Alejandro Bodart y Sergio García (MST de Argentina)

Esta madrugada se generó un tembladeral en todo el mundo. El triunfo de Hillary Clinton que las encuestadoras preveían no se dio. La sorpresa de la noche, que conmovió al mundo entero, es el triunfo de Donald Trump. En el caso de las encuestadoras fallidas ya no es algo nuevo, vienen de equivocarse en los resultados del Brexit en Gran Bretaña y en el Plebiscito por la Paz en Colombia. Sumando ahora las elecciones de EEUU, los tres hechos más destacados de los últimos meses resultaron adversos a sus pronósticos.

El triunfo de Trump, que seguramente genera temor e incertidumbre sobre lo que viene en grandes franjas de la población por ser un multimillonario misógino y antiinmigrante, tiene por supuesto explicaciones políticas. Aquí dejamos nuestras primeras impresiones del porqué de este triunfo electoral y una primera hipótesis de hacia dónde creemos va EEUU con sus implicancias de cambio en la geopolítica y en el escenario internacional.

Una primera conclusión del triunfo de Trump es la crisis profunda de EEUU, de sus instituciones y partidos tradicionales, responsables del mal vivir de decenas de millones. Crisis enmarcada en la decadencia capitalista y su salto desde 2008. El crecimiento fuerte de la miseria y la degradación social tanto de negros como de blancos tras la crisis inmobiliaria y la pérdida masiva de puestos de trabajo, de casas y del nivel de vida más confortable en los sectores medios, todavía hoy incide en estos resultados. Durante todos estos años, el gobierno de Obama y el Partido Demócrata no pudo ni solucionar estos problemas ni cortar el proceso de descontento y la situación social crítica que vive EEUU. No pudo cortarlo por ser en primer lugar el gobierno que aplicaba medidas de ajuste contra su propia población en medio de la crisis global, porque ya no les alcanza con ajustar y expoliar a otros pueblos.

Todo esto generó el resultado electoral de anoche y que ahora los estadounidenses y el mundo tengamos que soportar a un personaje tan siniestro como presidente, que es el producto de una fuerte caída de la credibilidad en los partidos tradicionales, hecho que se expresó estos meses no solo en la llegada de Trump como candidato impensado del Partido Republicano, sino también en el fenómeno a izquierda que reflejó la candidatura de Bernie Sanders y su alta votación en la interna. Recordemos que si hubo otro hecho notorio es que el 2016 arrancó con un Sanders que hablaba de socialismo en el principal país imperialista y de terminar con los privilegios del poder económico y financiero en el corazón de Wall Street, y que ese mensaje aún con sus limitaciones, evidencio un gran apoyo popular que aún está latente.

El otro dato para comprender estas elecciones es que el establishment y los gobiernos capitalistas de todo el mundo, a excepción de Rusia, apoyaron a Hillary. Ella representaba la continuidad de la política de EEUU actual, el Acuerdo Transpacífico, los acuerdos de libre comercio, las negociaciones con la UE y otras cuestiones. No es casual que hoy amanecieron con fuertes caídas las bolsas de muchos lugares del mundo. Hasta Macri y Malcorra fueron fervientes apoyadores de Hillary Clinton y así lo decían públicamente. El resultado es la derrota de todo ese andamiaje político económico y no pueden ocultarlo. Salvando las distancias, es un proceso parecido al resultado del Brexit, donde el poder económico-financiero de la UE y la Alemania de Merkel fueron también derrotados. En ambos casos, porque las masas parten de ver a los políticos que representan a estos sectores como los responsables directos de sus padecimientos, y asumen la necesidad de un cambio, así lo hagan por personas y proyectos con los cuales no compartimos nada.

Por eso se da una relación dialéctica como subproducto de la crisis de EEUU; Trump expresa posiciones de derecha y un voto más conservador de grandes franjas golpeadas por la crisis económica, pero la derecha económica y política apoyaban a Hillary y no a Trump. Paradójicamente podríamos decir que ganó Trump y perdió Wall Street. De ahí que no pueda hablarse linealmente de un giro a derecha, ni de la derrota de una candidata progresista ni mucho menos, ya que eran dos claros exponentes de políticas derechistas. La esencia del resultado y el triunfo de Trump, es el de un personaje que apareció ante la opinión pública como el candidato ajeno a las estructuras políticas que llevaron a EEUU a la crisis actual, como “el candidato de la antipolítica”. Por eso logra alzarse con el triunfo.

El descontento creciente de amplios sectores medios y de trabajadores que buscaron un cambio es motivo del resultado final. Es evidente que millones de estadounidenses se volcaron a las urnas a hacer notar su descontento con la situación actual. Fue el reflejo de grandes sectores medios que vienen viendo caer su nivel de vida, y de una muy buena parte de la clase obrera que perdió puestos de trabajo o sufre retroceso salarial, en comparación con años pasados. Trump logró entrar en esos sectores con la promesa de cambios y otra política interna y externa. La realidad es que hasta sectores oprimidos como los millones de negras/os no encontraron estos años soluciones a sus problemas cotidianos, tampoco la juventud. Por eso ni unos ni otros fueron actores centrales de la campaña del Partido Demócrata. Mientras la candidata de Obama, Hillary, estaba rodeada de denuncias, escándalos y no logró además desligarse de algo esencial; ser la candidata preferida del establishment, a quien millones ven como responsables de la crisis actual.

Los efectos negativos de la globalización actuaron también en el terreno electoral. Un ejemplo importante de esto es precisamente el voto de muchos obreros a favor de Trump. El proceso de deslocalización fabril en muchas industrias, la salida de empresas a otras zonas del mundo con sus negocios trajo consecuencias directas sobre grandes franjas de trabajadores. Lo mismo los acuerdos de libre comercio con varios países, los acuerdos económicos con China y otros fenómenos que incidieron estos años negativamente sobre la población. En todo eso se apoyó Trump, que no casualmente hablaba de “devolver el sueño americano” y de “cambiar la política internacional para priorizar lo interno”, cuestiones tendientes a capitalizar el descontento social masivo, cuestión que finalmente logró.

Queda también claro que estos resultados expresan la falta de alternativa para el pueblo estadounidense. Lamentablemente en medio de la crisis más grande del principal país del mundo, la elección termina definiéndose entre estos dos candidatos. En las primarias hubo una expresión fuerte en la candidatura de Sanders que recibió millones de votos y luego se frenó coyunturalmente al darle el apoyo a Hillary y el país entrar en la recta final hacia las elecciones de hoy. Pero precisamente porque la crisis es muy profunda y no va a detenerse con el triunfo de Trump, es que el proceso de búsqueda va a continuar y a la izquierda de los dos partidos tradicionales hay cada vez más condiciones de intentar forjar una nueva alternativa independiente. Ya hoy hay expresiones positivas de esta búsqueda, reuniones, asambleas, debates entre votantes de Sanders, organizaciones sociales, de trabajadores, de grupos de izquierda, del movimiento negro, de inmigrantes y entre la juventud. Este proceso que existe y está en pleno desarrollo hay que alentar para ver si germina una nueva alternativa por fuera de los partidos del régimen yanqui. Será la tarea política más importante del tiempo que viene.

Hacia un cambio en EEUU y en el escenario internacional

Estamos recién a horas del triunfo de Trump y lógicamente hay mucho por analizar los días que vienen. Los centros financieros mundiales están inquietos y hay preocupación por el rumbo a seguir de Trump. De hecho tuvo que dar en la madrugada un discurso más moderado para intentar transmitir algo de tranquilidad al mundo. Se abrirá seguramente estos meses un nuevo momento, y el intento por desarrollar una nueva política internacional de la principal hegemonía del mundo. Trump por ejemplo se opone al Acuerdo Transpacífico y prefiere un acuerdo más firme con la Rusia de Putín. Estos dos ejemplos, a los que podríamos sumarle otros, hablan de por sí de que vamos hacia cambios en el escenario político y económico internacional. Iremos viendo la magnitud y las consecuencias en el tiempo que viene.

Al interior de los EEUU también habrá mucho movimiento. Nos animamos a decir que toda la crisis y descontento expresados en el resultado electoral van a continuar y en un sentido se harán más agudas. No hay ninguna posibilidad de que EEUU supere su crisis ni en poco tiempo ni a mediano plazo. Las promesa electorales chocarán con la realidad, las contradicciones sociales y de clase se agudizarán, los movimientos de inmigrantes, de negras/os, de trabajadores y otros sectores sociales posiblemente se hagan sentir en la calle. La polarización social será una realidad cotidiana, la lucha de clases puede dar un salto y abrir nuevos fenómenos. Comienza un nuevo EEUU y un nuevo escenario internacional. Veremos su desarrollo y primeras consecuencias en poco tiempo.