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Chile actual y las perspectivas de los anticapitalistas [CHILE]

Informe nacional BAM

(Bloque de anticapitalistas movilizados)

Primera parte: matriz del Chile actual

El Chile actual es una fotografía de la dictadura un par de décadas  después. Lamentablemente es imposible comprender  sinceramente la fisonomía de este país, sin caer  inmediatamente en  un racconto continuado  de los años de  dictadura. Se podrá objetar, que al pensar de esa manera, estaríamos  siendo conducidos por una mirada nostálgica, generando una visión encarcelada en el Chile de ayer, condensando así, todos los fenómenos sociales, políticos y culturales en la figura ominosa del 11 de septiembre del 1973 y los años del terror que lo siguieron. Sin embargo, el asunto es distinto, se comienza por los años de Pinochet, porque todo el material objetivo sobre  el cual se organiza la sociedad actual se incuba en ese proceso. Dicho de otra manera, no se parte el análisis desde la dictadura en razón de que en la actualidad las cosas hayan seguido un rumbo similar al de los años `70, sino se comienza acá, porque la dictadura militar “revolucionó” todos los espacios, la política, la organización económica, la matriz cultural y el conjunto de las vivencias de los sujetos fueron modificadas  en un corto pero intenso periodo que surge el día del golpe y termina de cristalizarse, aunque en una imagen muy joven aún, en la constitución de 1981.

Por esta razón la primera parte del informe estará dedicada a la comprensión de los siguientes fenómenos que moldean y socializan nuestro presente, pero que de una u otra manera están directamente relacionados con la dictadura militar: 1) La instalación del neoliberalismo o la revolución capitalista de la dictadura 2) Organización política: Chile con Pinochet y sin él  3) Sociedad de consumo o la mutación del sujeto político.

 

1- Instalación del Neoliberalismo o la revolución capitalista de la dictadura

 

La instalación del Neoliberalismo, es una transformación sustancial al interior del modo de producción capitalista. A diferencia del resto de las dictaduras Latinoamericanas, donde se defendió un modelo de Capitalismo con alta influencia y control del Estado, en Chile se inició un vigoroso plan de reformas, construido ideológicamente desde la ortodoxia liberal, que impulsaba concretamente un profundo programa de privatización y  de desregulación. De esta manera se  limitaba  y despojaba de poder al Estado. El vacío de un proyecto económico concreto que caracterizó los primeros años del gobierno de Pinochet, eran ahora llenados con ortodoxia liberal, un proyecto nuevo totalmente diferente al del intervencionismo Estatal que lo precedía.  

Los motores de esta transformación se pueden encontrar en: la alianza dictatorial entre militares,  civiles y partidos políticos de centro y derecha, empresarios dispuestos a financiar la transformación con tal de que se restaure la “paz social”.  El disciplinamiento de los de trabajadores y pobladores con  la desintegración de su capacidad organizativa, que hubiese sido imposible sin el terror inicial de la dictadura que logró destruir; tanto sus partidos políticos como su organización sindical, en el momento de mayor ascendencia de toda su historia. Todo esto, sumado a un pequeño pero importante grupo de intelectuales orgánicos, quienes diseñaron las reformas económicas estructurales esenciales, a la hora de completar el  proceso de transformación.

Para dimensionar el tamaño de las privatizaciones, se debe tener en cuenta que sólo durante el gobierno de Allende (1970-1973) se Estatizaron alrededor de 300 empresas, para el año 1981 el Estado sólo controlaba 43 empresas del total a su haber, es decir, parte esencial  de su  patrimonio  fue entregado casi en su totalidad a manos privadas.  Al mismo tiempo, todos los derechos colectivos, previsión, salud, educación, vivienda, etc, pasan a ser parte del mercado, mediante la combinación de  políticas privatizadoras y desreguladoras.

La instalación del neoliberalismo significa entonces, una revolución en el interior del modo de producción capitalista. Dirigida ideológicamente por la ortodoxia liberal. La cual fue instalada con la mediación de los militares, quienes usaron el terror y la fuerza para que no existiese resistencia.  
2- Organización política del Chile dictatorial y Post-dictatorial
Desde un punto de vista político se puede distinguir al interior de la dictadura dos momentos diferentes. En primer lugar fue el terror, es decir, el espacio donde el Estado tuvo el control total sobre los cuerpos, lugar en el cual el soberano tiene la capacidad de reprender y castigar a un individuo sin ningún tipo de miramiento¹. El terror fue el puente que  instaló, a través del miedo, “acuerdos” para todos, que sólo beneficiaban a un pequeño sector.

El segundo periodo de la dictadura comprende un momento de mayor madurez, acá el régimen militar, no sólo cuenta con el despliegue de su propio poderío terrorista, sino que además de eso,  se transforma en constitución, institucionaliza lo que hasta ahora había sido el puro desenvolvimiento de su fuerza. Constitución ilegitima, corrupta en el proceso mismo de su realización, pero en constitución al fin.  Es el momento donde las reformas económicas ya fueron aplicadas y solo queda esperar la ampliación del proceso de transformación.

El final de la dictadura se efectuó en medio de una negociación entre la espada y la pared,  los militares con los partidos de derecha permitían la realización de un plebiscito que definiría la continuidad de Pinochet en su cargo. Pero esa ventana que se abría, mostraba un abanico inacabable de restricciones, que hacían en lo inmediato casi imposible ganar las elecciones y en el largo plazo prácticamente irreal la realización de cambios sustantivos, que  por un lado, buscasen la construcción de una democracia real, y por otro, dirigiesen las riendas económicas del país por un camino diferente al del neoliberalismo.

La oposición aceptó los términos de la negociación e inició una campaña que intentaba potenciar el cansancio popular que contenía la desgastada imagen del dictador. La concertación ganó las elecciones, sacó al tirano del sillón presidencial. Pero sostuvo la estructura construida en  su mando. En este proceso, se efectuó lo que Tomas Moullian llama;  operación transformista del Chile democrático, donde se saca del mando gubernamental al dictador pero se sostiene su legado político y económico.

Es cierto, existieron reformas que hacen distinguir un sistema gubernamental de otro, el Estado ya no dispuso del terror para efectuar su política, las  manifestaciones públicas dejaron de ser completamente ilegales y se legalizaron partidos políticos que eran opositores al Pinochetismo y la derecha.

Pero, ni hablar de hacer reformas económico-políticas que viniesen a cuestionar la relación Capital / Trabajo del neoliberalismo. Ni hablar del reestablecimiento de derechos fundamentales como lo son: salud, vivienda, previsión o educación.  Ni hablar, de la realización de un proceso de justicia y reconocimiento de los Derechos Humanos, que permitiese el castigo de los responsables fácticos e intelectuales, del atropello a la dignidad de miles de torturados, encarcelados, ejecutados y exiliados que sufrieron la vorágine de violencia que implementó la dictadura. Ni hablar, de una cuestión tan evidente a cualquier racionalidad común, como lo hubiera sido cambiar  la constitución del 80.

Los gobiernos de la concertación durante 20 años profundizaron los pilares del régimen autoritario que ya se han mencionado. En términos político institucionales se construyó un simulacro de democracia, que se limitaba a la ejecución de pequeñas reformas. Ya no estábamos inmersos al terror del Chile autoritario, pero la existencia en su totalidad se encontraba preñada de dictadura.  
3- Sociedad de consumo o la mutación del sujeto político

La implementación del Neoliberalismo permitió, que los trabajadores de sectores populares accedieran a nuevas mercancías que hasta entonces se tenían por suntuarias. El hambre y la miseria que fue fotografía de décadas anteriores, desaparecía ante el proceso de modernización neoliberal.

En el fondo, este es el núcleo del mito de la clase media, la cual no es mas que un estrato al interior de la clase trabajadora, que no vive en la miseria absoluta como el proletariado industrial clásico, y que muy por el contrario, hoy tiene acceso a un conjunto de mercancías imposibles de pensar en un pasado cercano.  Pero  que a cambio se encuentra  altamente endeudado, entregado al crédito financiero, e imposibilitado de tener cualquier actitud temeraria con sus jefaturas que pusieran en riesgo su capacidad de pago. La clase dominante logra así, tener a parte importante de los trabajadores en una actitud doblemente virtuosa a la hora de perpetuar la explotación: obediencia y productividad.   

De ahí en adelante nos hemos visto rodeador por un enjambre de artefactos tecnológicos que pululan la cotidianeidad de los sujetos. Artefactos que exigen a su poseedor, si este desea pertenecer a los cánones estéticos de la buena vida burguesa,  un constante recambio, una perpetua actualización de su  tecnología, ¿Alguien puede afirmar que  tiene el celular o el auto mas moderno? La dominación en la sociedad de consumo se vuelve en cierto sentido; “agradable”.

El ciudadano crítico y la rebeldía del trabajador, dan paso en la sociedad neoliberal a la construcción de subjetividad desde la imagen del consumidor. Los medios de comunicación de masa y los distintos espacios de sociabilidad son monopolizados por la ideología del consumo, la discusión e identidad que entregaba la política, que antaño fue clave en la creación de subjetividad popular, pierde importancia y sustantividad.

Es imposible comprender la quietud desmovilizadora de último tiempo, sin tomar en cuenta la penetración cultural del neoliberalismo en los sectores populares. Cuando el horizonte es la compra de un auto, o de un televisor de última tecnología resulta un mal negocio pertenecer a un sindicato.

Segunda parte

Crisis del régimen y búsqueda de un camino

Grietas del sistema neoliberal

Las primeras grandes movilizaciones, luego de años de retroceso del movimiento popular, fueron las masivas protestas estudiantiles  del año 2006 y 2011.

Ambas movilizaciones, más allá de sus características particulares, tanto en sus consignas, desarrollo y niveles de intensidad, expresan la contradicción entre la educación de mercado y las comunidades estudiantiles que ya no estaban dispuestas a seguir el camino del endeudamiento individual.

Estas manifestaciones ponen de relieve la profunda desprotección en la que se encuentra la sociedad chilena. Coloca también por primera vez un conjunto de demandas a nivel nacional que cuestionan directamente las políticas neoliberales. Esos años, marcados por la  protesta social, fueron los primeros balbuceos de una incipiente reconstrucción del movimiento popular.  

Sin embargo, a pesar de su masividad estas manifestaciones no lograron hacer valer sus demandas, y fueron presa del desgaste en el tiempo. Quizás la razón política de fondo, por la cual el movimiento estudiantil no logró superar las barreras impuestas por el modelo, está en que los estudiantes nunca lograron articular ni un lenguaje ni un conjunto de propuestas  políticas que expandieran el conflicto hacia otros sectores. A pesar, de la conciencia de este problema por parte de un sector de los estudiantes, a lo largo del tiempo, el movimiento estudiantil  se fue transformando  en un movimiento con demandas de carácter gremial.

 

Bancarrota del sistema político: crisis del régimen no del modelo.

 

Como se ha planteado con anterioridad el régimen político democrático chileno es un simulacro. Con él se busca esconder la dictadura que está en su fondo. Es un tipo de organización que se llena de ritos y apariencias vacías, un transformismo político que intenta acallar lo irrenunciable.

La democracia consensuada, herencia de la dictadura, está hoy en crisis, tanto las movilizaciones  estudiantiles que han cuestionado la validez efectiva del neoliberalismo, como los casos de corrupción de los últimos años,  que implican al conjunto de la clase política, y a todas las instituciones del Estado, deslegitiman su propia existencia. Los políticos han aparecido ante el mundo como  asalariados del gran empresariado, hecho que sin ser para nada nuevo, ha tenido un impacto mediático de suma importancia, al punto de tener a la presidenta del país con un promedio de 24 de aprobación los últimos dos años, y al conjunto de los conglomerados políticos con mas de un 70  de desaprobación.

La bancarrota política del régimen se debe, por un lado  a los escándalos de corrupción, sin embargo, ella se explica también  con otra relevante razón. Esta situación se encuentra directamente relacionada con la anterior,   el hecho es que en la política oficial no se discute nada de fondo, los dos sectores hegemónicos, que conducen los destinos del país tienen acuerdo en lo esencial, sostener y reproducir  la maquinaria neoliberal. Han transformado al conjunto del  debate político (debate sobre la voluntad popular) en una discusión meramente técnica administrativa sobre las condiciones de desenvolvimiento del estatus quo.

Ambas razones anidan la crisis de fondo que sufre la clase política hoy. Crisis, que al menos en el corto periodo no ve una salida.

Con toda la descripción anteriormente realizada uno debiese preguntarse ¿Cómo es posible que no existan en la actualidad altos niveles de movilización que empujen la construcción de una constitución efectivamente democrática, buscando la recuperación de los recursos naturales y la restitución, al menos,  de los derechos sociales básicos?

La respuesta se encuentra en que los trabajadores y los sectores populares, por un lado no tienen organizaciones capaces de empujar las transformaciones mencionadas y  en general han sido cooptados culturalmente por la sociedad de consumo. Por mas que la clase política se encuentre profundamente disociada de la sociedad civil, viviendo una catástrofe de legitimad, ese odio a los políticos no se traduce en un rechazo al capitalismo. El quiebre es con el régimen político no con la maquinaria especulativa neoliberal.

Nuestra organización

La crítica al sistema debe ser en su totalidad. Los movimientos sociales no han sido capaces de mostrar el nexo necesario entre la clase política y el empresariado, no ha sido posible pasar de la crítica al régimen, a la crítica al sistema capitalista. No han sido capaces de hacer entender la relación directa y necesaria, entre las políticas extractivitas y las catástrofes medioambientales. No se ha podido hacer ver, el endeudamiento como un mecanismo complejo de explotación, y tampoco se ha hecho entender a la sociedad civil que la delincuencia no es más que la ira acumulada de los pobres por ser parte de una sociedad a la que están obligados a imitar, pero imposibilitados de pertenecer.

La tarea es derribar el Chile neoliberal, el incubado en medio del terror de la dictadura y desarrollado hasta su madurez actual, por la concertación. Para ello debemos evidenciar las contradicciones de la actualidad recién mencionadas, empujar un programa mínimo que articule estas demandas, participar de la construcción de frentes amplios donde se multiplique y se de a conocer esta política.

Por estas banderas y bajo esta rubrica es que nacemos como organización. Tenemos plena conciencia de la necesidad de construir una alternativa. Sabemos que esa  alternativa debe dejar de lado los sectarismos e ideologías anquilosadas en los albores de la primera modernidad, que sumergen a la izquierda revolucionaria en la irrelevancia. La construcción de esta posición anticapitalista, sabe que en su núcleo debe  expresar un corazón heterogéneo que aúne feminismo, marxismo, ecologismo y las distintas variantes anticapitalista y antipatriarcales  en una misma bandera. Estas son las ideas que nos mueven, nos sentimos empujados y convencidos a  convertir nuestra  fuerza en opción real. BAM está presente es nuestro frente organizativo de combate.     

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NOTAS

1- Es interesante, aunque no sea posible ahondar sobre este punto en el presente  texto, comprender el transito que comienza en la diferencia política, ideológica,  y ver, como esa diferencia rápidamente se transforma en odio político, en odio al populacho con miras de poder. Creo, que la clase dominante en el año 1973, ya no sólo quería recuperar el aparato gubernamental destituyendo a Salvador Allende, sino más bien, intentó dar-nos una lección política de fondo, ya no se trataba sólo de recuperar el poder, el asunto era ahora buscar la manera de eliminar para siempre las ansias de cambio y justicia, eso motivo la cirugía mayor que realizó la dictadura.  Muchos políticos hoy, incluso aquellos que fueron críticos del Pinochetismo, comentan lo siguiente: “Estos dolorosos sucesos (Refiriéndose a la fase terrorista de la dictadura) ocurren, cuando no se toman criterios políticos de realidad” lo que en el fondo implica directamente entender como irracional y digno de castigo el cuestionamiento a la gran propiedad de los grupos económicos y al imperialismo.

2-  El análisis está circunscrito a Chile, pero comprendo que este fenómeno es global.

3-  Tomo este concepto de Herbert Marcuse, desarrollado en el libro, El hombre unidimensional.

2 Comments

  1. Jorge mpgt (peru)

    Hola soy jorge estoy en chile bastante completo el documento describiendo la realidad chilen tocando desde la dictadura hasta hasta la actualidad.
    Yo solo agregaria o mejor dicho propondria agregar el rol de las direcciones tanto sindicales como politicas me refiero sobre CUT manejada por el PCCH las direcciones estudiantiles importante aca ya que es lo mas dinamico con relacion a las movilizaciones y la lucha y por ultimo el rol nefasto de PC al ser parte de la colicion de bachellet ademas que son gobierno como parte de la coalicion cada vez mas a la derecha de esa unidad popular encabezada por Salvador Allende.
    Saludos
    Jorge

    • BAM

      Hola compañero, ya que anda por Chile podríamos juntarnos y así poder conversar aprovechando de conocernos entre compañeros del MPGT y BAM!

      Saludos

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