Alfons Bech (La Aurora)

Se inaugura un nuevo Parlamento catalán como un Parlamento que va a resistir la aplicación del artículo 155. ¿Nuevo Parlamento? ¿Nueva situación? … O… ¿continuación de una vieja situación?

El martes se hicieron concentraciones en favor de la Libertad de los presos políticos y por el Retorno de los exiliados en las capitales y en la mayoría de los pueblos y ciudades catalanas. Los Jordis, los más antiguas de la etapa reciente, llevan ya tres meses. El pueblo catalán no olvida que estamos en una situación de estado de excepción.

El Parlament acaba de elegir al President y la Mesa. El joven diputado de ERC, Roger Torrent, alcalde de un pueblo de Girona, Sarrià de Ter, ha hecho un discurso recordando los presos y exiliados a la vez que defenderá el derecho de cada diputado y diputada a debatir los temas que crea oportunos. Como la anterior presidenta Forcadell. Por tanto, a debatir sobre la independencia y la República. Pero no ha nombrado ni una ni otra. Equilibrios bajo el 155.

La situación es de lo más complicada. Nunca hubo un Parlamento de Catalunya elegido bajo las órdenes de Madrid. Pero el resultado de las elecciones del 21D fue una victoria política del independentismo y soberanismo y una derrota de las fuerzas unionistas, antiindependentistas, del 155. Estamos pues ante un resultado que, técnicamente, podrian ser tablas. El poder representativo en manos del republicanismo, pero el poder de la fuerza del Estado en manos de la monarquía.

Ahora la batalla política se concentra en el Govern que tiene ser elegido. Junts per Catalunya, la fuerza del President Puigdemont, reclama su investidura para “restablecer” el orden y la institución de la Generalitat previa al 155. Es su manera de luchar contra el 155. ERC acepta la propuesta de investidura de Puigdemont, pero no la ve viable. La CUP la acepta en función del programa que presente el candidato Puigdemont, al que pide desmarcarse de la corrupción de CDC y del PDCat y algunas medidas sociales. Los Comunes no apoyarán Puigdemont ni a nadie de Junts per Catalunya, primando la agenda social por encima de la legitimidad democrática. Y, como era de esperar, la representante de Ciudadanos y los del bloque 155, se opondrán rotundamente a que se pueda investir a Puigdemont.

Pero lo que cuenta no son los diputados y diputadas catalanas. Lo que cuenta es el Estado. Técnicamente no hay nada escrito de que pueda hacerse una investidura no presencial, ni un Gobierno con Puigdemont i Consellers en el exilio. Sin embargo ya las amenazas de suspender el Parlament y convocar nuevas elecciones al amparo del 155 ya están lloviendo desde el Gobierno español y desde los medios de comunicación.

Entonces…ganaron los independentistas y soberanistas, la ciudadanía votó (con candidatos en la cárcel y en el exilio) y ahora…el Estado se niega a que se implemente políticamente el resultado. Y ¿a “eso” se le llama democracia? ¿respeto a la voluntad popular? Entonces…¿para qué convocaron las elecciones si no se reconoce la validez de los resultados?

Esta legislatura va a ser todo menos normal. Ya no estamos ante la autonomía que había hasta ahora. Tampoco estamos ante la República que se proclamó en 27 de Octubre…y se congeló. La brutal intervención del Estado el 1 de octubre y posterior aplicación del artículo 155 deshizo todo el entramado autonómico. Ya estamos en un Estado (y un régimen)…en transición. Catalunya sigue con su idea de República, reflejada en un Parlament resiliente y resistente. El Estado necesita vencer esta resistencia, aún completamente entera a pesar de presos y exiliados. Y sólo lo puede hacer por la vía represiva. El 155 y el discurso del monarca cerró la vía de convencer a los catalanes. Ahora hay más independentistas que antes del 21D.