Por Pedro Fuentes

La reforma de las jubilaciones, la laboral y de los impuestos no está solo en la agenda del gobierno golpista neoliberal de Temer, sino que en toda Latinoamérica y gran parte del mundo. (Bélgica, Francia…) Es un plan mundial de apropiación de una porción de la renta pública bajando el salario de los trabajadores. Se trata de un paquete de medidas para favorecer la gran burguesía y el capital financiero que incluye también las reformas impositivas de la cual la más despiadada ha sido la que en estos días la que  ha logrado imponer el gobierno de Trump.

En este contexto hay que enmarcar la reforma que acaba de ser votada en la Cámara de Diputados de la Argentina en la madrugada del día 19 luego de una jornada ejemplar de movilización de los trabajadores y sectores populares. A pesar de que el gobierno terminó teniendo mayoría para votar, ha salido golpeado y veremos si tiene la misma capacidad para conseguir aprobar la reforma laboral y de impuestos.

La situación de Argentina ha cambiado; los trabajadores han abierto un nuevo camino, una nueva situación política, un cambio en la relación de fuerzas. Y en ese contexto mundial (y en especial en lo que puede suceder en Brasil) hay que observar la gran jornada del 18 de diciembre. Sin duda es ejemplo de combatividad que servirá para los otros países y Brasil entre ellos. Aquí en Brasil esa maldita ley de reforma ha sido postergada hasta febrero. Un gobierno más débil que el de Argentina y un parlamento temeroso de votar este robo a los trabajadores decidió postergar ante el temor de perder en un congreso lleno de bandidos oportunistas que especulan con la reelección en las próximas elecciones.

En la Argentina, el presidente Macri envalentonado con el importante triunfo electoral que había obtenido dos meses atrás, pensó que tenía consenso social para aplicarla. Calculó mal. De las grandes movilizaciones que siempre nos tienen acostumbrados los argentinos, y que muchas veces ocurren para el fin del año. Seguramente que el gobierno y las clases dominantes no van a tener de nuevo, como otras veces, una feliz navidad.

Comenzó el 18 a las 8 de la mañana con los piquetes de organizaciones sociales que se movilizaron sobre las rutas de acceso a la Capital; siguió luego con una multitudinaria movilizaciones de los trabajadores a la plaza de los dos Congresos; decenas de miles, se puede calcular en 500.000 ya  que no solo se veía la plaza estaba llena sino que se extendía por varias cuadras por la avenida de mayo hasta cerca de la 9 de julio, y con varias calles laterales, especialmente la avenida Callao repleta de manifestantes.

La CGT se vio obligada a llamar un paro de 24 horas. Mientras que los subterráneos y trenes lo hicieron a partir de las 24 de la noche para permitir el desplazamiento de los manifestantes el resto de los trabajadores lo inició al mediodía del 18. El paro fue total en bancos, hospitales, dependencias públicas, maestros….La burocracia del sindicato de los transportes, -que lo había votado-, lo levanto así que los ómnibus anduvieron. Pero la carnereada de la burocracia de la UTA no empañó la jornada.

La burocracia sindical argentina tuvo que responder a la presión de las bases y a la decisión de los sindicatos más combativos, más permeables a la opinión de los delegados de sección y a las comisiones internas. La burocracia sindical argentina está asentada en una clase obrera de larga tradición de lucha y organización, que conserva los delegados por sección, los cuerpos de delegados y las comisiones internas. Esta fuerza de la clase hace que la burocracia, a pesar de ser tan traidora como la que conocemos en muchas partes del mundo -como en Brasil-, juegue un papel importante en la superestructura del país. Es muy difícil gobernar en la Argentina sin tener un pacto sólido con la burocracia sindical y los sindicatos, y mucho menos en el actual período de la lucha de clases. Y la burocracia vendida cuando hay ascenso, queda hecha un sándwich entre su política de defensa de sus privilegios y por lo tanto del régimen y la fuerza y presión de los trabajadores y sus organizaciones de base.

Al mediodía los trabajadores con sus bombos y la izquierda; a la noche la juventud popular y  familias con las cacerolas.

La jornada tuvo dos grandes gestas. La más importante y determinante fue la concentración ante el congreso que copó el centro de la ciudad y resistió cuatro horas a la represión policial, y el cacerolazo de noche. La primera fue una auténtica movilización de los trabajadores; columnas venidas de todos lados de profesores, trabajadores estatales, metalúrgicos, bancarios, movimientos sociales, partidos de la izquierda trotskista y sectores kirchneristas. Muchas dependencias estatales, (hospitales, escuelas, dependencias públicas …) se movilizaron por su propia cuenta. Las columnas de trabajadores de los sindicatos y de los trabajadores que se organizaron por su propia cuenta eran la amplia mayoría de la manifestación. Los bombos de las columnas sindicales, las bandas y trompetas atronaban con su ruido el centro de la ciudad y la plaza de los dos congresos. La izquierda trotskista del MST, MAS y el FIT estaban presente en primera fila de la manifestación

La represión desató una verdadera batalla campal. Se inició a las 13.30 antes que las columnas de los trabajadores entraran a la plaza. El pretexto fue la valentía demostrada por los manifestantes que estaban a la cabeza que tiraron varias veces los muros de contención. Del lado de los manifestantes también había los provocadores. (Circula en la web una foto de un “manifestante” que tiraba piedras que después resulto un policía).

Una jueza había resuelto de que no se podrían usar balas de goma salvo en caso extremo. Pero por supuesto que no fue así. La policía tiraba gases y balas de gomas indiscriminadamente incluso de los tejados de dos edificios públicos sobre los manifestantes. La respuesta de los manifestantes fueron las piedras. Una lluvia de piedras lanzadas por trabajadores de columnas sindicales y los partidos de izquierda. Gran valentía para enfrentar un gas paralizante y balas tiradas a quemarropa. Hubo momentos que las cargas de los manifestantes hicieron recular y desbordar a la policía que recién pudo dominar luego de varias horas y cuando entró en acción la gendarmería.

La fuerza y coraje del activismo obrero y de los militantes de la izquierda trotskista, entre los cuales estaban los compañeros del MST, fue ejemplar. Parecido al que se vivió en el argentinazo con la diferencia que en este caso el proceso fue menos masivo, pero con sustancia, protagonizado por una franja de vanguardia de la clase obrera. No fue la reacción popular masiva al corralito y la represión, ahora fue la acción de los trabajadores, que si bien no tuvo la masividad de aquella gesta tiene como vanguardia la clase más consistente, organizada y más decisiva en la lucha contra el capitalismo. Esto es lo nuevo; la clase obrera argentina dio un paso cualitativo en su acción. Y esta nueva jornada de movilización y coraje no puede entenderse si no hubiera existido el argentinazo. Es, en ese sentido, su continuidad, muestra la cultura de rebeldía de los trabajadores y el pueblo argentino que cada diez años complica el gobierno de la burguesía.

La represión indignó a un sector importante de la población, incluso seguramente a un sector social que había hace dos meses había votado por Macri. Por eso, a la noche comenzaron los cacerolazos en los barrios, en los lugares emblemáticos de las asambleas populares del argentinazo y se fueron organizando las columnas de manifestantes espontáneas, (familias, muchísimos grupos de jóvenes) que se dirigieron hacia plaza de mayo y el congreso mientras otras permanecían cortando avenidas importantes y varios miles haciendo el cacerolazo también en la residencia del presidente Macri en Olivos.

La explicación a esta reacción popular es simple. El pueblo argentino hizo carne la defensa de las libertades democráticas y no se deja atropellar. Ni bien Macri  triunfó en las elecciones comenzó a hablar nuevamente de los “dos demonios” (refiriéndose las acciones de la guerrilla y la represión de los militares) para intentar lavar la cara de la dictadura de la que su padre había sido un importante socio.  Fue ampliamente repudiado. Pero insistió y en mayo el gobierno Macri apoyó un decreto de la Justicia del 2×1 que pretendía acortar la pena de los militares genocidas en prisión.  Pero la masiva movilización popular le hizo dar marcha atrás. El sentimiento democrático del pueblo argentino acuñado durante la lucha contra los militares argentinos y por el posterior castigo a los genocidas que mandó cientos a la cárcel, es también muy fuerte. Y una vez más el 19 a la noche, y después de una brutal represión, volvió a manifestarse.

¿Un nuevo clasismo en las organizaciones obreras?

El gobierno pasó la ley, pero como lo comentaban muchos activistas después de la memorable jornada, ha obtenido un triunfo pírrico; o sea que sale desgastado. Su bloque de dominación se ha resquebrajado en momentos que necesita aplicar nuevos ajustes y entre ellos la reforma laboral. Y seguramente se encontrará con esta nueva disposición de lucha de los trabajadores.

Pero tal vez la consecuencia más importante de esta jornada sea la acumulación que están haciendo los trabajadores; los cambios que se anuncian en la clase obrera. Es probable que haya una aceleración del proceso del clasismo, de nuevas direcciones en la clase obrera. Producto de sus inconsecuencias y entregas, la burocracia sindical ya tiene sus divisiones internas, se han formado nuevos bloques como el de la corriente federal que se ubica en una línea diferenciada de la tradicional burocracia de los denominados “gordos”. La traición de la UTA (sindicato de los conductores de ómnibus), que levantó el paro de transporte será repudiada una y otra vez por los trabajadores y los sectores combativos dando pie para que avance el clasismo.

En la Argentina ha habido una cierta renovación en la clase obrera producto de la recuperación de la industria que se vivió en la década kirchnerista. Esa renovación seguramente también existe en los organismos de base de los sindicatos; hay el terreno para una nueva vanguardia sindical amplia y no es por casualidad hayan surgido dirigentes obreros que militan en los partidos de la izquierda trotskista, y que sean estas organizaciones las que han dirigido conflictos obreros a nivel de fábrica.

En la década del 70 surgieron numerosas direcciones sindicales clasistas que lograron ganar un importante espacio a la burocracia sindical. El golpe militar del 76 tuvo el objetivo de combatir la guerrilla, pero también destruir ese proceso de direcciones clasistas que se vivió en el país. Ahora el proceso no se da de la misma manera, pero ya existe, y seguramente se va a extender con este cambio que trajo la jornada del 19 de diciembre. Y las organizaciones de la izquierda, que como quedó demostrado el 19 de diciembre, son parte de este frente de lucha contra el gobierno, pueden ser un factor del desarrollo de nuevas direcciones y pueden favorecer el surgimiento de un polo común de lucha contra la vieja burocracia sindical. Esto sería un paso importante para el avance en la conciencia de los trabajadores y los explotados.

La movilización empuja hacia adelante, hacia un nuevo programa y una nueva alternativa y también hacia la reflexión de lo que pasó. Un discurso que se hizo común en estos días en las que se repudiaba en las calles y en todos lados era que había que sacarle a los que más tenían y no a los trabajadores y a los jubilados. Un discurso clasista que lleva en sí mismo un programa de tasar a las grandes fortunas, las corporaciones y el capital financiero que se ha adueñado del país. Avanzar a un programa de ruptura que sea tomado por sectores de la clase trabajadora es la tarea que está planteada.

Los sectores más esclarecidos que en su momento apoyaron el kirchnerismo (hay que notar que sectores kirchneristas fueron parte de la movilización y los dirigentes del Frente Para la Victoria se opusieron en el congreso), se estarán preguntando porque se llegó a esta situación; en otras palabras, porque el kirchnerismo no pudo resolver los problemas estructurales del país para que ahora regrese el neoliberalismo salvaje. La unidad de acción contra el ajuste neoliberal que ya se dio el 18D puede facilitar que este proceso avance.

La situación argentina ha cambiado y repercutirá en Latinoamérica

La nueva situación argentina y el proceso de desgaste del gobierno Macri producto de la movilización de los trabajadores no es un hecho aislado y traerá consecuencias en el continente. Los gobiernos neoliberales latinoamericanos (Temer, Pineda, Kucinsky, Santos, Nieto…) mucho de ellos surgidos luego del desgaste y fracaso de la centro-izquierda y la degeneración del bolivarianismo están aplicando ajustes muy parecidos en todos los países. Ese intento de volver al orden neoliberal que tuvo su auge en la década del 90, no cuenta con las mismas condiciones de entonces.

La situación es diferente. Los gobiernos carecen de la estabilidad de aquellos para aplicar los planes de ajustes (léase contrarrevolución económica permanente), que necesitan para enfrentar la crisis económica. Son gobiernos que no tienen credibilidad, en su mayoría están envueltos en profundos casos de corrupción, y si bien pueden ganar elecciones no tienen recursos para controlar al movimiento de masas salvo que utilizando la represión, que como vimos en Argentina es enfrentada por los trabajadores y el pueblo. Tampoco los ayuda la política proteccionista de Trump, y por otro lado, comienzan a sufrir una mayor resistencia obrera y popular. Tal vez los otros ejemplos junto con Argentina de esta situación son Perú, donde la resistencia popular ha hecho historia y donde hay una profunda crisis política en el gobierno y régimen. Es el caso también de Honduras donde el fraude “golpista” sigue siendo resistido en las calles llenas de barricadas. En este marco sería también equivocado hacer una lectura unilateral del triunfo de Pineda en Chile; su gobierno se inscribe en este contexto y no en el de un avance contundente de la derecha.

De ahi también que estos gobiernos apelen a una represión muy superior a la de los 90 que no tenemos que menospreciar. En la Argentina fue brutal como la ofensiva mediática que también muy fuerte; un bombardeo permanente post 18D, deformando la realidad, pretendiendo mostrar que en vez de represión la agresión y los destrozos fueron causados por los trabajadores. Muchos de los detenidos del 18D continúan em prisión y serán juzgados por supuestos crímenes cometidos.

La Argentina es un ejemplo para los trabajadores y también marca una dinámica hacia una mayor confrontación, una guerra social para la cual nos tenemos que preparar.