Charles Rosa e Pedro Fuentes (*)

Traducción: Nicolás Calabrese

CASTELLANO

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                  2003. ruptura con el PT, la primera semilla de la fundación del PSOL.

Brasil atraviesa la mayor crisis política y económica desde la redemocratización en los años 80. Por eso, es natural que muchos compañeros anti-imperialistas de nuestro continente estén com muchas dudas respecto a la situación brasileña. La probabilidad de confusiones aumenta si tenemos en cuenta que en el PSOL (mayor partido de la oposición de izquierda) coexisten hoy dos posicionamientos públicos. Uno de ellos queda pegado a la narrativa del gobierno y considera el juicio político de Dilma Rousseff un “golpe contra la institucionalidad y la democracia”. Así, estos sectores participan de las iniciativas y movilizaciones dirigidas por el PT. De nuesro lado, el MES a través de Luciana Genro y otras corrientes del PSOL analisamos que la mejor salida para oponerse a la crisis y al juicio político son “nuevas elecciones generales”.
Intentaremos, en las próximas líneas, desarrollar un poco más estos temas. Buscaremos dimensionar las diferencias políticas que tenemos en Brasil con un sector de la vanguardia confuso que sigue pegado de la vieja superestructura del PT, lo que ocasiona graves efectos en toda América Latina, donde hay numerosos sectores que definen a Lula como “progresista” y “enemigo del imperialismo”. Para esto, elaboramos 6 preguntas esenciales y nos esforzamos para responderlas:

1- ¿Podemos comparar el PT en Brasil con Chavez en Venezuela, Evo en Boliva y Correa en Ecuador? ¿Cuál es el papel desempeñado por Brasil en Latino América?

Inicialmente, debemos afirmar: Brasil es diferente. Durante el auge del proceso bolivariano, construimos un esquema didáctico que explicaba Latino América en tres tipos de gobiernos. Vamos a exponerlos a continuación, una vez que continuan siendo útiles para referenciarnos en este momento.

  1. Gobiernos neliberales clásicos. Las burguesías pro-imperialistas ejercen directamente el poder. Algunos de los ejemplos más típicos: Álvaro Uribe en Colombia, Sebastián Piñera en Chile, Felipe Calderón y los gobiernos del PRI en México (los cuales reforzaron la dependencia semicolonial del país, operando la instalación del NAFTA), Martín Torrijos en Panamá, Tony Saca en El Salvador, Óscar Berger en Guatemala, etc.
  2. Gobiernos nacionalistas radicales. Sectores pequeño-burgueses nacionalistas gobiernan enfrentando la burguesía neoliberal dominante hasta un punto de ruptura. Profundos cambios estructurales en los regímenes políticos son realizados, mediante asambleas constituyentes, asegurando mayor participación popular en los procesos políticos. Para entender como estos gobiernos fueron posibles, es necesario tener en mente que fueron resultados directos de agudas movilizaciones revolucionarias. El Caracazo de 1989 y la derrota del golpe de 2002 explican la instauración y radicalización del chavismo. Los levantes indígenas y populares en Ecuador, que remontan a 1998 y que derrubaron nada menos que tres gobiernos neoliberales, resultaron en la elección de Rafael Correa y en su “Revolución Ciudadana”. Grandes e intermitentes rebeliones democráticas y populares en Bolivia, las cuales interrumpieron dos gobiernos neoliberales, hicieron posible el surgimiento de Evo Morales y de su programa de buen vivir. De estos tres países, la Venezuela chavista cumplió el papel más destacado al lanzar el proyecto bolivariano ALBA, que pretendía inicialmente impulsionar la segunda independencia de nuestro continente. De allí, las constantes referencias al libertador Simón Bolivar.
    c. El social-liberalismo brasileño. Cabe colocar en esta categoría los gobiernos de Mujica en Uruguay y de los Kirchner en Argentina. Todavía, el PT en Brasil es el caso más propicio para designar el social-liberalismo.
    Los gobiernos de Lula se diferenciaban del neoliberalismo, principalmente, porque el Partido de los Trabajadores fué una herramienta construida por los propios trabajadores. Su llegada al gobierno constituye un hecho inédito en el país, dirigido hasta aquel momento exclusivamente por fuerzas genuínamente burguesas. El apoyo era masivo, tanto del pueblo como de la clase media. Lula obtuvo casi dos tercios de los votos en el segundo turno de 2002 y terminó su mandato con una aceptación de 87%. Sin embargo, su gobierno no produció ninguna modificación estructural relevante, dando seguimiento a los mismo planes económicos de FHC (presidente de Brasil entre 1995 y 2002) adaptado a una nueva situación mundial en los años 2000.

Nuestras posiciones delante de estos tres gobiernos fueron: oposición instransigente a los gobiernos neoliberales clásicos; frente único anti-imperialista con los procesos nacionalistas radicales; oposición al social-liberalismo.

Nuestra intervención frente a los procesos nacionalistas radicales se justifica por ser gobiernos anti-imperialistas, producto directo de movilizaciones populares. Se trataba de bonapartismos sui generis, donde había espacio para empujarlos a la izquierda, por desgarrarse de la órbita diplomática del imperialismo. Las exropiaciones y nacionalizaciones hechas por Chávez y Morales y la auditoría de la deuda hecha por Correa demuestran que eran procesos abiertos. Ecuador, Bolivia y Venezuela se conformaban como Estados relativamente independientes en el juego internacional, que admitían disputas.

Brasil, con los gobiernos del PT, por el contrario, nunca fué antiimperialista. Lo que veremos más detalladamente es que Brasil se fortaleció internacionalmente con su papel sub-imperialista regional, aprovechando el retroceso en la dominación de EEUU, pero sin romper en ningún momento las relaciones con este. Algunas posiciones diplomáticas brasileñas pueden haberse diferenciado de la total servidumbre de la diplomacía de FHC al imperialismo. Pero fueron posiciones que buscaban desarrollar el sub-imperialismo brasileño y hacer un amortiguador para evitar que se desarrollasen los procesos bolivarianos como quería Chavez. En ese sentido, el social-liberalismo fué instrumento político del imperio.

La lucha contra el imperialismo y un falso campismo

Aquí, cabe hacer un paréntesis para tratar del falso campismo que subyace algunos análisis que hemos visto en algunos sectores de la vanguardia en el continente latino americano. El problema colocado para los marxistas, los cuales no queremos ser marginales y disputar el movimiento de masas, no reside en la coyuntura actual. La peor actitud que podríamos tomar es quedar atados a Lula. También tenemos un problema en Venezuela, pero este es mucho menor, porque es posible reivindicar el chavismo una vez que el proceso bolivariano y el lulismo no son nada parecidos. Como ya mencionamos, en Venezuela hubo una ruptura política con la burguesía, la cual también significó una ruptura parcialmente económica. Chavez aspiraba a una “Patria Grande” igualitaria. Lula no. Lula se alió desde el inicio de su gobierno a la gran burguesía y al partido relevante más podrido del régimen político, el PMDB, la “pandilla partidaria” que ahora quiere remover al PT de la presidencia, para asumir el timón en su lugar. Un contraste enorme con la audacia de Chavez, el cual recurrió a la presión popular a su favor para modificar la constitución y tener bases para gobernar. Por lo tanto, nada que ver una cosa con la otra, nad que ver Chavez con Lula.

La cuestión clave para los marxistas en esta nueva situación latino americana y, en particular, en Brasil, es saber trazar la línea divisoria esencial que divide el pueblo trabajador de un lado y la gran burguesía y el imperialismo del otro. Y no va a ser con una política campista que podremos hacer esta distinción fundamental, porque el elemento evidente es que no hay ningún sector de la superestructura política que esté dispuesto a enfrentar el imperialismo y tampoco movilizar las masas para esto. Si lo hubiese, cabería pensar en una política de unidad de acción o de frente única anti-imperialista. Pero como no la hay, lo necesario es crear un tercer campo. Y no va a ser enganchándose al gobierno de Lula y de Dilma, los Honecker de América Latina, para decir de forma caricaturesca, que vamos a lograr construir y fortalecer un tercer campo.
Por otro lado, percibimos que se está agitando demás el problema del imperialismo que viene avasalladoramente para terminar con los regímenes progresistas. Esta es la forma como dicen en Brasil de “golpe pro imperialista”, ocultando la tendencia marcadamente reaccionaria de esta política defensista. En ninguna hipótesis podemos dejar de reconocer que el imperialismo siempre va a ser nuestro enemigo. Pero si la ofensiva es tan grande, ¿por qué los que se anuncian como grandes anti-imperialistas del continente no denuncian el acuerdo de Raul Castro con Obama? Ésta debería ser la gran agitación de los sectores que repercuten este racionamiento, siendo que sería por Cuba que el imperialismo estaría entrando. Pero lo que vemos es un profundo silencio de estos sectores que hacen “el mutis por el foro”, para una jerga teatral en castellano.

Nuestra propuesta es que la lucha contra el imperialismo solo será hecha consecuentemente por el movimiento de masas y los nuevos procesos que están en maduración.

2- ¿Los gobiernos petistas fueron neosarrolismo progresista o social neoliberalismo con fuertes componentes sub-imperialistas?

Aún candidato en 2002, con la justificativa de bloquear un posible “terrorismo” de los rentistas durante la elección, Lula firmó la “Carta al pueblo brasileño”, un documento que aseguraba a los dichos “mercados financieros” que Lula respetaría todos los contratos vigentes (o sea, pagaría religiosamente cada centavo de la deuda y rechazaría una posible auditoría), además de mantener intactos los rasgos básicos de la política ortodoxa neoliberal: cambio liberalizado, control rígido de la inflación y superávit para pagar los intereses a los prestamistas. Podría ser mejor llamarla de “Carta a los Banqueros”.

Henrique Meirelles, un economista afiliado al PSDB y que fué director de la matriz del Bank of Boston en EEUU (algo mucho mayor que Bank of Boston de Brasil), fué escogido para encargarse del Banco Central y cuidar de las políticas monetarias.

Lula pagó la deuda con el FMI (intereses de 4%), cambiando por una deuda interna escandalosa y creciente (intereses de 19%). Además, los intereses practicados en Brasil se mantuvieron todos estos años entro los mayores del mundo, lo que explica los records de lucros del sector financiero. Entre 2002 y 2010, los lucros de los nueve bancos brasileños más grandes fueron al rededor de 200 mil millones de reales.

Para comparar, recordamos que durante los ocho años de gobiernos neoliberales de FHC, dichos lucros totalizaron algo en torno de 40 mil millones de reales (valores ya corregidos). O sea, ¡los bancos lucraron cinco veces más durante el periodo lulista!

Otro sector beneficiado por los gobiernos petistas fueron las mega constructoras. Se trata del poder más fuerte del capitalismo brasilero en las últimas décadas. No hay ningún partido grande en el país que no sea abastecido por los cofres de la Odebrecht, Camargo Correa, Andrade Gutierres, OAS, etc. No hay escándalo de corrupción en que estas no esten envueltas (desde los esquemas de Collor de Melo hasta la Lava Jato). Todo retribuido con numerosos contratos con el Estado para la edificación de obras casi siempre sobre-facturadas. Lula reforzó esta alianza de la partidocracia con las mega constructoras.

Se asumió como embajador de estas, incluso después de salir de la presidencia. En cierta oportunidad, Emilio Odebrecht saludó públicamente a Lula como “mi jefe”. Fué decisivo el oxígeno financiero dado por los bancos estatales (BNDES, Banco do Brasil y Caixa Económica Federal).

Trataremos de esto a continuación. Importa saber que la Odebrecht desde 2003 aumentó sus lucros en 20 veces. La Queiroz Galvão aumentó dos veces y media. La Camargo Correa cinco veces. La Andrade Gutierrez duplicó su tamaño. La tercera franja burguesa premiada durante los gobiernos petistas fueron los ruralistas. Ya en 2003, el ministerio de Agricultura fue cedido a Roberto Rodriguez, un cuadro de los grandes agricultores. Es una de las mayores mentiras del mundo que Lula hizo la reforma agraria. Vale la pena comparar: FHC desapropió 3500 latifundios; Lula desapropió casi 2000 latifundios; Dilma llegó a 100 esta semana. Sí, ¡Dilma desapropió 35 veces menos inmuebles rurales que FHC! Sin contar que hasta hace pocos días Dilma llegó a casi dos años sin firmar decretos de despropiación. El promedio de familias asentadas por año de FHC fué de 65 mil; el de Dilma es de 26 mil. En el gobierno de Dilma, el presupuesto para los empresarios rurales es siete veces mayor que el presupueto para agricultura familiar, la cual produce la mayor parte de los alimentos de los brasileños. La única mejora real para el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra fué una mayor estabilidad en los asentamientos, a cambio de la disminución del número de ocupaciones. Pero estos asentamientos se convirtieron, con la precariedad de inversiones, en verdaderas “Asignaciones de pobreza” en el campo.

Por otro lado, los ruralistas pudieron desarrollar libremente, con el auxilio financiero del Estado, la “revolución verde” capitalista. El rendimiento de la producción de maíz aumentó en 200% por hectárea aproximadamente, gracias al uso de la semilla transgénica introducida ilegalmente con la RoundUp Ready de Monsanto en Rio Grande do Sul y extendido a todos los estados sojeros que van desde Pará, pasando por Roraima hasta Mato Grosso do Sul. La producción sojera, dinamizada desde FHC, tuvo en Lula un salto expresivo: de 2003 a 2013, las plantaciones de soja pasaron de 18 millones de hectáreas para 27 millones de hectáreas, llegando al segundo puesto como productor de soja del mundo, con la feta de un tercio del mercado mundial.

Las empresas brasileñas dominaron la medialuna boliviana con soja. Solamente el grupo brasileño Mónica Norte detenía 8% del área donde la soja boliviana es cultivada. En Paraguay, los sojeros brasileños dominaron más del 80% de la producción de soja en el país. Lo que explica el silencio de Lula es el centrismo del gobierno Dilma frente al golpe parlamentar que derrubó Fernando Lugo, en la medida en que los conflictos por la tierra afectaban los “sojeros brasiguayos”. El mayor ejemplo de latifundiario que apoyó el golpe de 2012 es Tranquilo Favero, un brasilero que ganó tierras de la dictadura Stroesnner y se convirtió en el mayor productor de granos del país.

Respecto a la agroindustria, Lula nombró como ministro de Desarrollo Industrial a Luiz Fernando Furlan, dueño de Sadia, antigua productora de pollos. En 2009, en medio a la falencia Sadia, el BNDES prestó 400 millones de reales para que su mayor competidor (Perdigao) se fusione a Sadia, dejando para Furlan un tercio de esta nueva gigante mundial de alimentos, la BrasilFoods. Casi la mitad de la exportación de carne de pollo en el país es realizada por la BrasilFoods, que tiene una ganacia anual que sobrepasa los 25 mil millones de reales, expandiéndose por países del mundo entero (Argentina, China, Singapur, Tailandia, Qatar, etc.)

Otro ejemplo de grupo agroindustrial contemplado por la política de los gobiernos petistas de formación de grandes monopolios es la JBS-Friboi, la mayor procesadora de carne del mundo. Desde Lula, el BNDES ya prestó más de 10 mil millones de reales para que la Friboi compre todos los medianos y pequeños criadores de ganado del país, controlando las principales etapas de la cadena productiva de carne. En 2014, la empresa alcanzó 120 mil millones de reales en facturamiento (el mayor del país en todos los sectores) y 11 mil millones de reales en lucros líquidos. Algo asombroso para una empresa que en 2004 tenía un facturamiento de 4 mil millones de reales. ¡En diez años, la Friboi aumentó de tamaño en 30 veces!

El capitalismo minero también tuvo motivos para sonreir con el gobierno Lula. La empresa minera Vale, privatizada durante el gobierno FHC, se agigantó a tal punto que se transformó en la segunda mayor productora de hierro del mundo, llegando a un valor de mercado de 110 mil millones de reales hasta el acontecimiento del “desastre” de Mariana. Tod esto gracias al auxilio de los bancos estatales en la era lulista, los cuales anabolizaron los capitales de la empresa, además de financiar la gran usina de Belo Monte, proporcionando energía para la Vale a precios ridículos.

Como último ejemplo de franja burguesa beneficiada por Lula encontramos Eike Batista, dueño de la petrolera OGX. Más de 10 mil millones de reales provenientes del BNDES y de la CEF irrigaron la construcción del imperio de Eike, que salió a comprar pozos de petroleo en Brasil y por el mundo, mientras vendía sus papeles en la bolsa con informaciones mentirosas respecto de su capacidad de producir. Hasta que sus fraudes especulativos fueron descubiertos y su riqueza se evaporase, Eike Batista acumuló “de la nada” (su padre fué un burócrata con influyentes relaciones en el capitalismo energético, lo que siempre dejó la sospecha de que Eike disponía de informaciones privilegiadas sobre oportunidades de negocios) un patrimonio de 34 mil millones de dólares.

Como es posible notar, los bancos estatales brasileños aportaron capitales par que empresas nacionales se convirtiesen en vehículos de transmisión del sub imperialismo brasileño. Brasil intentó insertarse como sub-potencia en el espacio abierto por la derrota de los EEUU durante la caida del ALCA, en la cual Brasil tuvo un papel clave, no para incentivar las aspiraciones bolivarianistas de Chavez, sino para posibilitar un espacio a la concentración faraónica de los capitales brasileños.
La Odebrecht recibió mil millones de reales en créditos del BNDES para reformar el puerto de Mariel en Cuba. La misma constructora recibió 750 millones de reales para realizar obras en el metro de Caracas. Otros 2 mil millones de reales serían concedidos para que la Odebrecht construya una hidroeléctrica en Angola. La mega constructora Andrade Gutierrez recibió 320 millones de dólares para obras de infra-estructura en Mozambique. En total, se estima que el BNDES entregó 40 mil millones de reales para que grandes grupos privados pudiesen competir globalmente.

En el sector financiero, el sub-imperialismo también florece. El Itaú ya tiene casi un sexto de las ganancias provenientes del exterior, actuando en 27 países. La meta es para llegar a un quinto hasta 2020. En 2014, prestó más de 110 millones de dólares para Telefónia colombiana. En el mismo año aportó más de 600 millones de dólares para la Advent International Plc, com sede em Londres. O banco ya es el cuarto banco privado más grande en Chile, el tercero en Uruguay y el primero en Paraguay en volumen de negocios (de los 700 mil paraguayos con cuenta, 300 mil se concentran en el Itaú Paraguay).

Quinto mayor banco privado del país, el banco Safra es el mayor en activos financieros (algo en orno de 150 mil millones de reales). Especializado en gestionar grandes fortunas, Safra tiene sus principales bases en la Suiza y Nueva York. Su red de bancos internacionales administran más de 200 mil millones de dólares. Se estima que el dueño, Joseph Safra, es el segundo hombre más rico de Brasil, con un patrimonio evaluado en 18 mil millones de dólares, lo que lo convierte el banquero más rico del mundo. Su patrimonio antes de la crisis de 2007 era de un valor de 6 mil millones de dólares. Hoy, es investigado por la justicia por el pago de propinas en 15 millones de reales para fraudar el fisco con cerca de 1,5 mil millones de reales.

Del punto de vista geopolítico del sub-imperialismo, Lula disputó el liderazgo de América del Sur con Chavez. Fué un verdadero amortiguador de los enfrentamientos de los nacionalismos radicales con la burguesia brasileña (véase Odebrecht en Ecuador en 2008). Desacelerando el ALBA, secundarizando el Banco del Sur, enfrentando los movimientos sociales o tratando de contenerlos como ejemplo de lo que sucedió en Bolivia, Lula hegemonizó el Cono Sur del continente. Estimuló la formación de la UNASur, es verdad, logrando una relativa independencia en relación a los EEUU. Sin embargo, en ningún momento Brasil se chocó frontalmente con la OEA, por ejemplo.

Pero, ¿como explicar esta transformación del PT? De partido obrero para aliado de primera hora de la Odebrecht, Friboi, Katia Abreu, etc. La base material para esta brutal transformación del PT se ubica en dos polos: de un lado no había un ascenso sustentado de los movimientos sociales cuando Lula fue elegido en 2002; por otro, el nucleo dirigente del PT estaba compuesto por una burocracia sindical que, a través de la administración de los fondos de pensión de empresas estatales privatizadas o semi-privatizadas en los años 90, crió relaciones orgánicas con la burguesía. La elite de la burocracia sindical brasileña se asoció irreversiblemente al capital financiero. Un ejemplo es el Previ, fondo de pensión del Banco de Brasil. Simplemente el mayor de Latino América y el 25° más grande del mundo, tiene un patrimonio estimado en 170 mil millones de reales. Su gestor hasta 2011 era el petista Sergio Rosa, egresado del Sindicato de Bancarios de São Paulo. De este sindicato salieron Luis Gushiken, Ricardo Berzoini, Antonio Palocci, João Vacari Netto: burócratas de la alta cúpula petista, ejemplos de gestores del fondo de pensión que se transformaron en hombres de proa en los gobiernos petistas.

De esta manera, se criaron relaciones orgánicas entre el sector más dinámico de la gran burguesía en estos años y la alta cúpula petista. Dirceu, inclusive después de ser condenado por el “Mensalão”, ganó 40 millones de reales en cuatro años, haciendo “asesoría” para grandes empresas. Palocci es un caso similar. Y el propio Lula también. Su instituto recibió aportes que totalizan 34 millones de reales de la Camargo Correa, Odebrecht, Queiroz Galvão, OAS, Friboi, Safra, Bradesco, Objetivo Educacional, Itaú, etc. Coincidentemente, las empresas que más lucraron en estos últimos 14 años. Si esto no fuese suficiente, la justicia demostró también su relación firme con Bumlai, uno de los mayores agropecuarios de Mato Grosso do Sul, que recibió 100 millones de reales del BNDES, y se hizo socio de los hijos de Lula, tuvo la idea de crear el Instituto, recogió fondos para el PT de forma sospechosa, etc.

3 – Una nueva situación de crisis económica latino-americana que obliga a una ofensiva económica permanente contra los trabajadores y el pueblo, y hace el gobierno petista aún más reaccionario.

  1. El avance de la crisis en Latino América y en Brasil

La elección de Macri pontúa la primera vista de un fortalecimiento del imperialismo en Latino América. De hecho, la crisis económica mundial colocó balizas en Latino América. La caída del precio de las materias primas, en virtud de la desaceleración china, castigó a los países del continente que no desarrollaron matrices productivas de alto valor agregado. En Venezuela, de cada 10 dólares venidos de afuera, 9 vienen de la venta de petróleo, commoditie cuyo precio real tuvo una desvalorización de 70% desde 2014. El impacto de esto en la economía resultó en un decrecimiento de 10% del PBI solo en el año pasado. Una situación de desabastecimientos constantes de productos básicos en los supermercados, precios desajustados, sabotaje empresarial, etc.

En Argentina, la expectativa para este año es de una recesión de 1% del PBI. En los dos primeros meses de este año, 110 mil trabajadores perdieron el trabajo, siendo que 80% están en el sector de la construcción civil, paralizado desde junio del año pasado por falta de pago por parte del Estado. Desde 2009, Argentina alcanzó su primer déficit comercial en 2015, por razón de un descenso de 16% del valor de sus exportaciones. Ya en Brasil, la recesión entra en su segundo año seguido. La expectativa es que el PBI disminuya en 3,8% este año. La desocupación se elevó de 7% para 9,5% en solo un año. La caida en la renda de los trabajadores en el último trimestre sobrepasa 2,5%.

En suma, la contracción del mercado mundial y el agotamiento del endeudamiento interno que impulsionaba el consumo de las masas, golpearon el modelo lulista del llamado modelo “gana-gana”: lucros astronómicos para los capitalistas, alguna valorización real de los salarios, bajos niveles de desocupación. El número de familias miserables (renda per cápita por bajo de 70 reales) viene aumentando desde 2013, después de un expresivo retroceso en la década pasada (en Brasil, el gobierno considera como clase media una familia que recibe de uno a dos salarios mínimos, lo que es un anzuelo, teniendo en cuenta que lo mínimo constitucional para la supervivencia decente de una familia es el doble de eso).

  1. Al reflujo económico, debemos sumar el agotamiento de los proyectos bolivarianos en el continente, acentuado con la muerte de su principal lícer carismático Hugo Chavez en 2013. Su sustituto en Venezuela, Nicolás Maduro, representó una profundización de la burocratización: los desfalcos nunca fueron tan desvergonzadamente grandes. La ascensión de una boliburguesía, casta parasitaria de la renda petrolera, no fue incomodada por Maduro. En el medio del caos social y de intentos sucesivos de la burguesía pro-imperialista de derrubarlo, su gobierno amarga una reprobacion de casi 70%. En Bolivia y en Ecuador, ocurre lo mismo. Evo acaba de sufrir una derrota ajustada en un referendum que consultaba a la población sobre la posibilidad de una reelección más del lider cocalero. Casos de corrupción impunes también cobran su precio en tierras bolivianas. Ya en Ecuador, Rafael Corea es el menos desgastado (aprovación de 60%, según encuestas recientes). No obstante, desde 2015, Correa viene reforzando medidas económicas favorables al gran patronato, como amnistía de las deudas y una reforma que flexibiliza los derechos laborales. Los procesos que no avancan, inevitablemente retroceden, por culpa de las castas burocráticas. Lo que redunda en el crecimiento de la derecha neoliberal clásica en estos países.

Pero lo esencial de la coyuntura es que la crisis hace que todos ajusten la economía en beneficio de las elites y restrinjan las concesiones acordadas en los últimos años.

Esto contribuyó para que haya más luchas. En Argentina, las huelgas toman el país desde que Macri entró a la Casa Rosada y en el último 24 de marzo masivas marchas contra la presencia de Obama sacudió el país. En Brasil, el número de paralizaciones y piquetes aumentan cada año, las fuerzas que irrumpieron en junio de 2013 aun crecen bruscamente (primavera de las mujeres, levante de los secundarios, paro de los profesores, ocupaciones del MTST, etc).

En Chile, los estudiantes se mantienen movilizados permanentemente para hacer caer el modelo educacional de Pinochet y los trabajadores intentan derrotar la implementación del Tratado del Pacífico. En Guatemala, la población derrocó un presidente corrupto y genocida a fines del año pasado. En Parguay, los universitarios tomaron la Universidad de Asunción en 2015.

Se destaca Perú, en este sentido, donde hubo un levante de los jóvenes contra la corrupta Keiko Fujimori, candidata a presidente. El 5 de abril, más de 100 mil personas fueron a las calles del país a pedir la impugnación de la candidatura de Keiko, viendo que otros candidatos sufrieron esta sanción practicando los mismo delitos de la hija del ex-dictador Fujimori. Al mismo tiempo, Veronika Mendoza, candidata del Frente Amplio (colisión de movimientos nacionalistas radicales), creció en la carrera electoral, a tal punto de estar muy cerca de ir al segundo turno.

Todo indica que América está lejos de encontrarse rendida. Lejos del “campismo”, lo que hay en realidad es mucha lucha de clases contra los gobiernos y las políticas del imperialismo.

Es muy difícil, para no decir impsible, que se vuelva al neoliberalismo de los 90. La nueva derecha es frágil, no tien la fuerza de aquella y esto tiene que ver también con el contexto mundial, donde ocurren muchos procesos que indican que el mundo no está yendo linearmente a la derecha, ella crece por las crisis de los regímenes bipartidistas, pero no creemos que sea este el factor dominante. Existen las nuevas mobilizaciones en Francia (ver los artículos en esta página), el país que se decía y utilizaba de ejemplo para decir que el mundo avanzaba en esta dirección.

Y para analizar más científicamente América Latina, no podemos olvidar la propia situación del imperialismo americano. Éste viene debilitándose en su hegemonía mundial. Este hecho sumado a la necesidad de no perder su dominio lo obligan a realizar diferentes pactos, como con Cuba y con Irán. Pero para no perder de vista lo que está pasando, es fundamental referenciarse en su situación interna (ver artículo en este portal).

La crisis entra en su propio interior y no con poca fuerza. Esto se expresa en las luchas del movimiento negro y de los inmigrantes y en la crisis mucho mayor de sus partidos en las elecciones primarias. En los republicanos, nadie del establishment dispone de votos. A pesar de que hoy sea posible una maniobra de la convención contra Trump, un multimillonario desquiciado que ahora dice que el muro con México debe ser construido con dinero mexicano, expropiando el dinero que los inmigrantes mandan a su país, lo que suma miles de millones de dólares. Además de él, está Ted Cruz, un exponente más coherente del Tea Party, la ultraderecha del partido.

Pero por el lado de los Demócratas es que las cosas son más interesantes. Un independiente socialista disputa con el clan Clinton. Y él ya ganó en los últimos seis estados, entre ellos Washington, cuya capital es Seattle, el mayor centro industrial moderno del país donde la concejal del Socialist Alternative (Kshama Sawant) se hizo famosa y fué reelecta defendiendo el salario mínimo de 15 dólares la hora, lo cual ya fué implementado también en Nueva York y California.

Sanders no es poca cosa. Además de atacar a los grandes empresarios como dueños de los partidos políticos por su financiamento, defiende pesados impuestos a los ricos y una revolución política para que los trabajadores y el pueblo puedan decidir los destinos del país y de las corporaciones. Defiende también el socialismo.

La situación está cambiando mucho en los EEUU, lo que afecta directamente la relación con los latino-americanos que con su inmigración para el norte van saltando también su patio y estableciendo relaciones diferentes. Como decía Trotsky, los EEUU concentran todas las contradicciones del mundo y directamente de Latino América.

  1. ¿El PT puede sacar a Brasil de la crisis y tener una política progresista?

No puede. Es el fin de un ciclo. En Brasil, vemos el fin de ciclo del PT. En junio d 2013, un levante juvenil y popular surgió en Brasil por fuera y muchas veces contra el PT y contra los demás partidos burgueses. La aceleracion de las luchas sociales en curso en el país viene sucediendo desde 2011 con el paulatino estancamiento económico de Brasil. El número de huelgas y paros viene aumentando sistemáticamente desde 2008.

Las direcciones sindicales gobernistas son atropelladas por la base huelga trás huelga. Un dirigente petista dió un discurso hace algunos días a la usina de VW en el ABC, lugar donde están las raízes sindicales de Lula, y recibió potentes gritos de rechazo al citar la necesidad de defender Dilma y el PT.

El PT, como uno de los principales vehículos del régimen político – y el principal junto a los sectores populares más organizados – se está derritiendo, perdiendo las bases y espacios, tanto social como electoralmente. La votación ya disminuida en varios centros obreros como São Bernardo y Contagem demostró la pérdida d espacio político entre los sectores más dinámicos del proletariado industrial. Otro dato fué la desafiliación de miles de petistas, la salida de parlamentares y de 11% de los intendentes electos por el partido en 2012. De 2009 a 2015, el número de afiliados del PT hasta 24 años cayó drásticamente de 94 mil para 38 mil.

Este fin de ciclo de dirección del PT se combina y explica en parte el desgaste del régimen democrático burgués surgido en las movilizaciones democráticas de 1984. La Nueva República se está pudriendo con las revelaciones diarias de la participación de los principales actores políticos en casos de corrpución. Casi ninguna fuerza política salió ilesa de la Lava Jato. PMDB, PT, PSDB, PP… Los partidos con las mayores bancas parlamentares vienen saqueando los cofres de la Petrobras en las últimas décadas.

La operación Lava Jato, más allá de que sea usada por la burguesía, tiene contradicciones y dinámicas propias que solo se explican por la crisis del régimen político brasileño y el golpe que significó sobre el mismo por la movilización de junio del 2013. Hay puntos en común con el proceso de Manos Limpias en Italia. Con la Lava Jato el pueblo vió directamente las relaciones orgánicas y sucias del capitalismo brasileño con el PT. Fueron presos los ejecutivos de las principales mega constructoras del país, entre ellos Marcelo Odebrecht, además del banquero dueño de la BTG Pactual. Las delaciones premiadas y los mandatos de búsqueda y aprensión de documentos descubrieron un sector de propinas para partidos funcionando al interior de la sede de la Odebrecht. Más de 200 políticos están envolvidos en el cuaderno de pagos ilegales de campaña. Y muchas otras delacioines de las mega constructoras están por venir en los próximos días. Por eso, toda la csata política, el sector petista y su gobierno, y el sector de Temer y la derecha, quieren terminar con la Lava Jato.

Como escribió Roberto Robaina en un texto reciente: “El derrumbe del PT fué nuestra caida del muro de Berlin. De esta forma, así como la caida del muro y el colapso del socialismo real provocaron una crisis en la conciencia de izquierda y un escenario mundial sin proyectos alternativos de ningún tipo al dominio del capital durante las últimas décadas del siglo XX, con el colapso del PT es innegable que la izquierda brasileña atraviesa y atravesará dificultades y obstáculos. Pero acá hay dos ventajas. La primera es la existencia, previa al colapso del PT, del PSOL. La segunda, aún más importante, es que Brasil no experimentó sólo estas desilusiones, sino que también uno de los mayores levantes juveniles y populares de los últimos 50 años: el levante de junio de 2013. Este levante fué la marca más importante del final del ciclo abierto con la fundación del PT y con la campaña de las elecciones directas ya. Y probablemente, de la apertura de un nuevo ciclo de recomposición de la izquierda y de las fuerzas anticapitalistas.”

Sintéticamente el régimen político está en una crisis de descomposición. Las castas políticas que controlan el régimen se transformaron en gerentes de las grandes corporaciones. Del lado del PT, se alinearon los bancos, mega constructoras relacionadas con la Petrobrás, el sector de minería y la agroindustria (los que más ganaron con el social-liberalismo sub-imperialista). Del lado de los tucanes (PSDB), se perfilaron la burguesía industrial y ahora la comercial. El caos provocado por la fuerza de junio y por la Lava Jato reforzó una tendencia de unificación de la burguesía. Pero la casta política toma su propia dinámica. Uno de los elementos esenciales que más caracterizan una crisis es eso: dinámicas centrífugas y no centrípetas. Esto es propio de las crisis. En este marco, quien habla de golpe ¿habla de defensa de democracia de los procedimientos democráticos? ¿De la actual democracia, que estamos cansados de saber que no tiene nada de democracia? El hecho es que en 2014, la casta representada por el PT y por Dilma precisó salir en defensa de un programa muy a la izquierda de lo que al PT le gustaría y podría implementar sin romper con la gran burguesía.

La mentira electoral se hizo evidente cuando Dilma anunció el ministerio con la presencia de un director del banco Bradesco en Hacienda, una latifundiaria favorable al trabajo esclavo en Agricultura, un corrupto especulador inmobiliario en el ministerio de las Ciudades, etc. Cortes y más cortes en los presupuestos de las áreas sociales se agregaban al montante intacto destinado al servicio de la deuda pública. Sobre eso, Dilma vetó la auditoría aprobada en el Congreso.

En paralelo a eso, en noviembre de 2014, la operación Lava Jato, que investigaba desvíos de la Petrobras, cambió de status al colocar por primera vez en la historia dueños de mega constructoras tras las rejas. El pánico se instauró por todo Brasilia. Cuarenta diputados y otros tantos senadores fueron indicados por el Ministerio Público. Hasta que el lider del gobierno en el Senado, Delcídio Amaral, fue descubierto intentando comprar el silencio de uno de los operadores del esquema. La delación premiada de Delcídio envolvió en el Petrolão a toda la casta política: Dilma, Lula, Eduardo Cunha, Michel Temer, Renan Calheiros, Aécio Neves, etc.

En marzo del 2015, la derecha se anticipó a la posible revuelta social que podría surgir de cualquier lugar y organizó los mayores actos de calle desde hace mucho tiempo, buscando canalizar la indignación de la clase media contra la corrupción del PT. Para eso, la Globo actuó pesadamente haciendo convocatorias explícitas. Las marchas aparateadas por pequeños grupos de derecha fueron siendo infladas, invirtiendo el sentido progresista de junio de 2013. Las marchas “coxinhas” son un simulacro de Junio.

Desde entonces, los ideólogos del oficialismo intentan construir la imagen de la Lava Jato como siendo una conspiración de la derecha para sustrair el gobierno del PT. Es obvio que se trata de una operación repleta de problemas. Es selectiva (blinda en la medida de lo posible el PSDB, al mismo tiempo que es rigurosa con el PT), atropella la propia legalidad burguesa para colocar a Lula en la mira, parte de la concepción que el principal culpable por la corrupción es el PT y no toda la casta política, etc.

Se trata de la justicia burguesa, no tenemos muchas ilusiones con la perfectibilidad de esta. Pero ¿qué revolucionario honesto puede negar la función progresista de encarcelar parte de la burguesía más poderosa del país? La Lava Jato comprueba todo lo que en los últimos años nos pasamos diciendo sobre la podredumbre intrínseca al capitalismo, que necesita de la corrupción para aceitar su funcionamiento en su fase decadente. Y ¿qué activista honesto puede negar que el PT aceptó ser parte de la casta y se revolcó irreversiblemente en un lógica turbia de fisiologismo y aparato? Es por eso que exigimos la continuidad de la Lava Jato y el fin de los blindajes a otros sectores de la casta. En el ámbito estructural, el social-liberalismo perdió sus condiciones materiales de existencia con la concretización de la crisis capitalista en Brasil. La retracción de la demanda china por nuestras materias prima, el alto endeudamiento de las familias y el consecuente agotamiento del consumo como el resorte propulsor del crecimiento del mercado interno (fin del crédito fácil para compra de productos línea blanca), bien como la falencia financiera del Estado (cada vez más parasitado por el rentismo) se conjugaron para terminar con los “bordes” de la torta que eran distribuidos a los más pobres. Hay un consenso económico en todos los sectores de la casta política: PT, PMDB y PSDB concuerdan con la necesidad de un ajuste neoliberal, que rebaje el valor de la fuerza de trabajo y garantice más “atractividad” para las inversiones extranjeras.

Y es eso lo que Dilma viene intentando hacer frustradamente. El congreso, hegemonizado por el PMDB de Cunha y Renan, impide la aprobación de las propuestas de Dilma (reforma de la previdencia es el caso más notable), incluso teniendo acuerdo con lo esencial de las medidas. Su rechazo de 70%, la desocupación de casi 10%, la caida industrial de 8% el año pasado, la operación Lava Jato, todo impide a Dilma tener una base estable para gobernar.

El juicio político es una maniobra de la burguesía (principalmente comercial e industrial, debilitada por la crisis) para remover al PT y colocar otra parte de la casta política en el comando. El PMDB abandonó el barco del PT, después de percibir que el gobierno no tenía más fuerza para sofocar la Lava Jato y para aplicar el ajuste económico. Prefieren a Temer de una vez en el timón de la presidencia. Esta es la esencia del juicio político: años de negocios comunes entre PT y PMDB terminaron. El PT está siendo tratado por la burguesía como un limón exprimido que ya no sirve más.

Del otro lado, el pueblo y los trabajadores ya no quieren saber más del PT. Como explicamos anteriormente, el lulismo ya no convence a las masas como antes. El número de electores que dicen que jamás votarán a Lula creción para 55%. 70% de la población quiere el juicio político de Dilma, porque creen que ella es “mentirosa”, “protege corruptos”, “incompetente”, etc.

5- ¿Cómo derrotar el juicio político?

El punto central sobre la discusión “juicio político x golpe” es qué democracia defendemos. ¿Nosotros defendemos esta democracia que permite el dominio de una casta política o una democracia real?

No tenemos dudas de que el juicio político precisa ser derrotado. Es una salida reaccionaria que intentará destruir aún más lo que resta de los derechos sociales y que dará cobertura para los implicados en la Lava Jato. El juicio político posibilitará que Temer (también investigado por la Lava Jato y con 1% de preferencia electoral) aplique una variante aún peor del ajuste del gobierno actual. El “Puente para el Futuro” (programa del PMDB para la salida de la crisis) fue elaborada por la nata de los economistas burgueses del país. En seguida, el PT y la oposición de derecha no se diferencian en lo esencial. Ambos quieren el ajuste. Ambos quieren ahogar las investigaciones sobre corrupción.

Por eso, ambos están en el mismo campo si el critero es la lucha de clases. Venza quien venza esta cinchada, ninguna fortuna pagará impuestos, la desocupación continuará alta (ejército de reserva baja los salarios), la tierra no será distribuida, la vivienda continuará siendo un mero derecho formal. Por eso, denunciamos el impeachment como una maniobra reaccionaria de las elites.

Pero es equivocado afirmar que el juicio político es un golpe contra el Estado Democrático de Derechos. La libertad de progapanda y agitación de los movimientos sociales continuará en riesgo con el PMDB o con el PT (que acaba, inclusive, de aprobar una ley que abre espacio para criminalizar manifestantes como terroristas). Si el Estado Democrático de Derechos brasileño apenas concedió miserables derechos por la fuerza de la lucha independiente de los trabajadores, no fue porque quería, ni por su naturaleza. Defender estas consquistas no es la misma cosa que defenderlo. Es más, defenderlo en abstracto ayuda objetivamente a perder esas conquistas. El debate en la izquierda brasileña y, por lo tanto, también dentro del PSOL es de como derrotar el juicio político, no un golpe.

“Defender la democracia” en abstracto es funcional solo para la casta política del PT. El desembarque del PMDB del gobierno hizo que el PT tuviera que reaglutinar su base social en torno del fantasma del golpe de Estado, causando propositalmente confusiones en la vanguardia de los movimientos sociales.

Como bien observa Bernardo Correa, el PT “coloca una cortina de miedo para insinuar que la derrota coyuntural de su gobierno, ya sin esperanza a los ojos del pueblo, es una derrota estratégica, con un cambio de régimen y una dinámica de restricción de las libertades democráticas, como en 1964. Sin embargo, en el piso de arriba, para intentar salvarse, Dilma ofrece ministerios al PR, PSD y PP (este último es sinónimo de corrupción en todo el país y es heredero directo del partido oficial de la dictadura militar, la ARENA). ¡Dos ministerios para cada uno de estos partidos! Como Perón, en su comparación del poder al violín, el PT toma el poder con la izquierda y toca con la derecha”.

Dentro del PSOL, lamentablemente hay sectores que son remolcados por el oficialismo. Van a los actos dirigidos por el PT y movimientos satélite, “en nombre de la legalidad”. Defienden, incluso con vergüenza, la tesis de “defender el gobierno menos peor”. Adoptan la tesis de los dos campos. Lo que pasa es que como explicamos, no hay dos campos, por el criterio de la lucha de clases.

El otro ala del PSOL, cuya principal figura es Luciana Genro, defiende la propuesta de elecciones generales para desplazar el poder de los acuerdos entre cuatro paredes para las calles. Elecciones generales aumentarán las chances de politizar más aún la población. Además de eso, tendremos una posibilidad de intervenir en el desastre de la casta política, presentando una alternativa efectivamente de izquierda.

Del punto de vista del PSOL, defender elecciones generales tiene mucho más sentido, si consideramos que en octubre habrá elecciones municipales, donde nuestro partido compite con chances reales en tres capitales (Rio de Janeiro con Freixo, Belém con Edimilson, Porto Alegre con Luciana) y con potencial de crecimiento en otras (Fortaleza con Roseno, São Paulo con Erundina, Niteroi con Flavio, etc.). Sería un crimen político que el PSOL, que siempre tuvo como signo ser una alternativa a la derecha y al PT, se abrace y quede pegado al petismo en su crisis. El PSOL necesita afirmarse sin titubear como tercer campo.

A los que argumentan que nuevas elecciones le hace el juego a la derecha, es necesario mostrar los datos de la última encuesta electoral. El fascistoide Bolsonaro crece, pero no al punto de ser una alternativa de poder. Alcanza como máximo 7% de intención de voto y tiene un rechazo altísimo si se compara con Luciana Genro, por ejemplo. Tanto el PT como el PSDB continuan electoralmente con sus chances, más allá que la favorita (por no haber sido afectada por la Lava Jato) es Marina Silva y el partido Rede con 24% de las intenciones de voto. Después de ella, la cuarta alternativa electoral burguesa es Ciro Gomes, un oligarca cearense que agita para las bases del oficialismo. Ciro empata con Bolsonaro en las encuestas, con 7%. Por fin, tenemos Luciana Genro, que ya puntúa con 3% en todos los escenarios y ya alcanza 7% entre jóvenes de 16 a 24 años (no siendo por coincidencia, donde la desocupación es más masiva, 20%), en determinados escenarios.

6- Cambia, todo cambia… La coyuntura en evolución. Elecciones generales ganan fuerza.

Mientra este texto está siendo escrito, vale la pena recordar la frase de la mejor cantante y compositora americana Mercedes Sosa. Si, “todo cambia” en medio de la crisis. Gobierno y Temer se matan por votos contra y a favor del impeachment. El “balcón de negocios” dentro del congreso funciona a todo vapor. Lula organiza actos de calle “a favor de la democracia” para presionar los parlamentares a continuar con Dilma. La derecha también hace convocatorias. (Es útil citar que los manifestantes pro e contra el juicio político se ubican en franjas de renda e instrucción bastante semejantes, con algunas diferencias, pero que en general los colocan en perfiles de remuneración y escolaridad muy por arriba del promedio).

Al mismo tiempo, el Superior Tribunal de Justiça (corte suprema) obliga a Cunha a dar continuidad al proceso de juicio político de Temer. La situación evoluciona de forma rápida. Ya hay un bloque de senadores pidiendo elecciones generales para todos los cargos inclusive del parlamento, y hasta el presidente del PMDB comenzó a pensar en esa salida. Sectores de la burguesía (Folha de SP, Renan Calheiros) comienzan a abandonar a Temer, frente a su impopularidad y a los riesgos de respuesta explosiva en las calles que el defenestramiento de Dilma podría provocar. Pasaron a defender elecciones generales, como una posible solución para la crisis. Una encuesta reciente demostró que 55% de los brasileños prefieren nuevas elecciones en vez de Temer. Por eso, la tendencia del juicio político disminuyó en los últimos días, pero aún es grande la posibilidad de que ocurra. De cualquier forma, es necesario reafirmar la propuesta de elecciones generales para oponerse al ajuste que vendrá sea con Dilma o con Temer. Elecciones generales en este contexto significa retirar la decisión política de las manos de la casta y entregarla al pueblo.

La Rede, el partido político de Marina Silva, también se pronunció por esta salida.

En el medio de la crisis, consecuencia de las investigaciones de la Lava Jato, las figuras políticas caen como fichas de dominó y el repudio en el pueblo crece. Las luchas sociales están aconteciendo. Ahora en Rio de Janeiro hay una gran huelga de profesores con alumnos apoyados por los padres ocupando las escuelas. El miedo de las castas de que Brasil pueda ser como Islandia apareció. En el cierre de este artículo, manifestaciones de centenas de miles de personas en Islandia bajaron al gobierno. El motiva era el nombre del presidente en la lista de los gobernantes con offshores en Panamá.

Los Panamá Pappers, que también alcanzan a políticos brasileños, deberá provocar muchas conmociones en gobiernos de todo el mundo. Putin, Macri, Xi Jinping, Cameron, el presidente de la FIFA, en conclusión, centenas de figuras importantes en el escenario internacional están en este escándalo.

El futuro aún es incierto sobre cómo terminará siendo la salida inmediata: si impeachment con Temer en el gobierno, Dilma siguiendo en el gobierno, o tal vez si la crisis se agudiza más, con elecciones generales. Las dos primeras no harán más que profundizar la crisis. Más ajustes, más medidas contra el pueblo y más miseria para el mismo, ahogando la Lava Jato y restringiendo las libertades democráticas.

Las elecciones permitirán que el pueblo se politice e intervenga, facilitando la creación de un tercer campo que se transforme en una alternativa de medio plazo para la crisis, de manera que abra un nuevo ciclo diferente a este que termina. Por eso estamos del lado de la democracia real. Elecciones generales para que el pueblo decida…

Ubicarse bien en Brasil es crucial también para los rumbos del continente.

Notas sobre el Campismo

El Campismo fue una teoría muy influyente entre porciones de la izquierda mundial (destacadamente entre los stalinistas) durante el siglo XX, durante la Guerra Fría. Defendía que el mundo estaba dividido en dos mitades. Una socialista y la otra capitalista. Y los Estados en la esfera del campo socialista merecerían apoyos incondicionales y acríticos, olvidando la lucha de clases que podría haber y que había en el interior de esos países, y la política de coexistencia pacífica con el imperialismo.

Ahora esta teoría está siendo recreada en América Latina, en momentos en que los gobiernos nacionalistas radicales tienen sus crisis internas, las cuales no podemos ignorar, en nombre de la lucha contra el imperialismo. Así se defiende incondicionalmente a Irán, a China o el nuevo pael imperialista en la región que desempeña Putin, porque tiene roces relevantes con el imperialismo de los EEUU. Junto con este, el caso más patético es evidentemente el de Brasil, que abordamos más extensamente en este artículo, para demostrar el mal que hace esta política para la lucha de clases en el país y la propia lucha contra el imperialismo, al atarla a un supuesto campo progresista. Esperemos que este artículo sirva para eso.

 

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PORTUGUÊS

Perguntas com respostas sobre o Brasil para os latino-americanos

 

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2003. Ruptura com o PT, a primeira semente para a fundação do PSOL. 

O Brasil atravessa a maior crise política e econômica desde a redemocratização nos anos 80. Logo, é natural que muitos companheiros
anti-imperialistas do nosso continente estejam com muitas dúvidas a
respeito da situação brasileira.

A probabilidade de confusões aumenta, se levarmos em conta que no PSOL (maior partido da oposição de esquerda) coexistem hoje dois posicionamentos públicos. Um deles fica a reboque da narrativa do governo e considera o impeachment de Dilma Rousseff um “golpe contra a institucionalidade e a democracia”. Assim, esses setores participam das iniciativas e mobilizações dirigidas pelo PT.

Do nosso lado, o MES através de Luciana Genro e outras correntes do PSOL enxergamos que, a melhor saída para se contrapor a crise e ao impeachment, que é uma manobra reacionária, são “novas
eleições gerais”.

Tentaremos, nas próximas linhas, desenvolver um pouco mais esses temas. Buscaremos dimensionar as diferenças políticas que temos no
Brasil com um setor da vanguarda confuso que segue a reboque da velha
superestrutura do PT, o que ocasiona graves efeitos em toda a América
Latina onde há numerosos setores que definem a Lula como “progressista” e “inimigo do imperialismo”. Para tanto,
elaboramos perguntas essenciais e almejamos respondê-las:

1.      Podemos comparar o Brasil do PT com o a Venezuela de Chávez, a
Bolívia de Evo e o Equador de Correa? Qual o papel desempenhado pelo
Brasil na América Latina?

De saída, afirmamos: o Brasil é diferente. Durante o auge do
processo bolivariano, construímos um esquema didático que explicava a
América Latina em três tipos de governos. Vamos expô-lo a seguir, uma
vez que continuam úteis para nos referenciarmos neste momento.

a).      Governos neoliberais clássicos – As burguesias pró-imperialistas
exercem diretamente o poder. Alguns dos exemplos mais típicos: Álvaro
Uribe na Colômbia, Sebastián Piñera no Chile, Felipe Calderón e os
governos do PRI no México (os quais reforçaram a dependência
semicolonial do país, operando a instalação do NAFTA), Martín Torrijos
no Panamá, Tony Saca em El Salvador, Óscar Berger na Guatemala, etc.

  1.     Governos nacionalistas radicais: Setores pequeno-burgueses
    nacionalistas governam enfrentando a burguesia neoliberal dominante
    até um ponto de ruptura. Profundas mudanças estruturais nos regimes
    políticos são realizadas, mediante assembleias constituintes,
    assegurando maior participação popular nos processos políticos. Para
    entender como esses governos foram possíveis, é preciso ter em mente
    que eles foram resultados diretos de agudas mobilizações
    revolucionárias.

O Caracazo de 1989 e a derrota do golpe de 2002
explicam a instauração e radicalização do chavismo. Os levantes
indígenas e populares no Equador, que remontam ao 1998 e que
derrubaram nada menos do que três governos neoliberais, resultaram na
eleição de Rafael Correa e na sua “revolução cidadã”. Grandes e
intermitentes rebeliões democráticas e populares na Bolívia, as quais
interromperam dois governos neoliberais, tornaram possível a
emergência de Evo Morales e de seu programa de “buen vivir”. Destes
três países, a Venezuela chavista cumpriu o papel mais proeminente ao
lançar o projeto bolivariano ALBA, que pretendia inicialmente
impulsionar a segunda independência do nosso continente. Daí as
constantes referências ao libertador Simón Bolívar.

c).      O social-liberalismo brasileiro – É cabível colocar nesta categoria
os governos de Mujica no Uruguai e dos Kirchner na Argentina. Todavia,
o Brasil do PT é o caso mais propício para designar o
social-liberalismo.

Os governos Lula se diferenciavam do neoliberalismo, principalmente
porque o Partido dos Trabalhadores foi uma ferramenta construída pelos
próprios trabalhadores. Sua chegada ao governo constituiu um feito
inédito no país dirigido até então exclusivamente por forças
genuinamente burguesas. Seu apoio era massivo, tanto do povo quanto
das classes médias. Lula obteve quase dois terços dos votos no segundo
turno de 2002 e terminou seu mandato com uma popularidade de 87%.
Entretanto, o seu governo não produziu nenhuma modificação estrutural
relevante, dando prosseguimento aos mesmos planos econômicos de FHC
adaptados a uma nova situação mundial nos anos 2000.

Nossas posições diante destes três governos foram: oposição
intransigente aos governos neoliberais clássicos; frente único
anti-imperialista com os processos nacionalistas radicais; oposição ao
social-liberalismo.

A nossa intervenção perante os processos nacionalistas radicais
justifica-se por serem governos antiimperialistas, produto direto de
mobilizações populares. Tratavam-se de bonapartismos sui generis, onde
havia espaço para empurrá-los à esquerda, por se desgarrarem da órbita
diplomática do imperialismo. As expropriações e nacionalizações feitas
por Chávez e Morales, a auditoria da dívida feita por Correa,
demonstram que eram processos em aberto. Equador, Bolívia e Venezuela
se conformavam como Estados relativamente independentes no jogo
internacional, que admtiam disputas.

O Brasil petista, pelo contrário, nunca foi antiimperialista. O que
veremos mais detalhadamente a seguir é que o Brasil fortaleceu-se
internacionalmente com seu papel sub-imperialista regional,
aproveitando o recuo de EUA, mas sem romper em nenhum momento as
relações com este. Algumas posições diplomáticas brasileiras podem ter
se diferenciado do total servilismo da diplomacia tucana ao
imperialismo. Mas foram posições que visavam desenvolver o
sub-imperialismo brasileiro, e fazer um amortecedor para evitar que se
desenvolvessem os processos bolivarianos como queria Chavez.

Nesse sentido, o social-liberalismo foi instrumento político do império.
A Luta contra o imperialismo e um falso campismo. Aqui vale um parênteses para tratarmos do falso campismo que subjaz
algumas análises que temos visto em alguns setores da vanguarda no
continente latino-americano.

O problema colocado para os marxistas, os quais não queremos ser marginais e disputar o movimento de massas, não
reside na conjuntura atual. A pior atitude que poderíamos tomar é
ficar atados a Lula. Também temos um problema na Venezuela, mas este é
muito menor, porque é possível reivindicar o chavismo uma vez que o
processo bolivariano e o lulismo não são nada parecidos.
Como já mencionamos, na Venezuela houve uma ruptura política com a
burguesia, a qual também significou uma ruptura parcialmente
econômica. Chávez aspirava a uma “Pátria Grande” igualitária.

Lula, não. Lula se aliou desde o início de seu governo à grande burguesia e
ao partido relevante mais apodrecido do regime politico, o PMDB, a
“quadrilha partidária” que agora quer remover o PT do Palácio do
Planalto, para assumir o timão em seu lugar. Um contraste enorme com a
audácia de Chávez, o qual recorreu a pressão popular a seu favor para
modificar a constituição e ter bases para governar. Portanto, nada a
ver uma coisa com a outra, nada a ver Chávez com Lula.

A questão-chave para os marxistas nesta nova situação latino-americana
e, em particular, no Brasil é saber traçar a linha divisória essencial
que divide o povo trabalhador de um lado e a grande burguesia e o
imperialismo do outro. E não vai ser uma política campista que
poderemos fazer essa distinção fundamental, porque o elemento evidente
é que não há nenhum setor da super-estrutura política que esteja
disposto a enfrentar o imperialismo e tampouco mobilizar as massas
para tanto. Se houvesse, caberia pensar numa política de unidade de
ação ou de frente única antiiimperialista. Mas como não há, o
necessário é criar um terceiro campo. E não vai ser se atrelando ao
governo de Lula e de Dilma, os Honecker da América Latina para
dizermos de forma caricaturesca, que vamos conseguir construir e
fortalecer um terceiro campo.

Por outro lado, percebemos que se está agitando demais o problema do
imperialismo que vem avassaladoramente para terminar com os regimes
progessista. Essa é forma que se fala no Brasil de “golpe
pró-imperialista”, ocultando o viés marcadamente reacionário dessa
política defensista. Em nenhuma hipótese, podemos deixar de reconhecer
que o imperialismo sempre vai ser nosso inimigo. Mas se a ofensiva é
tão grande assim, porque os que se anunciam como grandes
antiimperialistas do continente não denunciam o acordo de Raul Castro
com Obama? Esta deveria ser a grande agitação dos setores que
reverberam esse raciocínio, visto que é por Cuba que o imperialismo
estaria entrando. Mas o que vemos é um profundo silêncio destes
setores que fazem “el mutis por el foro”, para um jargão teatral em
castelhano.
A nossa aposta é que a luta contra o imperialismo só será travada
consequentemente pelo movimento de massas e os novos processos que
estão em maturação.

2. Os governos petistas foram neodesenvolvimentismo progressista ou social-liberalismo com fortes componentes sub-imperialistas?

Ainda candidato em 2002, com a justificativa de bloquear um possível
“terrorismo” dos rentistas durante a eleição, Lula assinou a “Carta ao
Povo Brasileiro”, um documento que assegurava aos ditos “mercados
financeiros” que Lula respeitaria todos os contratos vigentes (ou
seja, pagaria religiosamente cada centavo da dívida pública e
rechaçaria uma possível auditoria), além de manter intactos os traços
básicos da política ortodoxa neoliberal: câmbio liberalizado, controle
rígido da inflação e superávits para pagar os juros aos agiotas.
Poderia ser melhor chamada de “Carta aos Banqueiros”.
Henrique Meirelles, um economista filiado ao PSDB e que fora diretor
da matriz do Bank of  Boston nos EUA (algo muito maior que B. of
Boston daqui), foi escolhido para tomar conta do Banco Central e
cuidar das políticas monetárias.

Lula pagou a dívida com o FMI (juros de 4%), trocando por uma dívida interna escandalosa e crescente (jurosde 19%). Aliás, os juros praticados no Brasil se mantiveram todos estes anos entre os maiores do mundo, o que explica os recordes de lucros do setor financeiro. Entre 2002 e 2010, os lucros dos noves maiores bancos brasileiros foram da ordem de 200 bilhões de reais.

Para efeitos de comparação, lembramos que durante os oito anos de
governos neoliberais de FHC tais lucros totalizaram algo em torno de
40 bilhões de reais (valores já corrigidos). Ou seja, os bancos
lucraram quatro vezes mais durante o período lulista!

Outro setor beneficiado pelos governos petistas foram as empreiteiras.
(Complejos de construtoras aliadas ao capital financeiro e destilarias e outros grandes empreendimentos). Trata-se do poder mais forte do capitalismo brasileiro nas últimas décadas. Não há grande partido no país que não seja abastecido pelos cofres da Odebrecht, Camargo Correa, Andrade Gutierrez, OAS, etc. Não há grande escândalo de corrupção que elas não estejam envolvidas (dos esquemas de Collor até a Lava Jato). Tudo retribuído com fartos contratos com o Estado para a edificação de obras quase sempre superfaturadas. Lula reforçou essa aliança da partidocracia com as empreiteiras.

Assumiu-se como embaixador delas, até mesmo depois de
sair da presidência. Em certa oportunidade, Emílio Odebrecht
cumprimentou publicamente Lula com o seguinte vocativo: “meu chefe”.
Foi decisivo o oxigênio financeiro dado pelos bancos estatais (BNDES,
Banco do Brasil e Caixa Econômica Federal).

Trataremos disso a seguir. Importa saber que a Odebrecht desde 2003 aumentou seus lucros em 20 vezes. A Queiroz Galvão aumentou em duas vezes e meia. A Camargo Correa em cinco vezes. A Andrade Gutierrez duplicou de tamanho.

A terceira franja burguesa premiada durante os governos petistas foram
os ruralistas. Já em 2003, o ministério da Agricultura foi cedido para
Roberto Rodriguez, um quadro dos grandes agricultores. É uma das
maiores mentiras do mundo que Lula fez a reforma agrária. Vale a
comparação: FHC desapropriou 3500 latifúndios; Lula desapropriou quase
2000 latifúndios; Dilma chegou a 100 esta semana. Sim, Dilma
desapropriou 35 vezes menos imóveis rurais que FHC! Sem contar que até
poucos dias atrás Dilma ficou quase dois anos sem assinar decretos de
desapropriação. A média de famílias assentadas por ano de FHC foi de
65 mil; a de Dilma é de 26 mil. No governo Dilma, o orçamento para os
empresários rurais é sete vezes maior que o orçamento para a
agricultura familiar, a qual produz a maior parte dos alimentos dos
brasileiros. A única melhoria real para o MST foi uma maior
estabilidade nos assentamentos, em troca da diminuição do número de
ocupações. Mas tais assentamentos converteram-se, com a precariedade
de investimentos, em verdadeiros bolsões de pobreza no campo.
Por outro lado, os ruralistas puderam desenvolver livremente, com o
auxílio financeiro do Estado, a “revolução verde” capitalista. O
rendimento da produção e de milho aumentou em 200% por hectare
aproximadamente, graças ao uso da semente transgênica introduzida
ilegalmente com a RoundUp Ready da Monsanto no Rio Grande do Sul e
estendido a todos os estados sojeiros que vão desde o Pará passando
por Roraima até o Mato Grosso do Sul. A produção sojeira, dinamizada
desde FHC, teve em Lula um salto expressivo: de 2003 a 2013, as
plantações de soja passaram de 18 milhões de hectares para 27 milhões
de hectares, atingindo o posto de segundo maior produtor de soja do
mundo, com a fatia de um terço do mercado mundial.

As empresas brasileiras dominaram a meia-lua boliviana com soja.
Somente o grupo brasileiro Mónica Norte detinha 8% da área onde a soja
boliviana é cultivada. Já no Paraguai, os sojeiros brasileiros
dominaram mais de 80% da produção da soja no país. O que explica o
silêncio de Lula e o centrismo do governo Dilma frente ao golpe
parlamentar que derrubou Fernando Lugo, na medida em que os conflitos
por terra afetavam os “sojeiros brasiguaios”. O maior exemplo de
latifundiário apoiador do golpe de 2012 é Tranquilo Favero, um
brasileiro que ganhou terras da ditadura Stroesnner e tornou-se o
maior produtor de grãos do país.

No que diz respeito à agroindústria, Lula nomeou como ministro do
Desenvolvimento Industrial  Luiz Fernando Furlan, dono da Sadia,
antiga produtora de frangos. Em 2009, em meio à falência Sadia, o
BNDES emprestou 400 milhões de reais para sua maior concorrente
(Perdigão) se fundir a Sadia, deixando para Furlan um terço dessa nova
gigante mundial de alimentos, a BrasilFoods. Quase a metade da
exportação de carne de frango no país é feita pela BrasilFoods, que
tem uma receita anual que ultrapassa a casa dos 25 bilhões de reais,
expandindo-se por países do mundo inteiro (Argentina, China,
Cingapura, Tailândia, Catar, etc.).

Outro exemplo de grupo agroindustrial contemplado pela política dos
governos petistas de formação de grandes monopólios é a JBS-Friboi, a
maior processadora de carne do mundo. Desde Lula, o BNDES já emprestou mais de 10 bilhões de reais para a Friboi comprar todos os médios e pequenos criadores de gado do país, controlando as principais etapas da cadeia produtiva de carne. Em 2014, a empresa alcançou 120 bilhões de reais em faturamento (o maior do país em todos os setores) e 11 bilhões de reais em lucros líquidos. Algo assombroso para uma empresa
que em 2004 tinha faturamento de 4 bilhões de reais. Em dez anos, a
Friboi aumentou de tamanho em 30 vezes!

O capitalismo minerador também teve motivos para sorrir com o governo
Lula. A mineradora Vale, privatizada durante o governo FHC,
agigantou-se a ponto de se tornar a segunda maior produtora de minério
de ferro do mundo, chegando a um valor de mercado de 110 bilhões de
reais até a ocorrência do “desastre” de Mariana. Tudo isso graças ao
auxílio dos bancos estatais na era lulista, os quais anabolizaram os
capitais da mineradora além de financiar a grande usina de Belo Monte,
fornecendo energia para a Vale a preços risíveis.

Como último exemplo de franja burguesa beneficiada por Lula
encontramos Eike Batista, dono da petroleira OGX. Mais de 10 bilhões
de reais vindos do BNDES e da CEF irrigaram a construção do império de
Eike, que saiu a comprar poços de petróleo pelo Brasil e pelo mundo,
enquanto vendia seus papéis na bolsa com informações mentirosas a
respeito de sua capacidade de produzir. Até que suas fraudes
especulativas fossem descobertas e sua riqueza evaporasse, Eike
Batista acumulou do “nada” (seu pai foi um burocrata com influentes
relações no capitalismo energético, o que sempre deixou a suspeita de
que Eike dispunha de informações privilegiadas sobre oportunidades de
negócios) um patrimônio de 34 bilhões de dólares.

Como é possível notar, os bancos estatais brasileiros aportaram
capitais para que empresas nacionais se convertessem em veículos de
transmissão do sub-imperialismo brasileiros. O Brasil tentou se
inserir como sub-potência no espaço aberto pela derrota dos EUA
durante a queda da ALCA, na qual o Brasil teve um papel-chave, não
para incentivar as aspirações bolivarianistas de Chávez, mas para dar
vazão à concentração faraônica dos capitais brasileiros.

A Odebrecht recebeu 1 bilhão de reais em créditos do BNDES para
reformar o porto de Mariel em Cuba. A mesma construtora recebeu 750
milhões de reais para realizar obras no metrô de Caracas. Outros 2
bilhões de reais seriam concedidos para a Odebrecht construir uma
hidrelétrica em Angola. A empreiteira Andrade Gutierrez recebeu 320
milhões de dólares para obras de infra-estrutura em Moçambique. Enfim,
ao todo estima-se que o BNDES entregou 40 bilhões de reais para que
grandes grupos privados pudessem concorrer globalmente.

No setor financeiro, o sub-imperialismo também floresce. O Itaú já tem
quase um sexto de suas receitas provenientes do exterior, atuando em
27 países. A meta é para chegar a um quinto até 2020. Em 2014,
emprestou mais de 110 milhões de dólares para Telefônica colombiana.
No mesmo ano aportou mais de 600 milhões de dólares para a Advent
International Plc, com sede em Londres. O banco já é o quarto maior
banco privado no Chile, o terceiro no Uruguai e o primeiro no Paraguai
em volume de negócios (dos 700 mil paraguaios com conta, 300 mil se
concentram no Itaú Paraguai).

Quinto maior banco privado do país, o banco Safra é o maior em ativos
financeiros (algo em torno de 150 bilhões de reais). Especializado em
gerir grandes fortunas, o Safra tem suas principais bases na Suíça e
Nova York. Sua rede de bancos internacionais administram mais de 200
bilhões de dólares. Estima-se que o seu dono Joseph Safra seja o
segundo homem mais rico do Brasil, com um patrimônio avaliado em 18
bilhões de dólares, o que o torna o banqueiro mais rico do mundo. Seu
patrimônio antes da crise de 2007 era de algo no valor de 6 bilhões de
dólares. Hoje, é investigado pela justiça pelo pagamento de propinas
em 15 milhões de reais para fraudar o fisco em cerca de 1,5 bilhão de
reais.

Do ponto de vista geopolítico do sub-imperialismo, Lula disputou a
liderança da América do Sul com Chávez. Foi um verdadeiro amortecedor
dos confrontos dos nacionalismos radicais com a burguesia brasileira
(vide Odebrecht no Equador em 2008). Desacelerando a ALBA,
secundarizando o Banco del Sur, enfrentando os movimentos sociais ou
tratando de contê-los a exemplo do que se sucedeu na Bolívia, Lula
hegemonizou o Cone Sul do continente. Estimulou a formação da UNASur,
é verdade, logrando uma relativa independência em relação aos EUA.

Contudo, em nenhum momento o Brasil se chocou frontalmente com a OEA, por exemplo.

Mas como explicar essa transformação do PT? De partido operário para
aliado de primeira hora da Odebrecht, Friboi, Kátia Abreu, etc.
A base material para essa brutal transformação do PT localiza-se em
dois polos: de um lado não havia um ascenso sustentado dos movimentos
sociais  quando Lula foi eleito em 2002; por outro, o núcleo dirigente
do PT era composto por uma burocracia sindical que, através da
administração dos fundos de pensão de empresas estatais privatizadas
ou semiprivatizadas nos anos 90, criou relações orgânicas com a
burguesia. A elite da burocracia sindical brasileira associou-se
irreversivelmente ao capital financeiro. Um exemplo é o Previ, fundo
de pensão do Banco do Brasil. Simplesmente o maior da América Latina e
o 25 º maior do mundo, tem um patrimônio estimado em 170 bilhões de
reais. Seu gestor até 2011 era o petista Sérgio Rosa, egresso do
Sindicato dos Bancários de SP.

Deste sindicato saíram Luis Gushiken, Ricardo Berzoini, Antônio Palocci, João Vacari Netto: burocratas da alta cúpula petista, exemplos de gestores de fundo de pensão que se tornaram homens de proa nos governos petistas. Desta maneira, criaram-se relações orgânicas entre o setor mais
dinâmico da grande burguesia nestes anos e a alta cúpula petista.
Dirceu, inclusive depois de ser condenado pelo mensalão,  ganhou 40
milhões de reais em quatro anos, prestando “assessoria” para grandes
empresas. Palocci é um caso similar. E o próprio Lula também. Seu
Instituto recebeu aportes que totalizam 34 milhões de reais da Camargo
Correa, Odebrecht, Queiroz Galvão, OAS, Friboi, Safra, Bradesco,
Objetivo Educacional, Itaú, etc. Coincidentemente, as empresas que
mais lucraram nestes últimos 14 anos.   Se isso não fosse o bastante,
a Justiça demonstrou também a sua relação para lá de estreita com
Bumlai, um dos maiores pecuaristas do Mato Grosso do Sul, que recebeu
100 milhões de reais do BNDES, tornou-se sócio dos filhos de Lula,
teve a ideia de criar o Instituto, angariou fundos para o PT de forma
suspeita, etc.

3– Uma nova situação de crise econômica latino-americana que obriga a uma ofensiva econômica permanente contra os trabalhadores e o povo e faz o governo petista mais reacionário ainda.

A eleição de Macri aponta a primeira vista um fortalecimento do
imperialismo na América Latina. De fato, a crise econômica mundial
fincou balizas na América Latina. O desabamento do preço das
matérias-primas, em virtude da desaceleração chinesa, puniu os países
do continente que não desenvolveram matrizes produtivas de alto valor
agregado. Na Venezuela, de cada 10 dólares vindos de fora, 9 provém da
venda do petróleo, commoditie cujo preço real teve uma desvalorização
de 70% desde 2014. O impacto disso na economia resultou num decréscimo de 10% do PIB só no ano passado. Uma situação de desabastecimentos constantes de produtos básicos nos supermercados, preços desajustados,sabotagem empresarial, etc.

Na Argentina, a expectativa para este ano é de uma recessão de 1,0% do
PIB. Nos dois primeiros meses deste ano, 110 mil trabalhadores
perderam os empregos, sendo que 80% estão no setor de construção
civil, paralisado desde junho do ano passado por falta de pagamento
por parte do Estado. Desde 2009, a Argentina alcançou seu primeiro
déficit comercial em 2015, por conta de um descenso de 16% no valor de
suas exportações. Já no Brasil, a recessão entra no seu segundo ano seguido. A expectativa é que o PIB diminua em 3,8% este ano. O desemprego elevou-se de 7% para 9,5% em apenas um ano. A queda na renda dos trabalhadores no último trimestre ultrapassa 2,5%.

Em suma, a contração do mercado mundial e o esgotamento do endividamento interno que impulsionava o consumo das massas, golpearam o modelo lulista do chamado modelo “ganha-ganha”: lucros astronômicos para os capitalistas, alguma valorização real dos salários, baixos níveis de desemprego. O número de famílias miseráveis (renda per capita abaixo dos 70 reais) vem aumentando desde 2013, depois de um expressivo recuo na década passada (no Brasil, o governo considera como classe média uma família que recebe de um a dois salários mínimos, o que é um engodo, visto que o mínimo constitucional para a sobrevivência decente de uma família é o dobro disso).

  1. Ao refluxo econômico, devemos somar ao esgotamento dos projetos
    bolivarianos no continente, provocado também com a morte de seu principal líder carismático Hugo Chávez em 2013. Seu substituto na Venezuela, Nicolás Maduro representou um aprofundamento da burocratização que Chavez combatia. Começaram desfalques do erário nunca foram tão desavergonhadamente grandes. A ascensão de uma boliburguesia, casta parasitária da renda petroleira, não foi incomodada por Maduro. Em meio ao caos social e das tentativas sucessivas da burguesia pró-imperialista de derrubá-lo, o seu governo
    amarga uma reprovação de quase 70%.

Na Bolívia e no Equador, se bem não ocorre o mesmo tem sintomas alarmantes. Evo acaba de sofrer uma apertada derrota num referendo que consultava a população acerca da possibilidade de mais uma reeleição do líder cocalero.  Já no Equador, Rafael Correa seja o menos desgastado (aprovação de 60%, segundo recentes pesquisas). Contudo, desde 2015, Correa vem reforçando medidas econômicas favoráveis ao grande patronato, como anistia de dívidas e uma reforma laboral que flexibiliza os direitos trabalhistas.

Os processos que não avançam, retrocedem, por culpa da burocratização mas também isto se explica não só por a política de seus governos sino também como questão essencial pelo papel jogado pelo Brasil no continente.  Brasil poderia extendido o ALCA, fortalecido o Banco do Sul, etc. etc., mas esteve longe de fazer isto, fiz todo o contrario.

Mas o essencial da conjuntura é que a crise leva praticamente a todos os governos a “ajustarem” a economia em prol das elites e a restringir as módicas concessões pactuadas nos últimos anos.

O que contribuiu para que haja cada vez mais lutas. Na Argentina, greves tomam conta do país desde que Macri entrou na Casa Rosada e no último 24 de marços massivas marchas contra a vinda de Obama sacudiu o país. No Brasil, o número de paralisações e piquetes aumentam a cada ano, a forças irrompidas em Junho de 2013 ainda crescem bravamente (primavera das mulheres, levante dos secundaristas, greve dos professores, ocupações do MTST, etc).

No Chile, os estudantes mantêm-se mobilizados permanente para derrubar o modelo educacional de Pinochet e os trabalhadores tentam barrar a implementação do Tratado do Pacífico. Na Guatemala, a população derrubou um presidente corrupto e genocida no final do ano passado. No Paraguai, os universitários tomaram a Universidade de Assunção em 2015.

Destaca-se o Peru, neste sentido, onde um levante dos jovens contra a corrupta Keiko Fujimori, candidata a presidenta. No dia 5 de abril, mais de 100 mil pessoas foram às ruas do país pedir a impugnação de Keiko, visto que outros candidatos sofreram tal sanção praticando os mesmos delitos da filha do ex-ditador Fujimori. Ao mesmo tempo, Veronika Mendoza, candidata da Frente Ampla (coalizão de movimentos nacionalistas radicais), cresceu na corrida eleitoral, a ponto de estar muito perto de ir ao segundo turno.

Tudo indica que a América está longe de se encontrar rendida. Longe do “campismo”, o que há na verdade é muita luta de classes contra os governos e as políticas do imperialismo.

É muito difícil, para não dizer impossível, que se volte ao neoliberalismo dos anos. A nova direita é frágil, não tem a força de aquela e isto tem que ver também com o contexto mundial aonde ocorrem muitos processos que indicam que o mundo não está indo linearmente para a direita, ela cresce pela crises dos regímenes bipartidistas, mas não acreditamos que seja esse o fator dominante. Existem as novas mobilizações na França (ver os artigos nesta pagina) o país que se falava e utilizava de exemplo para disser que o mundo avançava nessa direção.

Y para analisar mais cientificamente a América Latina não podemos esquecer a própria situação do imperialismo americano. Ele vem se debilitando em sua hegemonia mundial. Este fato somado a necessidade de não perder o seu domínio obrigam-no a realizar diferentes pactos, como com Cuba e com o Irã. Mas para não perder de vista o que está acontecendo, é fundamental se referenciar na sua situação interna (Ver artigo de Pedro Fuentes neste portal).

A crise entra em seu próprio interior e não com pouca força. Isso se expressa nas lutas do movimento negro e dos imigrantes e na crise muito maior de seus partidos nas eleições primárias.  Nos republicanos ninguém do establishment dispõe de votos. Apesar de que seja possível uma manobra da convenção contra Trump, um bilionário ensandecido que agora fala que o muro com o México deve ser construído com dinheiro mexicano, expropriando o dinheiro que os imigrantes mandam a seu país, o que totaliza bilhões de dólares. Além dele, tem Ted Cruz um expoente mais coerente do Tea Party, a ultradireita do partido.

Mas pelo lado Democrata é que as coisas são mais interessantes. Um independente socialista disputa com o clã Clinton. E ele já ganhou nos últimos seis estados, entre eles Washington, cuja capital é Seattle, o maior centro industrial moderno do país onde a vereadora do Socialist Alternativa (Kshama Sawant) se fez famosa e foi reeleita defendendo o salario mínimo de 15 dólares a hora, o qual já foi implementado também em New York e Califórnia.

Sanders não é pouca coisa. Além de atacar os grandes empresários como donos dos partidos políticos pelo seu financiamento, defende pesados impostos aos ricos e uma revolução política para que os trabalhadores e o povo possam decidir os destinos do país e das corporações. Defende também o socialismo.

A situação está mudando muito nos EUA, o que afeta diretamente a relação com os latino-americanos que com sua imigração para o norte vão saltando também seu quintal e estabelecendo relações diferentes. Como dizia Trotsky, os Estados Unidos da América concentram todas as contradições do mundo e diretamente da América Latina.

 

  1. O PT pode tirar o Brasil da crise e ter uma politica progressiva?

Não pode. Há o fim de um ciclo. No Brasil, assistimos ao fim do ciclo do PT. Em junho de 2013, um levante juvenil e popular surgiu no Brasil por fora e muitas vezes até contra o PT e contra os demais partidos burgueses. A aceleração das lutas sociais em curso no país vem acontecendo desde 2011 com a paulatina estagnação econômica do Brasil. O número de greves vem
aumentando sistematicamente desde 2008.

As direções sindicais governistas são atropeladas pela base greve após greve. Um dirigente petista foi discursar há alguns dias a usina da WV no  ABC, local onde estão as raízes sindicais de Lula, e recebeu uma vaia estrondosa ao citar a necessidade de defender Dilma e o PT.

O PT, como um dos principais carros-chefes do regime político – e o principal junto aos setores populares mais organizados –, está derretendo, perdendo bases e espaços, tanto social quanto eleitoralmente. A votação já
diminuída em vários centros operários como São Bernardo e Contagem
demonstrou a perda de espaço político entre os setores mais dinâmicos
do proletariado industrial. Outro dado foi a desfiliação de milhares
de petistas, a saída de parlamentares e de 11% dos prefeitos eleitos
pelo partido no ano de 2012. De 2009 a 2015, o número de filiados do
PT até 24 anos caiu drasticamente de 94 mil para 38 mil.

Este fim do ciclo de direção do PT se combina e explica em parte o
esgotamento do regime democrático burguês surgido nas mobilizações
democráticas de 1984. A Nova República apodrece com as revelações
diárias da participação dos principais atores políticos em casos de
corrupção. Quase nenhuma força política saiu ilesa da LavaJato. PMDB,
PT, PSDB, PP… Os partidos com as maiores bancadas parlamentares vêm
saqueando os cofres da Petrobras nas últimas décadas.

A Lava Jato, embora seja utilizado pela burguesia, tem contradições e dinâmicas próprias que só se explicam pela crise do regime político brasileiro e o golpe que significou sobre ele pela mobilização de junho do 2013. Tem pontos em comum com o processo da Mãos Limpas na Italia. Com o Lava-Jato o povo viu diretamente as relações orgânicas e sujas do capitalismo brasileiro com PT. Foram presos os executivos das principais empreiteiras do país, entre eles Marcelo Odebrecht, além do banqueiro dono da BTG Pactual. As delações premiadas e os mandatos de busca e apreensão de documentos descobriram um setor de propinas para partidos funcionando no interior da sede da Odebrecht. Mais de 200 políticos estão envolvidos no caderno de pagamentos ilegais de campanha. E muitas outras delações das empreiteiras estão por vir nos próximos dias.  Por isso, toda a casta politica o setor petista e seu governo e o setor de Temer e a direita querem terminar com o Lava Jato.

Como escreveu Roberto Robaina em recente texto: “O desabamento do PT
foi nossa queda do muro de Berlim. Desta forma, assim como a queda do
muro e o colapso do socialismo real provocaram uma crise na
consciência de esquerda e um cenário mundial sem projetos alternativos
de nenhum tipo ao domínio do capital durante as últimas duas décadas
do século XX com o colapso do PT é inegável que a esquerda brasileira
atravessa e atravessará dificuldades e obstáculos. Mas aqui há duas
vantagens. A primeira é a existência, prévia ao colapso do PT, do
PSOL. A segunda, ainda mais importante, é que o Brasil não
experimentou apenas estas desilusões, mas também um dos maiores
levantes juvenis e popular dos últimos 50 anos: o levante de junho de
2013. Este levante foi a marca mais importante do final do ciclo
aberto com a fundação do PT e com a campanha das Diretas Já. E
provavelmente da abertura de um novo ciclo de recomposição da esquerda
e das forças anticapitalistas.”

Sinteticamente o regime político está em uma crise de decomposição. As castas políticas que controlam o regime se transformaram em gerentes das grandes corporações. Do lado do PT, alinharam-se os bancos, megaconstrutoras ligadas a Petrobrás, o setor de mineração e a agroindústria (os que mais ganharam com o social-liberalismo sub-imperialista). Do lado dos tucanos, perfilaram-se a burguesia industrial e agora a comercial. O caos provocado pela força de Junho e pela Lava Jato reforçou uma tendência de unificação da burguesia. Mas a casta política toma sua própria dinâmica. Um dos elementos essenciais que mais caracterizam uma crise é isso: dinâmicas centrífugas e não centrípetas. Isso é próprio das crises. Neste marco, quem fala de golpe fala de defesa da democracia dos procedimentos democráticos? Da atual democracia, que estamos cansados de saber não tem nada de democracia? O fato é que em 2014, a casta representada pelo PT e por Dilma precisou sair em defesa de um programa muito à esquerda do que o PT gostaria e poderia implementar sem romper com a grande burguesia.

O estelionato eleitoral tornou-se patente quando Dilma anunciou o
ministério com a presença de um diretor do Bradesco na Fazenda, uma
latifundiária favorável ao trabalho escravo na Agricultura, um
corrupto especulador imobiliário na pasta das Cidades, etc. Cortes e
mais cortes nos Orçamento das áreas sociais se adicionavam ao montante
intacto destinado ao serviço da dívida pública. Aliás, Dilma vetou a
auditoria aprovada no Congresso.

Em paralelo a isso, em novembro de 2014, a operação Lava Jato, que investigava desvios na Petrobras, mudou de status ao colocar pelaprimeira vez na história donos de empreiteiras atrás das grades. O pânico se instaurou por toda Brasília. Quarenta deputados e outros
tantos senadores foram indiciados pelo Ministério Público. Até que o
líder do governo no Senado, Delcídio Amaral, foi preso tentando
comprar o silêncio de um dos operadores do esquema. A delação premiada
de Delcídio envolveu no Petrolão toda a casta política: Dilma, Lula,
Eduardo Cunha, Michel Temer, Renan Calheiros, Aécio Neves, etc.
Em março de 2015, a direita se antecipou a possível revolta social que
poderia eclodir de qualquer lugar e organizou os maiores atos de rua
desde há muito tempo, procurando canalizar a indignação da classe
média contra a corrupção do PT. Para isso, a Globo atuou pesadamente
fazendo convocatórias explícitas. As marchas aparelhadas por grupelhos
de direita foram sendo infladas, invertendo o sentido progressista de
Junho de 2013. As marchas “coxinhas” são um simulacro de Junho.

Desde então, os ideólogos do governismo tentam construir a imagem da
Lava Jato como sendo uma conspiração da direita para subtrair o
governo do PT. É óbvio que se trata de uma operação repleta de
problemas. É seletiva (blinda na medida do possível o PSDB, ao mesmo
tempo que é rigorosa com o PT), atropela a própria legalidade burguesa
para alvejar Lula, parte da concepção que o principal culpado pela
corrupção é o PT e não toda a casta política, etc.

Trata-se da Justiça burguesa, não temos muitas ilusões com a perfectibilidade dela. Mas qual revolucionário honesto pode negar a sua função progressista ao prender parte da burguesia mais poderosa do país? A Lava Jato comprova tudo que passamos os últimos anos falando sobre a podridão intrínseca ao capitalismo, que necessita da corrupção para azeitar o seu funcionamento em sua fase decadente. E qual ativista honesto pode
negar que o PT aceitou fazer parte da casta e se chafurdou irreversivelmente numa lógica espúria de fisiologismo e aparelhamento?
É por isso que exigimos a continuidade da Lava Jato e o fim das
blindagens a outros setores da casta.
No âmbito estrutural, o social-liberalismo perdeu suas condições
materiais de existência com a concretização da crise capitalista no
Brasil. A retração da demanda chinesa por nossas matérias-primas, o
alto endividamento das famílias e o consequente esgotamento do consumo como mola propulsora do crescimento do mercado interno (fim do crédito fácil para compra de produtos linha branca), bem como a falência financeira do Estado (cada vez mais parasitado pelo rentismo) se
conjugaram para acabar com as ‘bordas” do bolo que eram distribuídas
aos mais pobres. Há um consenso econômico em todos os setores da casta
política: PT, PMDB e PSDB concordam com a necessidade de uma ajuste
neoliberal, que rebaixe o valor da força de trabalho e garanta mais
“atratividade” para os investimentos estrangeiros.

E é isso que Dilma vem tentando fazer malogradamente. O Congresso,
hegemonizado pelo PMDB de Cunha e Renan, impede a aprovação das
propostas de Dilma (reforma da previdência é o caso mais notável), mesmo tendo acordo com o essencial das medidas. A sua rejeição de 70%, o desemprego de quase 10%, a queda industrial de 8% no ano passado, a operação Lava Jato, tudo impede Dilma de ter uma base estável para governar.

O impeachment é uma manobra da burguesia (principalmente comercial e
industrial, solapada pela crise) para remover o PT e colocar outra
parte da casta política no comando. O PMDB abandonou o barco do PT, depois de perceber que o governo não tinha mais força para sufocar a Lava
Jato e para aplicar o ajuste econômico. Preferem por Temer logo de uma vez no timão do Planalto.  Essa é a essência do impeachment: anos de negócios comuns entre PT e PMDB acabaram. O PT está sendo tratado pela burguesia como um limão espremido que já não serve mais.
Do outro lado, o povo e os trabalhadores já não querem mais saber do
PT. Conforme explicamos acima, o lulismo já não convencem as massas como antes. O número de eleitores que dizem jamais votarão no Lula cresceu para 55%. 70% da população quer o impeachment de Dilma, porque acham que ela é “mentirosa”, “protege corruptos”, “incompetente”, etc.

5- Como derrotar o impeachment?

O ponto central sobre a discussão “impeachment x golpe” é qual democracia defendemos. Nós defendemos esta democracia que permite o domínio de uma casta política ou uma democracia real?

Não temos dúvidas de que o impeachment precisa ser derrotado. É uma saída reacionária que tentará destruir ainda mais o que resta dos direitos sociais e que dar cobertura para os implicados na Lava Jato. O impeachment possibilitará que Temer (também investigado pela Lava Jato e com 1% de preferência eleitoral) aplique uma variante ainda pior do ajuste do atual governo. A “Ponte para o Futuro” foi elaborada pela nata dos economistas burgueses do país. Logo, o PT e a oposição de direita não se diferenciam no essencial. Ambos querem o ajuste. Ambos querem abafar as investigações sobre a corrupção.

Logo, ambos estão no mesmo campo se o critério for a luta de classes. Vença quem vença este cabo de força nenhuma fortuna será taxada, o desemprego continuará alto (exército de reserva rebaixa os salários), a terra não será distribuída, a moradia continuará um mero direito formal. Por isso, denunciamos o impeachment como uma manobra reacionária das elites.

Mas é um equívoco afirmar que o impeachment é um golpe contra o Estado Democrático de Direito. A liberdade de propaganda e agitação dos movimentos sociais continuará em risco com o PMDB ou com o PT (que acaba inclusive de aprovar uma Lei que abre brechas para criminalizar manifestantes como terroristas). Se o Estado Democrático de Direito brasileiro apenas concedeu parcos direitos pela força da luta
independente dos trabalhadores, foi não porque queria, nem por sua
natureza. Defender essas conquistas não é a mesma coisa que
defendê-lo. Aliás, defendê-lo em abstrato ajuda objetivamente a perder
essas conquistas. O debate na esquerda brasileira e, portanto, também dentro do PSOL é de como derrotar o impeachment, não um golpe.

“Deefender a democracia” em abstrato é funcional apenas para a casta política do PT. O desembarque do PMDB do governo, fez com que o PT tivesse que reaglutinar sua base social em torno de do fantasma do golpe de Estado, causando propositadamente confusões na vanguarda dos movimentos sociais.

Como bem observa Bernardo Correa, o PT ”coloca uma cortina
de medo para insinuar que a derrota conjuntural de seu governo, já sem
esperança aos olhos do povo, é uma derrota estratégica, com uma
mudança de regime e uma dinâmica de restrição das liberdades
democráticas, como em 1964. Entretanto no andar de cima, para tentar
se salvar, Dilma oferece ministérios ao PR, PSD e PP (esse último é
sinônimo de corrupção em todo país e é herdeiro direto do partido
oficial da ditadura militar, a ARENA). Duas pastas para cada um desses
partidos! Como Perón, em sua comparação do poder ao violino, o PT pega
o poder com a esquerda e toca com a direita.”

Dentro do PSOL, infelizmente há setores que vão a reboque do governismo. Comparecem aos atos dirigidos pelo PT e
movimentos-satélite, “em nome da legalidade”. Defendem, ainda que
envergonhadamente, a tese de “defender o governo menos pior”. Adotam a tese dos dois campos. Acontece que como explicamos, não há dois campos, pelo critério da luta de classes.

A outra ala do PSOL, cuja principal figura é Luciana Genro, defende a proposta de eleições gerais para deslocar o poder dos acordos palacianos para as ruas. Eleições gerais aumentarão as chances de politizarmos ainda mais a população. Além disso, teremos uma possibilidade de intervir na debacle da casta política apresentando uma alternativa efetivamente de esquerda.

Do ponto de vista do PSOL, defender eleições gerais faz muito mais sentido, se considerarmos que em outubro eleições municipais onde o nosso partido concorre com chances reais em três capitais (Rio com Freixo, Belém com Edmilson, Porto Alegre com Luciana) e com potencial de crescimento em outras (Fortaleza com Roseno, São Paulo com Erundina,  Niterói com Flávio, etc). Seria um crime político que o PSOL, que sempre teve como signo ser uma alternativa à direita e ao PT, se abrace e fique colado ao petismo na sua crise. O PSOL precisa se afirmar sem titubeios como terceiro campo.

Aos que argumentam que novas eleições jogariam água no moinho da extrema-direita, é preciso mostrar os dados da última pesquisa eleitoral. O fascistoide Bolsonaro cresce, mas não a ponto de ser uma alternativa de poder. Atinge no máximo 7% das intenções de voto e tem uma rejeição altíssima se comparada com a rejeição de Luciana Genro, por exemplo. Tanto o PT, quanto o PSDB continuam eleitoralmente com chances, embora a favorita (por não ter sido afetada pela Lava Jato) é Marina Silva e sua Rede com 24% das intenções de voto. Depois dela, a quarta alternativa eleitoral burguesa é Ciro Gomes, um oligarca cearense que agita para as bases do governismo. Ciro empata com Bolsonaro nas pesquisas, com 7%. Por fim, temos Luciana Genro, que já pontua com 3% em todos os cenários e já alcança 7% entre jovens de 16 a 24 anos (não à toa onde o desemprego é mais massivo, 20%), em determinados cenários.

5-Cambia….todo cambia…. A conjuntura em evolução. Eleições gerais ganham força.

Enquanto este texto é escrito, vale a pena recordar a frase da melhor cantora e compositora latinoamericana Mercedes Sosa. Sim, “todo cambia” em meio da crise. Governo e Temer se matam por votos contra e a favor do impeachment. O “balcão de negócios” dentro do Congresso funciona a todo vapor. Lula organiza atos de rua “a favor da democracia” para pressionar os parlamentares a continuarem com Dilma. A direita também faz convocatórias. (É útil citar que os manifestantes pró e favor do impeachment se localizam em faixas de renda e instrução bastante semelhantes, com algumas diferenças, mas que no geral os colocam em perfis de remuneração e escolaridade muito acima da média).

Concomitantemente, o STF obriga Cunha a dar prosseguimento ao processo de impeachment de Temer. A situação evolui de maneira rápida. Já há um bloco de senadores pedindo eleições gerais para todos os cargos inclusive no parlamento, e até o presidente do PMDB começou a pensar nessa saída. A Red o partido político de Marina Silva também se pronuncio por essa saída.

No meio da crise, consequência das investigações do Lava Jato, as figuras políticas caem como peças de dominó e o repúdio no povo cresce. A lutas sociais que estão acontecendo. Agora no Rio de Janeiro, há uma grande greve de professores com alunos apoiados pelos padres ocupando as escolas. O medo das castas de que o Brasil possa virar uma Islândia apareceu. No fechamento deste artigo, manifestações de centenas de milhares de pessoas na Islândia colocaram abaixo o governo. O motivo era o nome do presidente na lista de governantes com offshores no Panamá.

O Panama Pappers, que também atinge políticos brasileiros, deverá provocar muitos abalos em governos do mundo todo. Putin, Macri, Xi Jinping, Cameron, o presidente da Fifa, enfim, centenas de figuras importantes no cenário internacional estão neste escândalo).

O futuro ainda é incerto sobre qual terminará sendo a saída imediata: se impeachment com Temer no governo, Dilma seguindo no governo, ou tal vez se a crise se acirra mais as eleições gerais. As duas primeiras não farão mais do que aprofundar a crise. Mais ajustes, mais medidas contra o povo e mais miséria para ele abafando o Lavajato e restringindo as liberdades democráticas.

As eleições permitirão que o povo se politize e intervenha, facilitando a criação de um terceiro campo que se transforme em uma alternativa a meio prazo para a crise, de modo abrir um novo ciclo diferente a este que termina. Por isso estamos do lado da democracia real. Eleições gerais para que o povo decida…

Localizar-se bem no Brasil é crucial também para os rumos do continente.

 

Nota sobre o Campismo

O Campismo foi uma teoria muito influente entre parcelas da esquerda mundial (destacadamente entre os stalinistas) durante o século XX, durante a Guerra Fria. Defendia que o mundo estava dividido em duas metades. Uma socialista e a outra capitalista. E os Estados na esfera do campo socialista mereceriam apoios incondicionais e acríticos, esquecendo a luta de classes que poderia e havia no interior desses países e a política de coexistência pacífica com o imperialismo.

 

Agora essa teoria está sendo recriada na América Latina, em momentos que os governos nacionalistas radicais têm suas crises internas, as quais não podemos ignorar, em nome da luta contra o imperialismo. Assim se defende incondicionalmente o Irã, a China ou o novo papel imperialista na região que desempenha Putin, porque tem atritos relevantes com o imperialismo dos EUA. Junto com este, o caso mais patético é evidentemente o do Brasil, que abordamos mais extensamente neste artigo, para demonstrar o mal que az esta política para a luta de classes no país e a mesma luta contra o imperialismo, ao atá-la a um suposto campo progressista. Esperemos que este artigo sirva para isso.

(*) Charles Rosa é estudante da USP e militante do MES/PSOL. Pedro Fuentes é do Diretório Nacional do PSOL pelo MES.