Tito Prado – MOVIMIENTO POR LA GRAN TRANSFORMACIÓN

Hace pocos días vistamos a nuestro querido compañero Guillermo Serpa con motivo de sus 84 años y recordamos a Moreno. Hablamos de la tradición, de los muchos años que lleva Guillermo militando, de sus inicios en La Plata, de cómo Moreno le animó  a dejar sus estudios universitarios para volver a Perú a atender la sección peruana víctima de la represión desatada contra las tomas de tierras que protagonizó Hugo Blanco, otro estudiante peruano captado en La Plata y animado también a retornar al terruño no como ingeniero sino como revolucionario.

Que cambio tan grande. Quizá sea el primer y más grande cambio que uno haya experimentado al sentirse parte de lo que llamábamos “morenismo”. Nuestra vida pasaba a estar determinada por la necesidad de cambiar el mundo, de hacer la revolución. Es el primer acto de afirmación de una identidad política. Ser revolucionario no era una declaración lírica, era dejar la universidad, dejar la casa paterna (yo lo hice con total convicción a  los 18 años). Eso lo aprendimos de entrada quienes empezamos a compartir con Moreno la idea de una América Latina libre y soberana en un mundo donde la explotación social haya sido desterrada.

Ser consecuentemente fiel a la causa de los pueblos, empezando por el nuestro en cada país, era nuestro mayor orgullo. Todos los sacrificios, eran asumidos con alegría y satisfacción porque se hacían por el bien supremo, hacer la revolución socialista. En el camino nos dimos cuenta que no estaba tan cerca como creíamos, o en todo caso que no sería tan fácil como lo fue en Cuba. Pero nunca desmayamos, nunca dejamos de buscar una nueva oportunidad y siempre buscamos ser más fuertes, más organizados, mejor preparados.

Con Moreno cometimos errores de todo tipo no hay duda, pero eran “experiencias” en el camino correcto, el de no apartarnos de los intereses de nuestro pueblo, el de no perder la esperanza de que el capitalismo genera sus propias contradicciones y que lo que hace falta es contar con una dirección revolucionaria. También con Moreno aprendimos que no será solo con trotskistas que haremos la revolución, quizá esto lo hayamos aprendido tarde, pero es la diferencia entre estar a  no estar en los procesos vivos de la lucha de clases, en los fenómenos nuevos y de masas que surgen ante la debacle de la vieja izquierda estalinista.

En nuestro caso, en el Perú, pasamos de todo, de dirigir una revolución agraria campesina a ser perseguidos casi hasta el exterminio; de ser los más votados de la izquierda en una elección nacional hasta perder la legalidad. Pero jamás nos rendimos, volvimos a empezar y nunca de cero. Así fuimos armando una tradición y una moral entre nosotros a prueba de balas. Siempre fue una constante estar en las luchas, contra CONGA, contra TÍA MARÍA, contra la LEY PULPIN, en todas o casi todas, así pudimos remontar los malos momentos. Hoy estamos ante una nueva oportunidad histórica, no solo de construirnos como organización sino de ser gobierno con el Movimiento Nuevo Perú. Nada será fácil pero estamos más cerca que ayer.

Esa firmeza de no desmayar nunca, de poner los intereses de la revolución por encima de lo personal es lo que marcó a más de una generación y yo creo que es lo más valioso que podemos dejar quienes venimos del morenismo a los nuevos camaradas, especialmente a los jóvenes.