Crónicas catalanas
23 A: UN ESTADO ACORRALADO

Alfons Bech (La Aurora) 

Ayer más de medio millón de personas volvieron a llenar las avenidas y la plaza de España en la ciudad de Barcelona. Según los organizadores 750.000. Según la guardia urbana 315.000. Las fotos mostrarán mejor que las cifras la inmensa manifestación y las personas que leen esta crónica juzgarán por ellas mismas. En cualquier caso es una nueva demostración de la vitalidad del movimiento democrático e independentista, al alimón. Una manifestación convocada por las entidades soberanistas y por los sindicatos, junto con muchas otras organizaciones, le han dado un carácter transversal. Sin embargo el sentimiento, las consignas y el corazón estaba con los presos, con los exiliados, contra la represión de tipo franquista que se abate sobre el pueblo.

Estamos viviendo una situación muy dura. No es sólo Catalunya. También en Murcia. Y en Navarra. En la capital navarresa, Iruña (Pamplona en castellano-parlante), se manifestaron también decenas de miles contra el juicio que se está haciendo a jóvenes vascos por una pelea de bar, a los que se acusa de “terrorismo” porque en el otro bando de la pelea habían guardia civiles. A los ocho jóvenes les piden 375 años de cárcel. Y ¿saben quién es la juez encargada? La juez Lamela, la misma que tuvo en sus manos a los Jordis y a dirigentes del independentismo catalán hasta que pasó el caso al juez Llarena. Curiosas “casualidades”. También curiosa la coincidencia que Lamela sea pareja de un miembro de la guardia civil y haya sido condecorada por dicho cuerpo militar.

Reanudo mi crónica que empecé el 16… Demasiados acontecimientos en pocos días para escribir y reflexionar sobre ello. Pero hay que hacerlo, aunque sea robando tiempo a otras tareas más domésticas. Hoy, dia del libro y la rosa en Catalunya, una de las mejores tradiciones culturales de Europa (y seguramente del mundo), donde el hombre regala una rosa roja a su prometida, amante o, también, a su madre, su hermana, su amiga; y la mujer, según la tradición, regala un libro a su hombre. Un día especial para regalarse libros, felicidad, amistad… estará marcado por el recurdo a los presos y exiliados políticos y también por la lucha que sigue.

Decía que estamos ante un Estado acorralado. Ayer, en el final de la copa de fútbol (donde el Barça volvió a ganar por un 0-5 ante el Sevilla), vimos como ese Estado “ha perdido el Norte”, en palabras del portavoz de la mayor organización cultural catalana, Ómnium. En efecto, la policía registró a los hinchas del Barça y les requisó todas las camisetas, bufandas y pancartas amarillas, con una simple inscripción como por ejemplo “Ara és l’hora” (Es el momento). Incluso silbatos eran requisados y una familia estuvo a punto de ser expulsada del campo después de usarlo contra el rey. ¡El color amarillo está prohibido! ¿Por qué? Pues simplemente porque lo usa el independentismo catalán. Es de locos. Y el Ministro de Interior lo justifica diciendo que la policía aplicó discrecionalmente la ley “contra la violencia,el racismo, la xenofobia y la intolerancia”. Pero lo que más dolió al Estado fue la enorme pitada al rey y al himno nacional de España.

Hoy día de San Jordi en Barcelona, los libreros y vendedores de rosa, así como el público que se volcará en las calles en un espectáculo de placer y gozo por los libros, la cultura, la amistad, están de acuerdo: “en Barcelona jamás habrá colores prohibidos”. Como acto de resistencia, muchas personas y famílias irán vestidas de amarillo. A pesar de la represión, se respira libertad.

Estamos ante el final de un régimen que, probablemente, arrastre consigo el final de un Estado. Ese es el pavor que tiene la Corte que vive de él. La burocracia del Estado se sabe tocada, herida de muerte. En ella incluyo también un cierto tipo de empresarios que han jugado con ventaja o incluso robando, gracias a todos chanchullos que ha generado la monarquía. La monarquía española es en realidad el paraguas de toda la corrupción, de partidos, de empresarios, de sistema judicial, de policías y militares. Sus reacciones recuerdan mucho lo que ya vivimos en el último periodo del franquismo. Igual que su represión cada vez más ciega, más desmesurada (como la de los jóvenes de Alsasua), más vengativa y cobarde. Recuerda los “últimos coletazos” del franquismo.