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2018, entre las calles y las urnas

 y  10 JAN 2018

El año 2017 terminó con el impasse de la votación de la reforma de la previsión. Sin los votos para aprobar la medida, el gobierno fue cauteloso y prometió una definición en la Cámara en febrero. En medio de otro reposo por recomendación médica, Temer se desgastó en la promoción de cambios ministeriales. El presidente de Brasil, José Luis Rodríguez, anunció hoy que el presidente de Brasil, José Luis Rodríguez, “no tiene nada que en su país”. Cristiane Brasil, del PTB, para la cartera del Trabajo. Mientras escribíamos este editorial, la Justicia suspendía la posesión de la nueva ministra por deudas laborales denunciadas por la prensa. Podría ser un chiste listo. Pero, en realidad, es el estado del arte de este gobierno.

El frente político, ahora comandado por Carlos Marun, es otra expresión de la precariedad del gobierno. Con la salida del PSDB de la articulación política, Michel Temer tuvo que buscar en el fiel escudero de Eduardo Cunha su operador en el parlamento, en el intento de sacar del papel su bandera más importante: la reforma de la previsión.

El núcleo duro de la economía, con Meirelles y Oliveira al frente, tuvo que retroceder de la propuesta de cambio en la “regla de oro”, que impide la emisión de nuevos títulos de deuda pública para financiar gastos corrientes. El equipo económico, sin mucha convicción, dejó la cuestión para el próximo gobierno, afirmando que es necesario concentrarse en la aprobación de la reforma de la previsión. Esta votación pondrá a prueba la promesa del ajuste con toda fuerza en 2018. El menú gubernamental para el año se completa con el paquete de privatizaciones, a pesar de que las encuestas indican la oposición del 70% de la población a la entrega del patrimonio nacional. La apertura cada vez mayor al capital extranjero destruye la industria brasileña: Embraer es la pelota de la vez, a punto de ser entregada a la estadounidense Boeing, junto a los multimillonarios inversiones realizadas en sociedad con la empresa por la FAB – para el desarrollo del mercado, carguero KC-390 y para la producción conjunta con la Saab de los cazas Grippen – y por la Marina – en el programa del submarino nuclear.

Los grandes medios y sus analistas, a su vez, celebran los datos que el gobierno presenta como comprobación de la “recuperación” de la economía. En realidad, tras dejar atrás los peores años de recesión, hay un tímido crecimiento económico, bastante por debajo de la recuperación de las pérdidas anteriores y claramente insuficiente para revertir la curva del desempleo. Por el contrario, los datos muestran que el leve retroceso en el desempleo se debe a la nueva fase de precarización del trabajo, con un aumento explosivo de la informalidad y del trabajo por cuenta propia, mientras siguen siendo eliminados puestos de trabajo formales.

Todo ello muestra un escenario de fragilidad para la recuperación económica al mismo tiempo que se asiste al recrudecimiento de la crisis fiscal en los Estados con graves consecuencias para los servicios públicos y los derechos del funcionalismo como mostraron a la vuelta del año la huelga de las policías en el RN y , dijo a la AFP un portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores de Estados Unidos. Lo que está claro es que, en 2018, seguirá la guerra social contra el pueblo ya favor del ajuste.

Dispersión y escenario todavía electoral todavía abierto

Mientras el gobierno juega todo para aprobar la reforma de la previsión, la burguesía elabora sus planes para superar 2018 y seguir el ajuste. La única certeza de las elecciones es que será la más dispersa e indefinida desde 1989. También por eso, el debate electoral gana fuerza en la sociedad desde ahora.

La definición de las candidaturas sigue dependiendo del futuro de Lula. El juicio en segunda instancia de su proceso sobre el apartamento en Guarujá el 24 de enero definirá el futuro de su candidatura. En el momento en que la quiebra del régimen político se revela plenamente y figuras como Temer, Aécio, Moreira Franco, Eliseu Padilha, Serra, Alckmin, Rodrigo Maia, entre otros, otros, están en el centro de las decisiones gubernamentales o serán candidatos en 2018 a pesar de que también están involucrados en escándalos de corrupción.

Por otra parte, la candidatura de Bolsonaro gana fuerza en una franja importante de la sociedad justamente por la creencia de que el reaccionario ex militar se diferencia de los principales candidatos involucrados en los esquemas corruptos que desde hace casi cinco años se revelan en profusión en el país. Este aura de outsider honesto, sin embargo, está en jaque. En esta semana, el diario Folha de S. Paulo reveló, en una serie de reportajes, como Bolsonaro, hay 7 mandatos en la Cámara y después de elegir a 3 hijos a cargos parlamentarios, acumuló patrimonio familiar de casi R $ 15 millones. Al mismo tiempo, los límites para su candidatura presidencial se vuelven más grandes. Bolsonaro rasgó el acuerdo que tenía con el nanico PEN / Patriota para iniciar negociaciones con el también inexpresivo PSL de Luciano Bivar, desplazando de la leyenda el grupo liberal “Libres”, que pretendía “renovar” el partido de propiedad del ex-jugador del Sport. Es a este tipo de enredo que Bolsonaro se dedica a montar su estrado en 2018.

Mientras que Marina, Ciro Gomes y otros postulantes siguen aguardando las definiciones sobre la candidatura de Lula para calibrar sus expectativas y organizar sus candidaturas, la burguesía continúa buscando un nombre capaz de unificar el “centrón” fisiológico para una candidatura competitiva que defienda las reformas y la continuidad del ajuste en 2019. Los tucanes siguen en crisis, con las declaraciones recientes de FHC poniendo en duda el potencial de Alckmin. Meirelles sigue sus pretensiones presidenciales, pero ahora tropieza en la oposición de Rodrigo Maia, que afirmó al diario O Globo que había una “avenida abierta” para su eventual candidatura. En paralelo, Luciano Huck, que había declarado su desistimiento de cualquier postulación electoral, se mostró alegremente en programa dominical de la Globo para tratar “por primera vez en la televisión” del debate sobre candidaturas. En la superestructura, siguen la crisis y las indefiniciones.

¿Cuál es la alternativa a la izquierda?

Ante este escenario, queda claro que hay espacio para una alternativa de izquierda antirruida y que el PSOL puede y debe ocupar desde ya este espacio. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, anunció hoy que el presidente de la República, José Luis Rodríguez, del régimen. No es casual, Freixo recibió ataques airados de blogs y portavoces petistas, que viven a combatir la idea de que se construya una izquierda independiente del lulismo al mismo tiempo que silencian ante los afagos de Lula y del PT a Renan Calheiros, Eunício Oliveira y otros a quienes llamaban golpistas meses atrás, pero que ahora, como afirmó Lula en uno de sus mitin, merecen ser “perdonados”.

El PSOL hizo oposición de izquierda a los gobiernos del PT mismo en sus momentos de mayor popularidad. Y lo hizo por la convicción de que es necesario destruir este régimen político fracasado basado en los esquemas de la casta política para viabilizar las ganancias multimillonarias de las grandes corporaciones y del renóstico nacional y extranjero. Un régimen político que organiza las condiciones de explotación de la mayoría de nuestro pueblo, de su exclusión de las decisiones sobre el futuro de nuestra nación, de expoliación y opresión permanentes en las franjas de la ciudad y en el campo.

El PT, en sus gobiernos, actuó para que este arreglo permitiría a banqueros y especuladores ganar “como nunca antes en la historia de ese país”. Y sigue con las mismas definiciones y el mismo programa después de haber sido arrancado del gobierno por la camarilla de Temer, Eduardo Cunha y Aécio Neves.

Por todo ello, necesitamos una izquierda socialista independiente del lulismo, que sea capaz de denunciar este régimen político fracasado por medio del cual la elite pretende imponer a nuestro pueblo sufrimiento y explotación permanentes. Necesitamos una alternativa que demuestre la urgencia de destruir estas instituciones y de reorganizar democráticamente a Brasil, al servicio de su pueblo y de un futuro de igualdad, justicia y soberanía. Para luchar por ello, necesitamos una candidatura del PSOL y de un programa de enfrentamiento no sólo a esta crisis, sino al empobrecimiento creciente de nuestro país y de su dominación por el renóstico internacional. Es necesario decir claramente: Lula y el PT hace muchos años no son aliados para esta lucha! Por lo contrario. Brasil necesita una nueva izquierda y el PSOL debe proponerse a ocupar este lugar.

En 2018, por lo tanto, tenemos dos desafíos. Por un lado, tenemos que fortalecer esta alternativa política, dotarla de capilaridad, capacidad de diálogo con amplias masas y de un programa a la altura de nuestros desafíos históricos, que vaya mucho más allá del “posibilismo” lulista y de la creencia de que la historia puede dar marcha atrás. Por otro lado, nuestra tarea es resistir y organizar las luchas y huelgas. A comienzos de año, las ciudades serán sacudidas por el enfrentamiento al aumento de las tarifas de transporte. En los Estados, huelgas como la del RN se multiplicarán ante la gravedad de la crisis fiscal. En el sector privado, el desmonte de la legislación laboral, tarde o temprano, llevará a luchas feroces de los trabajadores expoliados de sus derechos. Nuestro deber es cerrar filas en todas las luchas contra el ajuste: he aquí lo que nos espera este año nuevo.

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

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