El nuevo año nos encuentra con un país convulsionado y polarizado, por la decisión presidencial de indultar al ex presidente Fujimori en víspera de la navidad y pocas horas después de salvar su cabeza puesta en juego por un proceso de vacancia.

Le han seguido varias renuncias congresales y ministeriales al oficialismo en rechazo al indulto o al modo en que éste se dio. Lo cierto es que PPK se queda casi sin bancada, más solo que nunca, sin partido, y lo peor sin ese tercio electoral que le llevó al poder para evitar que gane Keiko Fujimori. Ha consumado su matrimonio con el Fujimorismo para salvar el pellejo y cubrirse mutuamente de los procesos de corrupción que se le vienen encima. Ese pacto bajo la mesa urdido directamente con Alberto Fujimori ha quedado al descubierto y es lo que más irrita a un amplio sector de la población.

La inefable Lourdes Flores del PPC – que saca cabeza cada vez que hay una crisis para ver de ganarse alguito- ha dicho que no es un indulto humanitario sino político, para darle estabilidad al país. Ese análisis va contra todas las evidencias, trata de cubrir lo de fondo, el pacto de impunidad. Efectivamente, el apuro de PPK que le llevó a pasar por encima de sus propios ministros y congresistas, es que se le viene la noche con Lava Jato y urge blindarse juntamente con todos los de su calaña, esa plutocracia que se ha adueñado del Estado para su propio beneficio.

PPK ha perdido legitimidad, es un fantasma en Palacio. Ya no gobierna, ha renunciado a ello al ponerse en manos de Fujimori, no de la hija sino del papá, del “moribundo” que ya empieza a dar línea política aun antes de salir de la clínica de reposo. Será, la Primera Ministra Mercedes Araoz, la cocinera del Gabinete de Concertación; es ella, la que armó el tinglado de la NO Vacancia en el Congreso, mintiendo a todos para salirse con la suya. Ese Consejo de Ministros, armado para sostener el indulto y el pacto de impunidad, tendrá, al igual que los precedentes, muy poca duración. Será de paso, porque no habrá estabilidad política y sin ella no pueden caminar los negocios. La recuperación económica quedará, en el mejor de los casos, estancada en 3% del PBI en el 2018, cuando debería estar por encima del 6%.

Y la crisis de gobernabilidad pegó un salto. Del Congreso saltó a la calle, ahora son miles y miles de compatriotas que se movilizan y se organizan para seguirla hasta que se de paso atrás con el indulto y caiga PPK. Ya se formó el Comando Unitario de Lucha auspiciado desde la CGTP, la central obrera. Se llevan a cabo coordinaciones entre fuerzas políticas de la izquierda y el progresismo para articular criterios. Todo muy bien, pero que no sean los cálculos electorales los que determinen los pasos tácticos de esta lucha que es democrática y debe ampliarse hasta comprometer a todos los sectores que repudien el indulto amañado. Esto es válido, como cuando se dio la marcha de los 4 suyos; se llama UNIDAD DE ACCIÓN, juntos en un punto, solo en ese punto. Lo electoral, es harina de otro costal; aunque, obvio, se toca con la crisis presente. Requiere otro tratamiento pues lo que se pone en juego ahí, es quien o quienes deben gobernar. Ahí no hay “frente democrático” que valga. Lo que prima es el programa anti neoliberal, de ruptura con el modelo, de cambio de régimen para ir a un Estado libre, independiente, soberano, democrático y popular.

Retomando el tema de fondo, PPK debe irse o debe ser sacado de Palacio. Centenares de escritores y artistas se lo piden sumando sus voces al clamor popular. Y su salida debe dar paso a un proceso constituyente que desemboque en una nueva Asamblea Constituyente que reordene la casa con nuevas reglas para nuevas elecciones generales donde el pueblo pueda dotarse de un nuevo gobierno, verdaderamente democrático y popular.