Mariana Riscali, dirigenta del MES y el PSOL

En el último final de semana el huracán Harvey que alcanzó a Costa de la Golfo trajo destrucción al Texas, causando una tempestad tropical que dejó muertos, heridos y millares de desabrigados. Fue la más fuerte que alcanzó el estado del Texas en 50 años. Pero éste no es el único fenómeno que ha colocado Estados Unidos en el centro de las atenciones en el último período. La polarización entre la extrema-derecha y la resistencia organizada contra el fascismo y el preconcepto, que tuvo su apogeo en el episodio de Charlottesville el 12 de agosto, es una muestra de la agudización de la lucha política y del crecimiento del enfrentamiento al fascismo en el país, que ahora alcanzó también la arena de las calles.

La ascensión de Donald Trump, un presidente con posiciones abiertamente racistas, xenófobas, machistas y LGBTfóbicas y que mantiene relaciones con sectores de la extrema derecha que compone incluso su gobierno, fue expresión electoral de un sector de la población americana atraída por el discurso conservador y por la falsa idea de reconquista del crecimiento delante de las deshechos provocados por la crisis económica que se concreta en el desempleo, en el aumento de la pobreza y el vaciamiento de los servicios sociales. Al mismo tiempo, el fenómeno Bernie Sanders en las previas del Partido Demócrata, el surgimiento de movimientos como el Black Lives Matter y el boom en la busca por el socialismo como alternativa, reflejjado en el reciente crecimiento exponencial del Democratic Socialists of America, fueron expresiones del fortalecimiento de la izquierda como otro lado de este proceso.

En ese contexto, Charllottesville, fue la primera grande expresión en las calles de esta polarización. Sectores fascistas motivados por el alcance de sus posiciones a través del presidente y del crecimiento de la “alt-right”, la llamada “derecha alternativa”, armaron un calendario de marchas y reuniones por el país. Esas manifestaciones tuvieron como respuesta una enorme movilización que mostró que gran parcela de la población americana no está dispuesta a aceptar esta política de intolerancia y odio, siendo capaz de organizarse para forjar la resistencia al avance de este movimiento conservador. Después de la batalla de Charlottesville, inmediatamente se esparcieron por el país decenas de marchas contra la derecha y el racismo, y en desagravio a muerte de la militante Heather Heyer que se volvió una expresión de esta lucha.

La unidad de los movimientos sociales y de la izquierda fue ejemplar: DSA, BLM, ISO, WWU entre otras organizaciones estuvieron en la línea de frente de actos que movilizaron las ciudades de Nueva York, Chicago, San Francisco, Austin, New Orleans, entre otras.

El sábado día 19 de agosto fue la vez de Boston mostrar su fuerza, en respuesta a la llamada “Free Speech Rally”, o la Marcha por la Libertad de Expresión, en la cual se apoyan organizaciones conservadoras para justificar su derecho de existencia y la diseminación de su discurso de encono. Despues presión popular y del medios de comunicación, la organización de la marcha buscó si diferenciar de Charlottesville, alegando no compartir de los mismos principios de sus organizadores. Esto fue rápidamente desenmascarado; ya que parte de sus promotores y figuras confirmadas eran los mismos de la marcha anterior.

Bajo la atención de la opinión pública con el temor de la repetición de un nuevo conflicto, lo qué pasó fue una gigantesca y victoriosa marcha pacífica que reunió cerca de 40 mil manifestantes en la ciudad de Boston, contra el fascismo el racismo y la intolerancia. La marcha de la derecha no reunió más que algunas decenas, y sus gritos de preconceptuosos fueron bochornosos por la multitud que entonaba palabras de orden y empuñaba carteles afirmando “Vidas Negras Importan”, “No al Trump, a la KKK y a América Racista” y “Americanos contra el odio”.

En el último final de semana hubo más conflictos. Uno de ellos fue en Berkeley, ciudad universitaria en California, donde una marcha se organizó en respuesta a un acto “Contra el Marxismo en América” – evidenciando el hecho de que la disputa va además de las pautas racistas sino que también tiene como centro la lucha de clases y el enfrentamiento al imperialismo y al sistema capitalista. Y que y que esta lucha también tiene como arena las universidades, donde ambos lados disputan su discurso entre los jóvenes, estudiantes y formadores de opinión.

Como réplica a la derecha fascista, la respuesta de las calles fue tan significativa que resultó en un reculada importante de la derecha, poco noticiado por el medios de comunicación. El ACT por America, uno de los grupos de la “alt-right” conocido por sus posiciones anti-islamitas, anunció la cancelación de 67 marchas que estaban siendo convocadas en 36 estados americanos, mostrando no solo el acierto de la política de las organizaciones de izquierda y movimientos que apostaron en las contra manifestaciones sino también el importante rechazo de sectores de masas al avance del fascismo.

Son grandes los desafíos y también las posibilidades que se presentan para la izquierda norte americana. Como apuntamos en lo informe sobre la Convención del Democratic Socialists of America, el crecimiento de la resistencia y de la lucha socialista en Estados Unidos es un paso determinante no apenas para este país, sino también para todo el internacionalismo. Por estos motivos apoyar este proceso y sumarnos la resistencia al fascismo en el mundo es tarea de todos los revolucionarios, con el foco apuntado para el Norte.