Roberto Robaina – dirigente del PSOL y del Movimento Esquerda Socialista (MES), editor de la Revista Movimiento y concejal de Porto Alegre.

La condena de Lula no fue sorpresa. Hasta los llamados mercados estaban apostando en esta decisión y las bolsas subían en la misma medida en que crecía la convicción de un resultado de 3 a 0. Fue lo que ocurrió. Más tres jueces que trabajaron sobre el proceso confirmaron la sentencia del juez de primera instancia Sérgio Moro.

Así, las posibilidades de Lula de poder concurrir a la Presidencia de la República disminuyeron mucho. Y, si concurre, las posibilidades de poder tener su candidatura validada son aún más reducidas. Es sobre este aspecto que quiero considerar la cuestión. Es desde este punto de vista que nos hemos manifestado. Es el caso, por ejemplo, de la posición de Luciana Genro, sosteniendo que la elección sin Lula puede sí ser considerada un fraude. Es lo que declaró nuestra corriente política, el Movimento Esquerda Socialista, que es una tendencia fundadora del PSOL.

Esta posición es clara. Pero no tenemos una posición ingenua. Todos saben que rompemos con el PT hace muchos años. Y rompemos porque percibimos – cuando, por cierto, los grandes medios estaban conmemorando el nuevo curso petista – que las relaciones del PT con las contratistas y banqueros estaba haciendo el partido a un gerente de los intereses del capital. De ahí el paso para involucrarse con los métodos típicos del capital, entre los cuales la corrupción es práctica ordinaria, era un paso inmediato. Fue lo que ocurrió.

Pero, a pesar de eso, no aceptamos hacer coro con los que dicen que la ley debe ser respetada, queriendo con ello decir que la decisión del TRF-4 debe ser respaldada. ¿Porque no? Justamente porque en este sistema la ley no vale para todos. Se aplica con más fuerza contra algunos. A otros, comprobadamente bandidos, como es el caso de Aécio Neves, el máximo órgano de poder judicial del país – el STF – protege, garantizándole la impunidad como senador. Y no necesitamos hablar de Temer. No se puede decir que tenemos justicia en el país cuando un presidente es un jefe de cuadrilla. Y la justicia hecha aisladamente no es justicia sistémica. Sería ingenuidad, o incluso una tontería, creer en eso. Y el caso que involucra a Lula es sistémico.

Por eso, no puede ser evaluado sin contexto, sin definir quiénes son los interesados en su condenación y por qué la pretenden. Es evidente que una parte de los interesados es justamente una parte de los dueños del capital, representantes de este mismo sistema que actuó como corruptor en el caso de la cumbre del PT y que sigue teniendo en sus manos los partidos tradicionales, la mayoría del Congreso Nacional y hasta las más de las altas cortes de justicia de Brasil. No son ellos quienes harán justicia para el pueblo. Por eso, vamos a mantener la defensa del derecho de Lula a ser candidato. Al mismo tiempo, luchar para que nuestro partido, el PSOL, sea fiel a las causas de la igualdad y se afirme como un proyecto independiente, que apueste en la organización y en la movilización social por los intereses populares.