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EEUU

El temporal llamado Trump y lo que viene

Pedro Fuentes y Thiago Aguiar

jacobin

Un compañero del DSA (Democratic Socialist Party) y la revista Jacobin nos decía que EEUU vive “un momento histórico”, y es una verdad. Ha ocurrido un cambio muy importante que tiene no solo consecuencias para el pueblo americano sino a nivel mundial. No es poca cosa, una tormenta política de gran magnitud que ocurre en el país que es el centro del mundo, el centro de la globalización neoliberal y la dominación imperialista. Este nuevo hecho político merece muchas reflexiones y estos son algunos de nuestros aportes.

La crisis de los regímenes y del sistema está ahora también en el país más importante del sistema mundo.

Con Trump se confirma de esta manera el diagnóstico que asistimos a una crisis bien generalizada de los regímenes burgueses políticos que dominaron al mundo; y que se vive una crisis de la mundialización sin que haya, en nuestra opinión, alternativas a la misma dentro de este sistema. Una vuelta atrás de la globalización, una nueva política que revierta el curso de la mundialización del  capital no está en los planes de las grandes corporaciones que sacan plusvalía donde hay mano de obra barata (en México y los países orientales), como tampoco van a retroceder en los avances de la robotización y de otras tecnologías que aumentan la plusvalía relativa y significa más desocupación; como tampoco va a retroceder el rentismo financiero que no va aceptar ningún control del estado.

Esta crisis ahora instalada en los EEUU no significa un camino más fácil para la los socialistas. Como está planteado en un texto que saldrá en el tercer número de la revista Movimiento, “La situación mundial es muy compleja; el planeta se parece a una olla (o tal vez una represa) en donde el sistema mundo va acumulando cada vez más contradicciones sin que haya una liberación de fuerzas nítida ni hacia un lado (la burguesía dominante) o hacia otro (los trabajadores y el pueblo), como ocurrió en situaciones anteriores de crisis mundiales. Esa concentración de contradicciones tiene dos polos: crisis de las clases dominantes, consecuencia de una crisis global (económica, política y ecológica) de un lado; ausencia de una alternativa clara, revolucionaria, que sea una alternativa para alterar radicalmente esta situación. Podemos decir que hay un impase global crítico….”

No podemos engañarnos, Trump fortalece un polo de extrema derecha dentro de este impasse, y ya está montando un gabinete de derecha asegurando en puestos claves de las instituciones de la seguridad a reaccionarios que van a matar más negros, quieren condenar a muerte a Snowden y deportar inmigrantes entre otras cosas. El demócrata Krugman acaba de escribir en su columna del New York Times “seducidos y traicionados por Donald Trump”, refiriéndose a la clase obrera blanca a la cual Trump prometió empleo, bienestar y recortar el poder de los bancos. Los futuros ministros son esa la traición. Terminaran con el Obamacare favoreciendo a las granda agencias de salud, por lo que millones perderán los planos, mantendrá y aumentará la libertad de los grandes capitales financistas y bancos, y avanzará la extrema derecha en el control de las instituciones de seguridad y en las FFAA. Claro está también que habrá resistencia, ese es el otro polo.

Los triunfos superestructurales de la derecha tienen sus límites, pero son pasos que no podemos ignorar en momentos en que hay crisis y no hay un polo alternativo consecuente capaz de atraer a la mayoría de la social que sufre la crisis.

En el terreno internacional significa que aumenta elocuentemente la incerteza, y el caos. El paso atrás en las relaciones con Cuba, y la ruptura del acuerdo con Irán,el cambio en las relaciones con China, van a provocar aumento del caos y la incerteza y un futuro todavía más imprevisibles al que hoy existe y a las 60 guerras regionales o locales que tiene el plantea.

Salta a la vista la decadencia de la hegemonía imperialista estaunidense.

No es poca cosa, ya que a pesar de sus problemas,  es el pilar principal en el que se sustenta la dominación y el orden mundial. Esta decadencia o pérdida de hegemonía viene de antes, se puso en evidencia en sus fracasos en Irak, Afganistán y en Siria. Pero ahora es sacudido también internamente.

La “democracia americana”  parió un ultra derechista, un histriónico con poses de bufón, que se eligió por fuera de control de la alta burguesía dominante que es dueña de la mitad de las corporaciones que controlan la economía mundial y que cuenta con el ejército más poderoso.

La crisis de los regímenes democrático burgueses y el bipartidismo, que ya se había mostrado en otros países del primer mundo como en Inglaterra, España, Francia, ahora llega a los EEUU. Y esto hace al mundo más imprevisible, inestable  y caótico. No está claro cuál será la política internacional de Trump. No es aún conocido su Secretario de Estado (si Giuliani, Ronney u otro). Pero ya nombró como secretario de defensa al ex comandante en Irak un general conocido como “cachorro loco”,  por sí mismo define de quien se trata. La bandera del combate al terrorismo, (por la cual un sector lo votó), va a desplegar más choques y contradicciones tanto políticas y económicas en el mundo.

El desgaste irreversible del régimen democrático democrático burgués norteamericano.

Trump es un populista de extrema derecha, racista, xenófobo, que se eligió presidente por fuera de los códigos del bipartidismo americano. Ese régimen de dominación está mostrando fisuras grandes que son consecuencia de las contradicciones que hay en la sociedad americana que como muy bien pronosticaba Trotsky, acumula en su interior todas las contradicciones del sistema. Y allí están; la crisis económica que comenzó con las burbujas de la especulación rentista financiera; su desindustrialización como consecuencia de su propia política de mundialización; el aumento de la desigualdad y la pobreza y su latino americanización como consecuencia de las ondas de inmigración que vienen del empobrecimiento de su patio trasero. Y por supuesto las derrotas sufridas en su política imperial en este último periodo que ya habíamos mencionado.

La democracia del imperialismo americano fue construida después de dos grandes revoluciones burguesas;  la de independencia y la guerra civil que terminó con el esclavismo. Esa fue la base del potente desarrollo del país que ha vivido bajo ese régimen sustentado en el bipartidismo de republicanos y demócratas, así haya tenido momentos más críticos como cuando fue en los 70 con el escándalo del Watergate del gobierno Nixon. Yá este escándalo mostraba los métodos autoritarios de Nixon y su tendencia al bonapartismo, proceso que fue parado con las investigaciones y su renuncia ante el inminente impeachment[1].

Este declive o desgaste ahora es más irreversible, es parte de la crisis de los regímenes burgueses en escala mundial. Y Trump es una expresión de ello.  Cuando Sanders habla de revolución política, así sea una propuesta poco concreta, está tocando un problema central del régimen norteamericano en el cual se sustenta el sistema capitalista y que puede tener parches, arreglos temporarios, (no se puede descartar el impeachment a corto plazo, ni tampoco una relativa domesticación del outsider Trump), pero son remedios para un enfermo que no tiene cura dentro del capitalismo. Ese desgaste es percibido ahora por grandes sectores de la población en relación al sistema electoral. En el recuento del voto popular que en EEUU es demorado por el voto por correo, Hillary lleva ya más de 2 millones de votos de ventaja y si los delegados a la convención electoral de cada estado fueran estrictamente en función del número de habitantes, (hay estado menores favorecidos que eligen más representantes que los grandes estados industriales).  Hillary tendría mayoría en el colegio electoral, sin contar tampoco que en algunos estados por las normas federativas de los mismos, el que gana lleva a todos, no hay proporcionalidad. En los EUA están colocadas ahora también como en los países adelantados tareas de una revolución política o democrática conectada con las tareas anticapitalistas.

El aumento de la polarización social y política: si de un lado está Trump, del otro Sanders y su programa

Trump no se explica por sí mismo, es producto de esa crisis y también de la polarización social. Hay un sector orgánicamente reaccionario que existe y que en su extremo se corporiza en las guardias civiles armadas  que por cuenta propia cuidan la frontera con México y también en cierto “redespertar” del KKK, y en los activos militantes que juntó Trump heredando al Tea Party, así estos no sean muy orgánicos.   Sin embargo, además del voto de las regiones más atrasadas, lejanas a las costas y a las grandes ciudades industriales,  fue votado por un grueso importante de los trabajadores blancos venidos a menos por la desindustrilización provocada por la  la globalización y la posterior crisis del 2008.

Esta vez se rompió el “cinturón azul” de los demócratas que formaban los estados industriales que hacen un arco que rodea las grandes ciudades del Este, (Michingan, Penysilvania, Wisconsin ..), en los que ganó Trump. Un sector obrero blanco desesperado o semi desesperado por la crisis que optó por el neopopulismo de derecha[2].

Pero el ascenso de la derecha logrado sobre la base de capitalizar un sector de la clase obrera, no es lo único que pasa en los EUA. La otra cara es la gran votación de Sanders en las internas demócratas, no nos vamos a repetir ya que eso está bastante escrito. Más importante que su figura y su localización en el ala izquierda del Partido Demócrata[3] es el programa que sostuvo y sigue sosteniendo, que es junto a la enorme cantidad de votos que tuvo una conquista de las masas americanas.

No se trata de un programa acabado, y hacen muy mal aquellos marxistas que lo analizan de esa manera para descartarlo. Es un programa de acción, un sistema de consignas que responden a las necesidades planteadas; defensa de los inmigrantes, mujeres,  desde una posición contra el neoliberlismo y el rentismo financiero y dicho esto en el país que es el centro del imperialismo. Es un programa que recoloca el tema del socialismo en el país potencia del capitalismo; lo que por si solo indica la crisis de credibilidad que hay en el mismo. El programa de Sanders, del salario mínimo de 15 dólares la hora, de atacar el  poder de  los bancos, de defensa de los inmigrantes y negros tenía más condiciones de disputar la clase obrera que ganó Trump que Hillary, conocida por ser parte del establishment y que contó con el apoyo al capital financiero.

Ya se inició la resistencia.

Sanders fue la continuación del Ocuppy Wall Street, y ahora pensamos que viene otra continuación a partir de la gran cantiad de votos que tuvo Sanders. Se vive en la calle, en los trabajos; es lo que se siente en NYC donde el 90% votó Hillary: es la resistencia a Trump.

Como será esta resistencia?; sabemos muy poco. Algunos síntomas son las movilizaciones que hubo conocido el triunfo. Otro es un sentimiento que podemos llamar de “resistencia ciudadana” o de defensa de la comunidad, de derechos democráticos que no están totalmente adquiridos pero que existen desde que se terminaron las leyes discriminatorias contra los negros y más tarde que se aceptó la comunidad latina después de las grandes huelgas de los 2000. Derechos inestables, que existen y que ahora quieren ser liquidados. Un ejemplo de esta acción de solidaridad comunitaria  sucedió en la reunión de los padres en una escuela de Manhathan. La directora convocó a todos los padres, (bastante negros, latinos o extranjeros), y en la reunión habló de la necesidad de estar unidos, defenderse la comunidad de cualquier ataque. Allí aparecen los apoyadores de Sanders (que haciendo un paréntesis hay que decir que para dialogar con la working class habló durante su campaña más de ella que para los sectores oprimidos, aunque ahora está enfatizando este aspecto). La directora llamaba claramente a la solidaridad y eso se siente bastante en toda la ciudad. Se siente que la gente quiere organizarse.

Las mujeres han sufrido un fuerte golpe con la elección de Trump y están reaccionando, fueron varias organizaciones feministas las primeras a iniciar la convocatoria de la marcha a Washington el 21 de enero cuando este asume de presidente. Esa convocatoria se ha extendido por todos lados y se esperan decenas de miles en Washington.

Un otro ejemplo de detalle. Estábamos en un bar esperando que empezara la palestra que íbamos a dar organizada por la revista Jacobin y los dos jóvenes mozos comenzaron a hablar con nosotros y no nos dejaban ir, querían hablarnos que habían votado Sanders y que iba a pasar ahora.

Es indiscutible que la sociedad americana se ha politizado, tiene miedo e incertezas de lo que viene pero al mismo tiempo astá subiendo la guardia para resistir. Una mujer de 80 años que asistió a nuestro debate sobre Brasil, (que también fue un debate sobre Trump y los EUA, nos contaba que lo que más temí y por lo que estaba allí era para organizar se contra la política de Trump de rechazar los acuerdos sobre el clima y el calentamiento global. El sentimiento de rechazo a la política de Trump (que pone como ministro un personaje que es parte de la escuela de geógrados locos que sostiene que no hay calentamiento global) va a desatar sin dudas la lucha por la defensa del medio ambiente. Esto ya está ocurriendo una de las más importante campañas de movilización que hay es contra el oleoducto que se está construyendo con el Canadá.

Hay en NY (y seguramente en todas las grandes metrópolis), muchas asociaciones comunitarias de todo tipo, hasta algunas marxistas, por ejemplo “The Marxist Education Project” organizado por un ex militante del SWP, que tiene recursos y hace actividades de formación marxista. Hay muchas organizaciones comunitarias, y hay esa tendencia a la organización. Es una característica de EUA, que por ser un país de desarrollo capitalista avanzado, cree en la organización. Los militantes sindicales se llaman “organizers”. La marcha del 21 será un primer paso que medirá lo que se ha ido conquistando.

Para agregar algunas otras cosas hay que considerar que EUA debe ser el país más federal. Por ejemplo cada estado decide la formación de los representantes ante la convención lectoral que elige el presidente. Como decáos antes, en algunos es proporcional en otros la mayoría lleva todos. Hillary en algunos perdió por estrecho margen y Trump se lleva todos los delegados en esos estados.  Ese federalismo llega a las ciudades que tienen su autonomía. El alcalde de Los Ángeles ya avisó que él va a dar órdenes a la policía para no deportar inmigrantes. Y por otra parte, Di Blasio el alcalde de NYC que es de la izquierda demócrata, fue hasta la torre Trump sin audiencia previa para hablar con él y avisarle que en su ciudad no se tocaba a ningún inmigrante. Así que no es de extrañar que las ciudades se rebelen contra órdenes de Trump, por ejemplo si decide deportar. Y a ello hay que agregar el movimiento negro. Las muertes en mano de las policías van a aumentar y Black Lives Matters ya es una organización nacional del movimiento negro.

Hay posibilidades de un nuevo movimiento político que dispute masas?

La idea de que hay que construir un tercer partido ha sido colocada muchas veces en la historia de los EUA; en realidad desde que se fundó el Partido Socialista. Es posible que ahora haya condiciones para que se concrete?. Hay nuevas condiciones objetivas para ello, pero no es tan fácil. Hay organizaciones marxistas de izquierda que tienen alcance nacional que podrían ser elementos importantes de su constitución. Por lo que sabemos hasta ahora su política central ante el auge en este primer momento de activistas hacia posiciones radicalizadas y que se refleja en el crecimiento de sus propias reuniones y por eso se plantean su propia construcción. Hay otras que se esfuerzan por agitar un nuevo partido, pero dicho de esa manera aparece como algo que está muy trillado y ya gastado. Hay activistas también de izquierda que reivindican el partido verde que con su candidata obtuvo el 1% de los votos.

Lo que se necesita es una política para la acción, para la disputa concreta de masas y para eso plantear en general un tercer partido suena a propaganda. Un importante sector del movimiento negro y de los inmigrantes seguirá votando al Partido Demócrata a pesar de la crisis que este vive, como un mal menor para parar a Trump y en el interior de este hay figuras prominentes como la senadora Warren y el propio Sanders que ahora tiene su propio candidato a la presidencia del partido.

Nos parece que mejor que ya llamar a la construcción de un nuevo partido es intentar partir de lo que ya se tiene y es una conquista de un amplio sector; el programa de acción de Sanders que caló en grandes sectores de la población. La mejor forma de presentar una política que dé respuesta a esta situación es la de organizar un movimiento  más que un partido, (para chocar menos con los militantes que quieren seguir a Sanders en el P Demócrata). Un movimiento que siendo bien antiTrump y contra la derecha se sustente en el programa de Sanders que está más vigente que nunca, y hacer esto sin romper con Sanders, para organizar todo lo que se pueda. Según parece  “Our revolution” de Sanders no es este movimiento sino un buen esquema de recaudación de dinero y apoyadores de red sin organización.

En síntesis para disputar sectores de masas y organizar al activismo cada vez más numeroso habria que estar en primera fila de las resistencias que ocurren y lanzar candidatos independientes representativos  en las próximas elecciones municipales. Esta sería una buena táctica según lo escuchamos por diferentes organizaciones y activistas en particular del Democratic Socialist of América (DSA) que fueron la organización política que más se involucró y sostuvo la campaña de Sanders y que por lo tanto tiene la autoridad para ello. Y a partir de estas tareas construir el movimiento.

Una nueva relación Norte/Sur y Sur/Norte. 

En este nuevo cuadro general de los EEUU  creemos que se van a continentalizar más todos los procesos que ocurran y serán unidos a lo que ocurre en América del Norte incluyendo a los EEUU y Canadá. Como ya lo escribíamos hace algunos meses en el texto sobre América Latina, la relación norte sur cambia, y más ahora que ganó Trump. El muro que intentará construir va a unir más la población chicana de uno y del otro lado del río Bravo en vez de dividirla. Y por otro lado notamos que está surgiendo una relación estrecha entre los activistas de los EUA y los latinoamericanos, una relación nueva a partir de Trump. La historia latinoamericana está llena de ejemplos de cómo nuestros pueblos y trabajadores lucharon contra el imperialismo, es decir la clase dominante de los EUA, y dictaduras o regimenes autoritarios y ahora es una tare más común de los trabajadores y los sectores oprimidos de uno y otro lado. Así nos los mostraron compañeros de Jacobin y del DSA que conocimos y así creemo que el PSOL tiene que asumir también este nuevo momento y este nuevo ciclo político que se ha abierto.

 

[1] Wikipedia. El escándalo Watergate fue un gran escándalo político que tuvo lugar en Estados Unidos en la década de 1970 a raíz de un robo de documentos en el complejo de oficinas Watergate de Washington D. C., sede del Comité Nacional del Partido Demócrata de Estados Unidos, y el posterior intento de encubrimiento de la administración Nixon de los responsables. Cuando la conspiración se destapó, el Congreso de los Estados Unidos inició una investigación, pero la resistencia del gobierno de Richard Nixon a colaborar en esta, condujo a una crisis institucional.1 El término Watergate empezó a abarcar entonces una gran variedad de actividades clandestinas ilegales en las que estuvieron involucradas personalidades del gobierno estadounidense presidido por Nixon. Estas actividades incluían el acoso a opositores políticos y a personas o funcionarios considerados sospechosos. Nixon y sus colaboradores cercanos ordenaron el acoso a grupos de activistas y figuras políticas, utilizando para ello organizaciones policiales o servicios de inteligencia, como a la Oficina Federal de Investigaciones(FBI), a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o al Servicio de Impuestos Internos (IRS). El escándalo destapó múltiples abusos de poder por parte del gobierno de Nixon, que se saldó con la dimisión de este como Presidente de Estados Unidos en agosto de 1974.

[2] En estos estados em la interna demócrata habían sido ganados por Sanders y ahora Hillary pierde ante Trump en forma ajustada. Michingan (10 mil votos), Penysilvania (19 mil) , Wisconsin( 70 mil)

[3] El Partido Demócrata tiene um ala de izquierda importante como la Senadora Warren o el alcalde de New York Di Blasio. Sanders está con un candidato disputando la presidencia del partido. Sin embargo pese al apoyo de los sindicatos y de asociaciones multiples de inmigrantes etc. el PD no tiene ningún funcionamiento orgánico. No tiene locales, es un aparato controlado por quienes recaudan el dinero lobistas.

1 Comment

  1. alfredo gregorio torres

    Hola compañeros!
    Me parece un análisis muy correcto, al menos para mi conocimiento, sobre las necesidades políticas de quienes se enfrentaran con el ajuste que propone Trump y a su vez de que las respuestas del pueblo norteamericano deberán tener un organizador político! Creo que esta planteada la necesidad de construir un gran frente de todas las organizaciones que se planteen luchar contra las políticas del nuevo gobierno! Que sea amplio y democrático, con una orientación anticapitalista, socialista!

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