el escepticismo. El imperialismo no nos va a derrotar a garrotazos, pero sí nos puede derrotar por la cabeza. Después de que cayó el Muro de Berlín, hubo una campaña brutal de que el socialismo había fracasado, de que era el fin de la Historia. Y lamentablemente, muchos revolucionarios y gente de izquierda compraron ese discurso. Por eso muchas veces, en los lugares de trabajo, no enfrentamos a los patrones, sino a compañeros de trabajo que dicen “no, lo tuyo es utópico. No se puede. Yo creía, pero, mirá vos, estos son muy fuertes”. Hay muchas teorías sobre que la conciencia ha retrocedido. Sí, hay elementos de eso. ¿Ahora, esa es la razón por la que no se puede? No. Hace falta un partido que combata esas teorías. Pero no desde la fe religiosa, porque nosotros no somos religiosos ni actuamos por fe. Nosotros somos una corriente científica, como lo es el marxismo, el leninismo, el trotskismo. Tomemos Argentina para ver si se puede o no se puede. Porque, claro, si los escépticos son muchos y se autoconvencen de que no está planteado y convencen a otros trabajadores, se da la profecía autocumplida. Eso es lo que le está pasando a un sector de la izquierda argentina. ¿Saben por qué no se une la izquierda? Sí, es por sectarismo. ¿Pero saben por qué existe el sectarismo? Porque no creen que se puede. Como no creen que se puede, están más preocupados en sacar un diputado o dos. Y nosotros les decimos que si nos uniéramos toda la izquierda, no solo sacaríamos 20 o 30 diputados, sino que en este país se podría abrir con todo la perspectiva de la revolución, porque somos miles y miles. Son escépticos los compañeros, esa es la razón de fondo de por qué el FIT no llama a la unidad. También es por qué otras corrientes no llaman a la unidad. Cada uno está en salvarse. Como no creen en la revolución, quieren ver si con un puestito, si sacando un poco más de plata de acá o allá sobreviven.

La gente ha dado de todo en este país. Fíjense en lo que fue el Argentinazo. Va a haber otro Argentinazo. No nos creamos el verso de que la gente no va a salir a la calle. Macri va a quedar en el basurero de la historia. Nos viene a meter a mano, pero se va a ir como se han ido muchos. El problema no es ese. El problema es cómo trabajamos para que no nos pase lo que nos pasó en el 2001, que por no tener una fuerte organización, otros hijos de su buena madre se pusieron la camiseta de progresistas y estuvieron 12 años en el poder prostituyendo la idea de izquierda y por eso tenemos un Macri. Que no nos digan que no se puede. En España si la izquierda dejara de lamerle las bolas al rey borbón y se pusieran todos a apoyar al pueblo catalán, la monarquía no dura ni diez minutos. Porque todo el pueblo ya votó por el cambio cuando votó a Podemos. El gran problema que tenemos los trabajadores no es que la gente no quiera luchar, no luche o no haga revoluciones. Es que no tenemos una dirección que tenga lo que hay que tener para llevar al triunfo a los trabajadores. No tenemos una dirección como los bolcheviques. Por eso la tarea de las tareas es construirla y hay muchos con quién construirla. Hay decenas de miles que quisieran un mundo mejor. Juramentémonos algo en homenaje a los 100 años de la Revolución Rusa: que vamos a seguir siendo bolcheviques, construyendo partido, construyendo internacional, porque es la única garantía del triunfo. Ese es el mejor homenaje que podemos hacer.

También tenemos que homenajear a los bolcheviques saliendo a responderle a este hijo de yuta de Macri que ha lanzado un plan brutal. Vienen por lo que la dictadura no pudo, lo que no pudo Menem, lo que no pudo De la Rúa. Son la clase burguesa que, después de haber apostado a empleados durante casi 30 años y haber fracasado, decidió tomar directamente la tarea y han venido a hacer lo que ninguno de sus empleados pudo, que es reventar las conquistas que vienen desde la Revolución Rusa para acá. ¿Ahora, podrán? Es muy difícil. Nosotros necesitamos un partido que se ponga en la primera fila contra ese plan. Nosotros estamos llamando a la corriente que encabeza Palazzo, a las 2 o 3 CTA, a toda la izquierda, a que llamemos ya mismo a un gran plenario para discutir un plan de lucha. Porque no se lo va a frenar con una marchita, ya a principios de año hicimos muchas marchas, movilizamos a cientos de miles, y no lo derrotamos. Solo se va a derrotar, primero si se apela a la gente, y para eso hace falta un gran plenario de todos. Ojo, no solo de la izquierda; la izquierda se tiene que poner al servicio de un plenario más grande, que reúna a todo el activismo de los que quieren pelear, y ahí decidir un plan de lucha que termine cuando termine el ajuste.

Junto con eso, sigamos trabajando por la unidad también en el terreno político. Unir a la izquierda muchas veces parece más difícil que la revolución. Pero el movimiento de masas va a poner en caja a todo el mundo, porque siempre termina ordenando y siempre termina dándole la razón a los que han sido consecuentes y principistas. Nosotros queremos construir el MST, pero más queremos construir una herramienta para hacer el cambio social, y eso pasa por la unidad de todos los que nos decimos de izquierda y revolucionarios. Una unidad que no implica disolverse: cada uno con lo suyo, pero aprendiendo a convivir con matices y con diferencias. Los bolcheviques eran un ejemplo. No tiene nada que ver la campaña heredada del stalinismo, y que el imperialismo transmitió, de que era un partido donde no se podía discutir. Al revés, los bolcheviques discutían todo, hasta discutieron la toma del poder púbicamente, por los medios. Y sin embargo, aunque posiblemente alguna patadita habría que haber dado, no echaron a nadie, porque era un partido que cuidaba la democracia porque era la forma de cohesionar. Había una confianza ciega entre todos, porque todos sabían que podían decir lo que querían. Eso sí, cuando se votaba, todos salían y aplicaban. Hagamos una organización, el MST, que pelee por eso y que pelee por más unidad, que pelee por enfrentar a Macri. Y no nos comamos ningún verso, porque de nosotros depende, no de la burguesía, si se puede o no. Y nosotros estamos convencidos de que vamos a poder.